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En el pais de los alimentos, el hambre mata.

Hace unos dos meses que viajar a el chaco por problemas familiares, era mi primera ves ahi, siempre veia en la tele los informes de pobresa extrema en esa provincia pero vivirlo en carne propia me llevo a comprender cuanta injusticia hay.
yo estuve en un pueblito llamado colonias unidas. donde todas las calles son de tierra, si llueve el micro que pasa solo tres veces por dia, no funciona.no hay agua, tampoco luz, ni gas. La gente cocina a leña.La mayoria de las casas son precarias.tampoco hay baño sino un poso en las afueras de la casa.
en el tiempo que me encontre alli la temperatura minima era de 30 grados.
la poca gente que tiene la posibilidad de tener luz cuando la temperatura llega a 40 grados se corta por dos horas.
por las noches dormir entre medio de millones de gigantes mosquitos y cascarudos que te caen del techo se me hizo imposible.el hospital no contaba con los elementos necesarios para atender un familiar mioasi que tuvo que ser deribado a otra ciudad.
en la otra ciudad donde llege un viernes no habia radiologo por lo cual hubo que esperar hasta el lunes lo cual mi familiar falleccio el domingo.como puede ser que no halla personal en un hospital publico y no se tenga prioridad en la salud.
la mayoria de los jovenes esperan cumplir diesiocho años para irce a una ciudad con mas recursos.



En el país de los alimentos el hambre mata


Resistencia es la capital provincial más pobre de la Argentina. A menos de treinta cuadras de la Casa de Gobierno, un cordón de asentamientos abraza el casco urbano como si fuera una herradura. En ese conglomerado de chapas de cartón, plástico y madera sobreviven hacinadas en condiciones de extrema pobreza uno de cada tres habitantes de la ciudad con mayor cantidad de indigentes del país.

Resistencia es sólo la puerta de ingreso a un territorio que tiene la mitad de su población bajo la línea de pobreza. “Desnutridos, mal nutridos y anémicos, así se encuentran unos 15 mil chaqueñitos menores de 14 años”, aseguró Rolando Núñez, coordinador del Centro de Estudios “Nelson Mandela”, una institución dedicada a la investigación y el trabajo de campo con los sectores más desprotegidos. Desde diciembre de 2007, la provincia es dirigida por Jorge Capitanich, uno de los pocos gobernadores kirchneristas que zafó del papelón electoral del 28 de junio, cuando obtuvo más del 48% de los votos.



Mientras oficialmente se admite un 35,4% de pobreza y un 9,4% de indigencia, un relevamiento realizado por el Instituto para el Desarrollo de las Economías Regionales (IDESA) sostiene que el porcentaje de pobres asciende al 49,7% y el de indigentes, al 17,2 por ciento.



Los mismos números del Ministerio de Salud de Chaco admiten que el porcentaje de niños desnutridos en 2008 fue más alto que el de 2004, 2005, 2006 y 2007. Si se analiza la tabla del Plan Materno Infantil provincial, se observa que el año pasado, de los 19.496 bebés menores de un año bajo control médico, el 6,2% tenía algún tipo de desnutrición. En números absolutos, 1.040 con grado uno, el más leve; 154 con grado dos, y 24 en el estadio más grave. De los 20.233 chicos de un año bajo supervisión médica, el 19,6% presentó algún déficit nutricional, es decir, 3.956 niños, el triple de los valores del grupo anterior para el mismo año. Similar es el panorama de los chaqueños de entre dos y cinco años: el 17,5% está en condiciones de malnutrición. “Las tasas anuales de desnutrición infantil en Chaco son de las más altas de la Argentina”, sostuvo Núñez.



