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"Aka, el Ángel Caído"

Aka, el Ángel Caído


Esta es la historia de un ángel llamado Aka, o por lo menos eso es lo que él me dijo.

–Aka, es como me llamaban los otros ángeles, dentro del mundo de la Creación. –explicó–. Hace muchos años atrás, me empecé a interesar por aquellas voces que pedían ayuda, voces llorosas que sollozando suplicaban. Escuchando aquellas voces me alejé del mundo de la creación y llegué al “planeta Tierra”. Por lo visto, así es como le llaman. Un mundo al que yo llamaría “planeta Vida”.

–¿Qué idioma hablan? –preguntó Sin Muballit con apenas doce años.

–En mi mundo habitamos sólo ángeles. –eso fue lo que le contesté a Sin Muballit–: somos voces, somos pensamientos. Ni los ojos ni los oídos son necesarios. No es un lugar, pero sí un espacio en el cual, la pregunta ¿de dónde eres? No existe. Vengo de un mundo sin lingüística. Las voces no tienen gramática, ni fonética, ni morfología. Todo son pensamientos y nada más. Lo único que existe es la intensidad de los sentimientos.

–Hace poco pasé por el Museo del Louvre, miré una pintura de Lucas van Valckenborch. Como era de esperarse, repitió el mismo error que cometió Pieter Brueghel y muchos otros más. Con aquellas pinturas me doy cuenta que Sin Muballit nunca entendió lo que yo le expliqué hace años. Le dije “¡No es pueblo!”, “¡ni es un lugar!” y “¡tampoco es una lengua!” Se lo repetí varias veces. Obstinado de encontrar el mundo del que le hablé. Sin Muballit siguió sus propias ideas de lo que según él entendía y así es como intentó encontrar aquel pueblo en el que todos hablan una misma lengua. Supongo que fueron los mismos disparates en forma de teléfono descompuesto los que le dijo a su hijo. Los nombres “susurros chinos” o “teléfono descompuesto” han perdido incluso su nombre original y con ello su contexto histórico. Ayer, en un hospital vi a dos niños jugando a piedra, papel o tijeras; pero decían “Pi”-“Ka”-“Chu” en lugar de decir “Jiandao”, “Shitou”, “Bu”. Lo que muchos no saben es, que en un principio a aquel juego de los susurros se le llamaba “La torre de babel” en el año 1795 antes de Cristo, año en el que fue inventado.

–Sin Muballit, no fue el primer humano que conocí. Han sido muchos y no es importante hablar de la primera persona que ayudé. Desear es fácil y lo más importante para mí ha sido el darme cuenta que los seres humanos no saben controlar sus emociones. Así es como pierden la facultad de identificar qué deseos son importantes y cuáles no. Incluso cuáles dejan de ser deseos.

De un universo sin forma empecé a vislumbrar una neblina blanca muy espesa. De aquella neblina surgieron letreros luminosos, personas caminando y hasta autos. Me encontraba en una calle muy transitada; podría ser la calle de Madero de la ciudad de México o bien podría ser el cruce de Shibuya en Tokio e incluso la intersección del Times Square en Nueva York. ¡No lo sé! Eso fue hace mucho tiempo. Lo que recuerdo es el estar completamente desnudo en medio de la calle, pero nadie me dirigía la mirada.

A la orilla del pavimento había un hombre con hambre, tenía un pedazo de cartón con unas cuantas letras escritas en él y al frente un trasto de metal sucio con algunas monedas. Parado enfrente de él escuchaba los pensamientos de aquel hombre “denme algo más de dinero para poder comer”.

–¿Qué puedo hacer por ti? –Le pregunté a aquel hombre. Yo no sabía lo que era el dinero ni para lo que se utilizaba. De haber sabido, le habría ofrecido encontrar trabajo y no sólo alimento.

–Tengo hambre y por la noche paso frio –dijo aquel hombre.

