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Te muestro Tokio en 12 dias Parte 3/3




Hola amigos!

Bienvenidos a la segunda parte de este post!

Aclaracion: Este viaje no lo hice yo! Pero sigue leyendo no es Crap!

PASATE POR LAS OTRAS PARTES DEL POST:

PARTE 1 http://www.taringa.net/posts/turismo/16308792/Te-muestro-Tokio-en-12-dias-Parte-1_3.html

PARTE 2 http://www.taringa.net/posts/turismo/16308868/Te-muestro-Tokio-en-12-dias-Parte-2_3.html





Día 11, Takeshita Dori, Shibuya, Akihabara y la fiesta en Shibuya + Día 12, últimas horas en Tokyo.

Tras mucho tiempo (demasiado incluso) sin haber publicado ningún diario de viaje desde aquel décimo día en el que contábamos nuestra experiencia en el Parque Yoyogi después de haber salido de fiesta por Shibuya y no haber dormido, por fin os traemos el resumen de nuestro undécimo día en Tokyo, un día bastante ajetreado por cierto.



Amanecimos bastante pronto, ya que teníamos planeadas muchas cosas para hacer ese penúltimo día. La idea inicial era aprovechar la mañana y el mediodía dando una última vuelta por Takeshita Dori, Harajuku y Shibuya, y a la tarde reunirnos con Joe y un par de amigos suyos en Akihabara, para que nos enseñasen sitios que no habíamos visto en nuestra primera visita. Además, Pablo se tenía que marchar esa misma noche, ya que su avión salía a las 05:00 de la mañana y debía coger el último tren hacia el aeropuerto de Haneda para pasar allí la noche. En cualquier caso, y como podréis comprobar todo se lió más de la cuenta.

Una vez despiertos y duchados, bajamos a la recepción del hotel y volvimos a alquilar las 3 bicis de otros días, para así poder ahorrar algo de dinero y no gastárnoslo en el metro. No teníamos mucho tiempo que perder así que decidimos pedalear hasta Takeshita Dori y desayunar sobre la marcha en algún puesto callejero. La famosa calle Takeshita está repleta de puestos en los que comprar algo para almorzar, y nosotros nos decantamos por una especie de crêpe-cucurucho-helado como los que podéis ver en la imagen inferior. La verdad es que la elección de los ingredientes no fue nada fácil, ya que los había de decenas de clases diferentes. Por haber, había hasta crêpes de ensalada!



Después de haber cargado nuestras pilas para poder aguantar hasta la hora de comer, aprovechamos la multitud de tiendas que hay por Harajuku para hacer unas compras de última hora por aquella zona, y a continuación volvimos a coger las bicis para desplazarnos hasta el distrito de Shibuya y perdernos entre sus calles una vez más.

Allí también teníamos que realizar algunas compras relacionadas con unos encargos que nos habían hecho así que al cabo de un rato paseando por la zona, nos dirigimos al enorme centro comercial “Shibuya 109”, el cual alberga una gran cantidad de tiendas de ropa, moda y complementos, y por ende, muchas, muchas chicas guapas.



Hacia el mediodía el hambre se comenzó a apoderar de nosotros y comenzamos a buscar un sitio para comer. Por muy increíble que parezca, a pesar de que llevábamos 11 días en Tokyo, aún no habíamos comido Sushi así que marcamos nuestro objetivo y nos pusimos a buscar uno, a poder ser giratorio.

A escasos metros del cruce de Shibuya encontramos uno (llamado Sushi Daidokoya) con buena pinta y con un precio muy asequible, por lo que nos decidimos a entrar y comer ahí. Las opciones eran muy variadas, pudiendo elegir desde diferentes tipos de sushi individuales, pasando por “packs” con un variado de sushi y maki, hasta unos cuencos de arroz en cuya parte superior había distintas clases de pescado (sepia, atún, salmón…). Finalmente cada uno de nosotros 3 decidió coger un cuenco al que Ibón añadió varias piezas más de sushi, mientras que Gorka y Pablo pidieron además del cuenco, una bandeja con un variado de sushi y maki.