SECTORES MÁS AFECTADOS. La avenida Soberanía divide las dos realidades que coexisten en la capital chaqueña. De un lado, la trama urbana donde viven unas 250 mil personas. Del otro, unas 25 mil familias que se desparraman a lo largo de un corredor de 24 kilómetros de asentamientos que rodea la ciudad de Resistencia. La Rubita es el primero de estos conglomerados informales erigidos en terrenos que alguna vez pertenecieron al Ejército. “Hace 34 años que vivo acá y siempre hubo la misma pobreza”, recordó Eulogio Quintana, que acaba de cumplir 67. La desnutrición de primer grado que sufre no hace otra cosa que agravar la patología que lo aqueja desde hace más de una década: padece leishmaniasis cutánea, una enfermedad infecciosa que transmiten los perros y que le provocó la pérdida de tejidos cartilaginosos en la cara y lesiones muy severas en la piernas. “Como no recibimos ninguna ayuda, me veo obligado a seguir cirujeando con el carrito para poder comer”, relató el anciano.



Unas 15 cuadras al norte se encuentra el comedor 1º de Mayo. Unas 300 familias se alimentan gracias al trabajo solidario que desarrolla un conjunto de personas liderado por Gladys Muñoz, una enfermera del Hospital Perrando que se conmueve cuando ve un chico desnutrido. “Soy madre de seis hijos y tengo 14 nietos, no puedo soportar la injusticia de que estas familias no puedan darles de comer a sus hijos”, afirmó a Crítica de la Argentina. A pesar del enorme esfuerzo que realizan, no pueden satisfacer la demanda de los hambrientos, que cada día son más. “Durante dos meses nos obligaron a cerrar por la emergencia sanitaria de la gripe, no sé cómo se las habrá arreglado esta pobre gente”, cuenta Muñoz mientras hunde un cucharón en la olla donde cocina guiso de arroz y menudos de pollo. Los chicos y sus madres desfilan con recipientes de todos los tamaños a la espera de la única comida del día. “La mayor parte de estas familias fueron expulsadas del campo como consecuencia de que no existen fuentes de trabajo y se hacinan en las periferias de las grandes ciudades como Resistencia, Sáenz Peña o Villa Ángela”, explica Núñez.



SE CAE EL PROMEDIO. Los nacidos en Chaco tienen una expectativa de vida de 69 años, seis menos que el promedio nacional. Los últimos indicadores oficiales a nivel nacional colocan la mortalidad infantil chaqueña por encima de los 21,2 cada mil nacidos vivos.

“La situación socioeconómica es muy grave, todo lo que podamos hacer nosotros no alcanza para resolver el drama de la desnutrición”, dijo la doctora Griselda Spezzati, pediatra que dirige el Centro de Salud de la Villa Don Alberto. “Recibimos muchos pacientes con desnutrición de primer grado, que es la que está originada por la mala alimentación. Estos chiquitos están más expuestos a parasitosis, insuficiencias renales o enfermedades respiratorias como la broquiolitis o la neumonía”, detalló la profesional. “Tuvimos problemas con el suministro de leche en polvo debido a deficiencias organizativas a nivel central, además de los problemas que originó la emergencia sanitaria provocada tanto por el dengue como por la gripe A”, agregó. Spezzati detalló que “la dieta diaria que consumen los chiquitos es insuficiente y se compone fundamentalmente de hidratos de carbono, lo que genera problemas de malnutrición por tratarse de un exceso de hidratos de carbono y una falta de vitaminas y proteínas
La pobreza extrema deriva en hambre, enfermedades evitables y abusos, como se ha puesto de manifiesto en los últimos tiempos en el Chaco.



En esa provincia, la zona del Impenetrable permanece en situación de desastre, lo cual afecta fundamentalmente a las comunidades aborígenes. El caso llegó a la Corte Suprema, y pesar de que este organismo le ordenó a la Nación y al Chaco que adoptaran medidas para frenar este "silencioso exterminio", el cuadro sigue siendo deplorable. Días atrás, una diputada denunció que los responsables de un plan asistencial abusaban de adolescente wichís.

