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Historia ESNN

Reseña Histórica

La primera Escuela de Náutica del Virreinato

La Real Escuela de Náutica es el primer instituto de Enseñanza Superior en el ramo de las matemáticas que se erige en el Plata. La carencia en la región, de personas imbuidas de los conocimientos matemáticos esenciales para el progreso de toda actividad práctica, se pone de manifiesto en los diversos relatos que sobre estas tierras, sus habitantes y costumbres, han escrito numerosos cronistas ocasionales.
El mérito de ser el primero en advertirlo oficialmente corresponde al Honorable Cabildo de la ciudad quien, en su informe del 28 de diciembre de 1771, dirigido al Gobernador Juan José de Vértiz y Salcedo -más tarde virrey- expresa la sentida necesidad de fundar escuelas en que se enseñase la geometría, la náutica y la mecánica.
Desgraciadamente, la guerra con Portugal impide a Vértiz llegar a concretar este compartido anhelo, la iniciativa reposa en el sueño de los ideales inalcanzables hasta la creación del Real Consulado de Industria y Comercio (1794) que determina, en la historia del Virreinato de La Plata, la generación de un poderoso impulso tendiente a promover el rápido desarrollo económico y Belgranocultural de la comarca. Es el principal promotor de ese impulso el Secretario del Real Consulado, don Manuel Belgrano y González. Graduado de abogado en Valladolid, estaba imbuido Belgrano de las ideas de los enciclopedistas franceses y de los economistas ingleses y españoles. De estos últimos - que bien podemos llamar de Indias - fue Campomanes quien inspiró principalmente aquel puro amor por las sociedades económicas que debatían los grandes problemas de la agricultura, población, industria y comercio; de allí que Belgrano proyectara un vasto plan educacional. Las memorias que anualmente debía redactar como Secretario, le brindan una no desaprovechada oportunidad para exponer claramente este ideario y aquel dinámico impulso.
En la primera de ellas, sobre "Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor", leída el 15 de Junio de 1795, manifiesta: … "que es forzoso se ponga igualmente como medio de la protección del comercio, una escuela de náutica, sin cuyos principios, nadie pudiese ser patrón de lancha en este río, y, además hubiese jóvenes de quien echar mano para las embarcaciones que vienen de España, caso de encontrarse sin piloto o pilotín".
En todas estas memorias anuales, Belgrano evidencia que la prosperidad del país radica en la explotación del suelo y la libre comercialización de sus productos; y como una finalidad y también como un elemento generador de esa prosperidad, surge dicho plan educacional del cual la Escuela de Náutica es la concreción más notable.
A raíz del tratado de San Ildefonso (1777), habían llegado al Plata - integrando las comisiones de límites con el Brasil - numerosos científicos de los cuales mucho quedaron radicados en la zona. Por su relación con nuestro instituto mencionamos entre ellos al teniente de navío Félix de Azara, el ingeniero Pedro Antonio Cerviño, al matemático Carlos O´Donell y al piloto Juan Alsina.
Este último se había dedicado luego a la enseñanza privada de la Náutica, debiendo sus alumnos presentarse a la Comandancia de Marina, en Montevideo, para examinarse y obtener la patente de Piloto. Deseando oficializar su cátedra, y siendo que en España eran los consulados quienes tenían a su cargo la enseñanza de esa técnica, el 27 de agosto eleva Alsina un petitorio en tal sentido, que reitera el día 3 del mes siguiente, pasando la sugerencia a consideración del prior y cónsules. El 28 de febrero del año siguiente el consiliario Agustín García expone ante el Tribunal del Consulado, la necesidad de crear la Escuela. El 7 de marzo se resuelve solicitar la opinión del señor Azara.