Sinceramente la jugada pudo haber sido un tanto precipitada ya que, hasta la fecha, el único sushi/maki que habíamos probado era el que sirven en los woks o restaurantes chinos de nuestra ciudad (esos de paga 10€ y come todo lo que puedas), y a decir verdad, no nos habían gustado en exceso por su exagerado sabor a mar. Su sabor había sido como meter la cabeza en el agua de la playa y pegar un gran trago de agua salada. Vamos, no muy agradable. Por otro lado es comprensible: comida ilimitada por 10€, ¿qué esperas?

Sin embargo, el sabor de aquel sushi nada tenía que ver con cualquier cosa que hubiéramos probado anteriormente. Sabía a mar/alga/sal, si, pero solo hasta cierto punto, lo cual permitía que pudieses disfrutar de todo el sabor del pescado, ya fuese atún, salmón, calamar… En resumen, toda una delicia por un precio muy asequible que dudo superase los 1000 yenes. Lástima haber descubierto tan tarde aquel restaurante.



Al salir del sushi giratorio, y para bajar un poco la comida, nos dirigimos hacia el Starbucks que esta en pleno cruce de Shibuya, desde donde por cierto se pueden contemplar unas espectaculares vistas de la zona y apreciar la gran cantidad de gente que pasa por ahí a cada momento.



Para cuando terminamos de grabar algún video desde ahí arriba, hacer algunas fotos y tomarnos el café el tiempo se nos había echado encima y no nos quedó otra opción que coger las bicis e ir hasta el hostal para poder entregarlas a tiempo.

Llegamos al hostal pasadas las 6 de la tarde y a las 18:30 habíamos quedado en Akihabara con Joe y con un amigo suyo, Shoji. Estaba claro que no íbamos a llegar a tiempo ya que teníamos un buen camino en metro, así que aprovechando el WiFi del hostal le enviamos un e-mail a Joe avisándole de que llegaríamos hacia las 7 de la tarde.

Así pues, dejamos las bicis en el hostal, subimos a la habitación para dejar las compras que habíamos hecho, Pablo aprovechó para coger su maleta, sacar una foto a un "detallado" itinerario para no perderse para de esta forma poder irse directamente al aeropuerto y nos echamos nuevamente a las calles de Tokyo para desplazarnos hasta la zona de Akihabara.



Al llegar al lugar donde habíamos quedado no vimos a Joe por ningún lado, y como no teníamos Internet no sabíamos si es que no había visto nuestro e-mail y se había cansado de estar esperando desde las 18:30 o si simplemente en el último momento había decidido no venir. Por eso, buscamos una tienda en la que vendiesen aparatos electrónicos (algo no muy difícil en Akiba) y en uno de los iPads que vendían nos conectamos a Internet y miramos a ver si nos habían escrito algo.

En ese mismo momento vimos al otro lado de la calle a Joe, que en cuanto nos vio echó a correr hacia donde estábamos, saltó encima nuestro para darnos un abrazo y a poco nos rompe algún que otro diente del fuerte golpe que nos llevamos al chocar. A continuación nos presentó a su amigo Shoji, al cual no conocíamos de la noche en la que salimos por Shibuya.

La situación era un poco surrealista, ya que si la noche en la que conocimos a Joe pudimos hablar con el en inglés fue en parte porque su hermana Yuki hacía de “traductora”, pero como esta vez no estaba ella la comunicación se hacía mucho más complicada, ya que ni Joe y Shoji tenían un buen dominio del inglés. En cualquier caso nos arreglamos bastante bien y mediante señas, algunas palabras nuestras de japonés y frases básicas de ellos en inglés nos entendimos sin problemas durante toda la noche.

Lo primero que decidimos al juntarnos con ellos fue que nos tenían que llevar a uno de los múltiples Maid Cafes que hay por la zona. Un Maid Café es como una cafetería con la peculiaridad de que las chicas que te atienden van vestidas de doncellas/sirvientas, te tratan como si fueses su “amo”, hacen juegos contigo e incluso te puedes hacer fotos con ellas. Hasta aquí todo muy bien, salvo la ostia que te meten a la hora de pagar, pero bueno, una vez es una vez.