A esto se le ha sumado un informe del Centro de Estudios Nelson Mandela que afirma que murieron diez bebés aborígenes en los últimos siete meses en un municipio de El Impenetrable caracterizada por sus problemas sanitarios y por las denuncias de discriminación contra tobas y wichís. Todo indica, entonces, que persisten las fallas estatales en los servicios de salud y de asistencia social.



También es grave el aumento de los casos de dengue en el Chaco, donde por las deficiencias sanitarias y sociales se concentra la mayor cantidad de infectados del país. Se estima que esta epidemia afectaría a unas mil personas en esa provincia y que se habrían registrado dos muertes.

Es necesario que con decisión y transparencia se implementen políticas destinadas a brindar la ayuda alimentaria y sanitaria que se necesita en las áreas más castigadas.



La situación de extrema pobreza en el Chaco tiene consecuencias sanitarias y sociales que afectan principalmente a comunidades indígenas.

El sol de la primavera calienta los interminables barrios de precarias casillas y es el único aliado de las miles de familias que sobreviven, ya casi sin esperanza, en la zona más pobre de Argentina.
Intransitables callejuelas de tierra, pasillos angostos llenos de lodo, casillas de chapa y cartón que apenas resisten algunas pocas gotas de lluvia y se destruyen con el granizo. Desnutrición y pobreza es todo lo que se ve en los alrededores de Resistencia, capital de la norteña provincia del Chaco.

Sin subsidios estatales, prácticamente marginados de los sistemas de salud y un ingreso diario de dos a tres dólares por algún trabajo informal, la mayoría de los pobladores enfrentan la vida sin muchas armas.
A la histórica falta de un polo de desarrollo industrial en la provincia, se sumó en los últimos años el avance de la soja, que desplazó al algodón, que requiere mucha mano de obra.
Eso hace que, cada día, del interior de la provincia sean expulsadas unas 14 familias. La mitad va camino a otras provincias y el resto se amontona alrededor de Resistencia, a 1.050 kilómetros al norte de la rica Buenos Aires.

Allí vive Milagros, un niña de 2 años y una mirada angelical perdida. Detrás de una lona que hace las veces de puerta, se ve una superficie de apenas unos seis metros cuadrados, piso de tierra, sin agua potable ni luz eléctrica.
Está a su lado Marisel Rivas, su mamá, que carga en brazos a Ariatna, una beba desnutrida de 10 meses. Y se asoma Gustavo Herrera, también de 20 años y padre de las nenas.
La impotencia los hace llorar apenas se les pregunta cómo hacen para vivir. El mañana es una intriga. "A veces tenemos para la leche y a veces no", balbuceó Marisel entre lágrimas.
Una ayuda mensual -que suele ser una bolsa con alimentos primarios por un valor de unos 50 dólares- es la única presencia del Estado en sus vidas.



La esperanza de estas familias frente a las elecciones presidenciales de octubre en Argentina es nula. Lo único que entienden de política es que algunos candidatos los visitan antes de los comicios pero después desaparecen.
La firme marcha de la economía argentina, a tasas del 8 por ciento anual desde el 2003, ni siquiera les roza y hasta se encuentran en peores condiciones que décadas pasadas.
El ingreso anual por habitante en Chaco es de unos 1.800 dólares, frente a los 6.500 dólares promedio en todo el país, y la riqueza provincial se concentra en una pocas manos.
La frágil figura de Alejandra López es un fiel reflejo de la situación, ya que con antecedentes de desnutrición acaba de ser madre de trillizas y comparte techo con su hija mayor y su esposo, que trabaja de lo que puede.
"Nosotros, de siempre con mis hermanos, fuimos desnutridos", relata Alejandra, de 20 años, agotada y demacrada.



