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Amor a la sabiduria - Etienne Gilson

El trabajo tiene citas textuales del libro, si hay algún error por favor díganme que tengo que corregir



Introducción

Etienne Gilson, filósofo e historiador de la filosofía, es considerado como una de las figuras más relevantes de la filosofía actual, nació en París, Francia el 13 de junio de 1884, y murió en Cravant el 19 de septiembre de 1978 a los 94 años de edad. El objetivo del presente trabajo práctico es exponer y valorar algunos aspectos de su contribución a la historia de la filosofía. En este libro desarrolla, explica y analiza filosóficamente mediante preguntas y expresando su opinión los temas de sabiduría, metafísica, los estudiantes y maestros, verdad, catolicismo, voluntad, Tomas de Aquino, Agustin, Dios, etc.










Desarrollo



Etiene Gilson es considerado una figura muy relevante en la filosofía actual en este trabajo él se considera como un simple estudiante mayor que sus estudiantes y no, como un gran maestro, en realidad lo es.
“porque uno aprende y porque uno experimenta la inequívoca sensación de comenzar a saber “
Principalmente saber lo que las cosas es, es conocer sus primeros principios y sus primeras causas, en eso consiste la sabiduría. La forma más elevada en el conocimiento naturas es la llamada “metafísica” está considerada la sabiduría suprema de la inteligencia, porque analiza más profundamente las cosas. Lo real constituye el porqué de todo el saber la ciencia y la filosofía o lo visualizan del mismo modo, apuntan a una parte de la realidad, la metafísica lo abarca todo
“la metafísica es una sabiduría, un saber radical omnienglobante, que divisa las razones primeras de todas las cosas “
El primer principio de la metafísica es el ser (ese) todos los seres están formados por dos principios, la esencia y el ser. Dios se define como “el que es”, pero no dijo lo que es, el simplemente es.
“y de esta sublime verdad, tal como santo Tomas la llama, derivan todas las otras, pues si dios es el ser, y él es simple, los entes deben estar compuestos por el ser (esse)”
Filosofía significa amor a la sabiduría (filo – amor-, sofia- sabiduría-) la sabiduría es el conocimiento de los primeros principios y causas. Cada vez que nuestra inteligencia reemplaza un antiguo conocimiento avanzamos hacia la sabiduría. La filosofía es una búsqueda incesante hacia la sabiduría, es una tarea especial y que dura toda la vida. Los filósofos están abocados total y únicamente a encontrar la sabiduría


“si se es filosofo no se puede hacer nada más que filosofar. “
La enseñanza de la filosofía puede ayudar a la reflexión filosófica, pero no se estaría filosofando se estarían repitiendo las formulas filosóficas.
Un profesor cuando enseña filosofía. No está filosofando, pero al menos habla de filosofía
“en fin de cuentas, enseñar es actuar, mientras que filosofar es contemplar, y aunque en este caso la vida activa del hombre no es sino rebosar de su vida contemplativa, estas dos vidas no son lo mismo”.

La filosofía lleva toda una vida aprenderla, porque buscar la sabiduría es una búsqueda personal. San Agustin dice que “nadie le enseña a nadie” hay muchos métodos para enseñar filosofía, aunque todos sean diferentes, si un profesor es bueno sus métodos serán todos buenos. Si la ocupación de un filósofo requiere una dedicación de por vida, y suele ser enseñada en una carrera de entre tres a cinco años, Descartes, plantea que la mejor forma de aprender filosofía es siguiendo el curso de la filosofía de principio a fin.
“no todos los que estudian filosofía llegaran a ser filósofos”
La idea de estudiar filosofía, no es, solo aprender filosofía sino, llegar a ser un filósofo. Aunque su destino sea ser un gran filósofo a un ignorado, el estudiante debe crecer y necesita que se le enseñe a filosofar, el libro dice:
“si para aprender a caminar debemos seguir a alguien –al menos por un tiempo- sería inútil para nosotros encontrar un guía que pueda enseñarnos como hacerlo, a menos que ambos estemos dispuestos a andar por el mismo camino”