Finalmente el 30 de marzo de 1799, en vista del informe netamente favorable de Azara, el Consulado acuerda crear la Escuela de Náutica, debiendo netamente establecerse con arreglo a las instrucciones que gobiernan la de Cádiz, la Coruña, etc. Siguiendo el dictado del informante, los maestros directores debían ser nombrados por oposición. Azara mismo fue designado "Examinador Presidente".
Los carteles de convocatoria, compuestos por Belgrano fueron resistidos en Montevideo, dada la rivalidad existente entre ambos puertos, debiendo intervenir el Virrey - don Gabriel de Avilés y del Fierro - para imponer que se permita la fijación de los mismos en dicha plaza.
Realizado finalmente el concurso de oposición, en la tarde del 2 de septiembre, resultó favorecido el ingeniero Cerviño en primer lugar y en el segundo el piloto Alsina. Consecuentemente Cerviño fue nombrado Director o Primer Maestro el 9 de septiembre, aceptando Alsina el puesto de Subdirector o Segundo Maestro el día 12 del mismo mes.
En vista que el local que ocupaba en alquiler la Academia de Dibujo- de reciente instalación - no resultaba apto para la Escuela de Náutica, el 5 de octubre del mismo año se resolvió asignarle a ambas escuelas el ala sur del edificio del propio consulado, previo desalojo de uno de los porteros - Antonio López - quién dejaría finalmente su habitación seis días más tarde.
Así que el 11 de noviembre de 1799 la Escuela de Náutica completa por fin su instalación en el Consulado, en casa perteneciente a la sucesión de don Vicente Azcuénaga, en el solar que actualmente ocupa la casa central de "la Banca Nazionale del Lavoro" (Bmé Mitre y Reconquista) equipándose su aula con buena parte del instrumental perteneciente a una de las ya mencionadas comisiones de límites con el Brasil, e iniciando oficialmente sus cursos el día 23 del mismo mes y año, con quince alumnos.
Pocos meses después, por desavenencias con Cerviño que exageraba - en opinión de Alsina - el alcance de los estudios teóricos y en particular de las matemáticas, este último hace renuncia de su cargo, siendo posteriormente reemplazado por O´Donell.
Mientras, Alsina vuelve a fundar una academia privada de náutica, y solicita infructuosamente que la Junta le permita cobijarla en la casa consular.
En el año 1805 la Escuela se traslada, con el consulado, al edificio que éste adquiere a don Benito de Olazábal lugar que en esta Capital hoy ocupa el "Banco de la Provincia de Buenos Aires" (San Martín, entre Bmé Mitre y Cangallo). Los planes de estudios de la Escuela de Náutica regida por Cerviño, donde se enseñaba trigonometría esférica, secciones cónicas, cálculo diferencial e integral, principios generales de la mecánica, navegación, astronomía e hidrografía, la evidencian como el más elevado instituto superior existente en toda la extensión del Virreinato.
En evidente infracción de las reales órdenes, que nunca se cumplieron, el reglamento de la Escuela, redactado por Belgrano, fue aprobado por la Junta sin consultar a las autoridades marítimas de Montevideo. Decía ese reglamento:
"El principal objeto de este Establecimiento es el estudio de la ciencia náutica, proporcionando por este medio a los jóvenes, una carrera honrosa y lucrativa, y a aquellos que no se dediquen a ella, unos conocimientos lo más a propósito para sus progresos, bien sea en el comercio, bien en la milicia, o en cualquier otro estudio."
El número de alumnos estaba limitado sólo por la capacidad de las aulas, existiendo en cada una de ellas cuatro vacantes para niños expósitos.