TODO POR UN POCO DE AGUA

Los asentamientos se levantan sobre los alrededores de la ciudad. Una calle cualquiera puede ser interrumpida por una carpa que iniciará una larga fila de casillas. Y sólo algunos grifos comunitarios les dan agua potable.
Más de una vez, María Estobar, de 32 años, separada y con cinco hijos, pasa la noche junto al balde, viendo cómo se va llenando de a gotas, y en el verano la situación es aún peor.
Ya hay casi un centenar de asentamientos en las afueras de Resistencia, con unas 28.000 familias. Sin cifras oficiales, los organismos de derechos humanos calculan que allí pueden vivir fácilmente más de 112.000 personas, un número similar al que ostentan decenas de ciudades urbanizadas del país.
En esa zona la mayoría de los adultos no saben leer ni escribir y usan sus huellas digitales para firmar.
Los asentamientos son sólo un recorte de la situación general en Chaco, una provincia con 1,0 millón de habitantes, de los cuales casi la mitad vive bajo la línea de pobreza y casi el 24 por ciento en la indigencia, que implica que no les alcanza para comprar los nutrientes básicos.
Para la organización de derechos humanos "Centro Nelson Mandela", los peores indicadores sociales, económicos, sanitarios y educativos de Argentina están en Chaco, al nivel de cualquier país africano medio.
Los chicos andan descalzos, sin higiene y corriendo detrás de la nada. Con los ojos humedecidos, Gladys Muñoz explica queel Gobierno local termina de quitarles la única copa de leche diaria que daba a unos 100 niños.

RESISTIR



La zona del asentamiento llamada "Resistiré" es atravesada por una zanja con aguas servidas y basurales donde la gente compite con los animales en la búsqueda de alimentos.
Allí vive Jorge Ojeda, de 44 años y la educación secundaria casi completa. Pese a todo, Jorge está satisfecho porque consiguió carne desechada por un supermercado.
"Hay gente que está pasando una indigencia peor que la mía. Hay gente que prácticamente no tiene ni para comer y lo único que tiene es el basural", dijo Ojeda en medio del pulular de moscas.
Perros con sarna y algunos gatos comen de la misma mesa que los ocho miembros de la familia de Ojeda, que viven en una casilla que sobresale por su dimensión: 15 metros cuadrados.
Cabritos, cerdos, caballos y patos rodean la escena, en medio de un basural donde luego se separan cartones y botellas plásticas para venderlas por pocos centavos.



La provincia lidera algunos otros datos escalofriantes, como tener una recluida comunidad aborígen Toba, que en los últimos tiempos sufrió varias muertes por desnutrición.
"Tenemos la mayor desigualdad social del país (...) Es más que una pobreza estructural y sistémica, es tendencial porque genera cada vez más pobreza", afirmó el abogado Rolando Núñez, del Centro Mandela.
El alcoholismo y la drogadicción entre los adolescentes también abundan, especialmente por el consumo del desecho de la cocaína, llamado "paco" en Argentina.
A pocos kilómetros, separados por un gigantesco puente sobre el caudaloso Río Paraná, se levanta Corrientes, capital de la provincia homónima, que sufre un flagelo semejante.
El doctor Carlos Núñez Camelino explica que las parasitosis intestinales, los problemas dermatológicos y respiratorios son los más comunes entre los niños abrazados por la pobreza.
En Corrientes, un proyecto vial amenaza con expulsar a los pobladores del asentamiento ribereño "Arazaty", que tiene como único ingreso la pesca. Por ahora resisten allí.
"Hay veces que agarro mi canoa y me voy al medio del río y me pongo a llorar por la bronca que tengo", se resigna Daniel Chávez, cuyos 29 años no coinciden con el rasgo abatido de su rostro.

