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Derechos de Los Hombres y Pobreza

Comunidad Androsfera en T!

¿Habías pensado en los durmientes que están bajo el ferrocarril?

Cada uno es un hombre, un irlandés, o un yankee.

Los rieles son puestos encima de ellos, y son cubiertos con arena,

y los carros pasan suavemente sobre ellos.


– Henry David Thoreau, Walden



La cultura misándrica de hoy podría ser considerada como el complejo de opresión y abuso más grande visto en la era moderna. Más de 3 mil millones de hombres y niños son explotados rutinariamente, ignorados y abusados, se racionaliza como una necesidad, como algo justo, es el grupo demográfico del siglo pasado, sino de toda la historia.

Sin embargo, existe otra estructura de desigualdad que tiene todavía más alcance: la pobreza. Por siglos las grandes masas han sido explotadas por los ricos para que sus riquezas crezcan y que hagan guerra entre casas, reinos y naciones por el capricho de los plutócratas. No se equivoquen, la enorme pobreza que experimentamos el día de hoy es reforzada por la intención única de sostener el status quo, esto no es un accidente, sino que es un requisito del sistema actual.

Juntos, estos dos complejos culturales, la misandria y la pobreza, oprimen y abusan a la gran mayoría de la humanidad. La pobreza consume a la clase trabajadora, a los desempleados y a los que no tienen hogar e incluso el hombre de la clase media no se escapa de este maltrato debido a su género. Cada uno de estos complejos es una gran muralla que superar en la lucha por una sociedad igualitaria, y juntos forman la mayor cantidad de injusticia y abuso del mundo.

Sin embargo, la misandria y la pobreza no están verdaderamente separadas y no necesitan ser combatidas en forma individual. Ambas nacen de la evolución de culturas antiguas, ambas ahora son herramientas de los controladores corruptos del mundo, cuidadosamente consideradas y cultivadas para el beneficio de los poderosos. La misandria y la pobreza se apoyan la una a la otra, se alimentan la una a la otra, y en realidad la lucha en contra de una es la lucha en contra de ambas. Los hombres son el suelo donde se alimentan el sistema económico moderno, pero eso es sólo posible mientras los hombres no peleen en contra del sistema. Si no hubiera tantos hombres atrapados en la pobreza, tanta ira en contra de su sexo no sería tolerado. Sin las represiones de la cultura misándrica, los hombres no tolerarían que tantos de sus hermanos sean condenados a vivir casi sin nada.

La lucha por los derechos de los hombres es la lucha contra la desigualdad de la riqueza, donde los sistemas de misándria y desechabilidad masculina hacen brotar la hierba de la pobreza, usando el miedo y baja autoestima de los hombres para enriquecer a los ricos. Ganar derechos para los hombres será un golpe contra la pobreza mundial, no porque los hombres o su bienestar financiero sean más importantes o de de mayor impacto, sino porque cortar las injusticias y abusos contra hombres y los niños golpeará en las raíces del complejo cultural que facilita la pobreza masiva. Los hombres oprimidos del mundo son el combustible para la explotación y liberarlos nos ayudara a liberarnos a todos.

Una de las líneas de vanguardia por la lucha por los derechos de los hombres es la lucha por los derechos de los padres, la lucha por la reforma en el derecho de familia y los cambios en cómo la sociedad percibe y trata a los padres. El derecho de familia moderno nació de la agitación legal aparentemente bien intencionada en la mitad del siglo XX, pero ha llegado a contribuir de forma profunda y duradera con la pobreza. No como una conspiración, sino como una gestalt cultural que lleva a la gente a competir por los recursos cuando la colaboración podría servir mejor a los intereses de todos. Es el movimiento por los derechos de los hombres quien contribuye a esa colaboración.

El panorama actual de la estructura familiar en occidente continúa poniendo la mayor carga de la ganancia financiera sobre el marido / padre. Este desequilibrio desalienta a las mujeres a contribuir plenamente a la economía familiar y pone todos los huevos proverbiales en una sola canasta, dejando a muchas familias indigentes en el caso de la pérdida del empleo del marido, como ocurrió en masa durante la Gran Recesión.

