epespad

La conformación de un nuevo sistema internacional (1)


La crisis estructural del poder norteamericano y la conformación de un nuevo sistema internacional multicéntrico


Parte 1


Por Marcelo Gullo, 28/08/2011

A partir del fin de la Guerra de Secesión (1865) existió, en los Estados Unidos, una perfecta armonía entre los intereses del estado norteamericano y los de la alta burguesía norteamericana. Una alianza que, luego de la Guerra de Secesión, puso en marcha un gran proceso de industrialización impulsado por el Estado y protegido de la competencia externa por fuertes restricciones tarifarias, pararancelarias y subsidios, tanto encubiertos como desembozados . Este proceso de industrialización generó una enorme inmigración europea hacia los Estados Unidos, retroalimentando un mercado interno en creación y crecimiento permanentes y generando un verdadero “círculo virtuoso de crecimiento” cosa que, a su vez, consolidó, aún más, la originaria unión de intereses entre la alta burguesía y el propio estado norteamericano. Aquello que era bueno para la alta burguesía norteamericana era también bueno para el propio estado norteamericano.

El análisis histórico objetivo no deja duda alguna de que, después de la finalización de la Guerra Civil, los Estados Unidos adoptaron decididamente como política de Estado el proteccionismo económico y que, gracias a este sistema, protagonizaron uno de los procesos de industrialización, por su rapidez y profundidad, más asombrosos de la historia. En 1875, los aranceles para productos manufacturados oscilaban entre el 35% y el 45%. Recién en 1913, hubo una disminución de los aranceles, pero la medida fue revertida, apenas un año más tarde, cuando estalló la Primera Guerra Mundial. En 1922, el porcentaje pagado sobre los bienes manufacturados de importación, subió un 30%. En 1925, la tasa arancelaria promedio sobre los productos manufacturados era de un 37% y, en 1931, de un 48%.

Estados Unidos fue, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, el bastión más poderoso de las políticas proteccionistas y su hogar intelectual. Convertido luego de la Segunda Guerra Mundial en la más grande potencia industrial del mundo, en la economía industrial de más alta productividad y, estando tanto el aparato industrial europeo como el japonés, seriamente destruidos, Estados Unidos, -tal como lo había predicho el presidente Ulises Grant-, después de haber usufructuado del proteccionismo económico, después de haber obtenido del régimen protector todo lo que este pudo darle adoptó el libre cambio y se convirtió en el bastión intelectual del libre comercio. (1)

Con la adopción del libre comercio durante 30 años, Estados Unidos obtuvo enormes beneficios. Aunque es preciso aclarar que, como lo había hecho Gran Bretaña en su momento, los Estados Unidos actuaron, también, con una deliberada duplicidad pues, mientras predicaban el libre comercio seguían manteniendo, para muchos productos, una enorme protección para-arancelaria que hacía del mercado norteamericano una fortaleza inaccesible. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se esmeró, a través de sus más prestigiosas universidades, en sostener para los otros países, los principios del libre cambio y de la libre actuación del mercado y sus grandes economistas condenaron como contraproducente, cualquier intervención del Estado en la economía. Imprimiendo a esa ideología de preservación de su hegemonía las apariencias de un principio científico universal de economía - tal como en su momento lo había hecho Gran Bretaña -, lograron, con éxito, persuadir de su procedencia a muchos otros Estados que, así, se constituyeron, pasivamente, en mercado para los productos industriales norteamericanos y permanecieron como simple productores de materias primas.

En la década de 1970, la completa recuperación industrial de Alemania y Japón, tolerada por Washington durante la Guerra Fría por una necesidad geopolítica imperiosa, hizo que los Estados Unidos no pudiesen obtener del sistema de libre comercio todos los beneficios que habían planificado, pero no representó un grave peligro para la economía norteamericana que seguía siendo altamente competitiva en numerosos rubros.