Los cursos eran gratuitos, exigiéndose para ingresar a ellos saber leer y escribir bien, poseer certificado de buena conducta y ser español puro o indio puro. De acuerdo al concepto de la época, los negros y mulatos estaban excluidos.
Los directores enseñaban bajo la fiscalización de los vocales de turno del consulado, quienes entendían en lo referente a la disciplina y admisión de los alumnos.
Salvo los domingos y festividades importantes, se dictaba tres horas de clase durante la mañana y dos por la tarde (excepto los jueves).
El día de San Pedro González Telmo (era entonces el 14 de abril, actualmente se lo conmemora el 14 de agosto), patrono de la Escuela, maestros y alumnos debían concurrir en pleno a las celebraciones religiosas. La disciplina era rígida y las sanciones muy severas, pero con absoluta prohibición de castigos corporales. Las pruebas de capacitación eran trimestrales y una vez al año los certámenes públicos de promoción general. El ciclo completo abarcaba dos años, con un mes de vacaciones antes de Cuaresma.
Lamentablemente nunca se dio cumplimiento a la real orden del 8 de febrero de 1800 - reiterada el 6 de agosto de 1802 - que mandaba remitir a la metrópoli el plan de erección de dicha escuela, y antes de llevarse a la práctica, para "que tan útil empresa adquiera toda la solidez necesaria, uniformada con las de su clase que hay establecidas en estos dominios de España". Tampoco se sometió en ningún momento de su existencia a la fiscalización (rivalidades lugareñas) de la autoridad marítima del Plata, encarnada en el Comandante del Apostadero de Montevideo, brigadier de marina don José de Bustamante y Guerra, contraviniendo las expresas disposiciones de las Ordenanzas Generales de la Armada.
Por otra parte, los encendidos y proféticos discursos de Cerviño, precipitaron posiblemente la disolución de la Escuela de Náutica, pues sus valientes conceptos e innovadoras ideas no fueron bien recibidas por los miembros de "viejo cuño" del Consulado, y en especial por su prior (don Martín de Alzaga), quien se mostró escandalizado ante las palabras vertidas por este ilustre hombre de ciencia, precursor de la Marina Mercante Nacional, que al inaugurar los cursos de la Escuela, en un discurso intitulado "El tridente de Neptuno es el Cetro del Mundo" dijo: "Con frutos y marina haremos un comercio activo… ya no seremos comisionistas serviles de los extranjeros… los fletes que hasta ahora han utilizado y dado fomento a la marina de los enemigos del Estado, se difundirán en la nación y la harán rica y opulenta."
De todos modos esta Escuela continuó impartiendo sus enseñanzas hasta junio de 1806, en que cerró sus aulas cuando maestros y alumnos tomaron las armas para combatir al invasor inglés, naciendo en el seno de la misma Escuela el Tercio de voluntarios Urbanos de Galicia o Tercio de Gallegos. Cerviño y O´Donell tomaron parte activa en la lucha, así como el ex segundo maestro, el piloto Alsina, quien perdió la vida en ello.
Desgraciadamente esta clausura resultó definitiva, reintegrándose Cerviño a sus ocupaciones privadas, mientras O´Donell obtenía del Consulado la apertura de una Escuela de Matemáticas, puesta bajo su dirección, y a la que pasaron los útiles y elementos de la anterior.
El 17 de agosto de 1807 el Consulado toma conocimiento de la real orden del 22 de enero de ese año, en la que se desaprueba el establecimiento de la Escuela de Náutica por no haberse observado los reglamentos de la Armada en cuanto a la dependencia de la Escuela, por habérsela instalado sin intervención de las autoridades navales y porque para su dirección y puestos de maestros debían designarse pilotos de la Armada que demostraran aptitud conveniente.

