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Una posibilidad de vivir mejor, los aceites OMEGA

“Hay que simplificarlo todo tanto como sea posible, pero no más” Albert Einstein.

Las enfermedades que hoy siguen matando –el cáncer, la enfermedad cardíaca y la diabetes- tienen un aspecto dietético importante que nos debe desdeñar, y ningún tratamiento se puede considerar completo sin una nutrición adecuada. Y está claro que,cuando se trata de salud, uno no se siente bien si son deficientes los elementos de nutrición esenciales.

A muchos de nosotros se nos hace difícil enfrentarnos con el estrés que diariamente impone la vida moderna. Los atascos del tráfico y las presiones laborales nos ponen tensos y nos irritan. Los largos viajes, sumado a las largas horas de trabajo, no nos dejan mucho tiempo ni mucha energía para hacer ejercicio. Almuerzos y meriendas nos desbaratan cualquier plan dietético complicado, y con frecuencia usamos los fines de semana para poner al día trabajo atrasado o para descansar ante el televisor con una copa y un bocadillo en la mano, en un intento de reducir el ritmo de nuestra vida. Las intenciones son buenas, y a medida que envejecemos nos preocupamos más por la salud. Pero es difícil convertir las buenas intenciones en acción, y día a día postergamos el intento de hacer algo. Después de todo, no tenemos nada grave…por lo menos, todavía no. En cambio terminamos por estar cansados, con un ligero exceso de peso, a veces deprimido e irritable, con un nivel de colesterol un poquito demasiado alto y quizás con alguna tendencia a excedernos ocasionalmente con el alcohol. No es exactamente que estemos enfermos, pero tampoco es que estamos exactamente sanos, la calidad de vida que llevamos no es la que debería ser.

En mi condición aprendí de primera mano cómo unos simples cambios dietéticos pueden mejorar radicalmente el humor y el nivel de energía, al mismo tiempo resolver misteriosos problemas de salud, por no hablar de que también disminuyen la práctica de malos hábitos, como la –comida basura-. Después de todo, no sólo el cuerpo afecta a la mente, sino que también es cierto exactamente lo contrario.

La clave de estos efectos ventajosos nos la proporciona una cantidad de estudios sobre el papel que desempeñan las grasas –buenas-, los llamados aceites onega-3 y omega-6 que, entre otros alimentos, se encuentran en el pescado y en los aceites vegetales. A esas grasas se las llama –esenciales- porque son, literalmente, imprescindibles para la salud. Ello se debe a que forman una parte de la estructura de todas las células del cuerpo, porque son vitales para el funcionamiento del cerebro y de los vasos sanguíneos, son necesarias para el transporte del colesterol, y a partir de ellas se crean las prostaglandinas.Estas son sustancias de corta vida, semejantes a las hormonas, que todas las células del cuerpo fabrican para controlar una amplísima variedad de procesos metabólicos, entre ellos la respuesta inmunitaria, la presión sanguínea, el nivel de colesterol y la función y el funcionamiento cerebrales, así como también las reacciones inflamatorias y alérgicas. Día a día se descubren nuevas funciones, y la investigación de la relación entre las prostaglandinas y la salud.
Dos estudios revelaron la existencia entre los estados emocionales y la enfermedad cardíaca. El primero comprobó que dos tercios de los pacientes estaban profundamente deprimidos; el segundo que la hostilidad aumentaba el riesgo de muerte por todas las causas y, especialmente, por attaques cardíacos. Durante años, algunos de los investigadores creyeron que una actitud agresiva de tipo A (comportamiento altamente competitivo, como es trabajar de forma compulsiva para cumplir con plazos establecidos) promovía la enfermedad cardíaca. Ahora sin embargo, existe un tercer factor, y éste sea la verdadera causa de hostilidad, la depresión y los ataques cardíacos (un trastorno de las prostaglandinas). De la combinación de estas investigaciones de los ácidos grasos esenciales y de las prostaglandinas con los reconocidos beneficios de consumir alimentos no refinados, se consigue una forma de alimentación que controla de manera notable las emociones. Las personas se sienten indudablemente mejor cuando comen así.

