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The Walking Dead Episodio 12

¡Spoiler!


Remember nos presenta lo que a día de hoy es el último gran escenario que ha salido de los cómics de Kirkman, Adlard y Rathburn, un lugar en el que parece que, por fin, Rick y el grupo van a poder encontrar descanso tanto físico como mental. Alexandria se presenta como lo que prometía, un lugar repleto de altos y sólidos muros, con recursos de sobra para que los hijos de Rick y el resto de la familia pueda instalarse y dejar de huir del infierno que hay al otro lado de sus puertas. Pero todo tiene una pega, y en el caso de la ciudad es el hecho de que sus habitantes no son especialistas en el arte de matar muertos vivientes (puede que algunos sólo los hayan visto en las pelis de George A. Romero), debido a que muchos de ellos llevan refugiados en la comunidad desde los primeros compases del apocalipsis zombi. Su líder, la ex congresista Deanna Monroe (Tovah Feldshuh), parece que es consciente de esta debilidad y se ha propuesto añadir algo más de músculo a la comunidad. Y si hablamos de potencia de fuego, las credenciales que presentan Rick, Daryl, Michonne y compañía en forma de body count son inmejorables (la frase de Rick “ya ni recuerdo cuánta gente he matado” lo dice todo).



El personaje de Monroe, desde su aparición, demuestra personalidad y carácter. Estamos ante una líder que, como congresista, parece haber nacido para gobernar. Habla de transparencia y compromiso con su comunidad. Con este personaje (que cambia de sexo respecto a los cómics) parece que tenemos un contrapunto perfecto para Rick, una líder que llega para quedarse y tener peso en la trama, ya sea por su relación con el sheriff (que, en cierto modo, podría llegar a ser como la que tenía con Hershel) o por la capacidad de liderazgo que demuestra cuando surgen los primeros roces entre los habitantes de la comunidad y los recién llegados, donde no pierde autoridad y refuerza su apuesta por Rick y el grupo por encima de las voces discordantes dentro de la ciudad o, incluso, su propia familia.

El hecho de que todavía exista gente que ha vivido a salvo desde que empezó la invasión zombi y como eso, que a priori debería ser algo bueno, es su principal debilidad es, posiblemente, uno de los conceptos más interesantes que encontramos en este episodio. El mundo ha cambiado, y como Rick dice, cualquiera está dispuesto a explotar tu debilidad, a pisotearte o matarte, si eso le ayuda a sobrevivir. Monroe es consciente de ello y sabe que la única manera de mantener la seguridad en la comunidad es confiar en el grupo de Grimes (el nuevo sheriff de Alexandria, con Michonne de ayudante, por cierto). Seguro que ver como un antiguo repartidor de pizzas como Glenn, que ha vivido unos cuantos años al otro lado del muro, convierte en saco de boxeo a todo un aspirante a teniente del ejército reafirma sus convicciones. El final del episodio, en el que Rick deja claro que si las gentes de Alexandria no espabilan, él se encargará de tomar el mando, promete que este concepto será desarrollado en los próximos episodios. Nosotros encantados con ello, porque es una idea tremendamente potente.



El otro gran punto fuerte del capítulo es el tratamiento que el equipo de AMC da a cada personaje y a sus reacciones ante la nueva vida que se les ofrece. Desde que abandonaron la prisión, el grupo ha vivido todo un infierno en el que se han enfrentado con caníbales y hordas de muertos vivientes y donde, excluyendo alguna noche puntual en iglesias o graneros, han tenido que dormir con un ojo abierto y el dedo en el gatillo. Ver a Rick hacer cosas tan normales como ducharse con agua caliente o afeitarse, a Carl, que no puede creer que tenga la oportunidad de jugar a videojuegos con chicos de su edad o escuchar como Michonne está encantada de lavarse los dientes durante 20 minutos nos sirve para profundizar aún más en personajes que llevamos viendo durante 63 capítulos. Como si de veteranos de guerra se tratara, nuestros protagonistas no terminan de amoldarse a la nueva (y apacible) realidad que les rodea. Nosotros mismos, como espectadores, tampoco podemos evitar esperar que en cualquier momento se descubra el pastel y aparezca una oscura razón por la que Alexandria quiere a nuestros protagonistas, y seguimos a Carl hasta el desván tan convencidos como él de que al otro lado de la puerta estará la terrible verdad. Ese ha sido uno de los grandes aciertos de los últimos episodios, que a pesar de haber algo tan irreal como un apocalipsis zombi de por medio, nos identifiquemos con ellos, hagamos de su desconfianza la nuestra, y hasta sonriamos al ver a Carl abrir un grifo. Un gran acierto por parte de la serie, porque al sentirnos tan cerca de sus personajes, disfrutamos mucho más la tensión y la incertidumbre por lo desconocido.

