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Las mejores películas de terror japonés





Estados Unidos es el productor de éxitos a nivel mundial, pero algo en lo que no destacan es el terror. Puede ser esa la razón por la que el cine y publico occidental mira con tanto interés al terror japonés. El origen de este género tiene inicio en el periodo Edo y Meiji que ocurrieron durante finales del siglo XIX y principios del XX. Los “kaidan” eran las historias de fantasmas con las que el pueblo se entretenía y temía.


 
Poco a poco el miedo encontró nuevos formatos para ser difundido y desde entonces el cine ha contado con directores emblemáticos como Masaki Kobayashi o Kaneto Shindo. Incluso ellos han revolucionado el género al crear algunos de los videojuegos más temibles que existen. Juegos como Resident Evil, Silent Hill o Fatal Frame son ejemplos de cómo el horror puede ser vivido desde las consolas. El terror en ese país es único: fantasmas, sangre, maldiciones y más han sido parte de su imaginario, el cual eventualmente influenció a tal grado a Estados Unidos y occidente que ahora muchas de las grandes producciones de terror están basadas en esas cintas. Te compartimos algunas de las mejores películas de terror genuino:

 

 Jigoku (1960) – Nobuo Nakagawa 


 
Una de las cintas que transformó la forma de ver y entender el horror en Japón. Considerada modernista en su época, tiene fundamentos para serlo, pues el tema es bastante contemporáneo, tanto que ha tenido nuevas versiones en 1970 y 1999. El asesinato de un hombre de la yakusa comienza una serie de asesinatos por venganza, y el camino por el infierno es una de las mejores escenas del cine nipón.




 

 Suicide Club (2002) – Sion Sono 
 
Entre todas las cintas que han llegado a la cultura americana, muchas se han convertido en remakes, pero esta cinta es tan controversial que quizá ninguna productora quiera hacer su versión estadounidense. Un grupo de alumnas se suicida frente a un tren. Entonando cánticos y tomadas de la mano se lanzan sin pensarlo a su muerte. A partir de entonces extraños suicidios comienzan a ocurrir por toda la ciudad y la policía debe seguir la pista de un hacker que les dice que los suicidios están relacionados con una página de internet.
 


 A Page of Madness (1926) – Teinosuke Kinugasa 


 
El arte cambió en todo el mundo de forma radical durante el siglo XX. Esta cinta es un ejemplo en cómo Japón transformó su imaginario rápidamente. Una obra con una historia de miedo por si misma, fue filmada y después se perdió por más de cuarenta años hasta que fue encontrada y el contenido perturbó a más de uno. Basada ligeramente en la historia de un hombre y su familia en un asilo las imágenes son un intento de cambiar la forma de hacer arte, resultando en una especie de surrealismo japonés bastante interesante pero sobre todo terrorífico.


 

 Kuroneko (1968) Kaneto Shindo 


 
Arriba se menciona que el folclor japonés influye mucho en la forma en la que hacen sus cintas, y esta película es la prueba. Durante la guerra civil en Japón el espíritu de una mujer y su hijastra buscan venganza después de haber sido asesinadas. El gato negro es una de las películas japonesas que suponen una transición y renovación del género.


 

 Onibaba (1964) Kaneto Shindo
 

 
Una de las cintas que te llevará a cuestionar las acciones que supuestamente no tienen consecuencias. Dos mujeres asesinan a un par de soldados y roban sus pertenencias sin tener ningún problema. Después los espíritus las comienzan a perseguir en la cinta más famosa del horror japonés de los años sesenta.



 


 Tetsuo: The Iron Man (1989) – Shinya Tsukamoto 


 
Los japoneses saben transformar historias bastante extrañas y llevarlas a la pantalla grande aterrorizando a todo el mundo. En esta historia un hombre conocido como el “fetichista de metal” pega pedazos de metal a su cuerpo, un día comienza a ver gusanos en su cuerpo y al correr a la calle es atropellado. El hombre que lo atropella huye a casa de su novia, pero poco a poco comienza a ver que su cuerpo se transforma en metal sin poder evitarlo.


 


 Pulse (2001) – Kiyoshi Kurosawa 


 
Lamentablemente los suicidios en Japón son bastante comunes entre los jóvenes. La cinta es una oscura y posapocaliptica visión que habla de ese tema. Mezclando eso con la adicción a Internet y los videojuegos, los personajes son un reflejo fiel de la época y el guión promete causar terror incluso a los que no vivan ese contexto local.


 


 Kwaidan (1964) – Masaki Kobayashi 


 
Cuatro historias completan esta cinta que es una de las mejores obras de arte japonés de los años sesenta en las que el color es uno de los protagonistas. Azul, rojo, amarillo y blanco son los elementos que pintan el lienzo cinematográfico y que logran crear atmósferas que robaran nuestro aliento por lo bellas y aterradores que pueden ser.
 


 Dark Water (2002) – Hideo Nakata 
 


El maestro del horror contemporáneo que vio sus obras transformadas y masticadas al cine estadounidense. Una mujer se muda con su hija a un nuevo departamento, su ex esposo reclama a la niña diciendo que la mujer tiene problemas psiquiátricos, pero ella logra quedarse con su hija. En lo que parece una nueva vida llena de paz, pronto comienza a ver su departamento lleno de agua sucia por todos lados, eso junto a una mochila roja perteneciente a una niña que desapareció años atrás.


 


 Ringu (1998) – Hideo Nakata 




Si la versión estadounidense causó terror en todo el mundo, la japonesa fue un furor en el lugar de donde salió. Esta es la película que más dinero ha recaudado en la historia del cine de terror japonés y sin duda la más exitosa y famosa. La película está basada en un cuento popular del país y tiene varias secuelas que no fueron tan exitosas ni importantes.

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