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Existencialismo Kierkegaard y El Séptimo Sello de Bergman

La Filosofía existencialista de Kierkegaard, y El Séptimo Sello de Ingmar Bergman.

El séptimo sello (1957) de Bergman plantea cuestiones eternas, como el miedo a que no haya nada tras la muerte y a la relación entre el cine del norte de Europa y el existencialismo de Sören Kierkegaard. En otros filmes de directores como Carl Theodor Dreyer, Lars Von Trier o Gabriel Axel se observan nuevas visiones de este apasionante tema. También es posible vislumbrar debates acerca de estas cuestiones en filmes de otras cinematografías.

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1. El problema de la fe y la religión en el cine nórdico

Desde sus orígenes, el cine del norte de Europa siempre ha tenido una fuerte preocupación sobre la fe y sobre la existencia de Dios. Esta cuestión ocupa parte de la reflexión filosófica danesa durante el siglo XIX y es dada a luz por el filósofo de la religión Sören Kierkegaard, una de las principales fuentes de inspiración del cine nórdico y uno de los exponentes más destacados de la filosofía existencialista.

Entendemos por cine nórdico aquel desarrollado en los tradicionalmente llamados países escandinavos, lugares donde la tradición religiosa luterana ha tenido un gran peso y se ha reflejado a la perfección en las manifestaciones cinematográficas. Estos países serían Suecia,Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia. El desarrollo del séptimo arte en los dos primeros países es destacado a nivel mundial desde la época del cine mudo. Uno de los maestros del cine silente es el danés Carl Theodor Dreyer, destacado exponente del cine relacionable con el existencialismo, junto con el sueco Ingmar Bergman, objeto prioritario de este artículo y autor de la película que nos ocupa en este estudio Det sjunde inseglet (El séptimo sello, 1957).

A pesar de la amplitud de las carreras cinematográficas de Bergman y Dreyer, hay un nexo de unión en sus filmografías a mediados de los años cincuenta, cuando el cineasta sueco lleva a cabo la película citada y cuando el director danés realiza una de sus indudables obras maestras, la espectacular Ordet (La palabra, 1956). Sobre ambos filmes volveremos con posterioridad y hablaremos largo y tendido en este artículo, ya que son películas con evidentes puntos de unión al afrontar una serie de problemas eternos que ya en el XIX eran planteados por Kierkegaard, influyente filósofo existencialista, cuya presencia es incluso citada en la película de Dreyer, ya que uno de sus principales personajes, Johannes, se ha quedado loco por estudiar teología y especialmente por seguir los preceptos del filósofo danés.

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Pero, ¿por qué están tan atormentados los cineastas nórdicos? ¿Se trata de una moda de los años cincuenta cuando la Guerra Fría y el peligro nuclear hacen empujar a muchos artistas como Bergman a equiparar la muerte medieval originada por epidemias y pestes con estas cuestiones? Ciertamente, este tormento y ese miedo a la muerte, así como el complejo de culpa luterano es perceptible en cineastas nórdicos posteriores, como el inclasificable Lars Von Trier en películas como Breaking the waves (Rompiendo las olas, 1996), así como en el más optimista Gabriel Axel, de Babettes gästebud (El festín de Babette, 1987), (ambos directores procedentes de Dinamarca). Del mismo modo, es posible vislumbrar esta cuestión en obras de directores más urbanos y contemporáneos como el finlandés Aki Kaurismäki que compone filmes austeros y minimalistas, casi sin palabras, pero con un fatalismo y una presencia inexorable de la muerte que otorga a sus desgraciados protagonistas un destino inequívocamente nefasto, como observamos enTulitikkutehtaan tyttö (La chica de la fábrica de cerillas, 1990) o en I hired a contract killer (Contraté un asesino a sueldo, 1990), por poner dos ejemplos ilustrativos.