En el mundo febril en el que todos vivimos, el único bien del que andamos continuamente escasos es el tiempo: tiempo para la contemplación, para detenernos a oler las rosas, para salir a dar un paseo, caminar, ver una película, leer un libro o simplemente, recostarnos en una reposera y quedarnos pensando.Pero hasta nuestros procesos de pensamiento están condicionados por la rapidez con que se mueven las cosas hoy. Cuando solía reservarme tiempo para relajarme, tarde o temprano me encontraba frenéticamente listas mentales de las cosas que habría debido estar haciendo.

Los ácidos grasos esenciales

No todas las grasas son malas, ciertos aceites son vitales, tanto para la salud mental como física. A éstos se los llama –esenciales- porque, como las vitaminas, nuestro cuerpo no puede fabricarlos y debemos obtenerlos de los alimentos. Como además desde el punto de vista químico son ácidos, se los llama ácidos grasos esenciales (los ácidos grasos son elementos de construcción a partir de los cuales se forman las grasas y aceites, estos pueden ser: saturados, monoinsaturados o poliinsaturados. Los ácidos grasos esenciales son poliinsaturados. Todas las grasas y aceites contienen estos tres tipos de ácidos grasos; lo que importa es la proporción de cada uno).
Los ácidos grasos esenciales tienen otras funciones en el cuerpo especialmente en las paredes celulares, donde controlan la fluidez (para atravesar los capilares, los glóbulos rojos deben tener la flexibilidad suficiente para doblarse casi por la mitad) y actúan como guardianes que ayudan a verificar el acceso a la célula.

Razones de la carencia de ácidos grasos en los alimentos.

Lo importante en la alimentación es la proporción de los ácidos grasos omrga-3 y omega-6 que se encuentra en los alimentos. Los omega-3 que se encuentra en los peces de agua frías, las fuentes terrestres son las semillas de lino, de calabaza, las avellanas y las verduras de hojas verde. A diferencia de los de origen natural, los de criadero no tienen casi nada, excepto en las partes que no comemos. Y a los aceites omega-3 se los destruye intencionalmente en el proceso de refinación de aceites y margarinas para evitar que se enrancien, de la misma manera que en la molienda se priva de ellos a los cereales al quitarles el salvado. Como resultado, en los alimentos a que hoy tenemos acceso no queda más que un quinto, aproximadamente, de la cantidad de estas sustancias que contenían a comienzos del siglo, y es probable que esto no sea suficiente para mantener la salud.

En los productos hidrogenados el proceso de producción de aceite y de margarina comercial constituye una verdadera lección sobre cómo destruir los ácidos grasos esenciales. Dado que a ciertas fuentes, como el maíz, no resulta fácil extraerles el aceite, para facilitar el proceso se usan recursos dañinos, tales como temperaturas elevadas (clarificación, desengomado, desodorización) para obtener los aceites claros y ligeros a que estamos acostumbrados. La clarificación de los aceites los despoja de su antioxidante natural, la vitamina E (que causa tuberdad), dejándonos con un aceite transparente. En tal caso, y teniendo en cuenta su corta vida en los estantes de supermercado, ello representaría un fracaso comercial a no ser por la hidrogenación, un recurso inventado para –resolver- este problema. La hidrogenación incorpora por la fuerza de átomos de hidrógeno a los aceites insaturados (los ácidos grasos esenciales son aceites insaturados), volviéndolos más saturados, con lo que el proceso de enrranciamiento puede demorarse meses. Ello hace que el aceite de los estantes dure más tiempo sin estropearse. Además los aceites hidrogenados son más sólidos a temperatura ambiente, de modo que la hidrogenación puede transformar los aceites baratos en productos para untar. A la margarina que así se la obtiene se la colorea con un tinte amarillo para que parezca mantca.

