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Crónicas de un viaje por la costa peruana.

Les dejo otro relato de www.te-fuiste.com.ar , un grupo de amigos recorriendo sudámerica, para más historias ingresen a la pagina!

Nos alejamos de Cusco una mañana fría y clara de domingo en que la ciudad parece no tiene ganas de levantarse a iniciar el día. Un interminable camino vivoreareante nos lleva hacia la ciudad de Nasca. La maguita se mueve para todos lados copiando el trazado de la ruta y los que no estamos encargados de manejar en ese momento nos ocupamos de agarrar las cosas sueltas que vuelan por el interior debido a la cantidad de curvas. Desiertos que se tranforman en valles primaverales y que luego se vuelven a transformar en algo similar a la estepa patagónica acompañan al asfalto que entra y sale de pozos apareciendo y desapareciendo entre los precipicios. Dos días nos lleva atravesar el camino nunca recto de subidas y bajadas hasta llegar a la pequeña Nasca.
Visitamos las líneas de Nasca rapidamente. Sinceramente no nos llamaron mucho la atención y nos pareció bastante pobre lo que se ve. Quizás hay que hacer la excursión en avión para poder apreciar su magnitud verdadera. A nosotros, que solo las vimos de los miradores provistos sobre la ruta, no nos parecieron atráctivas.
Seguimos en la ruta que es rodeada por un desierto de medanos enormes hasta llegar a Ica, una pequeña ciudad muy alborotada en el que su principal y único atráctivo turístico es el oasis de Huacachina a unos pocos minutos del centro de la ciudad. Se trata de una laguna rodeada por inmensas paredes de arenas que es explotada turisticamente al máximo. Pasamos la noche en ese lugar. La última noche siendo cuatro, ya que a la mañana siguiente Lucho se volvió a Buenos Aires.
Llegamos a Paracas, nuestra primera playa del pacífico, después del medidodia de ese mismo día. Una pequeña ciudad balnearia a las orillas de una tranquila bahía que se nota estar fuera de temporada turística. Pasamos casi una semana en Paracas aprovechando los días de viento para hacer Kitesurf y los días que sin viento para descansar y caminar un poco por el pueblo. Alejados del pequeño centro, estacionamos la camioneta en una playa donde el mar tranquilo sin olas es nuestra única compañia la mayoría de los días. Apenas el viento empieza a soplar, la playa se llena de los lugareños que se juntan para realizar distintos deportes acuáticos.
Un lunes nublado salimos, luego de acomodar la maguita, para Lima. Solo 200 km nos separan de la capital peruana, estamos avisados por varias personas de la zona de lo peligrosa que es la ciudad en alguno de sus puntos. Entrada la tarde nos recibe una Lima gris. De Abril a Diciembre el sol casi no se deja ver en la ciudad y la mayoría de los días son meláncolicamente grises con una pequeña garúa. Lima es la mas grande e importante de todas las ciudades de Perú. Aparte de tener alrededor de 12 millones de habitantes, Jose de San Martín declaró la independencia de España en este lugar en 1821 y también tuvo participación en la guerra con Chile siendo atacada y ocupada por el país vecino durante 3 años. Actualmente la ciudad muestra las características de cualquier ciudad de latinoamérica, como puede ser Buenos Aires, aunque tener tan cerca la compañia del oceáno Pacífico le da una perspectiva especial.
Ingresamos a la enorme ciudad por la zona de Mira Flores, donde pasamos nuestra primera noche. Una zona en que el lujo se hace presente en cada edificio y donde se pueden encontrar las más lujosas tiendas y cadenas hoteleras. En la costanera, que entre otras cosas nos hace acordar en mucho a la ciudad argentina de Mar Del Plata, diferente vecinos del barrio realizan deportes durante toda la mañana y la tarde. Al día siguiente nos trasladamos a la otra zona de la ciudad: la zona del microcentro donde se encuentra toda la actividad laboral. Nos sorprende la velocidad con la que llegamos, al centro desde Miraflores, en el transporte público. El microcentro a pesar de la gran cantidad de gente que maneja se lo nota ordenado. Al mediodía vemos el cambio de guardia en el palacio presidencial, que mucho no tiene que ver con un pueblo latinoámericano pero sigue vivo de la época colonial.