Ninguna provincia argentina tiene mayor proporción de pobres entre sus niños y adolescentes que el Chaco. Según un estudio de la CTA basado en datos del Indec, el 75 por ciento de los menores de 18 años que viven en territorio chaqueño es pobre. Es decir, de cada cuatro chicos, tres están por debajo de la línea de pobreza. La situación es casi igual de dramática en la vecina Corrientes, donde el porcentaje de pobres supera el 73 por ciento entre los menores de 18. En el otro extremo se encuentran Santa Cruz, Tierra del Fuego y Capital Federal, con índices inferiores al 26 por ciento.
Necesidades tan esenciales como agua, luz, y caminos, hoy en el Chaco no existen. La gente no tiene agua potable, debe juntar el agua de lluvia que dejan almacenada en botellones, o baldes, exponiendose de ésta manera al dengue.
Un bien tan esencial como el agua, que dá vida, es también hoy un mortal elemento.
Argentina hoy no solo padece de dengue, hantavirus, etc., sino que el peor mal que hoy enfrenta es "la pobreza".



La salud pública del Chaco a la deriva.

La demanda de salud pública creció en forma continua y progresiva durante los últimos años. Recrudecieron viejas enfermedades y aparecieron otras, más complejas.

Al mismo tiempo que la comunidad chaqueña se empobrecía, aumentaba considerablemente la concurrencia a los hospitales; sin embargo, no se actualizaron las políticas públicas, ni se destinaron los fondos apropiados para garantizar una aceptable atención para las mayorías sociales que en el Chaco deben contar con la asistencia sanitaria pública en virtud de que al no tener trabajo estable y registrado, carecen de obra social.



La realidad reflejada en los presupuestos 2008 y 2009 pone en evidencia que la salud no es una cuestión del Estado, como tampoco una prioridad en el menú de las actuales políticas públicas. Lo más grave, es que no existe una política de salud basada en criterios de equidad, solidaridad, eficacia, eficiencia y calidad, con punto de apoyo en la atención primaria. Es evidente que se continúa utilizando a la salud pública como variable de ajuste del inmenso gasto del estado, independien-temente del color político del gobierno de turno.

Gestión Rozas

En el año 2003 realizamos un análisis integral de la ejecución presupuestaria correspondiente al periodo 1996/2003. Para esa época, gobernada por Ángel Rozas, el 70% de los chaqueños eran pobres; la indigencia superaba el 40%. La salud, así como el resto de los servicios públicos, se encontraba en abierta situación de colapso. Advertíamos que el gasto/inversión en salud no estuvo entre las prioridades del gobierno de la época; así lo demostraba la participación relativa del gasto respecto del total presupuestado, año a año. Toda la gestión se caracterizó por la falta de planificación, por la improvisación permanente, por la burocracia y por la corrupción estructural del sistema.



También señalábamos que con la devaluación aplicada en el año 2002, la desinversión fue estructural; puntualizamos que fue una de las decisiones más desacertadas e inhumanas del gobierno de entonces, ya que los indicadores socioeconómicos exigían una fuerte inversión pública a raíz de que grandes grupos sociales presentaban debilidades que profundizaban las vulnerabilidades históricas de estos sectores frente a la pobreza, al hambre y a las enfermedades.

Gestión Nikisch

La gestión de Roy Nikisch (2003/2007) se caracterizó por la precariedad de la infraestructura sanitaria, la obsolescencia e inexistencia de equipamientos, la falta de personal médico, enfermeros y agentes sanitarios, hasta que se llegó a la burocratización total del sistema, lo que desembocó en la ineficiencia del servicio, atrapado en un fuerte proceso de deshumanización y apatía, aunque también de trato dis-criminatorio. El octavo piso de la casa del gobierno se servía a si mismo. Mientras tanto, se desencadenaba la serie de fallecimientos en el mundo indígena, produciéndose muertes prematuras y de causas evitables o altamente evitables.

Durante el mandato de este gobernador se reprodujo un comportamiento similar en el gasto/inversión en salud, a pesar de que los ingresos recibidos por la provincia se incrementaron notablemente producto de la devaluación posterior a la convertibilidad, y el consecuente crecimiento del país ante la posibilidad concreta de mayores exportaciones, lo que provocó el aumento de ingresos de divisas con una estructura de costos atrasada, lo que a su vez generó importantes ganancias para algunos sectores, entre ellos el estado nacional, que mejoró notablemente su recaudación.



