Tragedia Rio Tercero

Encontre esto de Rio Tercero, y la verdad vi que no lo pusieron, y es algo que vale la pena leer y rememorar, para darnos cuenta de que este pais lamentablemente esta sumergido en la corrupcion en todas sus partes. Y pensar que nosotros podemos cambiar esto empezando a recordar, y por si no lo sabes, leelo y comentalo a todo el que conozca, por que cosas asi no tienen que vagar en el abismo de las mentes. Como he escuchado por ahi: la memoria tambien es justicia.

A once años de las explosiones. ¡Río Tercero marcha!
Por Colectivo Indymedia Córdoba - Friday, Nov. 03, 2006 at 1:09 PM

A once años de las explosiones en Río Tercero, la ciudad se vuelve a movilizar, pidiendo memoria, justicia, la consigna es "Si la causa prescribe, la impunidad gana"

¿Qué pasó?

El 3 de noviembre de 1995 se producen en la Fábrica Militar de Río Tercero una serie de potentes explosiones que ocasionan un desastre. 7 personas muertas y más de trescientas heridas; decenas de casas quedan en ruinas y otros cientos son seriamente dañadas; la ciudad queda regada de esquirlas y municiones de guerra. A pocas horas del siniestro, el presidente Menem que había llegado a Río Tercero, declara que se trata de un accidente e insta al periodismo a NO HABLAR de atentado. Las sospechas del hecho intencional aparecen ese mismo día.

Los mandos militares y el Poder Ejecutivo Nacional se encargan de alimentar la teoría del accidente, Carlos Menem es presidente y Oscar Camilión, ministro de Defensa.

Che... ¿y la causa?

A partir de allí se inició la causa penal y numerosas causas civiles.
Al frente de la causa penal, estuvo aproximadamente diez años el juez federal Luis Martinez y el fiscal federal Roberto Massuet. Durante este tiempo la causa se mantuvo circunscripta al accidente e inactiva. A la par se sucedían amenazas, muertes dudosas y “suicidios” de testigos/as involucrados/as. También hubo una serie de pericias fraudulentas, con peritos truchos que avalaron la hipótesis del accidente.

A fines de los 90 empezó a crecer la sospecha de una estrecha relación entre las explosiones y la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador entre 1991 y 1995 (en marzo de 1995 es cuando aparece la primera denuncia sobre el contrabando armas)
En estos años, Argentina le vendió a Croacia y Bosnia 6.500 toneladas de armas, por un valor de US$ 33.868.764. Con el agravante de que sobre este país pesaba un embargo de las Naciones Unidas, al estar en guerra con Serbia.

Se realizaron 5 envíos en barcos originarios de Croacia. La venta fue realizada por la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM). Este organismo fue intervenido por el gobierno del ex presidente Carlos Menem y su interventor era Luis Sarlenga. El intermediario fue el militar Diego Palleros, quien obtuvo un certificado falso que consignaba que el destino final de las armas era Panamá. Esta operación se concretó a través de los decretos secretos 1697 y 2283, firmados por el ex presidente Menem; el ex ministro de Defensa, Antonio Erman González; de Relaciones Exterior, Guido Di Tella; y de Economía, Domingo Cavallo.
En 1995, la Argentina le vendió armas a Ecuador cuando éste país estaba en guerra con Perú. En ese entonces, nuestro país, era garante de paz entre ambos países por ser miembro del Grupo del Tratado de Río de Janeiro.
La operación se hizo a través del decreto secreto 103, firmado por el ex presidente Menem. Para ello, Palleros consiguió un certificado falso de destino final a Venezuela. DGFM le vendió fusiles a la empresa fantasma uruguaya Hayton Trade SA, propiedad de Palleros, quien a su vez se los vende a otra intermediaria ecuatoriana (Prodefensa, perteneciente a un traficante francés), que las trianguló al ejército ecuatoriano. Los embarques se hicieron en aviones de la firma Fine Air. Los cargamentos de armas salieron de la Fábrica Militar de Río Tercero, parte de DGFM.

En el 2003 los ingenieros Sicilia, Yorio, Zanoni y Rodríguez, docentes de la UNC, contratados como peritos oficiales, concluyeron que las explosiones fueron programadas y coordinadas por expertos en explosivos. De este modo, la teoría del accidente cayó y la investigación necesariamente toma otro cause.
Al mismo tiempo, por parte de la querella, el juez Martinez fue recusado y el fiscal Massuet quedó envuelto en una denuncia por vinculación con uno de los imputados. Ambos se alejaron de la causa, entró el juez Diego Estévez y se sumó el fiscal adjunto, Carlos Stornelli.