Luego de andar algunos minutos por las calles, sin darnos cuenta nuestro rumbo, algunos vecinos nos advirtieron que estabamos en una zona peligrosa, que no nos convenía caminar por esa zona porque era muy posible que nos roben. Eso nos sorprendió ya que no nos había pasado en ninguna ciudad de las visitadas anteriormente. Volviendo a la zona turística encontramos una ciudad que contiene su costado colonial y lo mantiene de forma armoniosa con el costado moderno. El siguiente día de nuestra estadía en Lima lo pasamos en Barranco, una zona bohemia alejada del centro donde se nota la presencia del turismo extranjero en sus diferentes callecitas que bajan al mar repletas de bares. La policía se acerca varias veces a la camioneta a preguntarnos que es lo que estamos haciendo, de donde somos, a donde vamos y nos somete a un corto interrogatorio. Se nota que son notificados por los vecinos que desde sus lujosos departamentos con vista al Pacífico no están muy contentos con nuestra presencia, a pesar que solo estamos en la camioneta para dormir.
La mañana del viernes decidimos dejar la ciudad y seguir nuestro camino hacia el norte. Mientras que tomamos unos mates con la puerta lateral de la camioneta abierta y acomodamos todo para poner la maguita en modo "ruta" se nos acerca un muchacho que a simple vista parece tener un par de años más que nosotros. Después de presentarse, nos pregunta acerca de nuestro viaje y al terminar de contarle lo califica como: "El viaje que todos soñamos". Se trata de un uruguayo que vive en Lima hace 19 años. Tiene su propia productora de publicidad y se lo puede notar en una buena posición económica. La charla se extiende y nos invita a una de las propiedades de su productora donde tiene un depósito con cosas que alguna vez uso para las publicidades y que ya no tienen utilidad. Llegamos después de andar en su auto por unos minutos a una casa en la zona de Miraflores, donde funciona la empresa. Hay varias personas trabajando a la que somos presentados como "Amigos argentinos" a pesar de que ni siquiera sepa nuestros nombres. El depósito verdaderamente tiene de todo, más de lo que nos podiámos imaginar. Pregunta que es lo que necesitamos y ofrece lo que querrámos. Nos vamos con las manos repletas de cosas: mochilas, remeras, un ventilador para la camioneta y hasta un par de zapatillas. De camino de vuelta para la camioneta, nos invita a almorzar. Formula la invitación de manera tal que es imposible rechazarla. Llegamos a un restorante en frente al mar con la promesa de comer los mejores mariscos de Lima. Apenas llegamos al lugar los diferentes mozos saludan Rafa, nuestro nuevo amigo uruguayo, lo que nos demuestra que es habitué del local. Durante el almuerzo nos cuenta todo acerca de su vida: su partida de Uruguay a los 18 años, los primeros años en Lima cuando el terrorismo hacia muy dura la vida y sus diferentes momentos laborales. Se lo nota conforme con el país que le permitió su desarrollo profesional y que también le dió una esposa y una hija. El celular suena constantemente e interrumpe la charla de almuerzo."No! El celular nunca lo puedo apagar, soy un productor. Trabajo a cualquier hora"-me dice. El mismo se define como un "workaholic" y nos cuenta que su familia estuvo en riesgo a causa del trabajo. Sin embargo, en esta oportunidad, dedica mucho tiempo a nosotros, cosa que particularmente me sorprende. El telefono sigue sonando, parecen preguntarle donde esta y para cada solicitante utiliza una excusa diferente para quedarse un rato mas con nosotros. Luego del almuerzo nos lleva a recorrer en su auto un poco más Lima. Nos muestra los contrastes de la ciudad, como los departamentos de un millón de dolares se juntan con los barrios humildes en una de las cerros que mira al mar. Luego del recorrido volvemos a la camioneta. Él tiene que continuar con su día laboral, nosotros seguir viajando. Nos despedimos cada uno con un abrazo, obligandolé ahora nosotros a que si algún dia esta por Buenos Aires, seremos los encargados de recibirlo tratando de igualar la manera en que nos recibió él sin siquiera conocernos. Ya se hizo tarde para salir a la ruta, apuro no tenemos así que postergamos la partida hacia el norte para la mañana siguiente.


