Check the new version here

Popular channels

Por un puñado de Westerns: 50 películas esenciales del Oeste



“Los ingleses tienen Shakespeare, los franceses Moliere, los rusos Chekhov, pero el Western es nuestro." - Robert Duvall





LA DILIGENCIA (JOHN FORD, 1939)




El western no empezó aquí ni con John Ford. El western ya empezó asaltando un tren a principios del cine y del siglo XX, y prosiguió en el mudo con obras excelentes, algunas del propio director de raíces irlandesas que devendría el nombre más icónico del género. Pero sí que es cierto es que en aquellos años 30 el género estaba mal visto, reducido a series B rutinarias, entretenidas, sí, pero no memorables (no entremos en los westerns cantarines de Roy Rogers y compañía). Por eso, ‘La diligencia’ resulta esencial: es el año cero, es un film que ya cuestiona, analiza y resume sus influencias y las abre hacia el futuro. Adaptación más o menos confesa del relato de Guy de Maupassant ‘Bola de sebo’, la película es un viaje humano por los arquetipos del género. Y una obra maestra. La primera de muchas.


TIERRA DE AUDACES (HENRY KING, 1939)




Romántica balada sobre Jesse James (un Tyrone Power en su momento dulce de fama), su hermano Frank (Henry Fonda, a punto de ser rostro imprescindible del género) y el resto de miembros de su banda. Más centrada en los aspectos románticos de la historia, la película se asienta sobre dos bazas ganadoras: una maravillosa fotografía en technicolor y un par de secuencias que siguen siendo modélicas (el asalto al tren y la fallida escaramuza en Minnesota). Con un final antológico, fue seguida al año siguiente por una secuela, en cierta medida superior, a cargo de Fritz Lang y con Fonda ya de protagonista: ‘La venganza de Frank James’.


EL FORASTERO (WILLIAM WYLER, 1940)




Gary Cooper es ese forastero del título, una especie de anticipo (más moral sin duda) de los yojimbos que surgirían más adelante por un puñado de dólares… Tras salvar su cuello por los pelos, y por la devoción que su verdugo tiene por la artista Lily Langtry, jugará un poco a dos bandas entre los granjeros del lugar y ese (verídico) juez Roy Bean que proporcionó un merecido oscar a Walter Brennan. Western de diálogos, ya apunta esa especie de cinismo y de desencanto por el fin de los viejos tiempos cuando los hombres eran hombres y a los cuatreros se les ahorcaba.


MURIERON CON LAS BOTAS PUESTAS (RAOUL WALSH, 1941)




Poco importa que se falsifique y glorifique la figura del general Custer… ¡lo interpreta Errol Flynn, por Dios! Humor (castrense), romance (con Olivia de Havilland y cebollas), escenas de batalla todavía insuperadas (la de Little Big Horn al final) e instantes de carne de gallina como la instauración de la canción popular irlandesa Garry Owen como himno del séptimo de caballería. Además, se pone del lado de los indios (Anthony Quinn es Caballo Loco) y pone a parir a los políticos. A los militares no, claro… ¡qué bien le sientan el uniforme y la chaqueta de piel este Custer con maneras de Robín de los Bosques!


ESPÍRITU DE CONQUISTA (FRITZ LANG, 1941)




Huyendo del nazismo, Lang halló refugio en Hollywood y sobre todo en su cine negro. Sin embargo, no rehuyó (por contrato) ningún otro género, y el western le interesó mucho por esos componentes mitológicos y de leyenda, no muy alejados de los referentes germánicos que había manejado en su etapa alemana. En este lujoso film, Lang retrata con energía, sentido de la aventura y bastante humor, los inicios de la Western Union, la compañía que comunicó el este con el oeste aun a riesgo de ver cómo sus postes telegráficos y sus operarios eran masacrados por los indios.


THE OUTLAW (HOWARD HUGHES, 1943)




Auténtica rareza (lo empezó a rodar, y casi lo terminó, según explicaba a Peter Bogdanovich en su libro de conversaciones, Howard Hawks, en continua pelea con su productor y luego firmante final) dirigida por el inventor, magnate, productor, maniático y megalómano Howard Hughes, esta versión erótica y en clave trío filogay de la vida de Patt Garrett y Billy el niño, fue de los primeros (por no decir el primero) de los westerns censurados y anatemizados por Hollywood. Mucha culpa de ello la tuvo la voluptuosidad de su protagonista femenina, Jane Russell, para la cual un grupo de ingenieros del holding Hughes inventaron un sujetador.


