Check the new version here

Popular channels

El negro Pablo (Dante Mastropierro).





“¡Me estoy echando un cago!”, fue su carta de presentación en Okupas, cuando promediaba el primer capítulo. Así hizo su ingreso un personaje clave en esa historia maravillosa que hoy cumple 15 años y que marcó claramente un antes y un después en la televisión argentina, que por ese entonces respiraba la amenaza del estallido social de 2001. En esa obra maestra de tan sólo 11 episodios, él fue el malo de la serie, y para muchos, la actuación más lograda. Hoy, Dante Mastropierro -aunque en la calle le siguen diciendo Negro Pablo-, coordina junto a su mujer un comedor en La Boca y está alejado de la tele, simplemente porque así se dio. Un tipo con códigos y una humildad que le brilla en los ojos, abre el libro de su vida -no en la página 7- y describe con mucha entereza cómo fue crecer sin su mamá en una villa de Quilmes, aprendiendo a desenvolverse entre nenes malos, drogas y la vagancia en la esquina. “Yo no soy actor, yo actué toda mi vida en la calle para sobrevivir”, se autodefine quien fue a un casting de casualidad, deslumbró a Bruno Stagnaro y logró que el mismísimo Marcelo Tinelli lo elogie y le pida un autógrafo, tiempo después.



¿Cómo te digo? ¿Dante, Carlos, Pablo, Negro Pablo?
¡Menos puto decime como quieras!

Para todos sos el Negro Pablo…
Sí, la gente por la calle me conoce y me dice Pablo… Quedó eso.

¿Y qué hace el Negro Pablo en este comedor?
Este comedor se llama Pancita llena corazón contento. Hace 11 años que estamos acá en La Boca. Hoy están viniendo alrededor de 42, 43 chicos, pero por ejemplo cuando hacemos festivales por el día del niño, Reyes, la comida de Navidad, o la despedida a fin de año, esto se llena, vienen más de 60 personas, también vienen las madres a comer, y algunos abuelos.

¿Cómo se sostiene el comedor? ¿Reciben algún tipo de ayuda?
Sí, acá los sostenemos con las donaciones, y también logramos que el Gobierno nos baje comida: nos baja las raciones para los pibes, todos los días. Pero de esto último hace más o menos 2 años. Antes, todo a pulmón.

¿Qué es lo que más necesitan? ¿La gente que se entera de este comedor cómo puede venir a ayudarlos?
Se puede venir con algún alimento no perecedero, esas cosas… Alguna que otra ropita que tengan para la gente… porque acá viene gente de Villa Tranquila por ejemplo; ahí hay comedor pero no le dan nada de eso, y entonces vienen para acá.

¿Y qué es de tu vida?
Los que te conocimos por Okupas después te perdimos el rastro… Lo que pasa es que tenés que andar en ese tema de la actuación… Si no tenés un representante es muy difícil… A ver, vino el tema del corralito y nosotros estábamos por hacer Los Invisibles, con Bruno Stagnaro (el director de otra joyita: Pizza, birra y faso). A la producción de Tinelli la enganchan con un montón de plata pero era para bancar lo que estaba en el aire en ese momento, entonces a mí me llaman por teléfono y me dicen: -Mirá Dante ¿Te podés aguantar 2 o 3 meses para que se solucione todo esto que pasó en el país?-. –Sí, todo bien ¿Pero a mis hijos qué les doy de comer? ¿Libretos?-. Así que me puse a trabajar y bueno, después ya pasó… Bruno se puso a hacer publicidades, Los Invisibles quedó colgado…

Además, o sea… yo no era actor ¿Me entendés? Yo actué toda mi vida en la calle… para sobrevivir. Me crié en una villa entre todos los nenes malos. Pero nenes malos que tenían códigos, no como estos boludos que andan afanando celulares. Así que eso (Okupas) era un trabajo para mí.