Una vez explicado en que consiste un Maid Café procedemos a contaros nuestra experiencia. Subimos al edificio en el que se encontraba el local, el cual se llamaba @home café, y tuvimos que esperar un rato ya que había cola para entrar. Al entrar, nos saludaron muy amablemente, nos dijeron cosas que, lógicamente, no entendimos y nos llevaron hasta nuestra mesa. Una vez sentados, una de las camareras (que por suerte sabia algo de inglés) nos explicó brevemente como iba el tema: podíamos estar ahí dentro media hora y teníamos que elegir uno de los “menús”, los cuales consistían en diferentes bebidas, la opción de hacerte una foto con las camareras o echar una partida a un juego de mesa con alguna de ellas y llevarte una bolsa de regalo con varios artículos del Maid Café. Además, en el precio iba incluido un carnet de “maestro”, el cual tras cada visita te iban sellando para que así fueses subiendo de rango. En resumen, algo muy friki, pero no más friki que el tipo que estaba en la mesa de al lado, que tenía un álbum lleno de fotos de las chicas del Maid Café. Si a nosotros nos dieron un carnet de “nivel 1”, este hombre debía tener ya el carnet de gerente del local cuanto menos.



Al cabo de media hora salimos de aquel lugar un poco más pobres de lo que habíamos entrado (exactamente 2000 yenes menos) y como es tradición, nos fuimos a buscar un Purikura en el que hacernos unas fotos con nuestros amigos japoneses. La verdad es que tienen su gracia esos “fotomatones”.



No lo hemos mencionado antes, pero durante casi todo el viaje Ibon tuvo en mente la posibilidad de comprarse una Play Station 3 en el caso de encontrar alguna ganga, ya fuese de segunda mano o no, así que al salir del edificio del Maid Café le preguntamos a Joe si conocía algún lugar en el que poder comprar una. Después de pensarlo un poco, nos llevo a una tienda cercana que se llamaba Sofmap, que eran como unos grandes almacenes (unas 8 plantas) en los que todo lo que vendían estaba relacionado con aparatos electrónicos. Al llegar a la planta de las videoconsolas Joe preguntó por las de segunda mano, un dependiente nos llevó hasta una vitrina en donde las tenían y… ¡sorpresa!: Play Station 3 por 10000 yenes (100€). Hay que decir que lo que vendían era la consola con un mando pero sin los cables para conectarla a la tele y a la red, aunque a decir verdad (y más después de ver el precio) eso fue lo de menos, así que esta es la historia de cómo Ibon consiguió su PS3.

Tras llevar a cabo la adquisición de la Play 3 les preguntamos a Joe y a Shoji si sabían dónde estaba la tienda “Super Potato” (un edificio entero en el que venden videojuegos de todas las consolas que ha habido desde que saliera al mercado la primera de ellas), la cual no fuimos capaces de encontrar por nuestra cuenta en la primera visita a Akihabara que hicimos unos días atrás. Al no tener ellos muy claro por donde estaba exactamente, preguntaron a los dependientes de la tienda y les señalaron el camino. Una lástima que al llegar allí estuviesen ya cerrando el local y no pudiésemos entrar a ver esa especie de “museo” del videojuego.



A pesar de esta pequeña decepción decidimos coger el metro que nos llevase hasta Shibuya para así poder tomarnos unas cervezas por la zona. Puesto que tomarse una cerveza en un bar de la calle es tremendamente caro (unos 900 yenes), pensamos que sería una buena idea ir al bar-casa en el que conocimos a Joe, donde al menos los precios no eran tan abusivos.

Tras un buen rato en aquel bar, a Pablo se le echó encima la hora y, tras despedirnos de el, tuvo que marcharse a coger el último metro que le llevase hasta Haneda, ya que su avión de vuelta a casa salía muy temprano por la mañana, hacia las 06:30, lo cual era un gran inconveniente ya que no había servicio de metro a esa hora. De esta forma, cogió el último metro con destino hacia el aeropuerto y pasó allí la noche.