La filosofía es una materia y justamente por eso ha sido siempre enseñada como aprendida. Un tiempo en la Grecia antigua, en la cual la filosofía era algo bastante diferente, a saber, u cierto camino y manera de vida. Era precisamente, una vida enteramente dedicada a la búsqueda de la sabiduría. La tendencia en la vida moderna al parecer, va en contra de la filosofía como modo de vida, citando al autor decimos que
“Hoy por hoy, el conocimiento se vende en grandes tiendas por departamentos llamados colegios, universitarios, o universidades done los estudiantes pueden comprar, según lo anunciado, el tipo de conocimiento que se acomoda a su gusto o que satisface sus necesidades.”
Según los tomistas el hombre conoce mediante su intelecto, pero el hombre es mucho más que solo su intelecto. Otras facultades ayudan a producir su conocimiento, por ejemplo, la voluntad, también hay otras virtudes intelectuales, como sabiduría, ciencia y entendimiento. Generalmente se piensa que las virtudes intelectuales no son virtudes verdaderas.
Una mente cultivada es una mente equipada de ciencias. El hombre es un ser raciona, cuyo ultimo fin es alcanzar la perfección de su naturaleza racional por la contemplación de la verdad absoluta. Algunos de nosotros, sobre todo durante esos años en que se nos pide que estudiemos muchas ciencias cuya necesidad no siempre es manifiesta, nos preguntamos si todo esfuerzo empleado en tal estudio no es un desperdicio de tiempo. Todos queremos aprender algo “útil” como si aprender no fuera siempre útil para saber, lo que no es un medio para otro fin, sino un fin en sí mismo. Ningún tomista verdadero dudara nunca del valor moral de una vida de estudio. Por el contrario, todos deberíamos hacer el trabajo diario de estudiante. Y entre los estudiantes se incluyen a los profesores. Santo tomas nunca hizo otra cosa que leer, aprender, enseñar escribir y rezar
“siempre mantuvo con San Gregorio Magno que la vida contemplativa tiene mayores méritos que la vida activa “


Las virtudes de la vida contemplativa no son meritorias por sí mismas. El hombre debe adquirirlas para que a través de ellas, pueda alcanzar el tipo más noble de mérito; pero se requieren la caridad, la justicia, y las otras virtudes morales para hacer que las virtudes intelectuales sean meritorias. Tomas de Aquino en este punto dice que la buena voluntad filosófica es la vida de un filósofo cuyo intelecto actúa bien debido a sus virtudes especulativas, bajo el constante estimulo de una voluntad que lo dirige hacia la sabiduría perfecta como causa final de todas sus operaciones.
La terminación completa de un intelecto por un objeto se limita a la evidencia del objeto, o más bien a lo que ese intelecto percibe de su evidencia. Cuando un científico tiene que asentir a alguna conclusión incluso después de reunir datos relevantes y de confrontarlos con la solución que propone, tiene todavía que “formarse un criterio”. Ninguna teoría se ajusta perfectamente a todos los datos conocidos. En palabras de Tomas de Aquino:
“Algunas cosas aprehendidas no convencen al intelecto hasta un punto tal que no lo dejen libre de asentir o disentir, o al menos de suspender su asentimiento o disentimiento por alguna causa u otra; y en tales cosas, el asentimiento o disentimiento está en nuestro poder, y sujeto a nuestro imperio”.

Porque es necesario encontrarla, la verdad filosófica es siempre susceptible de perderse, especialmente podría decirse respecto a los primeros principios cuya evidencia intelectual inmediata no implica una comprensión exhaustiva de su contenido. Cierto, el ser es lo primero que entra en el intelecto del hombre, pero es también lo último que un filósofo puede esperar comprender completamente y expresar adecuadamente.
Para aquellos que lo has visto, es evidente que “el ser” es el primer principio



Para Tomas de Aquino la sabiduría no era la filosofía, ni la teología, la sabiduría era Cristo. Para los griegos y muchos otros, la forma más elevada de sabiduría en cambio, era la metafísica y él estuvo de acuerdo con que esta ciencia era la más perfecta sabiduría alcanzable por el hombre. Hay muchas maneras en las cuales el pensamiento filosófico puede ser impuro pero citando al autor
“la filosofía se vuelve impura tan pronto como es animada por cualquier otro motivo que no sea la voluntad de conocer las cosas exactamente como son.”
El respeto de la verdad nos obliga a buscarla en afirmaciones no solo de nuestros adversarios sino también en las afirmaciones de nuestros compañeros, Cuando no se entiende claramente porque tiene razón, nuestra única manera de serle fieles es decir “no entiendo, pero tiene razón” la vida filosófica depende de la virtud moral para tener éxito.

Nosotros estamos en el mundo se quiera o no, siempre existirán personas que deseen escapar de este mundo, pero no es seguro que el mundo los deje escapar. La protesta permanente del mundo contra los cristianos es que ellos lo desprecian y que despreciándolo desconocen lo que constituye el valor mismo de la naturaleza. Lo que es verdad para la naturaleza es verdad en grado eminente para la inteligencia, cumbre de la naturaleza. A menos que se pretenda conocer el cristianismo mejor que San Agustin, nadie puede acusarnos de traicionarlo o modificarlo a las necesidades de la causa por seguir el consejo de este santo: amad la inteligencia y amadla mucho. Hay un amor a la inteligencia que consiste en dirigirla hacia las cosas visibles: ese es el amor del mundo; pero hay otro que consiste en dirigirla hacia las invisibles y eternas: ese es el amor de los cristianos. Es por lo tanto el nuestro.