Curiosamente este sentimiento de culpa y esta herencia luterana se puede observar en películas realizadas por directores no nórdicos, ambientadas en Estados Unidos, principalmente en comunidades protestantes de lugares como Minnesota, con gran presencia de gentes de origen escandinavo, merced a la rígida educación de los directores que han llevado a cabo las películas o de los lugares donde se han desarrollado las mismas. Es posible ver esto en filmes tan diferentes como The night of the hunter (La noche del cazador, 1955) de Charles Laughton, o en The neon bible (La biblia de neón, 1995) del británico Terence Davies, sin dejar de lado otro filme de Lars Von Trier, ambientado en Estados Unidos, en este caso Dancer in the dark (Bailar en
la oscuridad, 2000).

Volviendo a Suecia, hay que decir que aparte de los problemas eternos, el cine sueco ha lastrado un gran miedo a la naturaleza salvaje del país, al viento, a la nieve, al hielo. Ese miedo procede del romanticismo que presentaba la insignificancia del hombre frente a la grandeza de la naturaleza, como se observaba en los fantásticos paisajes de Caspar David Friedrich. Algunos filmes como The wind (El viento, 1928) de Victor Sjöström y Herr Arnes pengar (El tesoro de Sir Arne, 1918) de Mauritz Stiller, los genios del cine mudo sueco, así lo atestiguan. No obstante este pavor al entorno poco a poco pierde fuerza frente al antropocentrismo y al problema humano que tan bien reflejado está en el cine de Bergman. El pesimismo del hombre, amparado en la fragilidad de la condición humana y la preocupación sobre las dudas existenciales serán las bases de esta manera de ver el cine. Según Jordi Puigdomenech se observa una profunda contradicción a este respecto, ya que Suecia es un país próspero, neutral en los dos grandes conflictos armados del siglo XX, así como un territorio muy secularizado y moderno. No obstante, el peso de cuatro siglos de tradición luterana ha dejado necesariamente un fuerte infllujo en la sociedad sueca, influjo que se deja ver claramente en la mentalidad de sus ciudadanos.

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Friedrich, Monje a la Orilla de Mar

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Friedrich, Dos hombres contemplando la luna

2. Representaciones de pecado y muerte. A propósito de El séptimo sello

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El séptimo sello es una de las obras más conocidas de Bergman.Realizada en 1957, la película narra el regreso a la Suecia natal de Antonius Block (Max Von Sydow), caballero cruzado, que después de pelear contra los infieles en Tierra Santa vuelve a su país en la época de la peste negra que asola Europa, acompañado de su fiel escudero Jöns (Gunnar Björnstrand).Tras haber conocido la muerte de cerca en las crueles guerras de religión, la vuelta al hogar supone un nuevo encuentro con el final de la vida, observando las terribles consecuencias de la epidemia, por un lado, y encontrándose con ella cara a cara al principio de la película, jugando una partida de ajedrez con la Muerte, que es uno de los motivos más recordados de la obra.La Muerte, representada de negro de manera tétrica por el actor Bengt Ekerot, tiene bastante que ver con la oscura visión de la crisis bajomedieval, e incluso en parte con la percepción romántica del final de la vida.

El séptimo sello supone un punto de inflexión en la filmografía de Bergman. Podemos insertar este filme como comienzo de su segunda etapa, la que iría desde la película que nos ocupa hasta Persona (1966) y que contiene algunas de sus obras maestras más recordadas Smultronstället (Fresas salvajes, 1957), Nattvardsgästerna (Los comulgantes, 1963), Säsom i en spegel (Como en un espejo, 1961)…4. Esta película supone el espaldarazo internacional para Bergman y a partir de ella todos sus filmes se convertirán en importantes acontecimientos y optarán a premios en los principales festivales de cine del mundo.

La inspiración para componer este filme le llegó a Bergman por medio de las representaciones bajomedievales de las pequeñas iglesias suecas de los alrededores de Estocolmo a las que el director, cuando era niño, acudía en compañía de su padre, pastor luterano. En ese sentido, no podemos observar el filme como una película de
rigor histórico, ya que la cronología de las Cruzadas y el momento en el que el protagonista regresa a Suecia no tienen sentido, sino como una visión subjetiva de una serie de hechos que impactan a Bergman y que por medio de su carácter existencialista y apocalíptico pueden buscar como referente estas pinturas góticas en tabla, así como las esculturas representativas del Apocalipsis y otros pasajes de la Biblia.