En nuestra provincia, nuevamente se desaprovechó la gran oportunidad creada a partir de la devaluación, que se sabe que forma parte de procesos puntuales y cíclicos. Los mayores recursos ingresados al sector público fueron destinados, en su gran mayoría, a financiar el sostenimiento del aparato estatal, cada vez más costoso, burocrático e ineficiente. Salud pública no fue la excepción; el gasto en personal creció casi un 300% (de 70 a 218 millones de pesos). El gasto en servicios no personales aumentó de 17 a 58 millones, lo que significó un incremento del 333%, en especial en la partida parcial honorarios de terceros, que esconde los famosos contratos de obra, denominación que cobija la forma de contratación de personal en negro, que generalmente fueron y son punteros políticos, afiliados, amigos, parientes y otros allegados del poder del turno.

La inversión en obras de infraestructura tuvo un incremento sobre el final del periodo, y fue destinada a la construcción de hospitales de complejidad menor, de los cuales dos todavía no pueden inaugurarse por la falta de equipamiento. La inversión en equipamiento fue prácticamente nula. Lo mismo ocurrió en materia de capacitación de personal.



Continuaron siendo equivocadas las políticas de asistencias instrumentadas por el estado nacional; no obstante de ello, fueron importantes los recursos que nos enviaron, que lamentablemente no fueron bien aprovechados.

Lo positivo de esta gestión, fue la apertura del Hospital Perrando, que se mantenía cerrado a pesar de que se encontraba en perfectas condiciones para ser habilitado; durante la gestión de Ángel Rozas, los intereses económicos determinaron que este hospital no abriera sus puertas, con claros beneficios para las corporaciones.



Sobre el final de la gestión del gobernador Nikisch, se produjo un importante aumento de salario y bonificaciones para el personal de planta, especialmente para médicos, y una sustancial incorporación de contratados de obras que provocó el crecimiento exponencial del gasto en personal.

Gestión Capitanich

Durante el 2008 se deterioró el funcionamiento del Ministerio de Salud, especialmente por la vigencia de dos autoridades al mando de las estructuras, lo que produjo un profundo divorcio y confrontaciones operativas, menguando radicalmente los resultados.

El Hospital Perrando funcionaba por fuera de la órbita de decisión del ex-ministro Holzer, de modo que no se podía contar con este establecimiento estratégico para la formulación de una política sanitaria integral para toda la provincia. Era sorda la lucha por el poder y nefastas las consecuencias, en un hecho sin precedente en la historia política institucional del Chaco. Todo esto desembocó en la profundización de la brecha de desigualdad e inequidad en salud; era y continúa siendo notable las diferencias entres las atenciones en Resistencia y en el resto de la geografía chaqueña, que además de dispar es absolutamente desigual y discriminatorio.

Un dato preocupante lo constituye el hecho de que si bien disminuyó la mortalidad infantil durante el 2008, en el mismo periodo aumentó la desnutrición infantil respecto al 2007, en el segmento de niños de 2/5 años.



En la práctica, el presupuesto 2008 puede considerarse como la ejecución del ejercicio, ya que contempló la modificación requerida por el poder ejecutivo en el mes de diciembre de 2008. No existió conducta presupuestaria. Se trabajó el gasto; en la mayoría de los casos, de manera muy desordenada.

Se pudo apreciar que la tendencia porcentual del gasto en salud no sufrió variaciones de consideración, con el agravante de que aumentó marcadamente el gasto en personal de planta (62%), entre otras razones por el aumento concedido a fines del 2007 y la mayor incorporación de agentes contratados.

El gasto en bienes y servicios no personales se mantuvo, sufriendo una importante reducción en materia de construcciones y de adquisición de maquinarias y equipos. El monto inicial destinado a construcciones fue de 8 millones; posteriormente fue reducido a 3,2, mientras que el gasto en personal creció de 319 a 355 millones.



