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Primer capitulo de "Muestrame el Bernabéu"

CAPÍTULO I: Mi vida como Gerard

Esos días no eran días. Esas horas no eran tiempo. Y ese tiempo no significaba nada…
Volvía de la casa de Zlatan esa noche. Me había invitado a su casa, para que pruebe la leche chocolatada que daba su nueva vaca holando-sueca. No me había sorprendido. No era para sorprenderse. Solo era un hecho.
Volvía por aquel callejón. El callejón de siempre. El callejón donde conocí lo que era la vida. La vida difícil. Lo había conocido a Rooney allí. Éramos buenos amigos. Él me invitaba a su casa, a escondidas, ya que a su esposa no le gustaban las visitas. Prácticamente yo le crie el hijo. Él lo nombro con el nombre de “Kai” solo por mí. Una anécdota casi verosímil, pero feliz. Estábamos jugando al “Zoo Tycon” en su pc. A él le gustaba ese juego tanto como a mí. Nos creíamos los dioses supremos. Él era como una esfinge para mí. Robusto, surreal, imperial, importante… ya no es más importante. Estábamos jugando con ese juego, la palabra “Maxis” nos causaba gracia, y la frase “A pez koi no le gusta su instalación” nos asqueaba. Todo surgió de allí. Una frase mía cambio el espíritu del momento. “Le gustaría más si se llamara Kai” exprese sin la más mínima idea. Wayne me miro a los ojos y largo una carcajada. No entendía el concepto, pero me gustaba el contexto. Le respondí con una sonrisa, mostrando mis estrechos dientes, formados por siete años de aparatos dentales. La frustración valió la pena….
Me gustaban esos momentos con él. Él solía hacer cosas solo por mí y para mí… pero eso era pasado, uno bien pisado. “Si su esposa supiera…” decía mentalmente. Algo en mi quería tirar toda la verdad, pero ¿Para qué? Él había cambiado días de juegos y de Fisher Price solo por su familia. El había cambiado por su familia. El me había dicho que cambiaría por mí. Pero solo lo hizo por su familia.
Ese callejón me daba recuerdos inútiles y dolorosos. Yo me engañaba a mí mismo. Lo mantenía como “recuerdos” pero la verdad era que solo seguían siendo una realidad.
Me sentí aliviado cuando me entere mi regreso al Barcelona por Ferguson, Fergie para los compadres, pero yo no era su compadre así que lo llamaba Alex Kidd solo por mi deseo videojueguístico hacia él (Lo admiraba. Pensar que era el tocayo de aquel pequeño niño de pelo camel me hervía la sangre). Pude actuar como si había superado ese hecho. Solamente el hecho.
Había vuelto a casa. Un aire raro caía sobre la ciudad. Lo recuerdo muy bien. Ese día mi vida cambio. Y el tiempo me empujo, hacia el abismo sentimental. Los flashbacks me acorralaban… era tiempo de olvidar.

FIN CAPITULO I


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