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Acatitla (Cuento Propio).





El que no ha amado, no puede comprender muchos matices de la vida, de la naturaleza, del arte. El amor es un tercer órgano de la visión, un sexto sentido.





ACATITLA.


-Llévesela en 500 varos, patrón. Le estoy incluyendo los huesos largos y las manitas.
Esbozo una sonrisa que más bien es una mueca cortés que significa "ni creas que valen 500 pesos dos fémures, dos juegos de carpos, metacarpos, falanges, falanginas y falangetas montadas en terciopelo negro y amarradas con alambre de cobre, ah, y un cráneo joven, levemente raspado en los huesos malares”.
-Me interesaría la pura calavera, pero depende del precio...(no le digo que "necesito" la calavera, me la vendería carísima; y en realidad no la necesito, nomás pregunté por preguntar, porque la vi aquí en su puesto y se me ocurrió juntar 3 o 4 cráneos , perforarlos y armar un mini-zompantli en mi escritorio).
-Le dejo la calaca solita en 400, patrón, bara, bara.
-Ora sí ya me desconoció, jefe. Si no soy turista, cómo va a estar barata en 400 pesos; si vengo cada semana al tianguis, aquí con mi tío Beto, el de los libros viejos.
-Lo que pasa es que sin la tatema, ya no quieren los otros huesos, patrón. Como los usan para trabajos y curaciones...
-Mmmmmhh...
Tomo el cráneo con la mano izquierda (soy zurdo, pues) y el maxilar inferior con la derecha. Los articulo en el tragus, y lo contemplo como seguramente hizo Hamlet con el cráneo de Yorick (excepto que Hamlet no estaba junto a un puesto donde están friendo sopes y quesadillas con manteca de cerdo). No le hago un monólogo mental al cráneo acerca de la vanidad de la vida y su corta duración, sino le digo en mi lengua chilanga: "Carnalito, me preguntaba on´tablas, no sabía que ya muebles; quién sabe si habrás sido chingón para los albures, o el mero fregón de la bandota, o a lo mejor eras Juan Camaney, pero pus ya valiste madres, carnalito; o a lo mejor eras carnalita, mis conocimientos de anatomía forense pues sí que es bastante deficiente, discúlpame si eres carnalita y te ando agarrando sin tu permiso tus huesitos, aunque ya no creo que te moleste..."
-Le puedo dejar cada costilla a pesetita, patrón.
-Nel. (¿Yo para qué chingaos quiero un cráneo, o cualquier otro hueso de cristiano? Chance y es el esqueleto de Cuauhtémoc, ni modo de andar traficando con reliquias nacionales!).
Una nube de humo de mariguana se eleva de algunos puestos a mi derecha, de donde brota un reggae lento y pesado, como el mismo humo; el aire frío de la mañana la mantiene unos minutos a nuestra altura, difuminándola lentamente. Una señora gordita cruza la nube sin inmutarse, nada más abanica para alejarse la peste de la cara, andando como pato al cargar una canasta donde sobresalen vasos desechables llenos de gelatinas, flan y arroz con leche casero.
Dejo el cráneo con cuidado donde estaba (señal de que no voy a comprarlo) la blancura levemente amarillenta brillando como un pequeño faro entre tantos objetos tan disímbolos, ahora una mera mercancía más.
-¿Y cuánto pide por los tres libros de Xaviera Hollander y el cocodrilito disecado que tiene ahí, jefe? Pero déme buen precio, para volverme su marchante....
Espero que la señora de las gelatinas no se adelante mucho. Se me antojó un flan napolitano.


03-abril-2012.








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