Incrementar el balance entre la vida y el trabajo de los hombres animará a las parejas casadas a equilibrar mejor sus ingresos, aislándolos contra los estragos de una economía inestable.

Sin embargo, las cosas son peores y mucho más complejas cuando el divorcio entra en la ecuación. Tras la separación se hace cumplir una relación aún más rígida de proveedor-dependiente. La pensión alimenticia hacia la esposa hace poco para fomentar la participación femenina en la fuerza laboral y deja a los hombres bajo un sofocante aplastamiento de exigencias fiscales. Esto drena su propia riqueza, y mantiene a la mujer lejos de la construcción de la de ella, con lo que contribuye a la pobreza de los dos y que limita la movilidad ascendente. Matrimonios/divorcios seriales agravan el problema, creando una espiral descendente de deuda.

Con los niños el problema se vuelve aún más pronunciado. La pensión alimenticia se duplica sobre la carga de la pensión alimenticia hacia la mujer. Órdenes de custodia descaradamente desequilibradas dejan madres desempleadas o subempleadas y padres financieramente y emocionalmente atrapados bajo el talón de la corte de familia y vulnerables a los caprichos de su ex esposa. Todo esto debilita la economía familiar, drenando los recursos de los padres y condenando a muchos niños de padres divorciados a una vida en la pobreza.

Mejorar los derechos del padre equilibrará los tiempos de crianza, mejorando de la calidad de vida de todos los involucrados.

Padres separados con relaciones significativas con sus hijos son más felices, más sanos y contribuyen más a la economía de los niños. Los niños con acceso regular a sus padres crecen más sanos, y es menos probable que ellos mismos se convierten en adultos pobres. Regímenes de custodia más equilibrados permiten a las madres trabajar y ganar más, aportando para sus hijos y para su propia jubilación.

Mas derechos para los padres impulsará aún más el bienestar económico de las familias porque: (a) reducirá el número de divorcios innecesarios espoleados por el sistema actual, y (b) detiene el flujo extorsivo de dinero en las arcas ya desbordadas de los abogados de derecho de familia.

Luchar por los derechos de los padres es una piedra angular en la lucha por los derechos de los hombres, y ayudará a recuperar a muchas familias rotas de las garras de la pobreza. Más profundo que el abuso hacia los padres, sin embargo, y tal vez una causa principal del mismo, es el punto de vista cultural que ve a los hombres como ganado. Ganado para ser conducidos a trabajar y ser exprimido hasta que mueren siete años más jóvenes. Ganado que se ve obligado a ir a la línea de frente den la guerra, frente al desastre y el peligro porque es su “deber”.

El ganado que sufren en silencio y “se aguanta como un hombre” para que, mientras tanto, otros reciban ayuda. Todo esto ha sido entrenado y golpeado en los hombres durante milenios hasta que incluso los propios hombres no cuestionan su propio complejo de mártir, su auto-valoración basada en la utilidad.

Esta es la razón por misandria prospera. Los hombres están condicionados a no hablar y a internalizar el odio con el que se encuentran todos los días, (Porque de odio se trata). Incluso lo es el llamado ideal “noble” del hombre que se sacrifica por los demás. Enseñarle a un niño que su vida es menos valiosa que la de su hermana es enseñarle a odiarse a sí mismo. Esto también contribuye a la pobreza en el mundo, enseñándole a los hombres a aceptar ser una utilidad explotable sin querer nada a cambio. Los hombres siempre han sido la columna vertebral de la economía, ya sea como siervos o asalariados, siendo la mayor parte de la mano de obra, pagando la mayoría de los impuestos sobre la renta y pasando más horas en el trabajo remunerado. Donde los hombres van, la economía los sigue, excepto que los hombres mismos no controlan el flujo de la riqueza que producen. Esto permite a los ricos alimentarse de la clase obrera, drenando recursos para sus propios deseos egoístas.