El sistema económico mundial, construido por los Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial para su entero beneficio, sólo va entrar en crisis cuando, en la década de ´70, se produzca el gran aumento de los precios del petróleo. Se produjo, entonces, el fenómeno inédito de la estanflación (inflación con recesión), la aparición de los llamados petrodólares y la preeminencia, a partir de entonces y, hasta nuestros días, del capital financiero y especulativo sobre el capital industrial.

Cuando el cazador cae en su propia trampa

Con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca, que sella la alianza de la elite político-militar norteamericana, no ya con la vieja burguesía industrial norteamericana, sino con la burguesía financiera internacional, los Estados Unidos adoptan como doctrina de Estado el neoliberalismo. Para salir de la crisis económica la elite política, intelectual y militar norteamericana cree que los Estados Unidos deben fomentar una nueva división del trabajo a nivel internacional donde los Estados Unidos se reservarían para sí mismos la producción de la alta tecnología -que exigía gastos en investigación gigantescos que sólo el gran Estado norteamericano podía subsidiar- y el control de cuatro grandes monopolios a saber:

1. Los monopolios que operan en el campo del control de los flujos financieros de envergadura mundial.
2. Los monopolios que operan en el acceso a los recursos naturales del planeta, en este caso en alianza con el poder británico.
3. Los monopolios que operan en el campo de las comunicaciones y de los medios de comunicación.
4. Los monopolios que operan en el campo de las armas de destrucción masiva. (2)

Con el control de estos monopolios, la elite norteamericana pensaba que los Estados Unidos podrían anular los logros de la industrialización de la periferia, devaluando el trabajo productivo incorporado a esas producciones al mismo tiempo que sobrevaluaban el pretendido valor añadido incorporado a las actividades llevadas a cabo por los nuevos monopolios. Se produciría entonces, una nueva jerarquía en el reparto del ingreso a escala mundial, más desigual que nunca, subyugando a las industrias de la periferia y reduciéndolas al estatus de actividades menores. (3)

Fue, entonces, en el esquema de esa nueva división internacional del trabajo concebida por la elite político-intelectual estadounidense que a inicios de esa década de los `80 comienza a producirse, en los Estados Unidos de Norteamérica, un lento proceso de desindustrialización, cuando la alta burguesía norteamericana, en busca de una mayor plusvalía, comienza a trasladar la producción industrial de los Estados Unidos hacia los países del Asia. Cierto es que este proceso de traslado de empresas norteamericanas fuera de sus fronteras ya se había producido, con anterioridad, hacia America Latina, por ejemplo. Así, durante las décadas de 1960 y de 1970, numerosas empresas norteamericanas habían instalado factorías para la producción de bienes industriales, principalmente en Brasil, Argentina y México. Pero las empresas norteamericanas se trasladaban para fabricar productos destinados a la venta en esos mismos mercados. El giro que se produce a partir de los ’80 es absolutamente diferente porque, a partir de la década de los ´80, las empresas norteamericanas comienzan, principalmente en Asia, a producir para los Estados Unidos. Es decir que las empresas norteamericanas, instaladas en el Asia, comienzan a fabricar, con trabajo extranjero barato, productos que, luego, se venderían en el propio mercado norteamericano.

Hasta la década de 1980 lo que era bueno para la alta burguesía industrial norteamericana era bueno para los Estado Unidos pero, con posterioridad a esos años y hasta nuestros días, lo que es bueno para el capital industrial norteamericano -que instalado fuera de los Estos Unidos está obteniendo enormes ganancias gracias al bajo costo de la mano de obra-, no es bueno para el pueblo de los Estados Unidos que ha comenzado a sufrir los efectos del desempleo endémico y no es bueno para los Estados Unidos que sufre un déficit comercial crónico.

A nuestro entender, la crisis que atraviesan hoy los Estados Unidos -más allá de cualquier recuperación posible de la economía norteamericana- es, más que una crisis económica, una crisis estructural del poder norteamericano.

Desde nuestra óptica, estamos ante una crisis estructural del poder norteamericano porque, por primera vez desde 1865, hay una contradicción entre los intereses de la alta burguesía norteamericana y los intereses nacionales del estado norteamericano. Esto no había pasado nunca, hasta ahora.

