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"Apocalypse now", el fin de toda razón



Cuando Francis Ford Coppola se abocó finalmente al rodaje de “Apocalypse Now”, allá por fines de la década del setenta tras los dos capítulos (que luego terminaron siendo tres) de su exitosa saga “El Padrino”, no se imaginó realmente qué le esperaba. Años más tarde, en Cannes, durante la presentación de su film, habría de decir “No es un film que hable de Vietnam, es Vietnam”.



La locación elegida había sido Camboya, y Coppola, aunque de forma accidentada, habría de contar con la colaboración del gobierno local. Visualmente, era lo mismo que estar filmando en Vietnam, y el ejército podía prestarle sus equipos, que eran los mismos que en el otro lugar. Sin embargo, lo que no se imaginaba el director era la odisea en la que estaba a punto de embarcarse, que ya mostraba sus aristas desde el día cero: al finalizar la primer semana de rodaje, Coppola llegó a la conclusión de que su actual actor protagónico, Harvey Keitel, no era el indicado para el rol de Willard.

Martin Sheen tenía en ese momento unos treinta y tantos años, y habría de cumplir otro par durante la filmación. Lo que pensó sería un trabajo de unos cuatro meses (dieciséis semanas de rodaje), terminó siendo… bueno, mucho más. Sheen era conocido por sus colegas como un tipo simpático, abierto, agradable para tener de compañero. Pero Sheen también era actor de método, y eso implicaba compenetrarse con el personaje. Siglos después de aceptar la oferta de Coppola, para el día de su cumpleaños número 36, aquel hombre extrovertido había dejado paso a otro depresivo y oscuro, que se sentía extraviado en el mundo y muy solitario en Camboya, lejos de su familia. Se emborrachó a más no poder y esa noche, durante la filmación de lo que sería la secuencia inicial de “Apocalypse Now”, estuvo muy cerca de un brote psicótico. Quienes estuvieron en el rodaje cuentan que el clima se volvió denso y se cortaba con un cuchillo, lo que resulta irónico, porque Sheen, en una de las acciones, y debido a su estado de ebriedad, calculó mal e hizo trizas un espejo, haciéndose un corte profundo en la mano. Pero el rodaje no se cortó, sino que continuó a pedido del propio actor, que seguía lanzando líneas de diálogo mientras sangraba profusamente. Un par de días después, como resultado del pico de stress, Sheen habría de tener un infarto; según le dijeron los médicos, el infarto de una persona veinte años mayor que él. La producción no podía detenerse, aunque los productores entraron en pánico, así que, sin ninguna certeza sobre el futuro, debieron arreglarse sin él durante un mes. En este lapso, discutiendo con el estudio, Coppola llegó a gritarles “Martin Sheen no se muere hasta que yo lo digo”.



Los sets de la producción fueron destruidos, prácticamente en su totalidad, por un tifón que ocurrió a poco de comenzado todo. No obstante, en un éxtasis casi religioso, Coppola salió a filmar en medio del tifón; era una revelación, era necesario salir a grabar en ese momento, y lo hicieron, con agua hasta las rodillas.

No queda muy claro el por qué Coppola convocó a su amigo Dennis Hopper, o sí. El actor estaba pasando su peor momento con las drogas y tenía cada vez más problemas para encontrar trabajo. Por eso, nada mejor que un viaje a Camboya para participar de un rodaje donde nadie dormía, y el que no consumía anfetaminas, lo hacía con ácido o alguna otra combinación – a todo esto, recuerden que Laurence Fishburne comienza el rodaje con quince años y lo termina con dieciocho… -. A los cuatro días de llegar, Hopper todavía no se sabía sus líneas, lo que motivó una discusión con su amigo, en la cual él le reclamaba libertad creativa, olvidar los diálogos en pos de encontrar algo nuevo, a lo que Coppola le respondía que lo entendía, pero que para olvidar algo primero debía recordarlo. Hopper tuvo estos problemas hasta finalizar el rodaje.



Cerca del final, y unos tres años después del momento en que debía suceder, arribó Marlon Brando para interpretar a Kurtz y terminar su parte en no más de tres semanas (por contrato). Por las demoras, el protagonista de “Nido de ratas” y “El Padrino”, había amenazado con no solamente no ir, sino también quedarse con el adelanto de un millón de dolares que había recibido. Discusiones interminables de por medio (con un Coppola incrédulo ante la actitud de Brando), el momento llegó. Pero quien supiera ser un sex symbol había crecido al tamaño de una heladera, con lo cual, acomplejado de su nuevo físico, no quería que le realizaran planos de cuerpo entero. Como eso no era suficiente, se negó a decir sus parlamentos, aduciendo que no estaba conforme con ellos. Para Coppola eso no estaba mal, puesto que él venía queriendo hace mucho tiempo cambiar el final. Lo que no se esperaba el director, era que Brando no hubiera leído el guión completo y que tampoco hubiera tocado “Corazón de la oscuridad”, la novela de Joseph Conrad en que se basa el film. Conclusión: Brando no estaba conforme, pero tampoco sabía de qué se trataba la cosa.



Llegado este punto, Coppola, que había puesto todos sus bienes y dinero como garantía para convencer a los productores de darle los más de 20 millones de dolares que él necesitaba para “Apocalypse Now”, realmente veía el borde del abismo. De hecho, llegó a considerar el suicidio ante la abrumadora cantidad de obstáculos.



Como una suerte de síntesis de lo que había sido todo el rodaje, Coppola terminó realizando las ya míticas escenas del encuentro entre Kurtz y Willard en penumbras (gracias al talento del director de fotografía Vitorio Storaro), y a pura improvisación, con cada toma diferente a la anterior y con un encuadre, para Brando, cerrado sobre su rostro y en un marcado claroscuro, lo que terminó por aportar mayor profundidad psicológica a su personaje.

Por todo esto, el camino hacia el “Corazón de la oscuridad” no fue para Coppola el film terminado, sino el propio camino hacia su conclusión.
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