También la compra de medicamentos se ajustó notablemente. No pudieron adquirirse vehículos (fundamentalmente ambulancias), ya que no se contemplaron las compras en el presupuesto, además de ciertas irregularidades detectadas en las posibles operaciones, que finalmente se frustraron.

En definitiva, la ejecución en salud prácticamente se congeló en el mes de septiembre del 2008, como ocurrió con las restantes jurisdicciones, fundamentalmente por el crecimiento del gasto en personal, que obligó a un ajuste generalizado.

Infraestructura muy deteriorada

Del total de los 43 centros de salud ubicados en el área metropolitana, no menos del 25% debe ser reconstruido. La situación en las zonas sanitarias del interior, es mucho peor. Las condiciones más graves se dan en El Impenetrable, que a lo largo de muchos años arrastra una fuerte desinversión en infraes-tructura, equipamiento, personal, medicamentos e insumos.

Muchos puestos sanitarios son verdaderas taperas y otros están en vías de desaparecer, rodeados de yuyales. El año 2008 no fue la excepción, sino la repetición de la misma matriz de desinversión y ausencia de políticas públicas sustentables.

La construcción del nuevo Hospital Güemes de J.J. Castelli, además de las enormes deficiencias técnicas que presenta en su proyecto, no resiste ni supera las reglas mínimas de transparencia en materia de contrataciones. Ni aún la emergencia sanitaria autorizaba la contratación directa por la que se inclinó el actual gobierno, por lo que esta obra -indispensable para la red sanitaria de la zona VI- será construida y habilitada bajo las sospechas permanentes y generalizadas de corrupción. Una obra de esta enverga-dura, por su volumen, complejidad y valor final, mereció la convocatoria de una transparente licitación nacional, e incluso internacional Es lamentable lo que ha ocurrido y lo que sucederá con esta obra tan esperada.



Año 2009

El presupuesto en salud de 2009, a valores relativos, se mantiene en la media histórica del gasto; inclu-so, muestra una leve reducción respecto de los valores correspondientes al 2008 (del 9,8%, se reduce a 9,3%), lo que refleja la restricción fiscal y el ajuste presupuestario aplicado en el sector público, lo que inevitablemente impactará de manera negativa, con lo cual pareciera que no aprendimos suficientemen-te de la crisis del 2001, porque no dirigimos las inversiones hacia los sectores más vulnerables, con lo cual es de esperar la consolidación y el retorno de enfermedades que afectan a estos grupos sociales, sobre todo cuando el estado resigna su función en manos privadas, tal cual ocurre en materia de asis-tencia social en Misión Nueva Pompeya.

La situación actual es más que preocupante; el 72% del presupuesto se destinará al pago de personal de planta permanente (372 millones de pesos), y no menos del 15% (78 millones) al personal con contra-tos de obras. En conjunto, el gasto para financiar el pago de la mano de obra del ministerio superará el 87% (450 millones).



Se aprecia una peligrosa reducción en la partida bienes de consumo, entre los cuales se encuentran los medicamentos e insumos; los montos presupuestados son absolutamente insuficientes tomándose en cuenta la demanda real que se producirá en el curso de este año, máxime si tenemos en cuenta el fuerte aumento de los precios de los medicamentos, especialmente el que se produjo en el mes de octubre de 2008.

El monto presupuestado solamente asegura poco más del 50% de la demanda real en toda la red de salud pública, lo que supone un largo desabastecimiento, salvo que se asignen fondos suplementarios y el presupuesto termine con modificaciones a fin del año.



En igual situación se encuentra el gasto destinado a combustible, tan necesario para el traslado de enfermos y profesionales en toda la provincia. Los fondos asignados son totalmente insuficientes, de modo de que se van a producir situaciones hasta dramáticas en casos de urgencias o emergencias.