¿Tu ingreso a Okupas fue casual?
¡Claro! Yo en ese momento no trabajaba. -Che ¿No hay algo para mí?-, les dije a los muchachos de producción. –¿Pero vos te animás?-. –¡Yo me animo!-, les digo… -¡Dame plata y te corro en bolas hasta el Obelisco!-.

Ellos venían a hacer novelas. Yo tenía un lugar en donde les alquilaba los locales y ellos ponían los decorados y filmaban ahí. Yo ayudaba, me daban unos mangos y aparte me alquilaban el lugar.

Bueno, un día vienen con una novela venezolana, medio argentina y venezolana. Entonces viene Sambi (Claudio, productor) y me dice –che mirá, vení, mirá esta mina qué linda que está-. Era una mina con un tipo mayor que estaban haciendo el amor. Y de repente entran dos tipos a la pieza a los revolvazos, a los tiros, y se arma un quilombo bárbaro. -¿Y qué es esto?-, le pregunto, y entonces me dice: -Vos fijate, estos tipos entraron a robar a la embajada, y cuando entran a una pieza de la embajada lo encuentran al embajador, y resulta que la mina era la novia de uno de los chabones-. -¡Pero esto no te lo cree nadie!, le digo… -¿Por qué no te lo cree nadie?-, me dice. –Porque vos estás en una embajada, a los tiros ¿No hay policías? ¿No hay custodios del embajador? ¿Los tipos se van como panchos por su casa?-. -¿Y vos qué harías?, me pregunta… -Primero y principal, yo no diría nada: afanaría y me iría, y calladito como entré, me voy, porque yo estoy arriesgando mi vida y mi libertad-. -¿Y si la mina te manda en cana?-, me pregunta. –Cuando salgo, la mato, ella ya sabe; o me la llevo a punta de pistola como rehén y después la mato a cañazo por puta-. -¡¿Sabés que tenés razón?!-, me responde. ¡Fue y le dijo al director! Y fueron hasta Venezuela a cambiar esa parte…

¿Fueron hasta Venezuela a cambiar esa escena por tu recomendación?
¡Y claro! Vos no podés entrar a una embajada silenciosamente por una mina… Si la gente que anda en el palo tiene 4 o 5… o te la gastás en un cabaret, de última. Y no voy a ir preso yo… no voy a arriesgar mi vida y mi libertad por una atorranta.

¿Y qué te dijeron entonces?
-Che, tenés idea vos, eh-, me dijeron. -¿Viste? Cuando tengas algo de esto avisame-, les dije. Y bueno, después me dijeron que iba a salir algo así medio policial… -¿Te animás?-. Y yo pensé que me estaba cameleando. –Ya te dije que sí-, le volví a decir. –Pero mirá que no es fácil, eh, están las cámaras, va a haber gente y todo eso-. Bueno, ahí fue que le dije “vos dame plata y te corro en pelotas hasta el Obelisco, en este momento agarro hasta rayos con la mano, no hay ningún problema”. –Bueno, te voy a venir a buscar-, me dijo.

Habrá pasado menos de un mes y aparece con Bruno Stagnaro. Yo a todo esto no tenía ni idea quién era Bruno. Lo atiendo desde la terracita, nos saludamos y le pregunto si vienen a ver los locales –porque a mí no me iban a ver; siempre que iban sacaban fotos, se las presentaban al director y si le gustaba, iban a filmar-. –Quiero hablar con vos-, me dice. –Bueno, ahí bajo-. –Yo le hablé de vos a él (a Stagnaro), le dije que vos tenías una chispa bárbara, y ahora hay para hacer algo de Marcelo Tinelli, que es algo así como de la calle y lo quieren hacer con actores pero que no sean actores, para ver cómo sale-. –El jueves hay un casting, andá con tu hermano y llevá a algún pibe-, me dice. –Vas a ver gente haciendo la cola para el casting, pero vos no la hagas, entrá directamente, golpeá la puerta que te vamos a hacer pasar-. –Bueno, dale-, le dije. Me dio la tarjetita y fui el jueves.

