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Relatos de las iglesias

Bueno parece que algunos les gustaron los relatos de la otra vez aqui les dejo otros dos


El cordón


Cuenta un señor que hace tiempo tenía un compadre que fue sacristán de la iglesia de la Asunción. Era el encargado de salir todos los días a tocar las campanadas a media noche.

Una noche después de realizar el campaneo, al cerrar la puerta, se escucho que tocaron tres veces entonces; el sacristán abrió la puerta, se asomo y novio a nadie, solo los sepulcros. Se quedo extrañado pero no le dijo nada al padre. A la noche siguiente después de dar las doce campanadas, volvieron a tocar la puerta. Ya con miedo volvió a abrir pero una vez más no vio a nadie. En esta ocasión ya le dijo al padre – sabe que padre fíjese, que ya son dos días que después de dar las doce campanadas, al cerrar tocan la puerta. Entonces el padre le dijo sabes qué hijo, mañana cuando salgas, me avisas para que te acompañe.
Al otro día el padre se vistió con su túnica y estola moradas y le dijo al sacristán – hijo, tú no te espantes, sal como si nada y toca las campanas. Terminando se metió el sacristán, cerró la puerta y nuevamente volvieron a tocar. El padre ya no dejo salir al sacristán si no que salió el, se quito el cordón de su túnica y lo aventó hacia afuera. La estola no cayó al suelo, si no que se quedo parada y el padre dijo – buenas noches hijo, la presencia bajo el cordón contesto- buenas noches padre, - ¿qué quieres, hijo? – pregunto el padre. –quiero confesarme, respondió la sombra. El padre le dijo que si y se dirigió al confesionario. Detrás del, el cordón lo siguió.
Cuando termino el padre lo acompaño hasta la puerta y al atravesarla el cordón cayó al suelo. El padre lo levanto y beso la estola.
El sacristán le pregunto – ¿quién era padre?- era una alma en pena hijo, le contesto el padre. El sacristán nuevamente le interrogo- ¿y qué era lo que quería? – quería que le haga una misa para que su alma descanse.
Después de algunos días el padre realizo una santa misa por el alma en pena. Al día siguiente esa alma apareció ante el padre y en gratitud le dijo donde tenía su dinero escondido.

Narración: lino Sánchez Reynoso
Barrio de los ángeles, Milpa Alta.
Recopilación: Zarai Loza Jurado






El padre


Hace tiempo un hombre llego a la iglesia exactamente a las doce treinta de la madrugada. Toco la puerta, el padrecito salió y le pregunto que se le ofrecía. Aquel hombre le contesto que quería una confesión. El padrecito contesto que sí, que lo esperara mientras se vestía e iba por sus hábitos.

Cuando el padre regreso aquel hombre le dijo que lo siguiera.
Dicen que camino muchísimo y que el padre cada vez se desesperaba más por no llegar al lugar donde seria la confesión.
Finalmente llegaron bajo un gran árbol. El padre le pregunto que donde estaba la persona a la cual debía confesar, el hombre respondió- soy yo -¡como que eres tú! ¿Y para que me has traído hasta aquí para confesarte? – pregunto el padre.
-eso ahora no tiene importancia, contesto aquel hombre.
Entonces el padre comenzó a confesarlo y cuando concluyo el hombre en gratitud le dio unas monedas de oro por haber ido a esas horas de la noche.
Cuando el padre quiso despedirse de aquel hombre ya no estaba. Sabe dios si el padre tendría miedo o no. Entonces regreso a la iglesia y empezó a desvestirse para dormir. Cuando quiso sacar las monedas que aquel hombre le había dado, solo encontró muelas y dientes en su mano.

Narración: Cesar Meza Arontes
Recopilación: Alejandro Torres Puebla




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