Lamentablemente los aceites poliinsaturados son especialmente vulnerables a los daños provocados por la hidrogenación. Casi como efecto colateral, la hidrogenación presenta consecuencias muy malas sobre los ácidos grasos esenciales, ya que a los que no destruye, los cambia de la forma natural cis- en la cual la molécula tiene la configuración de J- a formas trans( -cis- y –trans- localizan los átomos de hidrógeno en los dobles enlaces entre los átomos de carbono del esqueleto de los ácidos grasos esenciales; -cis- significa –de este lado-, y –trans- significa –del otro lado-. Como los átomos de hidrógeno se rechazan entre sí, un enlace –cis- es una curva, y un enlace –trans- es una recta), que tiene la forma de I. El verdadero desastre de la hidrogenación reside en que estos ácidos grasos esenciales –de forma trans- no tienen valor alguno como ácido graso esencial: a partir de ellos no es posible la elaboración de prostaglandinas, sólo sirve para producir calorías por combustión. Y a diferencia de las grasas saturadas naturales como la mantequilla, las grasas trans empeoran los síntomas de deficiencia de ácidos grasos esenciales, de manera tal que éstos actúan como –ácidos grasos antiesenciales-.

Cuando los ácidos esenciales trans se incorporan a las membranas celulares, éstas pierden flexibilidad, debido a que las moléculas trans, que son más rectas, se amontonan juntas y muy cerca, reduciendo la capacidad de los glóbulos rojos para infiltrarse a través de los tensos capilares. En suma las moléculas trans, más rectas, permiten la entrada a través de la membrana celular de una menor cantidad e oxígeno y de más contaminantes.

Síntomas de deficiencias funcionales de los ácidos grasos esenciales.
Algunos de las deficiencias funcionales de los ácidos grasos esenciales influyen la fatiga y el pesimismo que amarga el placer de vivir. El alcohol proporciona un alivio parcial, invirtiendo temporalmente los efectos de la deficiencia, pero como consecuencia puede convertirse en una adicción irresistible. Los problemas molestos causados por la deficiencia incluyen enfermedades en la piel (caspa, descamación picor y sequedad), uñas quebradizas, bultos en los pechos que duelen antes de la regla, sequedad en los ojos (que suele presentarse como una sensación de picor o cansancio cuando se conduce,se lee o mira televisión), sequedad en la boca, alergia a ciertos alimentos, avidez por otros, cutis graso y –atopía- (Atopía es el nombre de una enfermedad hereditaria que predispone a alergias, incluyendo el eccema atópico, al fiebre del heno, el asma e, incluso algunas migrañas).

Asimismo, las deficiencias que padece una madre pueden alterar la salud de sus hijos tan gravemente que la progenie de éstos no llegue a alcanzar su salud óptima durante varias generaciones, por buena que sea su dieta.

Las prostaglandinas.

Son sustancias semejantes a las hormonas que se forman en todas las células a partir de los ácidos grasos esenciales, para regular de un momento a otro las condiciones del cuerpo. Las hormonas difieren de las prostaglandinas en que mientras las primeras se producen en las glándulas y actúan sobre todo el cuerpo, las segundas pueden ser producidas por cada célula y actúan de manera local en los mismos tejidos donde han sido creadas.
En las arterias por ejemplo las prostaglandinas controlan la rapidez con que se coagulará la sangre, la tensión muscular de las paredes arteriales (que afecta a la presión sanguínea) y la facilidad con la que un coágulo puede adherirse a la pared arterial. A diferencia de lo que sucede con las hormonas, la vida de las prostaglandinas es necesariamente muy corta, ya que su propósito es ayudar a que los tejidos locales se adapten a las condiciones cambiantes.
Hay tres familias de prostaglandinas, conocidas como:
PG1: (Derivado de el ácido linoleico).
PG2: (Derivado de el ácido linoleico)
PG3: (Derivado de el ácido linolénico)

Los aceites omega.

A los diversos ácidos grasos se los clasifica a veces por algo llamado la –notación omega- una especie de taquigrafía que permite a la ciencia identificar la estructura de un aceite. Los dos ácidos grasos que son –esenciales- pertenecen a las familias omega-3 y omega-6.
La retina es muy rica en aceites omega-3, y las grasas del cerebro contienen aproximadamente omega-3 y omega-6 al 50 porciento, lo que demuestra hasta que punto el cuerpo valora los omega-3. Además de contribuir a la formación de algunos de nuestros tejidos más valiosos estos contribuyen también a la regulación de la prostaglandinas.