Los días posteriores a Mayo.

Producida la Revolución de Mayo, la Junta decide el 23 de julio de 1810 crear la Academia de Matemáticas, para la instrucción de los oficiales y cadetes de la guarnición Buenos Aires, que es instalada en las viejas aulas del Consulado. Su erección se anuncia el 19 de agosto y los cursos comienzan el 12 de septiembre, bajo la dirección del teniente coronel Felipe Sentenach y la colaboración docente del capitán José Cipriano Andrés de Pueyrredón. La academia se extingue el 2 de julio de 1812, por la prisión y posterior fusilamiento de su maestro director, implicado en la conspiración de Alzaga.
Por un breve tiempo vuelven a dictarse en el Consulado, desde enero del año siguiente, cursos de matemáticas con el agregado de fortificación, arquitectura, explosivos armas y tiro de artillería. Su director es Cerviño, secundado por el joven y prestigioso matemático don Felipe Senillosa.
El 20 de enero de 1816 el gobierno de Álvarez Thomas promulga la erección de una Academia de Matemáticas y Arte Militar - en la que también se admiten civiles - que, bajo la dirección de Felipe Senillosa, y dependiendo de la Secretaría de Guerra (coronel Marcos Balcarce), abre sus puertas el 22 de febrero en la casa de "la comisión militar, frente al Hospital de Belén" (vereda W. de la actual calle Defensa, entre Venezuela y México).
Una semana después, el 1º de marzo, el Consulado inicia los cursos de su propia Academia de Matemáticas, que desde agosto del año anterior venía gestionando el síndico, don Pedro Capdevila, quien dona todos sus sueldos para ayudar a mantenerla. Su director es el capitán Manuel Herrera experto en artillería y buen matemático quien, por un traslado militar, es reemplazado cinco meses después por don José Lanz. El 23 de enero de 1817, por renunciar Lanz para regresar a Europa, la dirección pasa a manos del segundo maestro, que no era otro que el propio Senillosa, quien así queda al frente de ambas academias.
El 15 de febrero, a propuesta del Consulado, el gobierno acepta fusionarlas en una sola, a cargo exclusivo de la corporación mercantil pero que, por razones de espacio, funcionaría en el local de la del Estado.
Es así que el día 25 se inaugura, en el viejo local de la calle Defensa, la "Ademia Nacional de Matemáticas", que fue entonces la más alta expresión de los estudios físico-matemáticos del país. Como ayudante de cátedra se nombró al alumno más aventajado, don Avelino Díaz, quien resulta ser el primer profesor de ciencias exactas egresado de un establecimiento argentino. Los cursos eran gratuitos y abarcaban dos años, con un tercero opcional de perfeccionamiento. En el primero se dictaba aritmética, geometría, álgebra, geometría descriptiva, levantamiento de planos y dibujo; en el segundo trigonometría, secciones cónicas, cálculo, dinámica, cosmografía, arquitectura y dibujo.
En el curso del año 1818 se incrementaron los estudios con física, cálculo diferencial y pilotaje, y su director, bregando por el porvenir de sus egresados, solicita del Consulado que se obligue "a los Capitanes de los Buques a que sus segundos sean de los que han concluido los primeros dos años de estudios que prefija el Reglamento, o que el Consulado auxilie con lo necesario a os primeros que se quieran dedicar a este ramo, para de este modo evitar se abandonen, como ha sucedido con algunos de sus alumnos, por falta de medios".

LA SEGUNDA ESCUELA DE NÁUTICA DEL CONSULADO.

El 28 de mayo de 1818, el piloto de altura Antonio Castellini, natural de la isla de Córcega, solicita la autorización del gobierno para abrir una Escuela de Náutica, que en un año formaría pilotos "capaces de conducir un buque a cualquier parte del globo". Logrado el beneplácito de Pueyrredón (Director Supremo), Castellini solicita del Consulado aula y útiles a cambio de la enseñanza gratuita a los jóvenes que le fijara el Estado. El 2 de octubre del mismo año Pueyrredón comunica al Consulado (que ya ha trasladado a la planta alta de su casona de la calle San Martín, La Academia Nacional de Matemáticas que dirige Senillosa) haber concedido a don Antonio Castellini el Establecimiento de una Escuela Náutica y le ordena que la auxilie con los útiles necesarios. El conciliario don Joaquín Canaveris es designado para la adquisición de los elementos de enseñanza y algún mobiliario y, ante un nuevo requerimiento del Director Supremo, se le asignó finalmente un aula en el segundo patio de la casa consular, donde se inaugura esta escuela el día 1º de febrero de 1819. Ambas academias hacen amigables vida común en la ya histórica mansión del Consulado - que ha albergado a la Asamblea del Año XIII - y sus directores intervienen conjuntamente en los exámenes promocionales de una y otra.
Senillosa gestionó grados militares, con premio, para los alumnos sobresalientes del último curso de ambos institutos, que resultaron ser don Pedro Malavia en Matemática y don Manuel Bastardé en Náutica, quienes en marzo de 1821 fueron nombrados, respectivamente, subtenientes de artillería, y de marina.
Entre septiembre y octubre de 1821, ambos institutos y los cursos de idiomas, dibujo y contabilidad que sostenía el Consulado pasan, con sus profesores, a adquirir categoría universitaria, uniéndose a las aulas del Colegio de la Unión del Sur para conformar nuestra primera Universidad porteña.

DIVERSAS ESCUELAS DE ENSEÑANZA NÁUTICA.

