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Y... ¿por qué? (consejos a las preguntas diarias)

Domingo 19 de Abril de 2015
20/4/15 - 12:00 AM

Y... ¿por qué?


Si tu hijo te sorprende con cuatrocientas preguntas diarias, no hay duda de que ha entrado en la etapa del ‘por qué’. Quiere saberlo todo, no admite un ‘no’ por respuesta.

Rosalina Orocú Mojica ([email protected])

@PanamaAmerica



La vida está hecha de etapas, ciclos o como prefiera usted llamarles, y una de las más interesantes y maravillosa en el crecimiento infantil es entre los tres y los cuatro años, en que el niño todo lo quiere saber: acerca de su cuerpo, el de otros, su entorno, la naturaleza, el mundo...

Un día cualquiera, sin aviso, empieza el bombardeo de “por qué”.

Preguntas llueven a toda hora. Algunas ‘digeribles’ y otras que colocan al adulto en aprietos. No sabe qué responder.

Algunas que quizás hayan oído incluyen: ¿Por qué el sol no sale de noche? ¿Por qué las estrellas no se caen? ¿Por qué no llueve para arriba? ¿Cómo se le mete el agua al coco? ¿Por qué yo y papi no tenemos ‘tetitas’ como tú? ¿Por que hay gente sacando fotos a la comida? ¿Por qué los peces no se ahogan? ¿Por que los Simpsons ya no son como antes? ¿Por qué la gente no vuela como los pajaritos? ¿Por qué no podemos ver a Dios? ¿Por qué se murió el abuelito? ¿Dónde se acaba el cielo?

Quizás todos hayan tenido la experiencia de lidiar con un preguntón perseverante: un hijo, sobrino, nieto, vecino o niño a su cuidado.

Los conocedores aconsejan evitar atiborrarlos con información.

Tampoco es bueno hablarles en términos que no entiendan. Por el contrario, se les debe dar información correcta, precisa, en lenguaje llano y acorde a su edad y nivel de comprensión.

Será un error subestimar la inteligencia del niño. Tampoco conduce a nada bueno darle respuestas tontas o incorrectas por salir del paso. Lo puede confundir.

Si el adulto le miente, al principio puede que el niño le crea, pero a la larga descubrirá que fue víctima de engaño y esa persona irá perdiendo credibilidad ante él.

Mejor es decirle que no sabe la respuesta o que van a consultar con alguien más para estar seguros. Así él aprende que su papá y mamá no lo saben todo- y lo admiten- pero que hay otras personas (especialistas, personas con más experiencia) o lugares (diccionario, libros, la Biblia, Internet), donde hallar las respuestas.

Otro tópico son las preguntas que muchas veces pueden parecer embarazosas. No debemos tener temas prohibidos. Para la pediatra Malitzin Naar, nuestra actitud ante estos cuestionamientos debe ser abierta, natural y muy enriquecedora.
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