¿Hay que ser un poco caradura en la vida, no?
Y sí… en la vida tenés que pelearla, loco. Yo me crié sin mi mamá, viste, y tuve que andar. Qué se yo, eso (el casting) no me costaba a mí. Y bueno, uno es como que no se da cuenta, es como un don que uno tiene. Yo no me di cuenta… Y la gente me decía “loco, vos tenés que estar en la televisión, vos tenés que seguir laburando”. Los viejos, Emilio Disi por ejemplo, cuando yo iba a cobrar a Actores, me decían “pibe ¿Dónde estabas escondido vos?”. -¿Por qué?-, preguntaba yo. –Y si sos un capo, sos un monstruo, te llevaste Canal 7 al hombro, vos tenés que seguir trabajando, tenés que pulirte un poquito más y dale para adelante-. Y uno no se da cuenta de eso, viste. Hasta que te das cuenta por la gente. Gente como vos, o gente que me ha parado
por la calle y me ha dicho “genio, capo, ídolo”. Todas esas cosas. O por ahí venía uno y se ponía a llorar… Entonces ahí te das cuenta que sirvió lo que vos hiciste. A mí me han seguido 4 o 5 cuadras para preguntarme si era yo, gente que tenía miedo porque me decía “vos eras el malo en la serie”. –¡Pero era en la serie! Date cuenta que era ficción-.

Es que fue muy real todo. La clave fue haber buscado actores que no eran actores, como decís vos.
Claro, fue así… Y bueno, todo empezó ahí en ese casting…



¿Cómo fue ese casting?
Cuando recién entrábamos, nosotros escuchábamos cómo era el casting: “¡Dale, dale, tomá merca que tenemos que ir a robar!”. –Escuchá a estos giles, gordo-, le digo a mi hermano… -Esto es para nosotros, gordo, ya está-. Mi hermano, en cambio, se tenía poca fe. –Gordo, quedate tranquilo que esto es nuestro-. Bueno, golpeamos la puerta, nos hacen pasar. Nos hacen hacer la escena en donde Ricardo (Rodrigo de la Serna) le roba a una persona en la plaza. Bueno, esa escena nos la hicieron hacer a nosotros. Hacen pasar a uno de la fila y nos explican que le tenemos que robar haciendo de cuenta que estamos en una plaza. -¿Pero cómo es la escena? ¿De día o de noche?-, le pregunto a Bruno (Stagnaro). -¿Por qué de día o de noche? ¿Cómo es eso?-, me dice. –Sí, porque de día te voy a robar de una manera y de noche, de otra-. -¿Cómo sería eso?-, me pregunta. –Y… de día me acerco con más cautela, te saludo, porque hay gente en las plazas, siempre hay alguien que te está mirando; y después del chamuyo te voy robando. -¿Y de noche?-. –De noche te pongo la pipa en la boca y te saco todo, si de noche no hay nadie-. –Bueno, vamos a hacerla, vamos a ver cómo sale-, dice. Entonces me acerco, lo saludo, y el chabón se quiso parar de manos… Lo agarré del cuello, lo tiré para atrás del banco y le dije “¡la concha de tu madre, dame todo porque te voy a arrancar la cabeza, pedazo de gil!”. Y ahí salta Bruno: -¡Pará, pará, pará! ¿Qué pasa muchachos? ¿Ustedes están enojados en serio?-. –¡No! ¿Pero no me dijiste que esto era ficción? Si vengo a chorearle, me tengo que ir habiéndolo choreado… ¿Este pescado me va a correr a mí? ¡Yo le vengo a robar!-, le digo. –Ah, yo pensé que estaban enojados en serio-, dice Bruno. –Bueno, dale, vamos de nuevo, pero esta vez no te resistas, vos dale todo-, le dice Bruno al otro chabón. Bueno, hacemos la escena, le dice al chabón que se vaya y nosotros seguimos. Ahí hacemos la escena de un transa en una esquina, viste que en Okupas hay una parte en que van a Quilmes y hacen como que le compran droga a uno… Bueno, entonces la hacemos: viene uno a comprar faso, pide un baguyo y yo salgo de cuadro, me voy. Entonces Bruno dice otra vez “pará, pará ¿Dónde vas?”. –¡A buscar la droga!-, le digo. -¿Por qué a buscar la droga?-. –Y… porque si un dealer está en una esquina, se está arriesgando; yo no voy a estar con todos los baguyos encima, esperando o que me puedan mejicanear o que venga la gorra-. -¿Y dónde la tendrías escondida?-. –En una bolsa de basura, en el pasto, en algún lado-, le digo. –Ah mirá, está bien…-.