Tomé una de mis plumas y se la entregué a aquel hombre. La pluma brilló e inmediatamente llegó un grupo de gente que le dijo “¡Venga!, vamos a darle comida, un baño y una muda de ropa”. Pero a mí, nunca me vieron.

No era aquel hombre por el cual yo había llegado a esa ciudad. Los pensamientos que me habían atraído eran los de una mujer de veintiocho años que caminaba entre la multitud. Aquella chica caminando por aquella calle transitada llena de gente repetía en su mente una y otra vez la frase “quiero morir”. Pude ver a través de sus pensamientos a un hombre vestido de traje y corbata, aquel hombre le sujetaba la mano diciendo “Si quieres mantener tu empleo, hay tramites que necesitas hacer para lograrlo”. No necesito ser un ángel, pero sí el ser un demonio para poder darme cuenta y saber que aquel hombre tenía una infinidad de encuentros sexuales con una gran cantidad de mujeres distintas. Muchas de ellas por conveniencia lo hacían intencionalmente, pero otras no. ¡Es más fácil engañar a un ángel que a un diablo!.

Lo más común en este mundo es el encontrar a gente que no ha alcanzado su humanidad y por eso abusan de otros. Hijos de comerciantes, políticos, jefes de alguna empresa o incluso niños y mujeres que fingen debilidad. Cualquiera que se encuentra en un lugar social más alto o privilegiado tiende por someter a otros a sus deseos y así es como pierden la poca humanidad que tenían. Ya que a su egocentrismo le llaman “ser realista” generalmente les llaman “vivos” por obtener lo que desean mediante “el juego de tener relaciones o no tenerlas”; frases erróneas que no representan el significado real. Yo les llamaría de muchas otras formas y siempre sería para representar un contexto negativo. Si sigues pensando en aquella chica, no te dejaré con la duda ¡por supuesto que no le cumplí aquel deseo a aquella joven! Todos los deseos satisfacen emociones y el desear uno mismo su propia muerte no es un buen deseo, pero tampoco es el peor. Para mí, el peor deseo es el que satisface la sed de venganza y que muchos llaman equivocadamente “hacer justicia”.

Aún recuerdo al príncipe de Valaquia y sus deseos de hacer justica, “según él decía”.

–Quiero que todo el mundo me tenga miedo, que al mencionar mi nombre tiemblen. –Me pidió aquel príncipe.

–Los seres humanos sólo temen por cuestiones que afecten su vida y la de sus seres queridos, yo no concedo deseos que afecten a segundas personas, lo siento mucho. –Eso fue lo que le contesté y claro está que no le concedí aquel deseo. “No sé el porqué, pero este tipo de deseos lo sigo escuchando frecuentemente; a decir verdad, es un deseo muy popular entre los habitantes de este planeta”. En todos los países y en todos los reinados siempre han existido y existirán deseos por hacer el mal: Un buen ejemplo es el de 1933 en Alemania, en toda la historia de Japón, en África, países árabes, Estados Unidos, etc. No importa el tiempo, época, lugar geográfico o edad de la persona. Sin excepción, siempre existirán en todos y cada uno, los deseos por hacer el mal.

–No necesito a ningún ángel para cumplir mis deseos. –Fue lo último que me dijo el príncipe de Valaquia. Al día siguiente tomó a todos los niños y los rostizó en el fuego. Alimentó a las madres con la carne de aquellos niños y después les cortó el pecho. Los pechos fueron comidos por sus maridos y al final ambos fueron ejecutados no sin antes haber sido torturados todavía más. El príncipe de Valaquia torturó a cientos de miles y todos ellos murieron por ello.

–Tanta gente evidentemente mala me hizo creer que el aceptar cumplir un deseo era algo fácil, pero no fue así. –Aka seguía contándome sus experiencias en el mundo de los humanos y yo le escuchaba atentamente y sin interrumpir.