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Repasando de manera analítica el filme, se trata de una película de gran contenido simbólico donde podemos encontrar referencias explícitas a la tradición luterana, a la Biblia y concretamente al Apocalipsis, al existencialismo de Kierkegaard, al miedo atómico de la Guerra Fría, a la Edad Media vista a través del romanticismo e incluso a la tradición cinematográfica nórdica, en la cual el paisaje y el entorno natural tienen una gran importancia y mediatizan algunas de las acciones del filme.

El comienzo de la película se ubica en una playa báltica. Allí se hallan el caballero medieval Antonius Block y su fiel escudero Jöns. Sale el sol y una música apocalíptica nos hace pensar en el temor de los hombres a Dios que parece controlar todo desde las alturas. La salida del sol entre las nubes en ese paisaje costero de acantilados apabulla al hombre, como se observaba en la pintura romántica de Caspar David Friedrich, Caminante ante un mar de niebla (1818). Paradójicamente, al caballero templario le espera la tétrica Muerte para jugar una partida de ajedrez con él. Esa Muerte que es la misma que ha sorteado el soldado en el campo de batalla y que reta de nuevo al templario que vuelve a su desoladora patria invadida por la peste negra. Aquí podemos observar varias paradojas, la primera es que el mar es el destino, ya que los ríos desembocan en el mar, como decía Jorge Manrique, autor de las famosas Coplas a la muerte de su padre: «Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir».También observamos una cierta relación con El Quijote, ya que caballero y escudero son dos personajes con puntos de vista distintos. El idealismo de Antonius Block y el escepticismo de su escudero Jöns, recuerdan de lejos a los personajes de la inmortal obra cervantina.

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La profunda, hermosa y filosófica pintura de Friedrich "El caminante sobre el mar de Niebla"


La aparición de los juglares es como un soplo de aire fresco y es la única concesión vital de la película. El oscurantismo de los caballeros, de la muerte y del ambiente reinante en la Suecia medieval contrasta con la alegría que irradian estos personajes ingenuos, llenos de vida y vestidos de blanco principalmente. Los nombres de los feriantes son simbólicos y hacen referencia a la Biblia: Jof (José, Nils Poppe) y Mia (María, Bibi Andersson) son algo así como los padres de Jesucristo, aunque en este caso el niño se llama Mikael (Miguel). Además, en algunos de los momentos relacionados con los feriantes, como la actuación en el pueblo, observamos momentos divertidos y con sentido del humor que contrastan con la solemnidad, oscurantismo y seriedad del resto de los pasajes del filme. Incluso ironizan sobre la muerte cuando el cómico se pone una máscara que representa una calavera y comenta que va a hacer una función en Todos los Santos en la escalinata de la iglesia de Elsinore y muestra su desaprobación por la tiranía del miedo que la Iglesia promociona, no sólo desde los mensajes apocalípticos de las pinturas y esculturas de los templos,sino también desde todos los resortes que tienen a su mano como las representaciones teatrales donde aparecen las célebres “danzas de la muerte”.

Y es que las “danzas de la muerte” son citadas en la secuencia en que caballero y escudero arriban al pueblo y al penetrar en la iglesia se encuentran con el pintor que está representando en los muros del templo escenas relativas a la muerte y al Apocalipsis. El escudero recrimina de manera escéptica al pintor por lo que está pintando y éste asevera que pinta esas cosas para recordar que todos morimos. Poco a poco el artista lleva a su terreno al escudero y le habla de lo terrible que es la muerte sobre todo si a ella se llega por la agonía de la peste. El pintor puede ser considerado un alter ego de Bergman pintando lo que quiere comentar sobre el fatal desenlace de la vida. El detalle de un apestado asusta al escudero que no se resigna a morir y se muestra espantado ante lo que ven sus ojos. Diferente es la actitud que muestra Antonius Block dentro de la iglesia.Y es que al confesarse ante la propia Muerte, cosa que desconoce en un primer momento, muestra terribles palabras de duda existencialista. La Muerte le comenta al caballero que sabe que éste no quiere morir, a lo que el cruzado responde que busca respuestas acerca de lo que hay tras la muerte, adoptando el miedo existencialista del propio Bergman fundamentado en las teorías del danés Kierkegaard.