¡Vos le enseñaste a Bruno, todo!
Claro, claro… Y bueno, después hicimos otra escena, la del mascapito, que fue idea mía, y después Bruno me pidió permiso para ponerla en la serie. Yo puse varias ideas en las letras y todo eso.

En el casting hicimos la del mascapito. Hicieron pasar a otro muchacho… lo estábamos re verdugueando y de nuevo Bruno salta y dice “che ¿ustedes no están enojados, no?”. -¿Otra vez, Bruno? No, no estamos enojados, esto es así… no sé cómo querés que hagamos, esto es así, yo la viví-. –Bueno, dale, dale, dale-, dijo Bruno. Entonces seguimos y el chabón se puso a llorar. Y entonces yo dije “¡qué actor!”, porque viste, tenés que compenetrarte para actuar y llorar; hay algunos a los que no les salen las lágrimas. Pero no… ¡El tipo estaba cagado en serio! –Bien, muy bien, me gustó, cómo pensás, cómo organizás todo-, me dijo Bruno. –Bien, capo, cómo te concentraste, eh-, le digo al chabón. -¿Que cómo me concentré? Pensé que me iban a coger en serio, me asusté de verdad-, me dice, llorando…

Y bueno, cuando nos fuimos, me llama el jefe de producción y me dice “yo lo conozco a Bruno, le re gustó, van a tener suerte, igual a la noche te aviso”. Nos sacaron las fotos, nos pidieron los nombres y nos fuimos. A la tarde me llaman para decirme que tengo otro casting el jueves. –Venite vos solo, vos tenés luz verde… y a tu hermano también, algo le vamos a dar-. Lo que pasa es que mi hermano (el tipo que aparece con un termo en la escena del mascapito) se reía mucho en las cámaras cuando lo enfocaban, entonces teníamos que ir de nuevo, por eso tuvo pocos capítulos. Bueno, el jueves fui a un nuevo casting y ahí estaba Matías, que es el hermano de Bruno Stagnaro. –Vamos a hacer una escena en un barrio denso, en donde vos vas a ir caminando por uno de los pasillos y aparecen unos tipos que te tienen bronca y te pegan, o te quieren pegar, algo así-, me dice. -¿Y esos muchachos qué andan haciendo?-, le pregunto. –Andan robando carteras, bicicletas, esas cosas…-. –Bueno, listo (ah, son terribles giles, decía yo por adentro)-. Lo que pasa es que para ellos, lo más fuerte es que alguien diga “culo partido”, y en la villa donde me crié yo, si le decís a alguien “culo partido”… ¿qué culo partido, pedazo de gil? Agarra un fierro, te mete un revolvazo en la cabeza y trascartón te mete un tiro en la rodilla, te caga a trompadas, por gil. La cosa es que para esa escena estaban esperando a unos pibes y no venían, entonces la hace Matías. Matías es flaquito, buena persona, era como Shaggy el de Scooby-Doo, no conocía estas cosas, no es gente mala. –No vienen los pibes, Dante, así que hagamos una cosa: yo te voy a decir algo del libreto y vos usá la imaginación-, me dice. Bueno, la hacemos. Viene Matías caminando y me dice “pedime perdón, culo partido”. -¿Qué perdón te voy a pedir a vos, pedazo de roba carteras? Gil de mierda, andás robando carteras, te voy a agarrar a los revolvazos, pedazo de puto ¿Qué perdón te voy a pedir a vos? Tomátelas de acá porque te voy a romper la panza de un tiro, gil de mierda-. Le tocaba a él y se quedó sin palabras. –Eeehh no sé qué decirte… listo, está bien, el papel es tuyo-. –Además, para pelearme a mí tienen que venir 20 como vos-, le digo. –Sos un hijo de puta…-.