Un error en la concepción estratégica

Paradojalmente la elite política y militar norteamericana, influenciada fundamentalmente por el pensamiento estratégico de Alvin Toffler (4), fomentó y apoyó a la alta burguesía, cuando ésta, en busca de una mayor plusvalía, comenzó a trasladar la producción industrial de los Estados Unidos hacia los países del Asia. La idea sustancial del pensamiento estratégico de Toffler - aceptado en gran medida por la elite política y militar norteamericana - se basaba en que el poder pasaba, ahora, por la tecnología de punta. (5)

Esta idea, que en principio es cierta, posee, sin embargo, un error. Desde el punto de vista de la construcción del poder nacional, la constitución de un complejo aparato tecnológico no debía realizarse en desmedro del aparato industrial. Adoptar uno no debía significar desechar el otro. Sin embargo, partiendo de que el poder consistía, exclusivamente, en la posesión de la tecnología de punta, Estados Unidos, comenzó a especializarse, a través de un gran Impulso Estatal -proveniente del complejo militar-espacial-, exclusivamente en ella, desechando su aplicación a la industria básica común, perdiendo por ello, progresivamente, el liderazgo industrial. (6)

Conviene recordar al pasar que el Estado norteamericano subsidió ese desarrollo tecnológico dado que las compañías privadas no lo hubiesen podido hacer, nunca, por sí mismas (las computadoras y la Internet, por mencionar sólo algunos ejemplos, fueron desarrollos realizados, en principio, para el complejo aeroespacial-militar norteamericano). Se trataba de un subsidio “encubierto” que, a través del sistema militar-espacial, recibieron las compañías tecnológicas privadas norteamericanas. (7)

Si bien es cierto que el poder pasa por la dominación de la alta tecnología, lo que no se contemplaba en ese análisis, realizado por la inteligencia norteamericana, es que se estaba convirtiendo a los Estados Unidos en una sociedad exclusivamente dedicada a los servicios y que esos servicios, naturalmente volátiles, desplazaban a la más estable e inelástica producción industrial, la cual a su vez es la principal fuente de empleo permanente y mucho más amplia en cuanto a su capacidad de absorber personal de la más amplia gama de capacitaciones. Entonces, a medida que los Estados Unidos transferían su proceso de industrialización al Asia, se desindustrializaban y perdían uno de los escalones de su poder nacional. Desde ese momento, y a partir de la supremacía de su moneda, empezaron a “vivir de prestado.”

Desde la llegada de Ronald Reagan, con una balanza comercial cada vez más desfavorable, la economía de Estados Unidos, comienza a vivir de una incesante emisión monetaria, con la cual los Estados Unidos importan todos los productos industriales que consumen. Dólares que terminan dinamizando la economía de las potencias rivales, mientras que, en los Estados Unidos, cada vez más trabajadores pierden sus puestos de trabajo. El desempleo no toma dimensiones dramáticas de inmediato, porque un porcentaje de los desempleados industriales son absorbidos por el sector de servicios pero, con el paso del tiempo, los servicios, volátiles y de demanda sumamente elástica, por esencia, también van desapareciendo, haciendo que el desempleo se vuelva crónico.

Ese es el origen profundo de la crisis del poder norteamericano. Los problemas financieros que hoy vemos son, así, una consecuencia y no la causa. El verdadero origen estructural de la crisis, está en el traslado de la producción industrial de los Estados Unidos al Asia, porque la plusvalía que obtenía la alta burguesía norteamericana era enorme, en comparación a la que podía obtener en los Estados Unidos. Resulta evidente, entonces, que desde el punto de vista político y económico, Estados Unidos ya no es lo que era al finalizar la Segunda Guerra Mundial, ni lo que imaginó que podía ser, luego de la desaparición de la Unión Soviética.




La conformación de un nuevo sistema internacional (1)



Notas


(1). Aunque todavía en 1960, Estados Unidos mantenía un arancel promedio del 13%.