PASIÓN DE LOS FUERTES (JOHN FORD, 1946)




Ford había conocido al verdadero Wyatt Earp, quien se ganó la vida al final de sus días asesorando películas del oeste en los inicios de Hollywood. Por ello todo respira autenticidad en esta recreación, poética asimismo, del célebre duelo en el OK Corral entre los eearp, Doc Hollyday y miembros de la familia Clanton. ‘Pasión de los fuertes’ no sólo contiene la mejor interpretación de Victor mature en su carrera, sino esa escena gloriosa del borracho, pero íntegro, actor shakespeareano recitando en el salón entre pistoleros de mala muerte. Otra obra maestra.


RÍO ROJO (HOWARD HAWKS, 1948)




Aquí sí que Hawks lo dijo todo en el género… hasta sus siguientes e igual de magistrales westerns, por descontado. La mítica viril (ya saben: el trabajo en grupo, la profesionalidad, la amistad… la esencia del cine de Howard Hawks) a través de ese traslado de ganado a través de un territorio agreste. Pero es mucho más importante el drama personal, de personajes, aquí centrado en el enfrentamiento entre un padre (un avejentado John Wayne, sensacional) y su hijo adoptivo (un Montgomery Clift llamando a golpes a las puertas del estrellato). El viejo y el nuevo Oeste en el camino de la vida. Puro Hawks, sin duda.


JUNTOS HASTA LA MUERTE (RAOUL WALSH, 1949)




Otro de los tuertos de oro de Hollywood, y del western, Raoul Walsh se enfrentó al cine desde una visión aventurera y optimista, lo que no fue óbice para que de tanto en tanto nos ofreciera experimentos tan estimulantes como este pequeño clásico casi claustrofóbico (pese a que sucede al aire libre) más psicologista que emocional o visceral. Un soberbio ejercicio de personajes a los que un reparto en estado de gracia dota de un hálito de tragedia que solo creíamos que Anthony Mann podría lograr en el género.


COLT 45 (EDWIN L. MARIN, 1950)




Valga la inclusión de Marin con su trabajo más popular, para reivindicar a todos los innumerables artesanos que engrandecieron el western durante décadas, gente como Lesley Selander, Lewis R. Foster o tantos otros. Cine de evasión y sin complejos que en esta muestra con Randolph Scott hasta se permite un toque de modernidad en cómo hilvana sus tópicos alrededor de la totémica figura del revólver que cambiaría la historia del far west. Gran trabajo en el tratamiento estético del color también.


WINCHESTER 73 (ANTHONY MANN, 1950)




Curiosamente, este modesto western (se rodó en blanco y negro, con un presupuesto medio tirando a bajo, en muy pocas semanas y con un James Stewart no demasiado de buen rollo… cuando luego Mann sería su director fetiche en el género), surgido como respuesta o exploit de ‘Colt 45’, se convirtió en uno de los títulos fundamentales de la historia del cine. Su idea de hacer una suerte de ‘La ronda’ utilizando al rifle que da título al film es de una brillantez total. Como las peripecias a las que da pie. Una maravilla.


CARAVANA DE MUJERES (WILLIAM A. WELLMAN, 1951)




Aunque son mucho mejores otras de sus incursiones en el género (la sobresaliente, moderna, estilizada y brutal ‘Incidente en Ox-Bow’ o la casi abstracta ‘Cielo amarillo’), es este ejemplo de profesionalidad, que iba a ser dirigido por Frank Capra, autor del argumento original, el film que más western es de su autor. Abanico de personajes, fatalidad y ese peso del paisaje sobre el hombre (aquí las mueres, con permiso de Robert Taylor y del chinito) tan Wellman. Y lo que surgió de él tras ser emitido a principios de los 80 en TVE, claro.


SOLO ANTE EL PELIGRO (FRED ZINNEMANN, 1952)




¿Alegato a favor o en contra de la ignominiosa caza de brujas macarthysta? Ambigua en ese aspecto, si ha pasado a la historia esta obra más de productor (Stanley Kramer, liberal pero más listo que el hambre y en nada ya el director de sus propuestas) que de director, es por su utilización (a ratos obsesiva: esos planos de los relojes constantes) novedosa del tiempo real y por resucitar la carrera de un Gary Cooper que ganaría el oscar y encararía una década más de éxitos, también en el género.