Hace poco se cumplieron 15 años de Okupas ¿Se juntaron? ¿Hicieron alguna reunión? ¿Están en contacto entre ustedes?
Nos iba a juntar Página 12 pero después la hicieron por teléfono, se fueron en chamuyo. Yo les dije que estaba todo bien… ¡Pero por lo menos pagate unos sánguches para los pibes! Pero no, no nos juntamos más. A Diego Alonso (el Pollo) lo vi unas veces más, pero a los demás no, quedó todo ahí.

¿Cómo fue el papel de Tinelli en toda esta historia?
Bruno trabajaba para Tinelli. Era producción de Ideas del Sur. A Tinelli lo vimos en el último capítulo, en una pantalla gigante en Palermo, en una comida que hizo para todos, en donde rifó motos, heladeras, microondas. Ahí estaba todo pago, hicimos baile carioca… Ahí fue Tinelli con Scoltore y Salomone, incluso también Paula (la mujer de Marcelo por ese entonces), estaban Pachu, Pablo, y después toda la gente de Okupas.

Nosotros lo agarrábamos al flaco (Tinelli) y lo tirábamos para arriba, lo bajábamos, lo volvíamos a tirar… Después del baile carioca nos vinimos con un pedo bárbaro. En un momento, cuando termina todo, fui a pedirle un autógrafo a Tinelli. –Maestro, disculpe ¿No me daría un autógrafo?-. -¿Qué maestro?-, me dice, -¡Maestro sos vos, sos un capo! Y mirá que esto no termina acá, eh, vas a seguir teniendo trabajo-. Lo que pasa es que yo me desligué, viste… él me quería dar trabajo en una radio, por ejemplo. –El capo sos vos, sos un monstruo; yo te voy a dar un autógrafo, pero primero me tenés que dar uno vos para mi hija, porque mi hija es fanática tuya-, me dice. Le hice un autógrafo como me salió, y él después me dio el suyo, en una servilleta blanca de las que estaban ahí, esas de trapo, y todavía la tengo.



Eso que le pasó a la hija de Tinelli le pasó también a mucha gente. Viste que cuando ves una serie, programa o película, te enganchás con algún personaje más que con otros y lo destacás sobre el resto. Eso a muchos les pasó con el Negro Pablo ¿Por qué creés que se dio así?
Yo pienso que la gente nunca se chocó con una persona así. Lo hice tan verídico que a la gente le tocó. En los lugares donde yo viví y me crié, pasan cosas así, y mucho peores también. Y a lo mejor la sociedad no está acostumbrada a verlas, porque es otro mundo. Te separa un tejido. Acá por ejemplo te separa una pared, una cuadra, qué se yo… y ahí convivís con el bueno, el malo, el idiota, algún degenerado –porque siempre pinta alguno, aunque tratás de que ahí no viva, lo echan-. La gente no está acostumbrada a eso, a vivirlo. Mucha gente que vive ahí no conoce acá, y te estoy hablando de Quilmes, eh, que no está tan lejos. En La Plata incluso estás más lejos aún. Ellos viven ahí, cuanto mucho van al centro de Quilmes, de ahí no salen. Yo traje gente acá a Lavalle y a esos lugares, y se sentían como si estuviesen en otro mundo. Es jodido… lo entiendo yo, por ahí lo entendés vos, pero otra gente no lo entiende. Por eso le tocó mucho a la gente el papel que yo hice, porque lo hice tan real para que se den cuenta que hay lugares así. La gente no pasaba por esas circunstancias. Entonces hay gente por ahí que me seguía varias cuadras y sabían que era yo ¡Pero no me lo preguntaban porque tenían miedo que reaccione mal! –Quedate tranquilo que si reacciono mal, soy más loco que el Negro Pablo-, les digo.