A lo largo de todo el episodio, vemos escenas intercaladas con grabaciones de las entrevistas al grupo en las que asistimos a cómo los distintos personajes se intentan amoldar a la nueva situación, desde Michonne que, sorprendentemente, acepta la oportunidad con los brazos abiertos, a Daryl (algo desaparecido en los últimos episodios), que no termina de creerse lo que ocurre e, incluso, se distancia cada vez más del grupo a medida que sus miembros van asimilando la vida en Alexandria. Como le decía Merle, el mundo de ahí afuera está hecho a su medida, y al llegar a una comunidad con todo tipo de lujos, donde no hay que pelear por cada centímetro, el menor de los Dixon se encuentra fuera de lugar. Ver cómo a todo el grupo le cuesta tan poco adaptarse a la buena vida (atención al nuevo look de Carol), hace que vea lo diferente que es del resto y que se sienta cada vez más alejado de él. Habrá que ver hasta dónde llega este distanciamiento, porque es probable que los problemas lleguen pronto, y cuando las cosas se tuercen, el hombre de la ballesta es un aliado irremplazable.



También resulta interesante la capacidad de cada miembro del grupo para abrirse con los desconocidos, ya que mientras Carl confiesa abiertamente que él disparó a su madre, Carol disfraza su vida anterior al mostrarse como un elemento útil para la comunidad que sólo echa de menos a su marido (seguro que Karen tendría algo que decir al respecto). A pesar de sus diferentes maneras de afrontar la llegada a Alexandria, ambos tienen claro que la vida en un entorno como éste conlleva el peligro de hacer que se relajen, bajen la guardia y acaben siendo pasto de zombis o víctimas de personas con menos ética que ellos. Quizá por eso Rick (buscando el arma que ocultó unos días atrás y que, misteriosamente, no encuentra) y Carl (siguiendo a Enid, un personaje que parece que jugará un papel importante en la trama) deciden dar un paseo por el bosque y, como padre e hijo, matar unos cuantos zombis, para no perder la práctica y seguir en contacto con el horror que hay ahí fuera.

No sólo son nuestros protagonistas los que se deben aclimatar al nuevo escenario, sino que la comunidad también debe amoldarse a la llegada de los nuevos miembros. Entre los nuevos personajes, encontramos aquellos que parecen recibir a Rick y compañía con los brazos abiertos, como Monroe o Samantha (Alexandra Breckenridge), la vecina del sheriff (que, aunque está casada, parece que será interés amoroso de Grimes) y a los que reciben a los nuevos visitantes con alguna reserva, como Aiden (Daniel Bonjour), al que no le gusta que cuestionen sus métodos de castigo zombi y que ya ha probado el puño de Glenn, o el inquietante marido de Samantha. El choque de personalidades entre Rick y su grupo y aquellos habitantes de Alexandria que temen perder autoridad será otro de los puntos que promete darnos buenos momentos de aquí al final de temporada.



En definitiva estamos ante un episodio que aporta cosas nuevas a la serie en forma de conceptos y tramas de gran potencial y que, como en sus predecesores, nos permite involucrarnos como un personaje más en la historia. Como en otras ocasiones, el episodio de hoy nos recuerda que The Walking Dead no es sólo una serie más de zombis (de hecho, hasta parece que hoy nos los han metido con calzador). Remember nos lleva un paso más allá, habla de personajes, de cómo afrontar una realidad en la que es posible tener una vida normal después de haber vivido toda clase de horrores y de si es posible volver del infierno sin haber perdido una parte de lo que un día fuimos. Las posibilidades que ofrecen esta nueva línea argumental y el resto de subtramas son inmensas, y lo mejor de todo es que la semana que viene tenemos otra ración.
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