RAÍCES PROFUNDAS (GEORGE STEVENS, 1953)




Poética a más no poder y estilizada (ese montaje de planos cortos en las peleas, algo que repetiría Stevens en ‘Gigante’) en su realización, nos hallamos aquí con otro de los títulos de oro del western, una historia iniciática con niño y pistolero (esa figura a veces fantasmal, por ejemplo al final donde cabalga ¿muerto?) y con otros detalles novedosos en el género como el omnipresente barro, el killer enlutado (Jack Palance) o ese adulterio en suspenso a lo largo de su metraje de propuesta familiar.


FORT BRAVO (JOHN STURGES, 1953)




Llamado a ser un nombre esencial en el ámbito de las películas del oeste (además de las que encontrarán aquí reseñadas anoten ‘Del infierno a Texas’, ‘El sexto fugitivo’ o ‘El último tren de Gun Hill’), John Sturges se merecía tener en esta lista a esta pequeña pero maciza muestra de su talento. Nordistas y sudistas, fugas de fuertes-prisiones, asedio de indios salvajes, romances, bromances… Todo en menos de 90 minutos, con un repartazo (William Holden al frente) y con un dominio narrativo de impresión.


TIERRAS LEJANAS (ANTHONY MANN, 1954)




Intercambiable con esa otra obra maestra que rodara para la Universal asimismo con James Stewart de héroe taciturno, cabezón y solitario que acabará descubriendo que no se puede hacer nada sin los demás (‘Horizontes lejanos’), este western de espacios abiertos, de montañas nevadas y supervivencia al viento, supone uno de los hitos en la carrera del que fuera esposo de Sara Montiel, a quien no sacó nunca en un western, esos serían Robert Aldrich en ‘Veracruz’ y Samuel Fuller en ‘Yuma’.


EL HOMBRE DE LARAMIE (ANTHONY MANN, 1955)




Depurado ya estilo a base de rodajes continuos junto a un mismo equipo técnico y artístico, Mann consigue en este violento (bueno, más que violento sobre la violencia y cómo afecta al ser humano, física y psicológicamente) film su cumbre en el western. Un complicado y nada complaciente personaje principal es el eje de una historia de venganza a la cual James Stewart aporta su lado más oscuro jamás visto hasta entonces (y hasta nunca más) en la gran pantalla.


WICHITA, CIUDAD INFERNAL (JACQUES TOURNEUR, 1955)




Tourneur siempre se sintió libre y creativo en los terrenos de la serie B, fuera el fantástico, el cine negro o el western. En apariencia sin nada que los distinguieran (historias explicadas con pulcritud, bien dirigidas, no falta ni sobra un plano, ritmo, actores bien llevados…), sus películas están llenas de detalles de auténtico genio. Solamente por cómo une a Bat Masterson con Wyatt Earp (excelente Joel McCrea) o por la escena del caballo en la redacción de periódico ya merece la pena visionar la cinta.


PACTO DE HONOR (ANDRÉ DE TOTH, 1955)




Buen ojo el del tuerto Toth en el western. Manufacturó decenas para mayor gloria de Randolph Scott, alguno incluso de un posmodernismo inusitado para la época como ‘El vigilante de la diligencia’, muy en la línea de lo que hacía Allan Dwan en la Republic con John Payne (sí, con P). ‘Pacto de honor’ es una serie A de arrebatadora fuerza, algo congénito si tienes de estrella a un Kink Douglas arrollador, tanto para enamorar indias como para enfrentarse a malvados interesados en ataques a fuertes.


LA PRADERA SIN LEY (KING VIDOR, 1955)




No menos arrollador (y con su zona de sombras que hace del personaje y del film una pequeña joya) está Kirk Douglas encarnando a este vagabundo sin estrella, a este pistolero sin rumbo que se convertirá en figura paternal de un bisoño jovenzuelo y en icono de un país a punto de desaparecer y ser encerrado tras vallas de alambre de espino. Vidor hace suya esa elegía trágica sobre el fin del viejo oeste y nos regala un enfrentamiento epilogal que ya es parte de la historia del cine.