En los pasillos en donde yo me crié, y al estar solo, o eras turro o eras gil, era así. La gente de antes te enseñaba otra cosa. No te iban a dar un arma ni te iban a dar falopa, pero si vos verdaderamente querías ser turro y no aguantabas la calor con saco, ponete a trabajar… estaba todo bien, te iban a querer igual, ibas a estar en el barrio, ibas a ser uno más, pero no ibas a estar del lado izquierdo, digamos. Si vos no vas a aguantar, no te metás del lado en donde anda el turraje ¿entendés? Porque los turros andan en todas, y allá no es como acá, que por ejemplo te agarra la brigada o la policía y te mete 2 cachetazos. No… allá te pateaban el rancho a la madrugada, te metían una bolsa en la cabeza, te llevaban al campo y te daban picana con la batería de los coches. Esa gente andaba en cosas pesadas, y una gente flojita a ellos no les servía. Si vos no ibas a bancar, está todo bien, pero no te acerques por donde andaba el turraje: si ibas a ser buchón u ortiva la ibas a pasar mal.



¿Hasta qué edad viviste en Quilmes?
Más o menos desde los 8 años hasta los treinta y pico… Tengo a mi viejo, mi hermana, mis sobrinos allá todavía. Ni voy, porque ahora ya tengo a mis hijos, mi familia. Está todo bien, pero al mismo tiempo no está todo bien. No quiero que mis hijos pasen por lo que yo pasé. Ya está, yo ya tengo otra vida.

Y ahora a la distancia y después de tantos años ¿Cómo recordás tu infancia en Quilmes? ¿Cómo la definís?
A ver, por ejemplo, acá estoy con mis hijos y ellos colaboran acá, ellos tienen todo. Y yo no tenía todo… Yo tenía a mi viejo, que tenía un buen laburo, pero estaba separado de mi mamá y a mí no me daba nada. A mi vieja yo la perdí cuando tenía 12 años. Yo tenía que sobrevivir para tener un par de zapatillas, tenía que sobrevivir para buscarme algo para morfar… Yo no quería ir a molestar a mis hermanos para ir a dormir, porque ellos tenían sus familias. A ver, siempre hay una tía en el barrio, o dos tías, esa gente donde para la vagancia, esas señoras que se brindan, que “si tenemos un guiso comemos todos y si no hay tomamos unos mates”. Y después, cuando uno andaba bien o andaba piola, de repente iba con la tía y uno se portaba bien: si íbamos y ella nos decía “voy a hacer una sopita… porque hoy Adolfo no hizo muchas changas”… -¿Qué sopita? Tomá, hoy hacé terrible puchero, acá te dejo plata también para las gaseosas, para un vinito, para el pan, y no comprés 1 kilito, hacé terrible puchero que esta noche vengo a comer yo-. Uno camina bien por el barrio y ellos se brindan por quedar bien con una persona que camina bien. Hay códigos. Y yo capaz que no iba a comer a la noche, pero estaba contento porque ellos iban a comer bien ¿Me entendés? Así también iba a la casa de otra doña y lo mismo: -¿Qué va a comer esta noche, vieja?-. –Y… no sé, un guisito…-. -¿Qué guisito? Tomá, acá tenés para que vayas a comprar milanesas, que hoy vengo yo-, le decía. Y yo me iba al baile, era mentira. Después cuando me veía me decía “no viniste a comer”. –Lo que pasa es que me quedé con una minita-, le decía yo… Pero sabés qué, yo iba a las 3, 4 de la mañana, tocaba la puerta, me abrían y sacaban a los hijos de la cama para dejarme dormir a mí. Pero no porque yo era turro o malo: primero y principal porque me conocían de chico, y segundo porque uno tenía conducta.