–¿Has ido a un hospital y puesto atención en la gente? –me preguntó Aka, pero no esperaba mi respuesta así que no se la di–. En los hospitales puedes escuchar una gran cantidad de peticiones familiares. Todos los padres pedían que sus hijos se recuperaran y al mismo tiempo aquellos niños pedían que sus padres fueran felices. Siempre me ha conmovido el intercambio de deseos por el bienestar y la felicidad de otros. Así es como en un principio se llevaron varias de mis plumas aquellos deseos. Parecieran ser “deseos por el mutuo bienestar” Lo irónico es que el deseo siempre va a satisfacer una emoción propia; la de no estar triste, por ejemplo. Son muy pocos los seres que ayudan o buscan el bienestar de un desconocido, tontos todos y cada uno ellos ya que al ayudar obtienen su humanidad. La sangre de un clan va a ser siempre más importante que la razón. En el mundo hay gente trabajando en iglesias, dan comida o ropa pero que mentalmente insultan de “flojos”, “sucios” y “mentirosos” a los necesitados. No solucionan el problema de esas personas sin trabajo, pareciera que les gusta mantenerlos humildes. Gente que pertenece a grupos de ayuda para obtener una imagen social de “ser bondadoso”. No abrazan la realidad y prefieren vivir en un mundo bimétrico para amar contrastes. Tenemos gente de América que viaja hasta África a darle de comer a niños en mal estado de salud. ¡Siempre van a haber personas a tu alrededor que necesitan ayuda! no es necesario el que estén desnutridos y vestidos con harapos para necesitar de tu ayuda. Los humanos no quieren aceptar, el que no es necesario ir hasta otro lugar para ayudar, mucho menos se necesita ser millonario o ser un médico para hacerlo.

–Ese mismo día, en el hospital, escuché la voz lastimera de alguien fuera de la sala de operaciones. Era una madre que se encontraba en el hospital, su hijo había sido acuchillado. Los pensamientos de la mujer decían “¡Salva a mi hijo!”. Inmediatamente tomé una de mis plumas y la puse sobre aquel joven de solamente 17 años. Nuevamente la pluma brilló y después de ello aquel joven despertó y el médico que le colocaba las descargas del desfibrilador en el pecho dijo “¡Va a vivir!”. Antes de irme, escuché nuevamente los pensamientos de la madre “quiero que muera el hijo de puta que lastimó a mi hijo”. Nuevamente así es como reclaman “justicia” y, el que “La sangre es más espesa que el agua”.

El problema con los malos deseos es el que la gente no sólo los piensa, sino también los ejecuta. Nadie va a decirse a sí mismo que es malo ya que siempre va a buscar la razón que justifica su falta de cooperación y mal trato hacia los demás. Si no hay una autocrítica objetiva, menos se aceptará la crítica venida por otras voces. Ese fue el problema del primer libro de cuentos de Esopo.

En el año 513 a. C. conocí a Esopo, le platiqué mis experiencias y así es como escribió una serie de relatos. Los relatos no fueron exitosos en un principio porque eran las historias de personas reales. La gente vio a Esopo como una persona envidiosa y pesimista en contra de la sociedad. “Hablas mal de otros porque tú no tienes lo que ellos sí”, le decían. Así es como Esopo decidió cambiar los cuentos que originalmente eran sobre seres humanos a cuentos de animales. Esopo decidió el no escribir los enfrentamientos de dos seres humanos y menos con características físicas diferentes.Esa fue la clave de su éxito.
Cambió la forma de relatar los cuentos y al final nunca habló de mí, un Ángel de forma humana. Pero sí me convirtió en animal dentro de uno o más de sus cuentos. Lo mismo hizo Edgar. Aquel día le platiqué sobre el sentimiento de tristeza en los seres humanos y el deseo que me pedían de nunca más sentirse tristes. Por un lado, se recuerdan momentos pasados y así es como se desea el volver a vivirlos; por el otro lado está el deseo por olvidarlos y así perder todo recuerdo que los llene de tristeza. Ese día conmoví mucho al señor Poe; tanto así que con su pluma de ave escribió sobre mí, pero en forma de un cuervo.