Durante los años 1829 y 30 el heroico capitán de fragata Enrique Grandville, que en Monte Santiago perdiera su brazo derecho, se dedica a la enseñanza de la náutica en un aula particular.
Bajo el gobierno del general Balcarce (1833), siendo Comandante de Matrícula el capitán de navío Francisco Lynch, así como durante los interinatos de Viamonte y Maza (1834), en que la comandancia es desempeñada por el capitán de navío Tomás Espora, y aún durante el primer año del nuevo gobierno de Rosas (1835), siendo Espora sustituido por don Pedro Boneo, dicha comandancia mantiene en funciones una Escuela de Náutica, abierta tanto para "aspirantes de marina" como para "particulares", aunque el número de sus alumnos no fue nunca numeroso. La dirección de la misma estuvo en manos de nuestro ya conocido profesor de la primitiva Escuela de Náutica, el benemérito don Carlos O´Donell.
Durante la época de Rosas se realizaron intentos para reiniciar la enseñanza náutica. En 1847 el Piloto Castellini se dirige infructuosamente al restaurador solicitando la reapertura de su antigua academia. En 1851 se constituye una Academia Náutica, dirigida por el Piloto Nicolás Ottone. Después de Caseros quedó disuelta.

ESNN actual.

La "Escuela Nacional de Pilotos", concebida por el doctor Bermejo, empeñado en desarrollar la instrucción profesional, nació al votarse la ley del presupuesto para el año 1895, que incluía una partida destinada a la creación de una escuela de pilotos. El 12 de julio de dicho año su erección se confirma por un decreto del presidente Uriburu, refrendado por el mismo doctor Antonio Bermejo (Ministro de Instrucción Pública), en el que se designa "en comisión al Diputado Nacional doctor Manuel F. Mantilla, capitán de navío Martín Guerrico e ingeniero Aníbal Carmona, para que proyecten los reglamentos, presupuestos y demás requisitos necesarios para la instalación de la Escuela Nacional de Pilotos".
Con algunas modificaciones introducidas por el ministro, el 16 de enero de 1896 el P.E., aprueba el Reglamento y el Plan de Estudios proyectado por Mantilla y Guerrico; designándose posteriormente como director al ex teniente de fragata Pedro Mohorade (quien ya se había doctorado en derecho) y al señor Ramón Casas como Sub.-Director.
El 19 de marzo del mismo año, se inician los cursos en el local provisorio (cedido por el Consejo General de Educación) en la calle Industria Nº 471 y el 1º de abril se traslada al edificio de la calle Olavaria 666, alquilado al efecto. El plan de estudios comprendía aritmética, álgebra, geometría plana y del espacio, idioma nacional y aparejo.
El 1º de julio de 1900, debido a la ley sobre organización de los ministerios nacionales, que creó el de Marina, la Escuela Nacional de Pilotos pasó a depender de éste, según decreto del día 12 del mes anterior.
Comienza así la última etapa en la historia de nuestro Instituto. De entonces a hoy, la casi totalidad de nuestros marinos mercantes han pasado por sus aulas, y su idoneidad profesional es internacionalmente indiscutida. Retornando a la iniciación de los cursos, diremos que éstos comenzaron con 10 alumnos. En mayo de 1897, la escuela se traslada a la calle Chile Nº 270.
El 1º de marzo de 1898 se completan los tres cursos que componían el ciclo de enseñanza, iniciándose las clases con 7 alumnos en 3º año, 12 en 2º y 21 en 1º. El plan de estudios abarca, además de las asignaciones ya mencionadas, las de navegación, maniobra, derecho marítimo, geografía e inglés. Ese mismo año se inician, durante las vacaciones, las prácticas de navegación embarcándose los alumnos de 2º y 3º curso, en el transporte "Villarino", llegando hasta Tierra del Fuego. El 31 de diciembre de 1902 la escuela se traslada al Arsenal de Marina de Dársena Norte, instalándose en la planta baja de la oficina de hidrografía.
Por decreto del 7 de septiembre de 1916, y considerando que los egresados de esta escuela deben formar parte de las reservas de la Armada, se dispuso eximirlos del servicio militar obligatorio. Otro decreto, del 25 de junio de 1917, establece que los exámenes de reválida de patentes extranjeras, y los de aspirantes a capitanes a cabotaje, se realicen a este instituto.
El 6 de abril de 1925 se traslada la escuela al 5º piso del edificio que ocupa la Prefectura General Marítima, en la calle Reconquista Nº 281. Un mes después se crean los cursos de maquinistas y el instituto pasa a denominarse "Escuela Nacional de Pilotos y Maquinistas Navales". (7 de mayo de 1925).
