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10 platillos que nunca te atreverás a comer............o si?


Hasta hace menos de mil años se creía que el centro del Universo era el ser humano, hasta hace quinientos que el mundo era plano y hasta hace menos de cien que la ideología de Occidente era la única válida.

Así, el mundo y todos sus habitantes se han reducido hasta encontrar su cambiante y diminuto espacio en la materia oscura del cosmos. Los choques de culturas, esos descubrimientos siempre violentos de otras formas de vivir, son simplemente pestañeos en la línea temporal del universo.

Pero reduciendo la escala, de lo estelar a lo particularmente humano y personal, un nuevo descubrimiento, por más minúsculo que sea, puede hacer cambiar la manera de pensar y de convivir con toda la materia. No se trata de encuentros ontológicos ni religiosos, el destello de novedad puede venir de un platillo que nunca habías probado. Aún así tal vez existan platillos que por nada, no, nada, quieras probar.



Aquí comienza un recuento de esos diez platillos provenientes de todo el mundo conocido que no quedarás probar, o…


Huevos de hormiga, de la cercana costa de Tailandia

Estas larvas son de una especie gigante de hormiga roja que se pueden comer salteadas, en ensaladas o sopas. En este país se vende en puestos ambulantes como una bocadillo para esas horas muertas en el trabajo. Debido a su dieta, estos huevos de hormiga son aciditos, aunque no en su sabor, sino su textura, lo que repele a casi cualquier extranjero.



Conejillo de Indias, de las tierras del Ecuador

Este pequeño roedor, también llamado cuyo, es originario del Cono Sur y desde hace tres mil años era un manjar entre los habitantes de los Andes, donde eran criados con fines plenamente alimenticios. Tradicionalmente se preparan a la parrilla, asados o fritos, con piel pero sin pelaje. En varios países este animalillo es más bien una linda mascota.



Tarántulas, del sudasiático Reino de Camboya


Pesadilla en la mente occidental desde décadas remotas; apreciado platillo frito en este país. Su tamaño habitual es de una palma y ya sazonada puede ser un platillo dulce o salado pero siempre con una cantidad de proteínas que, algunos habitantes creen, te hace más bello. Si puedes superar el escalofrío al pensar en estos animales, embellécete comiendo una brocheta.



Tiburón fermentado, de la solitaria Islandia

Platillo nacional de esta isla, el hákarl, tiene un alto contenido de amoniaco que le da un olor parecido al destapacaños, además de que, de no ser servido correctamente, puede ser venenoso. Tal vez por ese olor y su consistencia gelatinosa no sea agradable a la vista ni al olfato, pero para el gusto será un importante acontecimiento.



Sangre frita, de las verdes pasturas de Irlanda

Un desayuno tradicional irlandés contiene esta comida que, pensando en su procesos de producción, puede llegar a provocar asco y repulsión. Esta morcilla negra se hace con grasa de cerdo, un poco de carne, harina de avena, condimentos y su sangre. El sabor como el de la moronga mexicana es fuerte y salado. Si no quieres este platillo puedes pedir en tu viaje irlandés morcilla blanca, que es básicamente igual pero sin la sangre.



Termitas, del caluroso país de Namibia

Otros insectos en la lista que se suelen cocinar ligeramente tostados y tienen una textura pastosa por dentro y crujiente por fuera. Las estructuras de tierra en donde viven las termitas suelen crecer en tierras africanas con seis metros de alto y otro tantos de profundidad.



Pulmón de oveja, de la británica región de Escocia

El platillo estrella de este país, el haggis, tiene el acceso prohibido a varios países debido a uno de sus ingredientes: el pulmón de oveja al que se le añaden especias y se cocina en el estómago de la misma. Su consistencia es parecida a la de un pudín, lo que se asemeja también a un alimento a medio masticar pero su sabor es picante debido al tipo de nuez que se le pone.



Reno, de la nevada Noruega

El ser un animal que abunda entre los bosques helados de este país, el reno es una de las piezas básicas de la cocina noruega. Está disponible todo el año y puede ser servido asado o guisado; su sabor, a diferencia de otras carnes de la región, es suave. Si eres capaz de atravesar el salto cultural de comer otro animales, entonces podrías pedir el finnbiff que es un guiso de reno, tocino, champiñones; con bayas, crema agria, leche, tomillo y queso de cabra.



Cabeza de oveja, de las condimentadas tierras de Marruecos

Cada parte de este blanquecino y rechoncho bovino es aprovechado en diferentes platillos que van desde los comunes hasta manjares exclusivos como el cerebro. Las cabezas son ennegrecidas al carbón para retirarles el pelaje, después se hierven y condimentan. El cómo se sirven es lo que puede hacer a más de uno desistir en el intento de comerlas: regularmente se parte el cráneo a la mitad y se sirve, aunque también puedes decir que sólo te den la carne.



Canguro, del semidesértico país de Australia

Son tan tiernos como deliciosos. Han sido base en la dieta de los aborígenes y en años recientes se han comenzado a exportar. El canguro es tan versátil como la carne de vaca, por lo que se puede encontrar molida, en embutido y en diferentes cortes. Su alto nivel proteínico y baja grasa lo hace una carne muy preciada, aunque aún no popularizada tan masivamente ya que la ternura sigue prevaleciendo en la opinión colectiva sobre este animal.

Las barreras culturas, aunque parezcan grandes, son una cuestión de perspectiva; en una escala galáctica no significan nada, como no significan nada las fronteras ni las diferencias entre seres humanos que han provocado guerras y exterminios.

Atrévete a probar uno de estos 10 platillos y libérate de ese prejuicio social, que como tal es una ficción aleatoria y pasajera, llamado “gusto” y “asco”.



























FIN DEL POST............................................¡¡¡
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