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El lugar mas hermoso del mundo: la patagonia desconocida




En Sudamérica, la palabra “sur” es más que una dirección, más que una descripción, mucho más que un adjetivo. El sur, el lejano sur, el sur extremo y distante es un imán y una idea, un mito y un misterio, una expresión de lo inexpresable, un indicio, una sugerencia. A veces es un lugar solo en nuestra imaginación, otra veces apenas una vaga noción romántica.
Sin embargo, en algunas ocasiones, luego de un largo viaje, de un peregrinar por un gran paisaje, a veces después de cruzar un paso para descubrir a lo lejos un valle escondido, o mirar cómo desaparece un río turquesa tras un barranco inexplorado, o presenciar atónito cómo los vientos antárticos dejan al descubierto de golpe, una cordillera entera, a veces, en esos momentos especiales, el sur se convierte en un lugar muy real, y deja de ser una fantasía.
El sur es un lugar real. Su otro nombre es Patagonia. Su nombre
secreto no se deletrea, pero se revela en una rica colección de fiordos



Picachos remotos en Parque Nacional Queulat, norte de Aysén


Nubes lenticulares flotan sobre la estepa del valle Chacabuco en Aysén oriental, sitio del futuro Parque Nacional Patagonia


Primeras nieves sobre el cordón Jeinimeni sobre el Lago Carrera, y los tonos profundos del otoño en los bosques de lenga bajo las cumbres.


Un litoral complejo y de difícil acceso es uno de los factores que hace que la Patagonia Desconocida sea desconocida. Aquí, un estuario al norte de Palena.


El volcán Michinmahuida domina las aguas de fiordo Reñihué en la provincia de Palena.
Este volcán se levanta en el Parque Pumalin, un parque nacional privado, pero abierto al público


El agua color turquesa del Río Futaleufú en la provincia de Palena—un destino legendario para los aficionados del rafting y del kayak.


Los coigües espectrales colaboran con el misterio que da la bruma en los bosques valdivianos de la provincia de Palena.


Una luna creciente pendiente arriba de los riscos de Cerro Castillo, mientras pasa la tormenta.


vista de Cerro Castillo,uno de los íconos de Aysén,se aprecia sobre los reflejosdel Río Manso.


Reflejos de otoño en un mallín al lado de Río Murta, Aysén.


Picachos arriba del delta del Río Leones, y ñirres vestidos en sus trajes de colores de otoño. Aysén central


Una nube lenticular de geometría perfecta indica la presencia de mucho viento. Las cumbres al horizonte definen el borde del Campo de Hielo Norte.


Es probable que nadie haya pisado la orilla de esta laguna sin nombre, escondida entre los picachos rocosos de la Palena septentrional.


Lagos sin nombre debajo de cumbres sin nombre en la provincia de Palena.


Las laderas glaciales de Volcán Michinmahuida. Vista al sur, hacia el cono simétrico del Volcán Corcovado. Por el momento, los dos volcanes están inactivos


Un caos de glaciares, roca y hielo, todo recubierto de cenizas, en una ladera del Volcán Michinmahuida, Aysén.


Otro lago perdido en las montañas salvajes del norte de Palena, medio-lleno de hielo, medio-tapado de niebla. No hay rincones más remotos


Volcán Chaitén en errupción, desde arriba.


El Río Murta serpentea debajo del Portazuelo Cofre en el corazón de Aysén.


El Lago Cochrane con Cerro San Lorenzo atrás.
Aysén meridional.


La cumbre misma de la Patagonia Desconocida es el Monte San Valentín, la montaña más alta de toda la Patagonia. Esta cumbre domina el paisaje del centro de Aysén, levantándose a más de 4.000 metros sobre las aguas azules del Lago Carrera. Los glaciares en su ladera oeste forman parte del enorme Campo de Hielo Norte, y bajan hasta el Pacífico.


Cerro San Lorenzo, la segunda cumbre más alta de la Patagonia, marca la frontera entre Argentina y Aysen meridional. Este gigante es más que una sola montaña, la rodean un cordón de agujas y pichachos menores.


El fin de la Carretera Austral—Villa O’Higgins y Lago O’Higgins, el ultimo poblado y el último lago en la region de Aysén. Más allá, una zona de fiordos, montañas y hielo separa Aysén de Magallanes, la región más austral de Chile.


Alerces, inmensos cipreses nativos del sur. Parque Pumalín, provincia de Palena.


Coigües altos en el Portezuelo Queulat. De las tres especies de nothofagus que hay en Patagonia, los coigües son los únicos siempre verdes.


Un bosquecillo compuesto de lenga y ñirre. Es muy común encontrar en estos bosques un tipo de musgo llamado “barba de viejo”.


Cumbres escarchadas en el Parque Nacional Queulat, justo al norte del Portezuelo Queulat, en el Aysén septentrional.


La misma aguja del cordón San Lorenzo tras un temporal de alta montaña.


Un amanecer espectacular. La primera luz en el Cerro San Valentín y su vecino chico, el Escudo de Plata.


El Fiero, aunque sea la cumbre más pequeña del grupo San Valentín, es sin embargo una montaña gigante.
Fotografiado aquí en los últimos días del otoño, se levanta al poniente del Lago Carrera.


Una pirámide de roca sobre el Río Cisnes, al pie del Portezuelo Queulat, Aysén.


Cerro Castillo en otoño. No es la más grande, pero sin duda una de las cumbres más espectaculares de Aysen.


Cerro Castillo, envuelto de nubes de tempestad.


Un azul de otra planeta. Rápidos al inicio del Río Baker cerca de Puerto Bertrand, Aysén.


A lo largo del Río Baker al sur del Lago Bertran. En su viaje al Pacífico, el Baker crece para hacerse el río más caudaloso de Chile,convirtiéndose en un blanco irresistible para aquellos que ven el lucro en lugar de la luminosidad en sus aguas turqueza.


Agua siempre en movimiento: los rápidos en el nacimiento del Río Baker.


Pura potencia—el salto a la confluencia del Río Baker con el Río Nef


Aún bajo un cielo de tempestad, Lago Carrera en el corazón de Aysén parece lleno de luz.


Mirando a travésdel Lago Carrera,desde Puerto Guadalhacia los picachos del cordón Cristal


Lago Carrera,una mirada hacia el poniente y el cordón San Valentín.


Reflejos de una tarde de verano. Lago Carrera con el cordón Cristal y la Isla Macias.


Adentro de las cavernas de mármol de Lago Carrera, cerca de Puerto Tranquilo.


Agua transparente y piedra reluciente en las cavernas de mármol.


Amplios espacios y un clima poco previsible: estepas, sabanas, páramos. Este paisaje tan abierto parece vacío. No lo es. El valle Chacabuco, que albergará el futuro Parque Nacional Patagonia, goza de una biodiversidad sorprendente. Este valle fue el centro de una gran estancia, y sólo ahora se está recuperando de años de sobrepastoreo.


Los tonos del otoño pintan los prados del Valle Chacabuco mientras las primeras nieves reconquistan las cumbres.


Mientras manadas de guanacos, desde docenas hasta cientos, comen coirón y calafate,
un centinela queda alerta para vislumbrar pumas.


Una lobería en la costa de Palena.


Témpanos en Laguna San Rafael, debajo de cumbres costeras sin nombre


En otoño los álamos se convierten en llamas amarillas. Los álamos fueron plantados por los primeros colonos en Aysén.

Dale cabros, hagamos una colecta de +10 para preservar este único y hermoso lugar!!!
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