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3º Posición y 4º Teoría Política


link: https://www.youtube.com/watch?v=RUDimiU-wZg&list=UUgF9ahMxHViwYu-wF8OD0Dw


or Alexander Dugin – Considero que los identitarios son aliados cuando rechazan la modernidad, la oligarquía global y el capitalismo liberal mortífero para las culturas étnicas y las tradiciones.

El orden político moderno es esencialmente global y se basa puramente en la identidad individual.Es el peor orden posible y debe ser totalmente destruido.

Cuando los identitarios militan por una reafirmación de la Tradición y de las antiguas culturas de los pueblos europeos, tienen razón. Pero cuando atacan a los inmigrantes, a los musulmanes o a los nacionalistas de otros países (en base a conflictos históricos), cuando defienden a los Estados Unidos, el atlantismo, el liberalismo o la modernidad, cuando consideran a la raza blanca (la que ha producido la modernidad) como la raza superior y afirman que las otras razas son inferiores, estoy en total desacuerdo con ellos.

Más que eso, no puedo defender a los blancos contra los no-blancos por la única razón de que yo mismo soy un blanco y un indoeuropeo. Reconozco la diferencia de otros grupos étnicos como una cosa natural y rechazo cualquier jerarquía entre los pueblos, ya que no existe, y no puede existir, una medida universal para la comparación de las sociedades étnicas y los sistemas de valores.

Estoy orgulloso de ser ruso, exactamente como los estadounidenses, los africanos, los árabes y los chinos están orgullosos de ser como son. Es nuestro derecho y nuestra dignidad afirmar nuestra identidad. No la de unos contra otros, sino los unos al lado de los otros, sin resentimiento hacia los demás ni remordimientos hacia uno mismo.

No puedo defender la nación, porque la nación es un concepto burgués imaginado por la modernidad para destruir las sociedades tradicionales (Imperio) y las religiones para su sustitución por pseudo-comunidades artificiales basadas en la identidad individual. Actualmente, la nación está siendo destruida por las mismas fuerzas que la crearon en el primer período de la modernidad. Las naciones han cumplido su papel de destructor de identidades orgánicas y espirituales, y ahora los capitalistas destruyen sus propios instrumentos para hacer posible la globalización.

Debemos atacar el capitalismo como un enemigo absoluto, responsable tanto de la creación de la nación como simulacro de la sociedad tradicional, como de su destrucción actual. La razón de la catástrofe actual tiene sus raíces en los fundamentos ideológicos y filosóficos del mundo moderno. Y la modernidad que era blanca y nacional en su origen ha devenido global finalmente. Es por eso que los identitarios deben elegir su campo real: ¿la Tradición (lo que incluye su propia tradición indoeuropea) o la modernidad? El atlantismo, el liberalismo, el individualismo, son las formas del mal absoluto para la identidad indoeuropea, son incompatibles con ella.

Si los identitarios realmente aman su identidad, se han de convertir en eurasianistas y unirse a los tradicionalistas, a los enemigos del capitalismo de todos los campos políticos, razas, religiones o culturas. Ser hoy anti-comunista, anti-musulmán, anti-oriental, pro-yankee, atlantista, significa pertenecer al otro campo, estar en el lado del Nuevo Orden Mundial y de la oligarquía financiera. Pero es una actitud ilógica porque las consecuencias de la globalización destruyen todas las identidades excepto las individuales, y hacer una alianza con aquellos que la apoyan significa traicionar la esencia misma de la identidad cultural.

El problema con la izquierda es diferente. Es positiva en su oposición al orden capitalista, pero carece de la dimensión espiritual. La izquierda se presenta habitualmente como una vía alternativa a la globalización, que es la razón de su oposición a los valores orgánicos, a las tradiciones y a la religión.

Sería algo bueno ver aparecer “identitarios de izquierda” que por un lado defendiesen la justicia social, atacando el capitalismo, y por otro defendiesen las tradiciones espirituales atacando la modernidad.

El enemigo es único, es el orden global liberal del capitalismo de hegemonía norteamericana (que también va dirigido contra la verdadera identidad americana).

Nosotros ganaremos si unificamos nuestros esfuerzos.




La Cuarta teoria política: ¿ser o no ser?
Hoy en el mundo domina la impresión de que la política ha terminado - al menos la que nosotros conocemos. El liberalismo entabló un combate tenaz contra sus enemigos politicos que proponian recetas alternativas - el conservadurismo, la monarquía, el tradicionalismo, el fascismo, el socialismo, el comunismo - para finalmente vencer a todos a finales del siglo XX. Habría sido lógico suponer que la política se convertiria en liberal y que todos los adversarios del liberalismo en la periferia comenzarian a repensar sus estrategias y a construir un nuevo frente: la periferia contra el centro, según la teoria de Alain de Benoist. Pero, al comienzo del siglo XXI, todo siguió un camino diferente.