La panamerica que nos saca de Lima y nos lleva hacia el norte posee gran cantidad de tránsito en su mayoría de camiones. En algunas partes es doble vía pero generalmente posee una sola mano para cada lado. El camino esta rodeado de desierto y a pesar de que vemos el mar la mayor parte del trayecto, este resulta inaccesible para nosotros ya que no hay rutas que nos acerquen a la playa. Dado a este inconveniente viajamos directamente a Trujillo donde paramos algunos días. Nos quedamos unos días en Huachaco, la playa más famosa de la ciudad. Sol, buena temperatura y una playa plagada de surfers nos acompañan durante nuestra estadía. Los atardeceres sobre el mar siguen siendo la parte más espectacular del día. Al pueblo se lo nota preparado para el turismo aunque realmente no se ven muchos en esta época del año. El oceáno tiene poco de pacífico en esta altura de Perú. Las olas de gran potencia actúan de banda sonora de este lindo paísaje. Sin mucho éxito empezamos a incursionar en el surf. Días, playas y olas tenemos de sobra asi que esperamos mejorar a la brevedad. La maguita se estaciona como siempre lo más pegada a la playa posible donde pasamos una agradable estadía.
Luego de 3 días en Huanchaco viajamos 60 km hasta el puerto de Malabrigo. Una playa famosa por tener la ola izquierda más larga del mundo. Un pueblo de puerto nos recibe. Esperabamos ver más turistas debido a la fama de la playa y de la ola pero al parecer somos los únicos. El pueblo está muy cerca del puerto y todo su movimiento se debe a él. Nuevamente volvemos a intentar con nuestras tablas en el mar y lentamente vamos mejorando. La playa se encuentra sobre una bahia de aproximandamente 2 km. Sobre el horizonte se pueden ver una linea de barcos pesqueros a solo unos km de la costa. La playa es tranquila, al encontrarse en una bahía el viento casi no se siente. La ola es perfecta, rompe hacia la izquierda una trás otra repitiendose con perfecta exactitud.

