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Angry Birds y otros videojuegos en el cine



Los pajarracos llegan a la pantalla grande




¿Hacer una película de los Angry Birds? Sí, la hicieron, y no salió mal. Un videojuego -mejor dicho, una serie de videojuegos- de revolear pajarracos diversos contra unos cerdos verdes y su "adaptación cinematográfica" nos lleva, primero, a ver su trailer y después a revisar otras adaptaciones extrañas de videojuegos, no siempre con resultados felices.



Un rasgo de inteligencia de la película Angry Birds es olvidarse de la lógica de acción del videojuego -se pone en escena en una sola secuencia- y apostar a la comedia neurótica. Otra película reciente de buenos resultados en el cruce videojuegos y cine fue Píxeles, en la que los videojuegos constituyen el eje temático, pero no la estructura. Dirigida por Chris Columbus y protagonizada por Adam Sandler y Michelle Monaghan es una película cómica + acción y aventuras + comedia romántica + ciencia ficción basada en una premisa delirante: en 1982, la NASA envía un mensaje al espacio con imágenes de un campeonato de arcade. Treinta años después, unos extraterrestres tratan de conquistar el mundo proponiendo un torneo de videojuegos. Cada ataque puede ser rechazado si se gana a juegos como Donkey Kong, Centipede o Pac Man.



Un caso reciente de sólida aplicación de lógica de videojuegos y con personajes de videojuegos pero para hacerlos jugar en diferentes épocas tecnológicas es ¡Rompe Ralph! (Wreck-It Ralph), propuesta de Disney de hace cuatro años que buscaba diferentes generaciones de público en parte en función de los cambios y las identificaciones de padres e hijos.



Y ahora un caso no feliz, un tanto inexplicable, y hasta insufrible: el de la Super Mario Bros. de 1993. Mario Mario y Luigi Mario, interpretados por Bob Hoskins y John Leguizamo, en una película de estética noventosa colorinche y ridícula, con la idea de ser una acción delirante con guiños a los videojuegos. No funcionó, por decirlo de manera suave.



Un caso más logrado de los noventa, extrañamente logrado podríamos decir, fue el de Mortal Kombat. La película de Paul W.S. Anderson (director clave en este tema porque fue el responsable de varias de las Resident Evil) ponía a la acción dentro de la lógica de película de torneo, de enfrentamiento y, a partir de un elenco bastante clase B que incluía a Christopher Lambert en una dimensión más allá del ridículo, armaba una de patadas y piñas con no pocos atractivos.




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