También en 2003 se determinó que las explosiones estaban relacionadas con la venta ilegal de armas a Croacia y a Ecuador.

Durante el 2005, la vinculación de las explosiones con la venta ilegal de armas pasó a ser parte de la intimación, es decir que los sospechosos son imputados de haber participado o facilitado las explosiones para ocultar maniobras relacionadas con la venta ilegal de armas. Se presumió que el móvil fue ocultar el faltante de material bélico de la Fábrica Militar de Río Tercero.

¿Y ahora qué?

La etapa indagatoria de la causa penal, cuya duración es de 12 años, prescribe en el 2007. Durante esta etapa, son llamados los/as imputados/as acusados como presuntos autores/as materiales y/o intelectuales del delito.
Actualmente se encuentran imputados 6 militares de la Fábrica Militar. (Carlos Franke, ex director de Producción de Fabricaciones Militares; Jorge Cornejo Torino, ex titular de la Fábrica Militar Río Tercero; Oscar Quiroga, ex subdirector de la planta, y Marcelo Gatto, ex jefe del área Mecánica)

Por ello, en este corto tiempo, la investigación debería avanzar sobre las responsabilidades de la DGFM, el Ejercito y el Poder Ejecutivo Nacional. Todo nombre que no haya sido incluido en la indagatoria hasta el 3 de noviembre de 2007 ya no podrá ser incluido, es decir que quedarán impunes quienes no sean imputados hasta esa fecha y sólo se juzgará a las personas que hayan sido imputadas con anterioridad. (Como el ex presidente Carlos Menem, el ex interventor de Fabricaciones Militares, Luis Sarlenga, el ex ministro de Defensa, Antonio Erman González, el de Relaciones Exteriores, Guido Di Tella; y de Economía, Domingo Cavallo).


RÍO TERCERO MARCHA, SI LA CAUSA PRESCRIBE, LA IMPUNIDAD GANA. VIERNES 3 DE NOVIEMBRE, 18 30 HS, LIBERTAD Y SAVIO.

http://argentina.indymedia.org/news/2006/11/458837.php

Rio Tercero y su verdad

¿Sorpresa? No existió sorpresa alguna en Río Tercero luego de conocerse la resolución del conjuez Diego Estévez que dictó el sobreseimiento de los seis militares imputados por las explosiones que hicieron temblar como un papel a esta ciudad en noviembre de 1995. “Yo sabía que esto terminaría así”, señaló alguien. “Era obvio que nunca los culpables pagarán por lo que hicieron”, reclamó una mujer. “Si nos quedaba una esperanza en la Justicia, este hombre (Estévez) terminó por destruirla”, concluyó molesto otro habitante.