Nuestro verdadero peligro, está en que no dudamos de la verdad del cristianismo, tenemos la resolución de pensar como cristianos; pero, ¿sabemos realmente en que consiste el cristianismo? Los primeros cristianos lo sabían ya que el cristianismo estaba muy próximo a sus orígenes y porque no se podía ignorar al adversario contra el que luchaba el cristianismo, el paganismo. Es decir la ignorancia a la vez del pecado que condena y de la gracia de Jesucristo que salva.
“sabemos que la lucha del bien contra el mal no se acabara sino con el mundo mismo “

Lo más grave es que el paganismo puede intentar continuamente penetrar en el propio cristianismo y lograrlo, es un peligro permanente que no podemos evitar sin gran dificultad por ello también la tentación de disminuir o adaptar nuestra verdad nos asalta sin cesar sea para disminuir la distancia que separa nuestras maneras de pensar de las del mundo, sea incluso – y a veces con toda sinceridad – con la esperanza de hacer el cristianismo más aceptable al mundo y su cooperar con su tarea salvadora. Ciertos reformadores cristianos Lutero y Calvino tenían la intención de hacer volver al cristianismo en su estado más puro, por eso si creemos en este nuevo evangelio, debería atribuírsele a Dios el haber dicho que, después del pecado, la naturaleza esta tan totalmente corrompida que no le queda sino su propia corrupción. Una masa de perdición que la gracia puede perdonar pero nada podrá curar. Así pues, el paganismo y el pelagianismo, esta doctrina invita a desesperar de la naturaleza, a renunciar a todo esfuerzo de salvar la razón re cristianizándola. Hay dos peligros que nos atacan y nos reducen a no saber que es el cristianismo y que no lo es. El catolicismo enseña primero que todo, la restauración de la naturaleza: es necesario, por tanto, que haya una naturaleza, y de qué valor puesto que es la obra de Dios que la ha creado y la ha recreado al precio de su sangre. Así, la gracia reconoce la naturaleza y la excelencia de la naturaleza que ella viene a sanar y a cambiar. Es un juez que puede perdonar porque es, primero, un médico que cura. Pero sino desespera de ella tampoco


Espera la iglesia que la naturaleza pueda curarse por sí misma. Así como se opone a la desesperación del Calvinismo se opone a la necia esperanza del Naturismo.

“liberar la naturaleza que el mundo nos oculta, hacer de la inteligencia el uso para el cual Dios la ha destinado al crearla”

Todo hemos encontrado, en la historia, a nuestro alrededor, algunos de esos cristianos que creen rendir homenaje a Dios adoptando indiferencia parecida al desprecio en relación a la filosofía, el arte y las ciencias. Por alta que sea la ciencia, es demasiado claro que Jesucristo no vino a salvar a los hombres por medio de la ciencia o de la filosofía, el vino a salvar a todos los hombres, incluso a los filósofos y a los científicos; y si estas actividades humanas no son indispensables para la salvación, ellas también tienen necesidad de ser salvadas.
Ahora bien, hay que tener cuidado de no salvarlas con un celo indiscreto que con pretexto de purificarlas mas completamente, no tenga otro resultado que corromper sus esencias esta falta se comete demasiado a menudo – y ello con las mejores intenciones – cuando se ve lo que algunos defensores de la fe llaman el uso apologético de la ciencia.

“si se quiere practicar la ciencia por Dios, la primera condición es practicar la ciencia por sí misma, o como si se la practicara por si misma porque ese es el único medio de adquirirla”




No se puede poner la inteligencia al servicio de Dios sin respetar íntegramente los derechos de la inteligencia de lo contrario no sería ella la que se pondría a su servicio; pero tampoco se puede hacerlo sin respetar los derechos de Dios. Debo decir, entonces, en primer lugar, que uno de los más graves males de los cuales sufre el catolicismo hoy es que los
católicos ya no tienen el suficiente orgullo de su fe. Esta falta de orgullo no es incompatible con una cierta satisfacción con lo que hacen o dicen los católicos. ¿Cuál es el mayor elogio que puedan esperar muchos de nosotros? El más grande que el mundo puede darle: es un católico, pero es muy buen tipo; uno no pensaría que es católico.


“al revés de lo que decía, pues, de una apologética peligrosa porque sea demasiado fácil de contestar, diré, aquí que se puede ser un científico, un filósofo y un artista sin haber estudiado teología, pero sin ella no se podrá llegar a ser un científico, un filósofo, o un artista cristiano. Sin ella podremos ser, por un lado cristianos, y por otro científicos, filósofos, o artistas pero sin ella, nuestro cristianismo no descenderá nunca a nuestra ciencia, a nuestra filosofía, y a nuestro arte, para reformarlos desde adentro y vivificarlos. La mejor buena voluntad del mundo no basta para ello; hay que saber para poder hacerlo y, como todo lo demás, no lo sabremos si no lo hemos aprendido. Así pues si debemos a nuestro catolicismo el respeto de la naturaleza, de la inteligencia, y de las técnicas por medio de las cuales la inteligencia escruta la naturaleza, le debemos también el saber reconducir a Dios esta ciencia de la cual él es el autor.”

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