CENTAUROS DEL DESIERTO (JOHN FORD, 1956)




Y si el personaje de Kirk Douglas no encontraba ya su lugar en el sol en ‘La pradera sin ley’, el Ethan encarnado por John Wayne en esta obra cumbre de Ford, el western y el cine, también queda fuera de plano, a lo lejos y con la sensación de final. Poco se puede añadir a la hora de loar a esta película que es una homérica odisea de dos hombres buscando algo del pasado que igual es la clave para su redención. Y luego está Monument Valley de marco de todo este viaje.


EL TREN DE LAS 3:10 (DELMER DAVES, 1957)




En la filmografía de Daves hallamos thrillers innovadores, westerns de cierta blandura (‘Flecha rota’, el primero que se puso de parte de los indios) y westerns de categoría en donde se mantiene un pulso entre ética y supervivencia. La moral, la justicia y todo lo que esto representa toman aquí el cuerpo de un bandido, Glenn Ford (tan simpático como en realidad el único con valores del resto de personajes), y un arruinado granjero, Van Heflin (íntegro también, pero tentado por el poder darles un futuro a los suyos).


LOS CAUTIVOS (BUDD BOETTICHER, 1957)




Tuvieron que llegar los críticos franceses de los años 60 y 70 para reivindicar una serie de seguidos, baratos y casi minimalistas westerns de serie B filmados a finales de los 50 por este artesano apellidado Boetticher, interpretados por un granítico Randolph Scott y escritos por un entonces radical y joven Burt Kennedy, al pronto director de sus propios guiones. Este en concreto es de los mejores, una cruda y masoquista historia de humillación y violencia con un secundario de lujo: Randolph Scott.


DUELO DE TITANES (JOHN STURGES, 1957)




Parecía imposible estar a la altura de la ‘Pasión de los fuertes’ de Ford, pero Hal B. Wallis (y Burt Lancaster, el verdadero impulsor de la película) sabía que se podía volver a contar lo del OK Corral, en CinemaScope, color, con Dimitri Tiomkin a todo volumen y con un cast de campanillas (Kirk Douglas es un Doc Holliday modélico y John Ireland repite su rol de ‘Pasión de los fuertes’). Una década después, Wallis y Sturges (solo ellos) rodarían una secuela: ‘La hora de las pistolas’.


HORIZONTES DE GRANDEZA (WILLIAM WYLER, 1958)




La excelente salud creativa y taquillera del western posibilitó esta majestuosa superproducción de casi tres horas de duración con Gregory Peck como el lechuguino del este que aterriza en un salvaje oeste para verse en medio de guerras entre terratenientes. Destacan Burl Ives (ganó el oscar al mejor secundario), Chuck Connors (y su muerte) y una escena mítica, la del grupo que se va uniendo a Charles Bickford a ritmo de la inolvidable partitura del compositor Jerome Moross.


RÍO BRAVO (HOWARD HAWKS, 1959)




La respuesta de Hawks a ‘Solo ante el peligro’ fue esta oda a la amistad y al trabajo bien hecho, una absoluta obra maestra escrita por la inolvidable Leight Brackett. Le gustó tanto a Hawks, a la guionista y a John Wayne, que se repitió el modelo dos veces más: en 1966 con ‘El Dorado’ (aquí Robert Mitchum recoge el rol de sheriff borrachín que Dean Martin engrandeció) y en 1970 con ‘Río Lobo’. Sin ‘Río Bravo’ John Carpenter no habría sido nada. Y muchos de nosotros tampoco, la verdad.


EL HOMBRE DE LAS PISTOLAS DE ORO (EDWARD DMYTRYCK, 1959)




Su pasado de delator ante el comité de actividades antiamericanas marcó a este realizador aunque no de un amanera tan martirológica como a Elia Kazan. Es verdad que la energía de Dmytryck en los años 40 se desvaneció algo cuando se convirtió en un artesano competente al servicio de las majors, pero tuvo oportunidad de ir colando goles como en este film, una historia malsana de amigos enfrentados que en realidad es una historia de homosexualidad insólita para la época y para Hollywood.


LOS SIETE MAGNÍFICOS (JOHN STURGES, 1960)




Pocas veces una banda sonora se convierte en el principal input que le viene a uno a la cabeza cuando le mencionan a una película. Eso sucede con este popular (seguramente el que más junto a ‘La gran evasión’) film de Sturges, remake de ‘Los siete samuráis’ de Akira kurosawa, ya una obra muy deudora del western, un género que adoraba el maestro japonés. Icónica hasta decir basta, Yul Brynner y el resto del reparto no soportaron a un Steve McQueen que les robó a todos la cartera con su descaro.