La verdad es que no sé qué es peor, si el que te vean como un animal o el que te vean como un fantasma... sí, como un fantasma. Charles no me vio como un ángel sino como un fantasma. En 1819 conocí a Charles John Huffam, Charles había sufrido toda su vida. Sus deseos por una vida feliz lo orillaron a escribir historias con finales felices.

–No puedes mutilar o cambiar la realidad, No importa el que la gente prefiera escuchar historias que terminen en finales felices, es conociendo los defectos como se puede mejorar. Si los llenas con finales felices no van a cambiar y no van a ayudar. ¡Les estas diciendo que al final algo bueno va a pasar y todo se arreglará por si solo! –regañé a Charles en 1839.

–Con mi pluma he escrito lo que no me has dado cada año de mi infancia, esto es lo que he pedido como regalo para Navidad. Si no aceptas cumplir mi deseo, por lo menos déjame ser feliz a mi manera.

–Me contestó. No importó lo que dijera, al final: La novela de Charles donde Ebenezer tenía un final trágico y donde Tim el hijo de Bob Cratchit muere, terminó teniendo un final feliz.

–Aka, me tengo que ir, ya es muy tarde. –Le dije a aquel ángel. Ya que era muy noche y al día siguiente que era lunes entraba a trabajar.
El lunes, al salir de trabajar fui a ver a Aka. Le compré zapatos y un abrigo. Lo busqué por el centro comercial y ahí se encontraba en la orilla de aquel restaurante al aire libre en el que lo conocí ayer. Se veía dormido, cuando me acerqué pude ver que se encontraba lleno de hormigas. Aka había muerto.

Estoy segura que la mayoría de la gente que leyó este cuento nunca se preguntó ¿cómo sería el ángel? porque el estereotipo ya está formado por dibujos, pinturas y esculturas que muestran a los ángeles como personas de forma humana y con alas de plumas blancas. Un conjunto de factores en los cuales el color blanco resulta ser un común denominador de la palabra belleza. En el arte no se da respuesta a preguntas como: ¿Cómo piensa un ángel de los humanos?, ¿se puede lastimar a un ángel? o ¿Los ángeles sufren? Preguntas que nadie hace ya que el único deseo que se tiene es el de ver a un ángel por lo bello y bondadoso; pero nada más.

Ahí se encontraba Aka, un hombre de un metro cincuenta de alto. Llevaba una venda en el rostro, posiblemente para ocultar ciertas desfiguraciones de su cara. Era muy difícil determinar la edad de aquel hombre. Podría tener sólo veintitrés o incluso más de cincuenta. Tan sucio y con la piel quemada por el sol que impedía determinar cuál era su color natural. Aka, un ángel que perdió sus alas ayudando a los seres humanos y que al final se había convertido en la imagen que amó y adoró de este mundo.

En la mano izquierda y sin vida sostenía una hoja doblada por la mitad y dentro había una pluma negra. La hoja tenía algunas frases escritas en ella: “Esta es mi última pluma y la he guardado para mí, creo que yo también voy a pedir un deseo egoísta. Con mi pluma voy a pedirle a todos ustedes que valoren la vida de todos los seres humanos. ¡Ayuden a otros a ser felices!. De esta forma ya no habrá más ángeles que pierdan sus alas y sólo así dejarán de necesitarse las plumas mágicas.”

–Conocí a Aka en septiembre del año 1999, después de ese día escribí varias hojas. En el 2016 busqué este cuento que tenía guardado entre todas mis cosas. Hoy tengo la oportunidad de compartirlo con todos ustedes y decirles que “Si no aceptas ver que en el mundo también existe la tristeza, te será imposible el ver cosas tan bellas como un cuervo que habla, un fantasma o incluso un ángel de nombre Aka.”


Por: Martha Patricia Sáenz Pérez
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JossalbertoBrice

La historia es real tal y como se ha contado

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dtonygmz

Buenísimo! Me encantó! Hay más información de cómo y dónde surgió esta historia? Gracias por compartirlo!

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