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O mecanismo, así es de perverso. Netflix lo muestra.



El mecanismo perverso que todo lo devora



"A veces al anochecer tengo escalofríos, como si algo siniestro me estuviera vigilando", murmura el expolicía, y sale a fumar a la calle silenciosa. Fue un gran detective de crímenes financieros, molestó al poder y debió resignarse al retiro. Ahora su vida se reduce a un taller lleno de fotos y expedientes y a un matrimonio resquebrajado; mientras cuida a su hija autista no puede evitar investigar desde las sombras la operación Lava Jato y aportarles a sus viejos camaradas de la Policía Federal los datos y las intuiciones que tiene. De repente, observa que brotan aguas servidas de su propia vereda. Parece una simple metáfora de la maloliente descomposición política, pero al día siguiente se lo ve con un empleado de la compañía; se llama Alfredo y le da una mala nueva: reparar la cloaca le llevará tres semanas, según el procedimiento normal. ¿Hay alguna alternativa? "Sí, gente que lo hace sin pasar por el sistema, como el señor Joao -le responde, y le extiende una tarjeta-. Dígale que Alfredo lo recomendó". Joao llega en un auto destartalado, junto con su nieto, que revisa la tubería y formula un diagnóstico rápido. Tardarán un día entero en reparar la rotura y costará 600 reales. Por un caño parece mucho. "Los gastos son altos -le explica el viejo plomero informal-. El tubo sale 80, 50 para mi nieto, 150 para mí y 320 para Alfredo, el empleado de la compañía de aguas que me recomendó". El ex policía, un poco mosqueado, quiere saber por qué Alfredo cobra tanto. La respuesta es muy simple: porque él también tiene que repartir las ganancias entre sus jefes.

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