(2). El esquema de la nueva división internacional del trabajo pensada por la elite norteamericana y la conceptualización de los cuatro grandes monopolios, la hemos tomado del gran economista egipcio Samir Amin.

(3). Al respecto ver, AMIN, Samir, El hegemonismo de Estados Unidos y el desvanecimiento del proyecto europeo, Madrid, Ed. El viejo Topo, 2001, págs. 40 y 41.

(4). Alvin Toffler comenzó a influenciar de manera notable a la elite política y militar norteamericana en el año 1970 con la publicación de su primer libro titulado “El shock del futuro” donde sostenía la tesis de que la aceleración de la Historia acarreaba sus propias consecuencias, con independencia de las orientaciones reales del cambio, y que la simple aceleración de los acontecimientos y de los tiempos de reacción produce sus propios efectos, tanto si los cambios se perciben como buenos o como malos. Luego, en su obra “La tercera Ola”, publicada en 1979, Toffler divide la historia de la civilización en sólo tres partes: una fase agrícola de “primera ola”, una fase industrial de “segunda ola” y una fase de tecnológica anti-industrial de “tercera ola”, que recién estaba comenzando. Para Toffler, la aparición de la “tercera ola” se convierte en la clave para interpretar los dramáticos cambios que se producen en su entorno. La premisa revolucionaria que le permite interpretar y discernir el sentido de los acontecimientos. Los cambios que él observa en la familia, en la sociedad, en el estado, desde el quiebre de la familia tradicional, la difusión de cultos, el incremento del horario flexible, la aparición de los movimientos separatistas, la crisis del estado nación, no son, para Toffler, cambios aislados entre sí, frutos del azar, sino partes de un fenómeno mucho más amplio, “La muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización”. (TOFFLER, Alvin, La tercera ola, Barcelona, Plaza&Janes, 1981.)

Años más tarde, Alvin Toffler, en su libro “El cambio de poder”, con el que cierra una trilogía dedicada a explorar el impacto del “futuro”, en la sociedad contemporánea, concibe al poder como un taburete de tres patas, conformado por la riqueza, la violencia y el conocimiento. Imagen que lo lleva a elaborar el concepto del “poder del equilibrio”. TOFFLER, Alvin, El cambio de poder, Barcelona, Sudamericana, 1999, p. 491.

(5). Toffler sostiene que: “La era industrial bisecó el mundo en una civilización dominante y dominadora de la segunda ola e infinidad de colonias hoscas, pero subordinadas de la primera ola (Toffler entiende por sociedades de la primera ola a las sociedades agrícolas no industrializadas)... en ese mundo, dividido entre civilizaciones de la primera y de la segunda ola resultaba perfectamente claro quién ostentaba el poder.”

En la actualidad, afirma Toffler,“…la humanidad se dirige cada vez más deprisa hacia una estructura de poder totalmente distinta que creará un mundo totalmente dividido no en dos, sino en tres civilizaciones tajantemente separadas, en contraste y competencia: la primera, simbolizada por la azada, la segunda por la cadena de montaje y la tercera por el ordenador” TOFFLER, Alvin, Las guerras del futuro, Barcelona, Ed. Plaza&Janes, 1994, p.41.

(6). La ciudad de Pittsburg es un ejemplo paradigmático del proceso de desindustrialización que vivió Estados Unidos. Pittsburg era conocida como el “Ruhr estadounidense”. Es decir: “…el corazón de la región del acero y el carbón. Su industria entró en colapso en la década del 80 y se perdieron la mitad de los empleos industriales, que hoy representan el 8% de la fuerza laboral. Treinta años después Pittsburg se ha convertido en uno de los centros de la industria de alta tecnología y de la salud norteamericanas, con 35 universidades y 100 centros de investigación. La industria sobreviviente se concentra en la robótica, la electrónica y la nanotecnología”. CASTRO, Jorge, “El G-20, en busca de retomar el control de las finanzas mundiales. Clarín, Buenos Aires, 9 de septiembre de 2009, p. 15.