LOS COMANCHEROS (MICHAEL CURTIZ, 1961)




Sería injusto no tener en esta selección a un clásico como el húngaro Curtiz. Ya en la Warner en los 30 y 40 nos dejó westerns increíbles con Errol Flynn, pese a que no fuera su género favorito. En el final de su carrera (este es su testamento) se descolgó con una maravilla de película, un no parar de aventuras, persecuciones, humor y acción con John Wayne en su cénit profesional y con Lee Marvin anticipando en un pequeño rol a su inminente Liberty Valance, látigo incluído.


EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE (JOHN FORD, 1962)




Podía parecerlo, pero ‘Centauros del desierto’ no fue el responso del western para Ford (que ya tenía mucho de esllo, del antiguo héroe fuera de sitio en los nuevos tiempos). Lo fue esta joya absoluta, donde nos quedó claro que antes que la verdad hay que imprimir la leyenda, que los abogados y políticos iban a llevarnos al futuro de la mediocridad y que no podía haber mayor declaración de amor (no correspondido) que un cactus. Sencillamente prodigiosa e inicio de una etapa decisiva en la filmografía de John Ford.


LA CONQUISTA DEL OESTE (VV.AA., 1962)




Henry Hathaway retrató a los pioneros, George Marshall la época de los pistoleros, de la construcción de las grandes líneas de ferrocarril, de la expansión hacia el oeste, de los conflictos con los indios… y John Ford, en el segmento más corto de su generosos metraje, nos explicó qué fue la guerra de secesión con dos generales conversando junto a un río de sangre, y con una madre despidiendo a un ilusionado (de inmediato desencantado) hijo que marcha al frente. Lo mejor del Cinerama.


DUELO EN LA ALTA SIERRA (SAM PECKINPAH, 1962)




Principios de la década de los 60, el spaghetti western todavía no había dinamitado el género, pero ya Hollywood lo había llevado a un territorio crepuscular que anticipaba ese final, esa metamorfosis. Peckinpah, un conocedor y amante del género, y pronto su mayor y más brillante verdugo, homenajeó con amor y con clasicismo al género reuniendo, en su despedida, a dos iconos de éste como Randolph Scott y Joel McCrea. Y lo dejó muy claro con su plano final, tan mítico (o más) que el del final de ‘Centauros del desierto’.


RÍO CONCHOS (GORDON DOUGLAS, 1964)




Gordon Douglas se curtió en el western en la Fox, en series B que convendría que algún festival, filmoteca o canal televisivo recuperase, y nos ha legado tres películas esenciales: ‘Solo el valiente’, western 50s casi de terror con indios fantasmales, ‘Chuka’, ya en los 60 también fantastique y necrófilo, y su obra maestra, este ‘Rio Conchos’ con un grupo de marginales en una misión casi suicida contra un renegado ex general sudista tratando de volver a provocar una guerra civil.


ANTES LLEGA LA MUERTE (JOAQUÍN L. ROMERO MARCHENT, 1964)




El cine español y el europeo ya llevaban tiempo clonando el western desde sus modestas industrias y filmografías, incluso antes de que Sergio Leone lo cambiara todo para siempre. Romero Marchent (y su hermano Rafael también) fue uno de esos enamorados del cine del oeste, de su mítica e imaginario. En esta, su obra cumbre, se descubrió como un narrador de primera, con un fatalismo extremo y una caligrafía digna de los mejores y mayores autores norteamericanos… de origen europeo casi todos, claro.


LOS CUATRO HIJOS DE KATIE ELDER (HENRY HATHAWAY, 1965)




Hathaway, otro ilustre, otro grande, otro nombre imprescindible. Gracias a él (‘Valor de ley’) John Wayne ganó su único oscar, y gracias a él podemos disfrutar de films tan completos (peleas, drama, tiroteos, amistad, lealtad fraternal, emotividad…) como este en concreto. Contiene además una de las secuencias más divertidas de la microhistoria del western: Dean Martin (que sería uno de sus actores fetiche) subastando su ojo de cristal en un salón para poder tomarse unos whiskies gratis. Impagable.