A nosotros sin embargo aún nos quedaba toda una noche de fiesta por Shibuya y no se nos ocurrió mejor forma de continuarla que yéndonos los 5 (para ese momento se nos había unido una amiga de Joe y Shoji) a “cantar” a un karaoke. Pero esta vez, a diferencia de la primera toma de contacto que tuvimos en un lugar de estos en el que sólo pudimos estar 30 minutos, decidimos pagar por la opción de tiempo ilimitado para poder quedarnos bien a gusto.

Como no podía ser de otra manera, antes de entrar al karaoke había que desinhibirse un poco así que en el 7-Eleven más cercanos compramos unas cuantas latas de cerveza y cuando nos las terminamos buscamos un karaoke en el que poder pasar las siguientes 2-3 horas. A decir verdad, finalmente entramos en uno bastante peor que el de la primera vez ya que ni tenía ventanas a la calle ni las luces y focos cambiaban o giraban durante las canciones, pero a su favor podemos decir que en el precio se incluían bebidas y que en la habitación había hasta panderetas para poder acompañar las espectaculares actuaciones con las que deleitamos a nuestros amigos japoneses. En resumen: alrededor de 2 horas cantando, decenas de canciones (nos atrevimos hasta con canciones en japonés), videos, fotos, vasos rotos, heridas en las manos a causa del entusiasmo golpeando las panderetas y una voz ronca a más no poder. En cualquier caso, mereció la pena y repetiríamos ahora mismo.



Después de el pedazo de concierto que nos marcamos en el karaoke, la mejor forma de continuar la noche era volver nuevamente al Rockaholic, el bar en el que tu mismo podías elegir las canciones que querías que sonasen y en el que la gente dejaba sus pertenencias en la barra sin miedo a que se las robasen. Al ser lunes había muchísima menos gente que la vez anterior, pero aún y todo pasamos un muy buen rato y estuvimos disfrutando del ambiente hasta que hacia las 5 de la mañana decidimos que ya no podíamos más y que era hora de dar por terminada la noche de fiesta.



Sin embargo el servicio de metro aún no había comenzado por lo que no podíamos volver al hostal, y como desde que quedamos con Joe y Shoji en Akihabara no habíamos comido nada, decidimos buscar un McDonalds en el que arrasar con toda la comida que les quedase en el almacén. Dicho y hecho, nada como comerse 2 hamburguesas grasientas y una ración de patatas fritas después de una noche como aquella. Podemos decir que fue el detalle que redondeó la tarde anterior y la noche.

Cuando se reestableció el servicio de tren y metro caminamos hacia las estación de Shibuya, nos hicimos una última foto todos juntos al lado de la estatua de Hachiko y nos despedimos con gran pena de Joe, Shoji y su amiga antes de entrar en la estación para coger el metro que nos llevase de vuelta al Ace Inn Shinjuku.



Fue una noche en la que nos lo pasamos genial, y a decir verdad, después de relacionarnos con gente del país, podemos decir que ese mito/tópico de que los japoneses son tímidos y cerrados, al menos con la gente a la que nosotros tuvimos la suerte de conocer, desde luego no se cumple.

Como todas las buenas historias, esta llega a su final. Como recordaréis, la noche del día 11 se nos fue de las manos y, a pesar de que nuestra intención era tomar algo y volver más o menos pronto al Ace Inn Shinjuku, terminamos volviendo a eso de las 6:00 am en el primer metro de la mañana.

Al llegar al hostal, lo más lógico hubiese sido meterse a la cama y descansar lo suficiente antes de hacer las maletas y partir hacia el aeropuerto de Narita. Sin embargo, no estábamos dispuestos a malgastar/perder nuestras últimas horas en Tokyo, por lo que decidimos acostarnos durante poco más de 3 horas (de ahi nuestro aspecto en las fotos/videos de ese día), dejar preparadas las maletas en el hostal para no tener que cargar con ellas todo el día, y salir a aprovechar el poco tiempo que nos quedaba.

