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Pi, Fe en el Caos [Critica]


Pi, fe en el caos




El director de éxitos como ‘The Wrestler‘, ‘The Fountain‘ y ‘Black Swan‘ (nominada a mejor película en los Oscar 2010) debutó con una película independiente que le hizo acreedor del galardón al Mejor Director en el Festival de Sundance en 1998, y del premio Open Palm en los Gotham Awards, entre otros reconocimientos.



Costó solo 60.000 dólares y recaudó más de 3.2 millones de dólares, lo que la convierte en la película más rentable de la carrera de Darren Aronofsky hasta la fecha. Hoy, este largometraje posee mucha pertinencia, primero porque fue filmada con recursos muy limitados y, sin embargo, atrapa al espectador con una historia compleja. Un ejemplo de lo que puede hacer cualquier estudiante de cine con una buena idea y los recursos que le aporta su institución.



Por otro lado, constituye un ejercicio de exploración cinematográfica comparable a la de artistas tan importantes como David Lynch. Se nota su influencia en el uso de música electrónica y en la atmósfera surrealista que envuelve al protagonista.



Esta ópera prima es una de esas películas que son prácticamente inclasificables; puede decirse que es surrealista, un drama psicológico o una historia de ciencia ficción. Si una película es difícil de clasificar en un género cinematográfico específico es porque ha trascendido esos límites. De alguna manera ha roto con los parámetros establecidos para la clasificación de películas, creando por sí misma un significado, es decir, un estilo o marca de autor que le caracteriza. Esto la ha convertido en un film de culto entre intelectuales y cinéfilos.



‘Pi, fe en el caos‘ es una película densa. No es para todos los públicos ni tampoco lo pretende, más bien es para aquellos que gustan usar el cine como una oportunidad para reflexionar. En términos de guión es una historia minimalista, con pocos personajes y gran cantidad de imágenes simbólicas que dan forma a una historia conceptual.



‘Pi‘ trata sobre Max Cohen, un joven matemático brillante que está obsesionado con encontrar un patrón numérico que explique el comportamiento del mercado accionario. Su propósito es desvelar el significado último del número Pi. Así, según él, será capaz de explicar los patrones que componen la naturaleza (incluida la sociedad humana).



Aquejado por fuertes dolores de cabeza y encerrado en sí mismo, se aleja del contacto con la realidad, entra en una ilusión matemática, alucina mientras contabiliza y calcula todo cuanto está a su alrededor. Sufre desmayos y se tortura a sí mismo con sus pensamientos.



De su mente salen unos sujetos de Wall Street que lo acosan para que les dé el resultado de sus investigaciones, a la par que lo hace una extraña secta judía que busca un número que les permita descifrar el nombre de Dios, llave para acceder al cielo prometido y a la era mesiánica del Antiguo Testamento. En términos simbólicos los primeros representan el camino materialista de la razón, los segundos la irracionalidad que supone la espiritualidad, ambas fuerzas en pugna en el fuero interno de Max.



Una mezcla entre matemática y misticismo en la que se sugiere que el significado de un número como Pi pueda tener alguna connotación que esté más allá de este plano, una puerta para vislumbrar la verdad trascendental del ser.  En el fondo Max busca a Dios, ese dios amoroso de los judíos, pero lucha internamente por racionalizar su fe.



Su vecina y su pequeña hija son uno de sus pocos contactos con el mundo exterior, ya que vive encerrado en su habitación realizando cálculos complejos con su ordenador. De pronto, algo sucede, el ordenador emite unos números extraños a la vez que se funde el procesador central y expulsa algo de silicio.



Su experiencia le hace creer que ha visto a Dios, que su ordenador ha tomado consciencia de sí mismo, mostrando su esencia de silicio. Además considera que el número que ha descubierto le está transformando desde adentro. Según Max todo en el universo es matematizable y los patrones de la naturaleza se expresan cíclicamente, como espirales.



Reflexiona sobre el hecho y visita a un viejo profesor, una figura paterna que le aconseja que se rinda, que olvide sus investigaciones. Según él, ese camino es la muerte. Resulta que el profesor tuvo una serie de ataques y situaciones similares en el pasado.



Aquí está el núcleo central de esta película. Se sabe que en la historia del pensamiento matemático algunos investigadores han padecido episodios similares a los de Max Cohen. Un caso es el de Georg Cantor, el creador de la teoría de conjuntos y de los números transfinitos, el cual sufrió severas depresiones que lo llevaron al sanatorio mental en varias ocasiones. Según sus propias palabras, la teoría de conjuntos le había sido transmitida por Dios.



Kurt Godel, padre del teorema de la incompletitud, amigo de Einstein y el primero en demostrar la hipótesis del continuo también sufrió períodos de enfermedades mentales. Entre sus curiosidades se encuentra una demostración lógica-matemática de la existencia de dios, a partir de la lógica modal.



Finalmente, Max desiste, pues dar cuenta de la verdad a través de la razón es un camino intransitable, un misterio capaz de conducirnos a la locura y la muerte.



Desde un punto de vista de los recursos cinematográficos, la elección del marcado blanco y negro ayuda a transmitir esa soledad y angustia del personaje, en colores no habría sido creíble. El uso del snorricam (cámara sujeta al cuerpo del actor) transmite el tormento que vive Max en su fuero interior, elemento que también va a utilizar Darren Aronofsky en ‘Requiem for a Dream‘ y que marca parte del estilo del director.



La música electrónica genera una atmósfera desesperante con unos ritmos que se repiten cíclicamente, tal como lo hacen los ciclos que Max cree están por todo el universo y que tan solo hace falta explicar a través de un patrón matemático.




link: www.youtube.com/watch?v=oQ1sZSCz47w




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josekk9

Muy bueno +10

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OroCarbonyFloyd

Muy buen post, y tremenda película.
Saludos!!!

Pd. te fueron 10

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Que película inolvidable. Max Cohen, judío, matemático, claustrofóbico, alienado social, enajenado emocional, drogadicto, dotado de un intelecto predominante, víctima de una sociedad indiferente, frío calculador alucinando entre mundos tangibles e inalcanzables.

Intenando racionalizar todo lo existente, buscando una respuesta científica a lo inexplicable.

Buscando el patrón en Pi, su mente comienza a dar contra la cruda verdad, que consiste en que la razón no halla respuesta ante la perfección instalada en la naturaleza de nuestro Universo.

Que bueno es recordar esta noche una obra que tan profundamente me ha identificado.

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Mijael-Adonia

"ese dios amoroso de los judíos"
Bueeee eee

eeeeee

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