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Otra de las secuencias llamativas de la película es la de la actuación de los comediantes en el pueblo ante un público que no acaba de entrar en el espectáculo (los soldados arrojan fruta podrida a uno de los feriantes). Es interesante la carga cómica de la canción que interpretan Mia y Jof imitando sonidos de animales, así como su actitud divertida y sus movimientos que parecen sacados del cine mudo, que dan paso al simpático episodio del adulterio entre el juglar y la joven del pueblo, pero que son rotos por la irrupción del siniestro cortejo de penitentes que nos vuelven a llevar al mundo de las tinieblas y que tiran por tierra los placeres mundanos: la risa y el sexo entre otros, para obligarnos a penetrar en un mundo siniestro de desolación, muerte y peste al que estamos todos abocados a llegar.

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Los monjes avanzan hacia cámara portando crucificado y santos y blandiendo incensarios que dotan de un carácter aún más fantasmagórico a la escena. Penitentes dándose latigazos acompañan a los terribles monjes cantores, ante la reacción seria de los protagonistas de la película. Las gentes y soldados que antes se reían de las gracias de los cómicos se arrodillan al paso del cortejo, resuelto por Bergman con un fenomenal travelling lateral en el que entra en plano un incensario que inunda de humo la pantalla.Tras otro plano frontal de los penitentes, volvemos al travelling anterior y los figurantes van arrodillándose al paso de la cámara logrando el director un bello efecto visual. Los únicos personajes no arrodillados y que siguen el desarrollo de la procesión con escepticismo pero solemnes son Antonius, su escudero Jöns, Mia y los juglares, que aparecen de uno en uno reaccionando en una cadena de planos frontales,muy interesantes plásticamente. El portador del crucificado cae al suelo y todos los presentes arrodillados rezan entre sollozos y humo proveniente de los incensarios. Los planos nos muestran un universo de pesadilla, pero también la quietud de los personajes hace que estemos ante “tableaux vivants” que se asemejan a las pinturas apocalípticas que tanto turbaran a Bergman. Un fraile toma la palabra en un encuadre curioso con el crucificado semitumbado que separa al monje de los cómicos, que inmóviles se encuentran detrás y separados de forma física de la muerte que luego lograrán esquivar. El discurso del fraile es terrible y hace alusión explícita a la muerte que se llevará de una manera u otra a los allí presentes. La secuencia continúa con más planos semejantes a cuadros que podrían haber sido sacados del Apocalipsis, algunos de ellos compuestos con complejas posiciones de cámara.Finalmente, el cortejo, después de haber asustado, y mucho, a los allí presentes, siguiendo el dictado del terror marcado por la Iglesia, prosigue su camino entonando esos tremebundos himnos y caminando de manera trémula. Finaliza la secuencia con la desaparición del cortejo con un plano general picado en que, tras un par de sobreimpresiones, la cuadrilla apocalíptica desaparece en diagonal de plano como si nada hubiera pasado.

La siguiente secuencia que nos llama la atención es la que supone la reanudación de la partida de ajedrez entre el atribulado caballero Block y la tétrica Muerte.Tras la calma vuelve la tempestad y es que este pasaje de la película proviene de uno de los momentos más alegres y positivos del film, aquel en el que Antonius come fresas y bebe leche con los comediantes. Es un espejismo dentro de la pesadumbre y del pesimismo existencialista imperante en el filme. No obstante, a la contienda con la Muerte llega el caballero con aires renovados. Para refrendarlo, Bergman coloca a la izquierda de plano al caballero en posición ventajosa respecto a su tétrico oponente, a diferencia de los planos iniciales de la película. Al fondo, seguimos observando a los cómicos y el ambiente soleado hace pensar en el optimismo respecto al futuro del caballero templario Block. El cambio de plano es muy significativo. En ligero picado observamos a la Muerte y detrás de ella un oscuro y lóbrego bosque. En contraplano, siguiendo la ley imperante en el Modo de Representación Institucional, tras el caballero el paisaje es más claro y la luz es predominante frente a las tinieblas que acompañan a la Muerte. Se corta la secuencia de manera abrupta con la Muerte hablando al templario de sus amigos y de lo que les puede pasar.