El plan era volver una vez más a Akihabara para, entre otras cosas, ver la tienda de videojuegos “Super Potato”, a la cual quisimos ir el día anterior con Joe y Shoji pero que cuando llegamos estaban echando el cierre.



Al llegar entramos en algunas tiendas que se encontraban cerca de la estación del metro para comprar algunos regalos que nos habían quedado pendientes y a continuación nos dirigimos a la enorme tienda de electrónica en la que Ibon se había hecho con una PS3 el día anterior por el equivalente a 100€, ya que Gorka pensó que la opción de conseguir una por tan poco precio merecía la pena.

Como ya explicamos en el diario de viaje anterior, las consolas que vendían eran de segunda mano y las tenían expuestas en una vitrina de cristal, por lo que al llegar, Gorka se dirigió a uno de los dependientes para pedirle que le sacase una. Lo que ocurrió a continuación aun nos sigue llamando la atención, y para que os hagáis una idea de la situación, os escribimos como fue la conversación.

Conversación con dependiente #1:

- Hello, d’you speak English? | - Hola, ¿hablas inglés?
- … (silencio) … | - ... (silencio) ...
- Sorry, English? | - Disculpa, ¿inglés?
- (negación con la cabeza) | - (negación con la cabeza)

Primer intento fallido, por lo que Gorka se dio una vuelta por la tienda para ver si encontraba otro dependiente que le pudiese ayudar. Al no ver a ningún otro, se acercó al mostrador y pregunto a uno de los chicos que estaban en las cajas.

Conversación con dependiente #2:

- Hi! Do you speak English? | - Buenas, ¿hablas inglés?
- No. | - No.
- Someone speaks English? | - ¿Alguien aqui habla inglés?

Aquí viene lo curioso, coge el dependiente número 2 y señala al dependiente número 1. La situación cada vez se volvía más surrealista. Vuelta a donde el primer dependiente preguntándole directamente en inglés.

- I want to buy a second hand PS3. | - Quiero comprar una PS3 de segunda mano.
- … (otra vez silencio) … | - ... (otra vez silencio) ...
- Buy, PS3, there. (señalando a la vitrina) | - Comprar, PS3, ahí. (señalando a la vitrina)

Al llegar a la vitrina, Gorka le preguntó si todas las que tenían funcionaban bien, ya que había algunas que eran sospechosamente muy baratas (aun menos de 100€) y tal vez las vendiesen para utilizarlas para recambios de piezas.

- Do they work properly? | - ¿Funcionan correctamente?
- I don’t know, maybe yes. | - No lo se, es posible.
- Are you kidding me? “Maybe”? Can I try one here? | - ¿Estás de broma? ¿"Es posible"? ¿Puedo probar una?
- You buy and you try it at home. | - Compras una y la pruebas en casa.
- Well, thank you, I guess… | - En fin, gracias, supongo...

Adivinad quién no compro una PS3 en Tokyo.

Posteriormente, nos dirigimos hacia la tienda de videojuegos antiguos Super Potato, a la cual finalmente pudimos entrar ya que esta vez si que estaba abierta.



La tienda es como una especie de “museo del videojuego”, ya que puedes encontrar absolutamente cualquier artículo de la industria que haya salido al mercado a lo largo de los años, bien sea de segunda mano o sin estrenar. Consolas, cartuchos, mandos, bandas sonoras, merchandising… Faltan líneas de texto para explicar todo lo que puedes encontrar ahí dentro, por eso os recomendamos que veáis el video correspondiente a este día para que os hagáis una idea de cómo es. Como apunte, señalar que terminamos comprando un par de peluches de Link (versión Wind Waker) y un Pokémon Stadium de la Nintendo 64 por la ridícula cantidad de 50 yenes (0,50€).