Desde hace años, la gran mayoría de los riotercerenses están convencidos de que aquella calamidad no respondió a un hecho fortuito, sino que alguien se encargó de empujar al destino. De por si, muchos asumen que las medidas de seguridad en la industria pudieron haber estado distendidas pero sostienen que también eso pudo ser funcional al “atentado”. “Fue a medida”, señalan.
En todo caso, no generó sorpresa el tenor de la resolución del conjuez; pero si provocó variadas sensaciones de bronca, hastío e indignación en la sociedad golpeada por explosiones cuyos hongos se elevaban como fantasmas irritados, mientras vomitaban sobre la ciudad miles de proyectiles de guerra en 1995, el 3 y el 24 de noviembre. En realidad, la resolución fue como una tercera gran explosión. Ahora no fueron las esquirlas las que en su loco vuelo lastimaron a los riotercerenses, sino fueron los fundamentos para sobreseer a los únicos seis imputados por las explosiones. “Me mataron la esperanza; la sensación es similar a la que tuve cuando perdí a mi hermano”, graficó Noemí, hermana de un joven que murió cuando un pedazo de hierro alcanzó su humanidad.
Muchos ni siquiera conocen el nombre de todos los militares que resultaron sobreseídos. A lo sumo, saben que uno de ellos era el director de la Fábrica Militar, Jorge Cornejo Torino, cuando estalló el establecimiento que dirigía. Pero se interrogan, luego de hacerse pública la resolución y de interiorizarse sobre la potencial prescripción de la causa a los 12 años, por qué el conjuez no indagó en los niveles políticos implicados en el tráfico de armas en aquel momento. Por qué no citó, por caso, al ex presidente Carlos Menem ni a algunos de sus ministros. Para muchos, las palabras de Menem, cuando llegó a Río Tercero, a horas de las explosiones, asegurando que había sido “un lamentable accidente”, cuando la investigación aún estaba en pañales, fue el prólogo de esta funesta y larga historia. La reciente resolución fue su epílogo.
Más allá de los cargos jerárquicos que tenían los militares tanto en la industria como en la Dirección General de Fabricaciones Militares, se concuerda en que fueron el último eslabón de la cadena que concluyó con la explosión del arsenal. Esto, claro está -sostiene la mayoría- no los hace inocentes ni mucho menos, sino cómplices o ejecutores, por acción u omisión. Y más aún, considerando que están implicados en el tráfico de armas a Croacia y Ecuador. Para muchos aquí, que el conjuez hubiera ordenado el procesamiento de los mismos, le hubiera permitido avanzar hacia niveles políticos superiores. Es una deuda -sostienen muchos- que dejó el juez primigenio, Luis Rodolfo Martínez, y que no saldó quien lo sucedió por un sorteo, el abogado Estévez. Los carteles en las marchas que aluden al propio Menem como el responsable de lo que ocurrió, es la muestra más elocuente de este análisis casi colectivo.
Si bien Estévez sostiene que no hay pruebas para deducir que las explosiones respondieron a un atentado ni tuvieron relación con el tráfico de armas, en Río Tercero todos tienen por seguro que esas pruebas fueron perfectamente borradas apenas sucedidos los estallidos o que debería haber buscado más. Indagar, por ejemplo, si el fuego que supuestamente inició los estallidos no sirvió como “cortina de humo” como señalan algunos seguidores de la causa, para ocultar el verdadero detonante de la masacre. En todo caso -se asegura- los indicios de que no fue un accidente son abrumadores. Y no solamente a los habitantes de esta ciudad les cuesta comprender como la pericia ordenada por un Tribunal Oral, que determinó que fue un atentado, fue desvirtuada por este magistrado, que recibió el expediente pero para investigar sobre esa hipótesis.
El conjuez, se pregunta en una parte de su resolución porque algunas personas prestaron sus testimonios después de tantos años. Y la respuesta más lógica que encuentran algunos a ese interrogante, es la sensación de miedo. Cuando los testigos, por ejemplo de la causa armas, morían en sospechosos suicidios o supuestos accidentes aéreos, el temor era el detonante perfecto del silencio.
El conjuez señala que se podrán “hacer conjeturas sobre conjeturas, y sobre más conjeturas, pero esa metodología solo nos conducirá a un mayor nivel de incertidumbre; con la posibilidad cierta de generar explicaciones asombrosas, propias de todo pensamiento mágico, que podrían llegar a satisfacer nuestras necesidades místicas pero nunca las lógicas y racionales que resultan propias de una decisión judicial”. Sobre este párrafo, hecho público por los medios, no fueron pocos los riotercerenses que lo interpretaron como poco menos que una afrenta. ¿Es que todo un pueblo puede fabular? ¿Qué interés pueden tener vecinos comunes en declarar en uno u otro sentido? ¿Qué explicaciones “asombrosas” o pensamientos “mágicos” puede tener esta sociedad? ¿Se trata de una fábula colectiva? Por lo menos suena extraño. Estévez dice haber llegado a una supuesta verdad. Es su verdad relativa jurídica. Pero los riotercerenses presentan una verdad diferente. No solo sustentan su convicción de que fue un atentado por los comentarios que se puedan realizar en las calles, esquinas y veredas, sino por las pericias que así lo determinaron, más allá de que el conjuez las haya intentado derrumbar en sus fundamentos resolutorios. En una entrevista por Radio Río Tercero, aseguró que colocó todo su esfuerzo en llegar a la verdad real para llevarle tranquilidad a las víctimas de aquellas explosiones. Muchos consideraron que hubiera sido interesante preguntarle a los familiares de Aldo Aguirre, Hoder Dalmasso, Laura Muñoz, Leonardo Solleveld, Romina Torres, José Varela y Elena Quiroga, que tranquilidad les otorgó. Que sería interesante preguntarle eso a Juan Barrera, que desde hace 11 años tiene una pierna menos producto de aquello. Mientras el conjuez ofrece y expone su verdad, similar a esa que esgrimió siempre como estrategia el abogado de dos de los militares sobreseídos, Río Tercero, en hipótesis de pública y oral coincidencia, hace años sostiene la suya, muy distinta a la del conjuez, pero en si coincidente con la del tribunal que le ordenó a Estevez investigar sobre la teoría del atentado.

Fabian Menichetti
Periodista de Rio Tercero
19/12/06
http://www.telediariodigital.com.ar/weblogs/living/leer.asp?idx=610


Un Corto exelente

link: http://www.youtube.com/watch?v=rLhxtb19v20