El aceite de onagra (proveniente de la planta: Oenothera biennis, llamada también hierva del asno, en inglés Evening Primorse).
En algunos países se comercializa como: aceite de onagra o aceite de prímula. Las semillas de esta planta son sumamente excepcionales porque contiene ácido gammalinolénico preformado (GLA), que es lo que el cuerpo intenta obtener a partir de los aceites esenciales omega-6 de los alimentos.Una de las razones de que esta sustancia sea importante es que a partir de ella se forma la prostaglandina P1 (PGE1), una prostaglandina sumamente útil que refuerza el sistema inmunitario, baja el colesterol y la presión sanguínea, además, mejora el estado anímico.
Como la onagra omite el primer paso enzimático y proporciona ácido gammalinoleico preformado, eleva la PGE1, la cual reduce efectivamente el deseo de alcohol. Cuando ciertas investigaciones mostraron que el alcohol protege contra los ataques cardíacos, el efecto protector es muy pequeño, y desaparece si se bebe más de dos copas al día. Como el alcohol estimula la producción de PGE1 al mismo tiempo que disminuye la capacidad de producirla en el futuro, es probable que dos copas al día sean la cantidad justa para contar con un poco de PGE1 protectora extra a expensas de agotar el ácido dihomogamalinolénico (DGLA) acumulado en las membranas celulares. Esto sólo podría funcionar si la PGE1 fuera crónicamente baja, lo cual implica que los niveles diarios normales de PGE1 han de disminuir con el paso del tiempo, porque el alcohol interfiere con un importantísimo paso inicial en virtud del cual el ácido linoleico ingerido en la dieta se convierte en el precursor de la PGE1. En este modelo de alcoholismo, el descenso de PGE1 desencadena un incremento en el deseo de alcohol.

Las vías metabólicas de los ácidos grasos esenciales (EFA) son bien condicionadas, y puesto que no podemos ni fabricarlos ni convertirlos unos en otros, ambos procesos son vitales para la buena salud. Solo una ínfima fracción de los EFA que consumimos se convierten en prostaglandinas, las moléculas mensajeras que controlan las condiciones locales en todo el cuerpo, pero sin ellas existiría un caos biológico. Las PG1 y PG3 son –buenas- porque favorecen la curación, bajan la presión sanguínea e inhiben las PG2. Las PG2 son –malas- porque generalmente su mensaje –preparados para el ataque a la fuga-, constituye una falsa alarma debido a las deficiencias de nuestra dieta.
En el diagrama se puede ver que el aceite de onagra eleva la producción de GLA (ácido gammalinolénico), evitando el primer paso enzimático en el cual se forma el GLA a partir del ácido linoleico (LA) contenido en los aceites vegetales dietéticos. El pescado y los aceites de pescado incrementan el EPA (ácido eicosapentanoico) y estimula la producción de las benéficas prostaglandinas-3, que en unión de las prostaglandinas-1, disminuyen la producción de las indeseables prostaglandinas-2, las cuales se forman a partir del ácido araquidónico (AA) contenido en los productos animales. Aquí también es útil restringir el consumo de carne, huevos y leche.
El efecto neto hasta el momento es incrementar el ácido dihomogammalinolénico (DGLA) disponible para la producción de la deseable prostaglandina-1 y para disminuir la no deseadas prostaglandinas-2.

Lo que hacen la prostaglandinas
Prostaglandinas-1 procedentes del DGLA (aceite de onagra): Refuerzan la inmunidad, eleva el estado anímico, reducen la formación de coágulos, relajan las arterias, antinflamatorias, activan la grasa parda, inhiben la producción de prostaglandian-2, al demorar la liberación de ácido araquidónico (AA), regeneran las células, inhiben de la anormal proliferación de las células, protegen el hígado, regulan la acción de los neurotransmisores, mejoran la conducción de las neuronas, inhiben la inflamación y la artritis, activan los linfositos T, regulan los efectos de estrógeno y de la progesterona, controlan la producción de sebo y regulan de la producción lacrimal y salival.
Prostaglandinas-2 procedentes de AA (carne, leche, huevos): Deprime la inmunidad (malo), lubrican las arterias, aumentan la formación de coágulos (malo), provocan constricción arterial (malo), acción inflamatoria (malo), inhiben la producción de prostaglandina-1 a partir del DGLA.
Prostaglandinas-3 procedentes del EPA (pescado): Lubrican las arterias, reducen la formación de coágulos, rebajan los triglicéridos, inhiben la producción de prostaglandinas-2, haciendo más lenta la producción de AA.