Para cuando salimos de la tienda ya era mediodía, y decidimos que era un buen momento para reponer fuerzas y comer algo. No nos quedaba mucho dinero en metálico, y como aun teníamos alguno de los paquetes de jamón serrano que habíamos llevado, buscamos una Konbini Store para comprar algo similar al pan y prepararnos unos bocadillos.

No nos quedaba mucho tiempo por delante, asi que cuando terminamos de comer nos pusimos rumbo al hostal para coger todas nuestras cosas e ir después hacia el barrio de Shinjuku, desde donde salía a las 6 de la tarde nuestro tren hacia el aeropuerto Narita.

Sin embargo, había una cosa que nos faltaba por hacer. Ibon se acordó de que por la zona estaba la conocida tienda de Square Enix (compañía desarrolladora de videojuegos conocida por sagas como Final Fantasy, Dragon Quest, Kingdom Hearts…), así que, con las maletas a cuestas, entramos para comprar algún otro detalle de última hora, no sin antes haber dado unas cuantas vueltas hasta encontrarla.



Directos desde la tienda de Square Enix, y aunque aun nos quedaba algo de tiempo de sobra, pusimos dirección hacia la concurrida estación de Shinjuku para coger el N’EX (Narita Express), que todos sabemos que con este tipo de cosas no se juega y no nos podíamos arriesgar a perder el tren.



Lo de después fue todo según lo previsto. Primero hora y media de tren desde Tokyo hasta el aeropuerto, al cual llegamos hacia las 7 y media de la tarde. Nos llamó la atención la poquísima gente que había en el mismo, más aun teniendo que en cuenta que es uno de los aeropuertos principales de una ciudad que en todo su área metropolitana cuenta con unos 35 millones de habitantes.

En cualquier caso, esto hizo que no tuviéramos que esperar ninguna cola para hacer check-in y facturar nuestras maletas, por lo que nos quedó bastante tiempo como para cenar una hamburguesa en el McDonald’s que había dentro de la terminal. Si, sabemos que es triste que la “última cena” en Japón fuese así, pero creednos si os decimos que no había más alternativas.

Posteriormente nos acercamos hasta la puerta de embarque y hacia las 21:15 accedimos al avión, el cual despegaba a las 22:00. Para esa hora, y como es de suponer, el cansancio podía con nosotros, y las 13 horas que duraba el vuelo hasta París se pueden resumir de la siguiente forma: Acceder al avión, dormirse, ruido de motores encendiéndose, despertarse, despegue, volver a dormirse y aterrizar en París. Entre medias Ibon sacó fuerzas para mantener los ojos abiertos el tiempo que dura “Lost in Translation”.


link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=sU0oZsqeG_s

Tal y como empezábamos diciendo en esta entrada, como todas las buenas historias, esta llega a su final. Después de 12 días por la capital del sol naciente y sus alrededores nos disponemos a partir hacia nuestro país. El viaje no solo ha cumplido nuestras expectativas sino que además, las ha superado. Nunca hubiéramos imaginado que la comida fuese tan rica, la gente tan amable o los lugares tan preciosos y mágicos. Es tal la sensación que mientras nos alejamos sentimos que una parte de nosotros se queda ahí, esperado a que volvamos.

Sinceramente, no es algo que puedas sentir desde tu casa. Por muchos blogs y vídeos que veas, no sentirías ese cosquilleo de decir: ¡Estoy en Japón! Tienes que montarte en el avión e ir a comprobarlo ti mismo.

No nos equivocábamos al elegir nuestro nombre, Tokyo es una ciudad para descubrir, vivir y sentir.

Otra cosa más, volveremos. Muy pronto volveremos, porque Japón es un país de sueños.


link: http://www.youtube.com/watch?v=Ou7Y7aHqeg8


Bueno Ratingueros espero les haya gustado tanto como a mi, luego les posteo una entrada que hicieron ellos acerca de 10 motivos para volver a Japon!

Saludos!






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2Comments
Green_tentacle

che cuanto esta mas o menos un viaje a japon?

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lanata66

Es verdad que ni bien llegas la pones?? era mi sueño ir a TOKIO pero con el tiempo todo cambio.

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