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Más inquietante es, sin duda alguna, la secuencia del ajusticiamiento de la bruja (Maud Hanson) por la Inquisición. Para crear de nuevo una atmósfera desasosegante, Bergman utiliza la música y los planos lejanos, desde detrás de troncos, ramas y otros elementos del bosque, como si no quisiera participar en la barbarie y nos la presenta como cuando vemos las películas de miedo con un ojo tapado y otro no. Se ha hecho de noche y el caballero Block llega hasta el lugar de ajusticiamiento e intenta hablar con la supuesta joven bruja, intentando que ésta le disipe alguna de sus dudas existenciales. La conversación versa sobre el diablo y su existencia. La
pobre joven está tan pasada de rosca que cree ser bruja y estar cerca de Lucifer cuando vemos que es evidente que no es así. La aparición de la Muerte, de nuevo, de manera siniestra enerva aún más al caballero que se encuentra espantado de lo que está sucediendo a su alrededor. El escudero plantea la posibilidad de liberar a la chica ante su señor, pero la empresa es tan difícil que finalmente optan por dar agua y un ungüento para aliviar los dolores que mete Antonius en la boca de la joven. Ante la mirada despavorida de la chica, los soldados la colocan en la pira y espera a arder ante el espanto que observan Antonius y Jöns que comenta que a la chica le espera la nada en el más allá y no Dios ni el demonio ni nada más, lo cual enerva al caballero “alter ego” de Bergman que se resigna a creer que no hay nada más tras la muerte. La secuencia finaliza con la muchacha que muere antes de que la arrojen al fuego debido, seguramente, a lo que le ha dado Antonius para mitigar el dolor.

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Antes de llegar al final se produce el último episodio ajedrecístico entre el caballero y la Muerte. Precedido por el episodio del apestado, de nuevo el templario sueco Block y la Muerte se ven la cara ante el tablero. La situación no es buena, ya que la Muerte está cercana al jaque mate. Para propiciar que los feriantes huyan Antonius tira las piezas del tablero para arruinar la partida, pero la Muerte recuerda como estaban colocadas, da el jaque mate al caballero y le amenaza con que la próxima vez que se vean será para llevarle definitivamente con él. De nuevo la angustia existencial se apodera de Block que pregunta a su oponente sobre lo que hay tras el viaje y éste le responde que no hay nada, lo cual encrespa aún más al protagonista del filme que nos ocupa.

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La película finaliza cuando el caballero y sus acompañantes llegan al castillo y son recibidos por la esposa de Antonius que se muestra poco efusiva, a pesar del tiempo pasado desde su partida. La lectura del libro del Apocalipsis y la aparición lóbrega, de nuevo, de la Muerte, junto a las alargadas esculturas en una localización de claroscuros, hace que hasta el último momento, el caballero espere algo tras el viaje, mientras el escudero y el resto de personajes esperan atónitos la nada. La cámara avanza hacia la chica silenciosa y ésta cuando la sombra de la Muerte se cierne sobre ella dice «Consumatum est».Todo ello en el más críptico de los silencios.

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En contraste de las tinieblas de la muerte los cómicos rezuman vida por todos lados.A lo lejos Jof ve al grupo que se acaba de llevar la muerte al otro lado y les ve bailando, al igual que las pìnturas que encarnaban las danzas de la muerte y que Bergman veía en sus viajes a las iglesias con su padre pastor.

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A mi parecer, la escena más envolvente, cautivadora, estética de la película.