El –primer paso enzimático- en el diagrama es débil en algunas personas por razones genéticas, y en todos nosotros declina con la edad. Este paso es fácilmente bloqueado por varios factores entre ellos la hormona del estrés (adrenalina), las grasas saturadas (en la carne, comidas horneadas y fritas), el colesterol, el azúcar, el alcohol y los productos hidrogenados, en la margarina, los alimentos horneados y los aceites vegetales refinados.
Alimentos ricos en grasas saturadas como la leche entera, alimentos ricos en colesterol como las carnes rojas, las hormonas del estrés, adrenalina y cortisol, Bajos niveles de zinc, magnesio, vitamina B6 o B3, que es común en las comidas refinadas, alcohol en cantidad superior a dos vasos de vino al día o su equivalente, alergias y otros estados atópicos como el eccema, cifras elevadas de azúcar en la sangre, como en la diabetes, envejecimiento, infecciones víricas, cáncer, etc.
Grandes dosis de vitamina C controlan la inflamación, la fiebre y el dolor inhibiendo las prostaglandinas no deseadas, pero de hecho esas dosis estimulan la producción de la benéfica prostaglandina E1.

Efectos colaterales del aceite de onagra.

Casi todo puede ser perjudicial cuando se excede uno en las dosis, pero los efectos colaterales del aceite de onagra son notablemente benignos. Insomnio a primera hora de la mañana que puede aparecer a causa de una ingestión nocturna excesiva de aceite de onagra. Para los que quieren seguir durmiendo, el remedio consiste en disminuir la dosis.
La epilepsia del lóbulo temporal se puede confundir con la esquizofrenia; sin embargo, mientras existen informes de que la administración de aceite de onagra mejora ciertos aspectos de la esquizofrenia que no responden a los fármacos, la epilepsia del lóbulo temporal empeora. Las personas con tendencia a padecer migraña han observado que los ataques son más frecuentes cuando toman aceite de onagra. Por lo general, son las mismas personas a quienes el alcohol les provoca migrañas. Finalmente hay informes de aumento de flujo menstrual, aumento del tiempo de coagulación (en caso de cortes, etc.), dolores de cabeza leves, náuseas y una reducida incidencia de diarreas.
Lean la etiqueta.

Probablemente haya entendido que los productos hidrogenados son malos, lo más probable es que los productos que permanecen mucho tiempo en los estantes (como bizcochos, mezclas para hornear y patatas fritas) estén cargados de ellos. No hay más que una manera que asegurarse… y es leer la etiqueta. Ningún producto en cuya etiqueta figure la palabra –hidrogenado- o –parcialmente hidrogenado-, es bueno para su salud.
Por otra parte, es importante no perder el sentido de la proporción. No estoy diciendo que nunca se haya que comer una galleta de chocolate, simplemente, mantenga en su dieta los alimentos que contienen ingredientes hidrogenados en un nivel ínfimo, de modo que sus efectos dañinos queden neutralizados por la buena calidad de los demás.
Los alimentos: verduras y frutas.

La cocción destruye las vitaminas existentes en los alimentos, y los minerales se eliminan junto con el agua, de modo que la comida cocida es menos nutritiva. También los alimentos cocidos se separan en capas durante la digestión, con lo que la mucosa gástrica queda expuesta a un grado mayor de acidez, que puede dañarla.Sin embargo, los alimentos crudos bien masticados forman una masa parecida a unas gachas, que protege la mucosa estomacal.