No existe partida destinada a la adquisición de bienes de capital, como ser equipos médicos, maquinaria, automotores (fundamentalmente ambulancias), tan necesarios en la actual situación de crisis y de atraso.

Tampoco se presupuestaron partidas destinadas a la reparación y/o construcción de obras de infraestructura. No obstante ello, se previó en la jurisdicción del ministerio de infraestructura, obras y servicios público un total de 4,8 millones de pesos destinados a la salud pública (centros de salud: 2,2 millones; puestos sanitarios 1,2; refacción hospitales públicos 1,4. Algunas de estas obras fueron ejecutadas por los municipios, como es el caso de los puestos sanitarios, a razón de 15 mil pesos por unidad. Esto implica que solamente podrán repararse 80, además de que el monto permitiría refacciones míni-mas e insuficientes. En definitiva, la cifra es absolutamente insuficiente ante el calamitoso estado en que se encuentran los puestos sanitarios, los centros de salud y los hospitales, producto de la histórica desinversión, que lamentablemente continuará en el curso de este año.



El total del gasto en construcción previsto en el presupuesto 2009 es de 541 millones, lo que implica que en salud se invertirá solamente el 0,88% (4,8 millones), lo que pone de manifiesto que la salud pública no es prioridad, con lo cual seguimos aportando a la inequitativa distribución de los recursos frente a una población en extrema pobreza y de alta vulnerabilidad, lo que hará que muchos sectores no accedan a un servicio de salud mínimamente aceptable, con lo que se retomará inexorablemente las tendencias negativas de los ’90 durante los próximos años.

El esquema trazado no toma nota que la salud no se puede postergar porque está en juego la vida. La población va a presionar dado que se ha acentuado la gran visibilidad política y mediática de los indicadores de salud, que están vigilados por la población. El escenario actual y futuro nos permiten entender que se instalará y crecerá fuertemente la demanda social por un sistema de salud eficiente, justo y equitativo.

Siguen las muertes de bebés indígenas

El 9 de febrero del corriente año falleció la bebé toba Marina Soledad Medrano, veinticinco días después de haber nacido. Su familia es del paraje El Canal, ubicado a 2 km. de Villa Río Bermejito. El 5 de febrero ingresó con vómitos al puesto sanitario de aquella localidad. Después fue derivada al Hospital Pediátrico de Resistencia, donde finalmente falleció.

Cuando la bebé ingresó, el puesto de Berme-jito era un verdadero caos, aún mayor que lo habitual. Su directora estaba de vacaciones y el médico a cargo es una persona muy rechazada por las comunidades indígenas. La ambulancia no funcionaba. Algunos partos se efectuaron en los ranchos del paraje El Colchón. Otra parturienta fue trasladada en un vehículo policial. Las urgencias no generaron respuesta por parte del sistema, que presentaba defi-ciencias en todos sus puntos.



El sábado 28 de febrero falleció Irene Chávez, de dos meses de vida. Vivió con su madre sola en el paraje 10 de Mayo, en la más profunda pobreza. El abuelo refirió que la bebé tenía fiebre. Falleció en el camino, entre La Rotonda y Fortín Lavalle, a 10 km. de Bermejito, cuando se dirigían al puesto sanitario de esta localidad. Le diagnosticaron muerte súbita.



El jueves 5 de marzo falleció otro bebé de cuatro meses, de apellido Mariani. Es hijo de Alicia Vázquez, madre de 14 años de edad. La abuela, Tima Medrano, se hizo conocida en nuestra provincia cuando se llevó adelante el largo acampe indígena frente a la casa de gobierno durante la gestión de Roy Nikisch. Viven en el casco urbano de Villa Río Bermejito, en extrema pobreza.


Todos los bebés que murieron en el curso de los últimos siete meses en el área de cobertura del puesto sanitario de Villa Río Bermejito, diez en total, fueron indígenas de la etnia toba, menores de un año. Un verdadero genocidio.

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