En el año 1932 la escuela pasa a ocupar el local de la antigua Escuela de Mecánica de la Armada, en Dársena Norte. Conformando gestiones que se venían realizando desde el año 1927, el 5 de agosto de 1943 se inicia la construcción del edificio propio en la que hasta hoy permanece, en el solar que ocupaba el club de deportes del Ministerio de Marina, también en Dársena Norte y que fue inaugurado oficialmente el 8 de abril de 1946.
Interín, en el año 1944, se aprueba un nuevo Reglamento Orgánico para esta casa de estudios, cuyas disposiciones, establecen que la misma se denomine en adelante "Escuela Nacional de Náutica". Entre los años 1948 y 1950, al incrementarse la formación de oficiales que el país requería, la Escuela llegó a tener 1000 alumnos distribuidos en tres turnos (mañana, tarde y noche), para lo que debe funcionar en horario corrido de 7:30 a 21:00 horas. A partir de 1951 quedan instituidos los cursos de "Comisarios" y de "Radiotelegrafistas", con lo que se completa la preparación de todas las especialidades que forman los cuerpos de oficiales de marina mercante.
El 1º de enero de 1958 marca un cambio fundamental en la organización de los estudios al requerirse, para el ingreso como alumno, los estudios secundarios completos, pasando en consecuencia a integrar los planes de estudios solamente aquellas asignaturas consideradas básicas y las profesionales. De tal forma se logra elevar y actualizar notablemente la capacitación técnica de los egresados.
Dicha remodelación de los Planes de estudios, elaborados con la premisa "Llevar la escuela al mar" incluyó algo fundamental en la formación del futuro Oficial de Marina Mercante: el embarco, en buque escuela, durante todo el Segundo año de estudios, guiados por Oficiales de la Escuela y por los integrantes de la dotación del buque. Otro hito de capital importancia en la formación se halla en la concreción del "Proyecto de Asistencia Técnica" por el "Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo" y que tuvo como agencia de ejecución del Proyecto, a la "Organización Marítima Internacional".
Como consecuencia del mismo se produjo una importante transferencia de tecnología a través de expertos internacionales, el desarrollo de un programa de becas para Oficiales de Marina Mercante integrantes de la dotación de la Escuela y el equipamiento de la misma con modernos sistemas para la enseñanza, experimentación y adiestramiento.
En tal sentido cabe destacar lo siguiente: Equipo simulador Radar con cuatro buques propios y sistemas A.R.P.A.; Laboratorio de Electrónica; Laboratorio de Física y Química; Complementación y ampliación del laboratorio de Electrotecnia; Simuladores de navegación, de sala de máquinas y de comunicaciones, Equipos de motores Diesel para estudios y análisis de banco y sistemas automaticos de control de niveles; Laboratorio de idiomas y Laboratorio de prevención de la contaminación. A partir de las incorporaciones, la Escuela ha ampliado notablemente su horizonte profesional.
Como cierre actualizado de esta Historia de nuestra Escuela cabe destacar el espaldarazo recibido el día 8 agosto de 1989, oportunidad en la cual se firmó el Acuerdo entre Gobierno de la República Argentina y la Organización Marítima Internacional y por el cual designó a la Escuela Nacional de Náutica "Manuel Belgrano" Rama Regional de la Universidad Marítima Mundial, para el dictado de cursos y realización de seminarios para candidatos argentinos y latinoamericanos técnicamente calificados.
Muchos son quienes, por la brevedad de esta reseña, han quedado soslayados en ella pese a haber entregado largos años de esfuerzos al logro de los fines de la enseñanza náutica en nuestro país; pero por breve que la mención sea, jamás podrá hacerse referencia a la actual Escuela de Náutica sin asociar su nombre al del señor capitán de fragata Julio Müller, quien durante 32 años de exclusiva y constante dedicación a ella, de profesor a Jefe de Enseñanza, y hasta su fallecimiento, fuera el numen motor de su evolución y perfeccionamiento, que le ha permitido alcanzar el prestigioso sitial que hoy ostenta entre todas las de su género en el mundo.

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