EL VALLE DE LA VIOLENCIA (ANDREW V. MCLAGLEN, 1965)




Pasó su infancia y su juventud entre los mejores: la troupe de John Ford donde su padre, el actor Victor McLaglen, era miembro honorario. Ayudante de dirección del maestro, pasó pronto a firmar películas, muchas del oeste, y muchas clónicamente fordianas. La más célebre y redonda (amén de taquillera) es esta, la oda de un padre a la búsqueda de sus hijos enrolados en la locura de la guerra de secesión. Sí, ‘Salvar al soldado Ryan’ con James Stewart de conmovedor protagonista absoluto.


EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (SERGIO LEONE, 1966)




Leone dinamitó el western con conocimiento de causa. ‘Por un puñado de dólares’ y ‘La muerte tenía un precio’ eran ceremoniales disecciones de la esencia (imaginada) del género. Todavía le faltaba una coda magistral (‘Hasta que llegó su hora’), pero su trilogía del dólar llegó aquí a lo más alto. Novela picaresca y revisitación de la stevensoniana ‘La isla del tesoro’, este film-río consolidó a Clint Eastwood, a Lee Van Cleef y elevó al estrellato y a los altares a Eli Wallach, el inmortal y golfo Tuco.


LOS PROFESIONALES (RICHARD BROOKS, 1966)




Se denomina tortilla western a aquella parte del eurowestern centrada en la revolución mexicana. En Italia (obras de Sergio Sollima o Damiano Damiani, por ejemplo) supuso además un posicionamiento político de claro signo comunista. En Hollywood, Brooks (que volvería al cine del oeste en 1975 con ‘Muerde la bala’) también se posicionó en una ideología anticapitalista, antiimperialista y liberal. Y además hizo un peliculón como la copa de un pino con unos Lee Marvin y Burt Lancaster sencillamente de rezarles en un altar.


DJANGO (SERGIO CORBUCCI, 1966)




Un pistolero (Franco Nero) llega a un pueblo semifantasma arrastrando un ataúd. Viene a vengarse (“el western europeo trata de venganza y de oro”, diría Quentin Tarantino presentando precisamente ‘Django desencadenado’) y culminará su sobrenatural misión en un cementerio, con las manos destrozadas y una cruz como elemento sorpresa para poder acabar con los villanos. Sobresaliente film, daría el pistoletazo a muchos más con esta figura/personaje como protagonista. Django, Sartana, Sabata…


HASTA QUE LLEGÓ SU HORA (SERGIO LEONE, 1968)




Sergio Leone se despediría de los paisajes del western (incluido el fordiano Monument Valley) con esta ópera magna (compuesta musical y dramáticamente por Ennio Morricone) con el paso del tiempo y la modernidad como excusa. El ferrocarril, la idea romántica e inalcanzable del mar, una armónica como leit motiv de una venganza, botas que disparan, violaciones y, por encima de todo, una mujer: la mujer. Claudia Cardinale es Jill, tal vez el personaje femenino más hermoso de la historia del western.


GRUPO SALVAJE (SAM PECKINPAH, 1969)




Los cuerpos explotaban con cada balazo, y había muchos de ellos (sobre todo en el paroxístico clímax final), cortesía de Bud Hulburn, el técnico de F/X de maquillaje, en el réquiem definitivo del género. Sin embargo, más allá de su calificación X y sus problemas con las juntas de censura, es esta una película sobre la amistad: la incondicional, la viril, la amorosa (el personaje de Ernest Borgnine está enamorado del de William Holden) y la traicionada (la de Robert Ryan). “Si se mueven, mátalos”. Ahí es nada.


UN HOMBRE LLAMADO CABALLO (ELLIOTT SILVERSTEIN, 1970)




Sí, los años 70 fueron de un talante revisionista en los diversos géneros, el western inclusive, pero también de violencia explícita y mecanismos, tics, puramente exploit. La película de Silverstein (autor de la ligera ‘La ingenua explosiva’) es un estudio riguroso (o no) y antropológico sobre algunas culturas indias (nativoamericanas diríamos hoy), pero lo que realmente trascendió y la convirtió en un éxito (con dos secuelas, la última coproducida con España) fue vera Richard Harris colgado de los pezones.


PEQUEÑO GRAN HOMBRE (ARTHUR PENN, 1970)




Toda la historia del western (y sus tópicos, sus lugares comunes) a través de una irónica historia protagonizada por un centenario Dustin Hoffman (gran maquillaje de Dick Smith), adoptado por los indios, pistolero, soldado, superviviente de la matanza de Little Big Horn… Desmitificadora y hippie, sufrió bastantes cortes de censura en el momento de su estreno español, pero menos de ‘Soldado azul’, de Ralph Nelson. Arthur Penn, el director, firmó antes ‘El zurdo’ y volvería al oeste con la raruna ‘Missouri’.