(7). Las investigaciones de la carrera espacial colocaron a las empresas estadounidenses en la vanguardia tecnológica, otorgándoles una ventaja competitiva extraordinaria, al mismo tiempo que modificaron la vida cotidiana en todo el planeta tierra. El láser, la fibra óptica, las tomografías computadas, el horno de microondas, el papel film y hasta las comidas congeladas, tuvieron allí, su origen. Las técnicas para deshidratar y congelar alimentos fueron desarrolladas por la NASA para que los astronautas llevaran su comida en celdas pequeñas y pudieran prepararlas fácilmente. También fueron frutos de la investigación espacial, los equipos de diálisis para el riñón que purifican la sangre, las técnicas que combinan la resonancia magnética y de tomografías computada para hacer diagnósticos fehacientes, las cámaras de televisión en miniatura que los cirujanos se colocan en sus cabezas para que sus alumnos observen una operación, las camas especiales para pacientes con quemaduras y hasta las frazadas térmicas que se usan en los hospitales. La investigación de la fibra óptica permite hoy escuchar un CD con un lector láser, que las centrales de celulares transmitan datos, o que se emita información bancaria y financiera, en tiempo real, desde y hacia cualquier lugar del mundo. Como destaca Noam Chomsky: “Desde la Segunda Guerra Mundial, el sistema del Pentágono-incluyendo a la NASA y al Departamento de Energía- ha sido usado como un mecanismo óptimo para canalizar subsidios públicos hacia los sectores avanzados de la industria...por medio de los gastos militares, el gobierno de Reagan aumentó la proporción estatal en el PIB a más de 35 por ciento hasta el año de 1983, un incremento mayor al 30 por ciento, comparado con la década anterior. La guerra de las galaxias (propuesta por Reagan) fue así un subsidio público (encubierto) para el desarrollo de la tecnología avanzada....El Pentágono, bajo el gobierno de Reagan, apoyó también el desarrollo de computadoras avanzadas, convirtiéndose - en palabras de la revista “Science”- “en una fuerza clave del mercado” y “ catapultando la computación paralela masiva del laboratorio hacia el estado de una industria naciente, para ayudar, de esta manera, a la creación de muchas “jóvenes compañías de supercomputación”. CHOMSKY, Noam y DIETERICH, Heinz, La sociedad global, Buenos Aires, Editorial 21, 1999, p.36



La conformación de un nuevo sistema internacional (1)



Fuente


La crisis estructural del poder norteamericano y la conformación de un nuevo sistema internacional multicéntrico, por Marcelo Gullo en Redacción Popular.

Marcelo Gullo es Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador, Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario, graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid, obtuvo el Diploma de Estudios Superiores (Maestría) en Relaciones Internacionales, especialización en Historia y Política Internacional, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales, de Ginebra. Discípulo del politólogo brasileño Helio Jaguaribe y del sociólogo y teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré, ha publicado numerosos artículos y libros, entre ellos Argentina - Brasil: La gran oportunidad (prólogo de Helio Jaguaribe y epílogo de Alberto Methol Ferré) y La insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las naciones (prólogo de Helio Jaguaribe). También es asesor en materia de Relaciones Internacionales de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC) y profesor de la UNLa.

9 comentarios - La conformación de un nuevo sistema internacional (1)

Mateteag
Muy interesante análisis. Va recomendado, también.
sanma_ch
Muy muy bueno!!
Gracias por compartir
ciriana
espero la segunda parte
NariGures
Claro, la cosa es que a la industria la necesitabamos nosotros, las semicolonias tercermundistas, pero la tecnología no la necesitamos; solo la necesitan los mercados para poder ser competitivos, y por eso tenemos formación de monopolios como nunca.
NariGures
@SantiMonse gracias por traer a la muchachada esta nota. Personalmente es la mejor que leí sobre la crisis internacional.
Tienes que ser miembro para responder en este tema