Luego de dos días en Malabrigo, seguimos subiendo. Paramos en la playas de Cabo Blanco. Otra playa casi desierta de la costa peruana. Detenemos la camioneta a la orilla del mar, que se encuentra calmo debido a que nos a la bahía en la que se encuentra la playa. Después del mediodía el viento se hace presente lo que nos permite practicar un rato de kitesurf. Cuando comienda a atardecer decidimos volver al pueblo antes de que se haga de noche, pero nos surge un imprevisto. Al parecer que cuando estacionamos a la mañana temprano no nos dimos cuenta, estacionamos en una parte de arena muy blanda y ahora no podemos sacarla. Hacemos diferentes intentos con piedras, maderas y otras cosas pero nada funciona, nos damos cuenta que necesitamos ayuda, que no vamos a poder salir por nuestra cuenta. Una ruta pasa cerca de la playa pero no lleva mucho tráfico y encima es domingo lo que complica mucho más las cosas. Vamos a preguntar en las casas cercanas que parecen ser de fin de semana a ver si alguien nos puede ayudar. Volvemos sin éxito alguno, pero vemos que atrás un pequeño monte hay una retroescabadora que parece estar trabajando en una construcción. Como es domingo nadie está trabajando, pero esperamos que mañana lunes alguien nos pueda ayudar. Igualmente hacemos guardia en la desolada ruta de ripio que se encuentra a unos metros de la playa donde estacionamos la camioneta. A lo lejos vemos que se acerca una mototaxis. La detenemos pero al vernos dice que no nos puede ayudar pero detiene a un auto que justo en el mismo momento pasa por la ruta. Es un viejo "escarabajo" azul que es manejado por uno de los obreros que trabaja en el lugar de la retroescabadora acompañado de su señora con un bebé en brazos. Él tampoco nos puede ayudar, pero nos señala una casa donde el señor que vive ahí tiene el telefono de la obra. Nos acercamos a la casa que nos señalaron. Alisandro se llama el hombre que intenta llamar al sereno de la obra, pero nos dice que es domingo, que nos olvidemos que se pueda hacer algo hoy. Las llamadas no son atendidas por nadie, así que volvemos a la camioneta con planes de pasar la noche ahí esperando tener mas suerte mañana. Preparando el agua para el mate, vemos que la luz de una camioneta se acerca. "Ustedes si que querián llegar cerca de la playa". Un hombre flaco, en cuero, con ojotas y con una riñonera colgando se acerca. Su cara no parece ser peruana al igual que su tonada pero nos trata de manera muy agradabable. Es el sereno de la obra que vio las llamadas perdidas de su vecino y vino a ver si nos podía sacar. Después de ver el problema se va pero prometiendo volver. A los 10 minutos una gigante retroescabadora aparece por detrás de un medano iluminando toda la playa. Casi sin esfuerzo la maquina nos saca de la arena y nos deja en un lugar seguro. Nos cuesta increible pensar la suerte que tuvimos: primero con la cadena de gente y coincidencias que se formaron hasta que llegamos al sereno de la maquina y luego con que el sereno deje probablemente su único día libre para ayudarnos. Parece que alguien nos estaría ayudando para que todas las cosas sucedan de forma adecuada.

Los siguientes días pasamos por diferentes playas en nuestra ruta hacia Ecuador. En algunas paramos y pasamos el día y en otra simplemente seguimos de largo. Aunque todas parecidas nos sorprende lo poco preparada que estan para el turismo o lo chicas que son por el nombre que tienen. Todas sin embargo tienen un muelle de gran tamaño y una costa rodeada de barcos pesqueros lo que nos hace notar cual es la actividad primaria de la zona.
En nuestro camino por las rutas peruanas tenemos diferentes inconvenientes con la policía. El propósito por el que somos detenidos es siempre el mismo aunque las excusas de la policía caminera son de lo más variadas: "no tienen las luces encendidas", "no tienen el cinturón", "están hablando por teléfono", "así no se puede transportar la carga", etc .. Al poco tiempo de pararnos, el agente de turno, hace muy claras sus intenciones y nos pide una "colaboración" o una "consideración" por no hacernos una supuesta multa. Por suerte salimos de todos estos inconvenientes victoriosos y sin entregar un solo centavo, explicando que estamos viajando con muy poca plata.
Máncora es nuestra última playa peruana, también la más famosa de toda la costa norte de Perú. El turismo es en su mayoría joven y europeo. Nos vuelve a sorprender lo pequeño que es el pueblo que lo rodea a pesar de lo tanto que escuchamos de él. Aquí realizamos nuestra última detención antes de salir hacia Ecuador.
Nos encaminamos hacia la frontera con Ecuador con grandes expectativas. Hemos pasado una linda estadía en Perú de lo más cambiante. Primero con nuestra llegada, el robo, la gran experiencia de Machu Pichu, nuestros días de playas y demás aventuras. Cambiamos de país y cambiamos de crónica. Seguimos adelante llevando bien alto nuestro sueño, gracias por seguirnos!

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