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"Cuando era niño acompañaba muchas veces a mi padre cuando tenía que ir a presidir el servicio religioso en las pequeñas iglesias aldeanas de los alrededores de Estocolmo… Mientras que mi padre predicaba desde el púlpito y la congregación de los fieles rezaba, cantaba o ponía atención, yo concentraba toda mi atención en el misterioso mundo de la iglesia: sobre las bajas bóvedas, los gruesos muros, el aroma de la eternidad, la luz solar vibrante y de vivos colores sobre la extraña vegetación de las pinturas medievales y de las esculturas sobre techos y paredes. Había todo lo que la fantasía podía desear: ángeles, santos, dragones, profetas, demonios, niños. Había animales aterradores como la serpiente del paraíso, la burra de Balaam, la ballena de Jonás, el águila del Apocalipsis… En el bosque estaba la muerte y jugaba al ajedrez con el caballero… Por el contrario me defendía contra el drama siniestro que sospechaba cuando contemplaba la imagen de la crucifixión en el coro. Me dominaba la horrible crueldad y el sufrimiento sin me
dida. Sólo mucho más tarde la fe y la duda se convirtieron en mis fieles compañeros de camino […]"

Y para este momento, lo más obvio la película.. que a propósito, si aún no la haz visto, deja de perder el tiempo y ponte a verla! es una obra cúspide de toda la larga producción de Bergman, este tipo obsesionado con la muerte, a quien se podría considerar el antónimo del tanatofóbico Woody Allen, este hombre atormentado que hace un largo viaje existencial desde el caos de sus dudas más profundas, el Séptimo Sello, de 1954, que la disfrutes!


link: http://www.youtube.com/watch?v=xXe_41qzymg


Y antes de terminar este post, una yapa! que tiene que ver con el otro protagonista de este post, el padre del existencialismo, el danés Soren Kierkegaard, y un fragmento que me agrada bastante de una de sus obras.

Elogio de Abraham (Fragmento de Temor y temblor de Kierkegaard)



Si no existiera una conciencia eterna en el hombre, si como fundamento de todas las cosas se encontrase sólo una fuerza salvaje y desenfrenada que retorciéndose en oscuras pasiones generase todo, tanto los grandioso como lo insignificante, si un abismo sin fondo, imposible de colmar, se ocultase detrás de todo, ¿qué otra cosa podría ser la existencia sino desesperación? Y si así fuera, si no existiera un vínculo sagrado que man-
tuviera la unión de la humanidad, si las generaciones se sucediesen unas a otras del mismo modo que renueva el bosque sus hojas, si una generación continuase a la otra del mismo modo que de árbol a árbol continúa un pájaro el canto de otro, si las generaciones pasaran por este mundo como las naves pasan por la mar, como el
huracán atraviesa el desierto: actos inconscientes y estériles; si un eterno olvido siempre voraz hiciese presa en todo y no existiese un poder capaz de arrancarle el botín ¡cuan vacía y desconsolada no sería la existencia! Pero no es este el caso, y Dios que creó al hombre y a la mujer, modeló también al héroe y al poeta u orador. El poeta no puede hacer lo que el héroe hace, sólo puede admirarlo, amarlo y regocijarse en él. Y es tan feliz como él y su par, puesto que el héroe es como si fuese lo mejor de su ser, lo que más estima y aún no siendo él mismo, se regocija de que su amor esté hecho de admiración. El poeta es el genio de la evocación, no puede hacer otra cosa sino recordar lo que ya se hizo y admirarlo; no toma nada de sí mismo, pero custodia con celo lo que se le confió. Sigue siempre el impulso de su corazón, pero en cuanto encuentra lo que buscaba, comienza a peregrinar por las puertas de lo demás con sus cantos y sus palabras, para que a todos les sea dado admirar al héroe del mismo modo que él, y para que se puedan sentir tan orgullosos de aquél como él se siente. Esa es su hazaña, ese su acto de humildad, ese el leal cometido que desempeña en la morada del héroe. Y si quiere mantenerse fiel a su amor, habrá de lucha día y noche contra las astucias y artimañas del olvido que trata de burlarlo para arrebatarle su héroe, precisamente cuando, ya cumplida la propia hazaña, se une en vínculo de paridad con éste, quien lo ama con idéntica devoción, porque el poeta es como si fuera lo mejor del ser del héroe,
tan débil y a la vez tan persistente como sólo puede serlo un recuerdo. Por eso nunca será olvidado quien de verdad fue grande, y aunque transcurra el tiempo y aunque la nube de la incomprensión oculte la figura de héroe, su devoto amigo sabrá esperar, y cuanto más tiempo transcurra tanto más fiel a el se mantendrá.

