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[Noticias] Exhibición condicionada de Talleres

La “T” arrancó para golear y terminó pidiendo la hora. Se puso rápidamente en ventaja, pero las chances de gol que dilapidó en el área del Fortinero, la expulsión de Pieters y las lesiones de Anívole y Aranda lo complicaron. Un apretado 2 a 1.


Aranda se desahoga y grita con alma y vida su gol (Foto: Sergio Cejas).

Entre un prólogo auspicioso y eufórico y un epílogo plagado de sufrimiento, el reencuentro de Talleres con la victoria resultó una historia cambiante y llena de matices.

Con el retorno de Adrián Aranda para conformar un tridente ofensivo –novedad confirmada a minutos del inicio del partido– el equipo albiazul se plantó ante Alumni de Villa María decidido a dejar rápidamente en evidencia las distancias entre el primero y el último de la Zona 2 del Argentino A.

El capitán Walter Ribonetto, otro que ayer recuperó la titularidad, tradujo ese impulso ganador en el marcador, poniendo el 1-0 a los 8 minutos de juego. Hasta ahí, todo parecía dispuesto para un monólogo de la “T”.

No terminaba de acomodarse el Fortinero y Lisandro Sacripanti seguía errando goles casi desde la puerta del arco rival. Los “tres tiros” del ex Newell’s (a los 2, 10 y 24 minutos) explotaron muy cerquita del poste derecho del arco visitante. A los 12 minutos, el arquero Carlos Ronco le había tapado otro tanto cantado a Fabio Pieters, quien capturó el rebote y cabeceó arriba del travesaño casi desde la línea de sentencia.

La falta de puntería le fue quitando confianza a Talleres, que empezó a sufrir atrás con algunos arrestos ofensivos de Alumni, un rival que siempre le hizo las cosas difíciles en el Chateau. “No lo liquidamos desde lo numérico, y eso nos condicionó”, admitió en los vestuarios Héctor Arzubialde. “En realidad, estuvimos todo el partido condicionados”, agregó el entrenador de Talleres. Más acertado no pudo estar.

Se le embarró la cancha

Después de aquel arranque auspicioso, el partido se fue enrareciendo para la “T”, por sus carencias (en la definición y en la generación de juego), por el empuje del rival y por los yerros del árbitro Carlos Boxler, que le valieron recriminaciones de todos lados. Como saldo y evidencia de esos reproches quedaron tres expulsiones: por el lado de Alumni, las del ayudante de campo Ricardo Carnielli (se retiró provocando con señas a los plateístas) y del preparador físico Eduardo Bassi; y en filas de Talleres, la del técnico alterno Alberto “Laucha” Arzubialde.

En el área local hubo un par de revolcones de Federico Crivelli y una desinteligencia entre el arquero y Ribonetto que, más allá de la anécdota del tiro libre a metros del arco, terminó siendo determinante porque Pieters fue amonestado en los forcejeos previos a la ejecución. Dos minutos después, y por una brusca infracción en el centro de la cancha, el volante recibiría la segunda “amarilla”, y la consecuente “roja” de la expulsión.

“¡Es la maldición del “8”!, exclamaron varios en las tribunas, recordando las ausencias forzadas de Víctor Cejas, Jeremías Zenón y Gabriel Ruiz, y la presencia en las plateas de Martín Seri, el refuerzo que llegó para cubrir un puesto que parece condenado a la desgracia.
Para el complemento, Arzubialde debió rearmar el medio campo no sólo por la prematura deserción de Pieters, sino también por la distensión de ligamentos que sufrió Ignacio Anívole. Entraron Nery Leyes y Mateo Martinelli, y dejaron la cancha el “10” y Sacripanti.

En eso estaba Talleres, tratando de reacomodarse a las dificultades, cuando el lateral derecho Hugo Yocca sorprendió con una diagonal y clavó el 1-1 con un tiro cruzado. En la popular del tablero los nubarrones que asomaban desde el sur aumentaban los presagios de que algo feo podía venirse. Pero a los 14 minutos Aranda pescó un rebote, marcó el 2-1 y desató ese alocado festejo en el que el DT buscó con insistencia al goleador y éste lo gambeteó dos veces hasta llegar a un saludo formal.

Otra lesión, la del “Bati”, le puso el toque de dramatismo a un final que mostró una imagen deslucida de Talleres, con muchos temores y con Riaño casi abandonado a su suerte en el ataque. En ese contexto, el pitazo final fue la única acción de Boxler que Talleres celebró.


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