La pérdida de fibra, vitaminas y minerales, los aromas y sabores que generan durante la cocción proceden de una reacción de azúcares y aminoácidos que consume aminoácidos esenciales (como la lisina) cuya escasez es crítica en los alimentos que la contienen.
Hay otra forma mediante la cual la cocción reduce la disponibilidad de proteínas. El calor dela cocción reestructura algunas proteínas, de modo que nuestras enzimas digestivas ya no pueden descomponerlas. Y, peor aun, esas proteínas indigeribles salen entonces del cuerpo, llevándose consigo las enzimas digestivas. Esto significa que el páncreas tiene que fabricar nuevas enzimas digestivas…que a su vez están hechas de proteínas.

Reduzca el azúcar, la harina refinada el alcohol y la cafeína.
Todos estos –alimentos- inflaman el estómago, aumentan la acidez estomacal y despojan a nuestro cuerpo de importantes vitaminas y minerales. Un tracto digestivo inflamado deja pasar fragmentos de alimentos al torrente sanguíneo. Como éstos retienen su carácter de antígenos (lo que significa que las proteínas que marcan su identidad permanecen intactas), alteran el sistema inmunitario y provocan alergias.

Tanto el café como el alcohol ejercen sobre el cuerpo una acción diurética, la cual incrementa la pérdida de minerales como el cinc y el magnesio. Los alimentos refinados como el azúcar y la harina blanca aportan unas –calorías vacías- que, para ser aprovechadas por el cuerpo, le exigen más minerales y vitaminas de las que suministran, con lo cual acentúan las deficiencias ya existentes. Lamentablemente tanto el cinc como el magnesio son vitales para el primer -paso enzimático- de la vía metabólica que lleva de los ácidos esenciales a las prostaglandinas.
Las deficiencias de los minerales.
Cuando nos resfriamos, quizás el médico le recomiende antihistamínico, pero será raro que le recomiende tomar comprimidos de cinc, cuya utilidad reside en que refuerzan la respuesta inmunitaria. La mayoría de las personas tienen gran escasez de cinc, pero los médicos no están atentos a las deficiencias de minerales como factores que contribuyen a la enfermedad.

Las vitaminas necesarias para la producción de prostaglandina.

El cinc y el magnesio deben hallarse presentes para el primer –pazo enzimático- en el cual el ácido linoleico se convierte en GLA. Además el cinc es vital para el paso en el cual se crea la prstaglandina E1. También es necesario el calcio, en tanto que el exceso de cobre puede inhibir la conversión del DGLA en AA.

Para la producción de prostaglandina son necesarios varios –cofactores- vitamínicos: la piridoxina (B6), la niacina (B3) y la vitamina C ayudan a las enzimas en los lugares indicados del diagrama, y la biotina (que no se muestra) también es importante. Sin embargo, lo mismo que con los cofactores minerales, estos nutrientes escasean en la dieta debido a los procesos de los alimentos.
Enfermedades producidas por los trastornos de los ácidos grasos esenciales.
Envejecimiento, alergias alimentarias, caries dentales, alteraciones estéticas (arrugas en la piel, caspa, uñas quebradizas, etcétera), depresión, irritabilidad, infecciones víricas, exceso de peso, aterosclerosis y enfermedades trombóticas (aterosclerosis y enfermedad cardíaca coronaria, enfermedades cerebrovasculares, embolia pulmonar, flebitis), cáncer de pulmón y estómago, leucemia, artritis reumatoidea, alcoholismo (cirrosis hepática), diabetes, eccema atópico, asma, fibrosis quística, hiperactividad infantil, presión sanguínea elevada, cálculos biliares, endometriosis, úlcera péptica, nefrosis y cálculos renales, acné, hernias discales y osteoporosis, apendicitis, apendicitis, colitis ulcerosa, esclerosis múltiple, enfermedades dl colágeno (arteritis, enfermedad de Crohn, esclerodermia, espondilitis anquilosante, fiebre reumática, lupus eritematoso sistémico y poliartritis), hipercalcemia de los lactantes, síndrome de Sjogren (escasez de lágrimas y saliva), síndrome de Sjogren-Larsson (descamación de la piel, retraso mental y espasticidad al nacer), esquizofrenia.
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