¡No! No será olvidado quien fue grande en este mundo, y cada uno de nosotros ha sido grande a su manera, siempre en proporción a la grandeza del objeto de su amor. Pues quien se amó a sí mismo fue grande gracias a su persona, y quién amó a Dios fue, sin embargo, el más grande de todo. Cada uno de nosotros perdurará en el recuerdo, pero siempre en relación a la grandeza de su expectativa: uno alcanzará la grandeza porque esperó lo posible y otro porque esperó lo eterno, pero quien esperó lo imposible, ese es el más grande de todos. Todos perduraremos en el recuerdo, pero cada uno será grande en relación a aquello con que batalló. Y aquel que batalló con el mundo fue grande porque venció al mundo, y el que batalló consigo mismo fue grande porque se venció a sí mismo, pero quien batalló con Dios fue el más grande de todos. En el mundo se lucha de hombre a hombre y uno contra mil, pero quien presentó batalla a Dios fue el más grande de todos. Así fueron los combates de este mundo: hubo quien triunfó de todo gracias a las propias fuerzas y hubo quien prevaleció sobre Dios a causa de la propia debilidad. Hubo quienes, seguros de sí mismos, triunfaron sobre todo, y hubo quien, seguro de la propia fuerza, lo sacrificó todo, pero quien creyó en Dios fue el más grande de todos. Hubo quien fue grande a causa de su fuerza y quien fue grande gracias a su sabiduría y quien fue grande gracias a su esperanza, y quien fue grande gracias a su amor, pero Abraham fue todavía más grande que todos ellos: grande porque poseyó esa energía cuya fuerza es debilidad, grande por su sabiduría, cuyo secreto es locura, grande por la esperanza cuya apariencia es absurda y grande a causa de un amor que es odio a sí mismo.
Por la fe abandonó Abraham el país de sus antepasados y fue extranjero en la tierra que le había sido indicada. Dejaba algo tras él y también se llevaba algo consigo: tras él dejaba su razón, consigo se llevaba su fe; si no hubiera procedido así nunca habría partido, porque habría pensado que todo aquello era absurdo. Por su fe fue extranjero en la tierra que le había sido indicada, donde no encontró nada que le trajese recuerdos queridos, antes bien, la novedad de todas aquellas cosas agobiaba su ánimo con una melancólica nostalgia. ¡Y, sin embargo, era el elegido de Dios,
en quien el Señor tenía toda su complacencia! En verdad, habría podido comprender mejor aquello que parecía una burla contra él y su fe en el caso de haber sido un réprobo a quien se le hubiese retirado la gracia divina. También ha habido en el mundo quien ha vivido desterrado del país de sus antepasados, y no ha sido olvidado, como tampoco lo han sido sus tristes lamentos, cuando en su melancolía buscó y encontró lo que había perdido. De Abraham no conservamos canto elegiaco alguno. Humano es lamentarse, humano es llorar con quien llora, pero creer es más grande y contemplar al creyente es más exaltante.


FIN!


Fuentes:
- Pecado, muerte y existencialismo en El Séptimo Sello de Ingmar Bergman. El problema divino en el cine nórdico. Kepa SOJO GIL, 2010.

- Temor y Temblor. Soren Kierkegaard, 1843.

Si quieren visitar el post

http://www.taringa.net/posts/arte/16451097/Existencialismo-Kierkegaard-y-El-Septimo-Sello-de-Bergman.html

1 comentario - Existencialismo Kierkegaard y El Séptimo Sello de Bergman

estoymuyaltomix
Siempre es bueno ver semejante literatura en taringa, es extraño a esta altura, me da melancolia por los viejos tiempos, ja, felicitaciones por el tema, muy bueno, para pensar
7th_Trumpet
jaja es cierto, la cuestión es publicar algo un poco más enriquecedor, gracias por leerlo, se te veía perdido en taringa!
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