Liberar los hombres de sus ataduras culturales los liberará para crear riqueza para ellos y para los que elijan cuidar, no para unos pocos privilegiados o quien sea que la sociedad elija imponerles. Los hombres no deben ser avergonzados y presionados para que trabajen hasta llegar a una tumba prematura. Dejen que todos los adultos contribuyan por igual y luego compartan lo que se gana, de esa forma todos vamos a ser más ricos.

El miedo también debe ser detenido. Los hombres son intimidados para cumplir su función de utilidades mediante miedos impuestos e irracionales dirigidos a controlarlos y explotarlos “La cultura de rendimiento” impulsa a los hombres a no tener en cuenta su propio bienestar para impresionar a los demás, por temor a ser rechazado como sub-estándar. La estructura ginocentrica de las relaciones carga y drena a los hombres como poco más que tarjetas de regalo; gaste y deseche.

Cualquier hombre que se atreve hablar en contra de la práctica es avergonzado y castigado, por lo que la riqueza sigue siendo desviada hacia productos e industrias que a los hombres ni siquiera les interesan, dejándolos con apenas poco más que su pan y su circo pay-per-view.

Los hombres deben rebelarse, no violentamente contra sus opresores, sino con valentía hacia un nuevo sendero. Los hombres son la mitad de la población y el grueso de la fuerza de producción mundial. La economía estará en su poder si deciden tomar el control y exigir que, por una vez, esta haga algo por ellos.

No por egoísmo o avaricia, sino porque el sistema tal y como está los explota a ellos y a sus familias y sólo los propios hombres pueden mejorarlo.

No pierda dinero en demostraciones de riqueza; coches, trajes, los bienes y las novias trofeo sólo dan una falsa sensación de valor. Su dinero se acabará en los bolsillos de corporaciones a las cuales no les interesa ni un poco de usted.

No permita que otros drenen su riqueza duramente ganada; pague sus impuestos, done a su caridad favorita, pero no deje que nadie le diga cómo gastar su dinero. Cada centavo es una parte de su vida y le pertenece. No sea un cajero automático para los malos hábitos de otra persona.

Niéguese a participar en el festival especulativo de los tribunales de familia; ningún hombre cuerdo debe exponerse al riesgo de divorcio. Es poco más que esclavitud auto-aceptada.

Las empresas no pueden hacer nada ni ganar un centavo sin usted, así que no se conforme con ese trabajo en un cubículo sólo porque tiene una pensión alimenticia que pagar (a su ex esposa) y a su nueva novia le gusta el vino caro.

El trabajo debe ser satisfactorio, no triturar el alma, y si usted deja de lado a todas las sanguijuelas fiscales tendrá mucho mayores opciones en puestos de trabajo.

A los hombres nunca se les da derechos. Los derechos tienen que ser exigidos, tomados, y defendidos. Cuando los hombres se liberen de sus ataduras, la máquina industrial habrá perdido su “rebaño” de obreros, y los hombres se convertirá en la fuerza de trabajo por su propio bien, el bien de sus hermanos y de sus seres queridos.

La flagrante injusticia de la falta de hogar masculina, el desempleo y la muerte prematura son ignoradas por la clase ociosa porque facilitan nuestra cultura del gasto insostenible, pero es hora de dejar de tolerar el abuso que sufren nuestros padres, hermanos e hijos.



Hay suficiente para todos si no dejamos que los pocos y selectos acumulen recursos. Es la vergüenza y el miedo al rechazo que mantiene a los hombres a trabajando y muriendo por extraños, en lugar de encontrar su propia definición de la autoestima y de trabajo para enriquecer sus vidas, en lugar de la cuenta bancaria de otra persona. Ponerse de pie y negarse a ser utilizado; ahí es cuando se detiene el ciclo del consumismo manchado de sangre. Los hombres sostienen la economía, pero no tienen que ser aplastados por ella.

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