El liberalismo, que siempre ha buscado la minimización de la política, decidió, después de su victoria, eliminar por completo la política. Probablemente para no permitir la formación de una alternativa política y hacer eterno su reino o simplemente debido al agotamiento de la agenda política debido a la ausencia de enemigos, que, según Carl Schmitt, son necesarios para la formación de una posición política. En cualquier caso, el liberalismo ha conducido a un repliegue en la política. Así, el liberalismo se ha transformado, pasando desde el nivel de las ideas, de los programas políticos y de las declaraciones, pasando al nivel de las cosas e ingresó en el meollo de la realidad social, convertida en liberal, no desde un punto de vista político, sino de una manera cotidiana, "natural".

Después de ese punto de inflexión en la historia, todas las ideologías políticas que habían combatido ferozmente entre sí a través de los siglos han perdido su actualidad. El conservadurismo, el fascismo y el comunismo, así como sus variedades marginales, han fracasado, mientras que el liberalismo, triunfante, se convirtió en la vida cotidiana, en el consumismo, el individualismo, en el estilo posmodernista de ser sub-político y fragmentado. La política se convirtió en biopolítica y pasó del nivel individual al nivel sub-individual. Por lo tanto, parecen haber dejado la escena no solamente las ideologias derrotadas, sino también la política como tal, incluyendo la política liberal. Precisamente por esta razón es tan dificil la formación de una alternativa. Los oponentes del liberalismo se encuentran en una situación difícil: el enemigo triunfante se ha evaporado, desapareció; luchan contra el vacío. ¿Cómo hacer política cuando no existe Política?

Sólo hay una solución: rechazar las teorías políticas clásicas, tanto las derrotadas como las triunfantes, demostrar imaginación, comprender las realidades del nuevo mundo global, descifrar correctamente los desafíos del mundo postmoderno y crear algo nuevo, más allá de las batallas políticas de los siglos XIX y XX. Este enfoque es una invitación a desarrollar una Cuarta Teoría Política más allá del comunismo, del fascismo y del liberalismo.

Para avanzar en el desarrollo de esta Cuarta Teoría Política, es necesario:

- Modificar la interpretación de la historia política de los últimos siglos, adoptando nuevos puntos de vista, más allá del marco de los clichés ideológicos habituales de las viejas ideologías;



- Darse cuenta de la estructura profunda de la sociedad global que aparece ante nuestros ojos;

- Descifrar correctamente el paradigma de la era postmoderna;

- Aprender a no oponerse a una idea política, a un programa o a una estrategia, sino al estado de las cosas "objetivo", al tejido social apolítico de la (post-) sociedad fracturada.

- Por último, construir un modelo político independiente proponiendo un camino y un proyecto en un mundo de callejones sin salida y de infinito reciclaje de las mismas cosas (post-historia según J. Baudrillard).

El presente trabajo se dedica a esto y al desarrollo de una Cuarta Teoría Política mediante el examen de las tres primeras teorías políticas, así como de las ideologías que se acercan de ellas, el nacional-bolchevismo y el eurasianismo. No se trata de un dogma o de un sistema listo de un proyecto terminado. Es una invitación a la creación política, a la exposición de intuiciones y de conjeturas, el análisis de las nuevas condiciones. Finalmente, es un intento de reinterpretación del pasado.

Nosotros concebimos la Cuarta Teoría Política no como un trabajo de un sólo autor, sino como una tendencia de un amplio espectro de ideas, estudios, análisis, previsiones y proyectos. Todas las personas que piensan según esta perspectiva pueden contribuir con algunas de sus ideas. Y un número creciente de nuevos intelectuales, filósofos, historiadores, científicos y pensadores están respondiendo a este llamamiento.

Es sintomático que el libro del gran intelectual francés Alain de Benoist, Contra el Liberalismo, publicado en ruso por ediciones Amphora, se subtitula Hacia una Cuarta Teoría Política. Es probable que los defensores de la vieja derecha, así como los defensores de la vieja izquierda y, probablemente, los liberales, teniendo en cuenta el cambio cualitativo en su plataforma política donde la política se evapora, tengan mucho que decir sobre este tema.

Para mi país, Rusia, la Cuarta Teoría Política tiene, entre otras cosas, una importancia práctica considerable. La integración con la comunidad mundial es experimentado por la mayoría de los rusos como un drama, como una pérdida de su identidad. En la década de 1990, la ideología liberal se ve casi totalmente rechazada por la población rusa. Sin embargo, por otro lado, la intuición sugiere que el retorno a las ideologías políticas no liberales del siglo XX - el comunismo y el fascismo - es poco probable en nuestra sociedad, siendo que estas ideologías históricamente han demostrado ser incapaces de resistir al liberalismo, sin mencionar el costo moral del totalitarismo.

Por lo tanto, para llenar el vacío, Rusia necesita una idea política nueva. El liberalismo no es adecuado, mientras que el comunismo y el fascismo son inaceptables. Y si, para algunos, es una cuestión de libre elección, de realización de la voluntad política, que siempre se puede dirigir tanto a la afirmación como a la negación, para Rusia es una cuestión de vida o muerte, la cuestión eterna de Hamlet.

Si Rusia decide "ser", significa automáticamente crear una Cuarta Teoría Política. De lo contrario, sólo queda "no ser" y salir lentamente de la arena histórica, para disolverse en un mundo que no es creado y gestionado por nosotros.

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