EL JUEZ DE LA HORCA (JOHN HUSTON, 1972)




Huston solamente se había acercado al western en los 60 con ‘Los que no perdonan’ y acaso se le exigió demasiado con esta loca y cínica aproximación al juez Roy Bean y su feudo de Vinegaroon. Guión de John Milius y momentos casi de cartoon dignos de Sam Raimi (el plano desde el agujero que un disparo deja en un cuerpo humano) para una crónica sucia del far west donde Paul Newman sobreactúa y donde hay que esperar a los últimos minutos para el cameo de Ava Gardner encarnando a Lily Langtry.


LA VENGANZA DE ULZANA (ROBERT ALDRICH, 1972)




En 1954, Aldrich y Burt Lancaster tuvieron que ceder y edulcorar muchos elementos de la, por otra parte notable, ‘Apache’. Casi dos décadas después no se cortaron un pelo. Políticamente incorrecta pero políticamente progresista (el indio fugitivo es un psicópata asesino pero quienes le persiguen no lo son menos), ‘La venganza de Ulzana’ es una salvaje mirada a la imposible convivencia de progreso y primitivismo, y un festival (mutilado en su estreno nacional) de momentos shocker y gore.


LOS COWBOYS (MARK RYDELL, 1972)




‘John Wayne y los cowboys’, así se tituló en España este notable trabajo de Mark Rydell. Nada extraño: somos el país que llamó a un film ‘Doris Day en el oeste’. De tono realista y adaptando una excelente novela, no es solamente una historia de iniciación y sobre el final de la inocencia infantil: es además un homenaje a Wayne a cargo de un director que le había acusado de fascista desde las páginas de una revista universitaria y que acabó rendido a su bonhomía, profesionalidad y arte.


PAT GARRETT Y BILLY THE KID (SAM PECKINPAH, 1973)




Destrozada por la Warner y los productores, tuvimos que esperar casi dos décadas para poder disfrutar del montaje del director… que el director, Peckinpah, no llegó a ver tras haber fallecido bastantes años antes. Lirismo puro con la cadencia de las canciones de Bob Dylan (que como actor está especialmente mal), es una triste sucesión de recuerdos desde un gris presente en blanco y negro a un color rebelde en el pasado. La escena de Slim Pickens, Katy Jurado y la barca es de las de llorar como magdalenas…


FORAJIDOS DE LEYENDA (WALTER HILL, 1980)




Junto con John Carpenter es el cineasta que mejor han recogido la herencia y el espíritu del western clásico. Mientras carpenter ha hecho westerns de ciencia ficción o de terror, Hill sí que se ha liado la manta a la cabeza y ha desempolvado pistolas, caballos y guardapolvos como los de esta fraternal (el reparto es asimismo de actores hermanos) revisión de las andanzas de los James y los Younger. Anticipa muchas cosas en estilo de la posterior ‘La puerta del cielo’ de Michael Cimino.


SIN PERDÓN (CLINT EASTWOOD, 1992)




Desde el ‘Cimarrón’ de 1930 ningún otro western se había llevado el oscar a la mejor película. Tuvo que ser Eastwood, militante del género, como intérprete y realizador (apuntemos títulos tan increíbles como ‘Infierno de cobardes’. ‘El fuera de la ley’, ‘El jinete pálido’…), quien lo lograra con esta crepuscular y desencantada narración de venganza de aires casi divinos. Dedicada a Sergio Leone y a Don Siegel, los padres artísticos de Clint, estos estarían sin dudas orgullosos de su alumno y amigo.


OPEN RANGE (KEVIN COSTNER, 2003)




Kevin Costner ama al western, y, lo que es mejor, lo conoce, lo entiende y es capaz de hablarle de tú a tú desde una hoguera de vaqueros llevando ganado a la luz de la luna. Oscarizado por ‘Bailando con lobos’, Costner no volvería a levantar cabeza tras las cámaras (o delante de ellas), de manera injusta, pero esta ‘Open range’ es superior a su título más famoso. Las escenas de tiroteos están realizadas, además, de una manera tan realista como espectacular. Un trabajo a revisar y revalorizar.



MIS OTROS POSTS








+1
0
0
51
0No comments yet