¿Y qué pasó hoy en día con esos códigos a los que hacés referencia? ¿Se mantienen?
Se perdieron. Hay gente grande que los tiene los códigos, pero son muy pocos. Son padres de familia. Mucha gente también con esos códigos está presa. Y mucha gente está muerta con esos códigos. O por un enfrentamiento con la policía, o no sé, cuando hay problemas, ahí tenés que arrancar o arrancar: el mejor queda en la cancha, el que muere, muere como un turro. Mucha gente ha quedado así también.

Una vez, cuando fuimos a filmar, había dos chicas que se agarraron por un chabón, con un corte cada una: una la cortó a la otra, uno de los que estaba atrás de cámara vio sangre y se desmayó… Y yo vi gente morir a los tiros; uno que se metió un cuetazo en la cabeza en una esquina; otros que se agarraron a puñaladas; u otro que te invitaba a pelear, partía una botella y se cortaba todo el pecho, vos veías toda la grasa y sangre que caía, y no te peleaba nada… simplemente era por el ego de decir “acá estoy”. Y ese ni iba al hospital, se echaba vino y seguía la joda, eh, dale que va ¿Vos te encontrás con un tipo como esos y qué hacés? Yo convivía entre toda esa gente. Y es jodido, porque tenés que tener conducta, y si vos no tenés conducta, donde te fuiste de tema… yo vi gente ir para el campo y no volver.

¿Cómo ves hoy la realidad?
Todos estos pibes que hoy se creen delincuentes y andan molestando a la gente en la calle, no sirven para nada. Porque verdaderamente, el único enemigo del delincuente es la policía, no el transeúnte o la persona que sube al colectivo ¿Qué le podés sacar a una persona que va a laburar? ¿Le vas a robar el celular? ¿Lo vas a molestar? Eso no es un delincuente, eso es un gil bárbaro. Se perdieron los códigos. Cambiaron los padres; antes se tenían mucho respeto. A mí, mi vieja me enseñaba a respetar. Si yo no respetaba, a mí me agarraban con un chicote de los que les pegaban a los caballos. Y si yo escondía el rebenque me daban con un cable trenzado. Y ahí tenía respeto por mi mamá, por mi papá y por el prójimo. Todos estos pibes que andan por acá por la calle molestando, no tienen respeto por nadie. Y no conocen el respeto porque no tienen códigos; andan robando celulares o boludeces en la calle y se piensan que son chorros, y no son chorros. Después, encima, cuando van en cana, toman mate cocido. Y el delincuente en la cárcel no toma mate cocido, come churrasco todos los días, los fines de semana come su asadito y tiene un par de gatos que le hacen las cosas. En cambio estos, que andan robando giladas en la calle y molestando a la gente, cuando van adentro son gatos, porque ahí el delincuente agarra y lo quiebra, de palabra no más. Robar un colectivo no se hace, porque en un colectivo puede ir mi mamá, mi hermana, mi hija, mi vieja, tu papá, o cualquiera. Esas cosas no se hacen, o sos delincuente o no sos delincuente. Y si no servís para ser delincuente, andá a laburar, loco. La persona que va a laburar y lleva adelante una familia tiene más huevos que un delincuente, loco.

Poco para agregar… Vos sabés que hay mucha gente que está esperando volver a verte en la tele, porque tu personaje pegó muy fuerte, y queda claro que llevaste a la pantalla toda tu experiencia de vida, tus códigos y tu forma de vivir el día a día.
Bueno, yo le mando un saludo a toda la gente que miró Okupas. Les agradezco mucho por haberse enganchado con mi personaje, por haberme elogiado. Les mando un abrazo muy grande a todos, los quiero mucho y bueno… cuando nos encontremos, que vayan preparando el libro en la página número 7, como tiene que ser. ¡Y yo tartamudeo cuando leo así que les va a gustar!



+2
0
0
0No comments yet