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La música que la ponga Dios

Escrito por Ramón D. Peralta


La música que la ponga Dios


Papá encendía su cigarro muy lentamente. Con una parsimonia extansiante en misticismo. Se tomaba su tiempo, no era solo cuestión de fumar. Él sabía que era observado. Junto a mi hermano Héctor, nos dirigíamos en procesión a su lado. Nos sentábamos a la diestra, no lo podíamos evitar. Aun de grande me pregunto ¿qué clase de hipnosis había desarrollado como arte, aquel gran hombre?. ¡Ay, esa mirada, que linda era, irradiaba calor!. Nunca hubo mejor consejo que su silencio. Nosotros siempre lo entendimos, no había que forzarse mas, nos era natural. Quizás por ello, aun sigamos hablando entre nosotros; después de muerto.

Mi padre fue el mejor accidente de mi vida, mi hermano su traductor. Son esas cosas que compensan el resto de las miserias humanas. Sigo sintiéndome afortunado, tan solo por conocerlo. Una vez me dijo: "Algún día recordarás estos consejos, y te serán útiles". Vaya ironía, la de la creación: ¡Acordarme de reconocerlo, como la gloria de la mitigación, imprescindible a la hora del consuelo, profeta de mis pecados; un día como hoy!. Daría mi alma por resetear mi tiempo, de haber sido un padre como él.

Elevé una plegaria de segunda instancia, apelo al superior. Pero sé que él está, ¿por qué no creerlo?, mi padre siempre estuvo; aunque no haya prestado atención. No se ha inventado la forma de pedirle perdón. Aun te intuyo lobreguez, los candiles del dolor aun retumban en mis sombras. Avanzo en puntitas de pies, en sigilo, rumbo al reencuentro. ¿Debería creer en esas cosas?: una rosa para el cementerio. De paso, platico con mi hermano. La pucha, ni siquiera puedo vagar.

¿Cómo concebir el elixir de Virgilio, escaparme un instante, saludarlo con el Dante de testigo, abrazarlo hasta que duela?, ¡Feliz día Papá!, o gritarlo hasta encontrarte. Debería haber nacido semidiós, para imitar esas creaciones invisibles, icónicas, intangibles; como ese pájaro herido que lloraba porque decidió huir del dolor; viajar por el universo sin moverme de mi mismo, o quizás, solo poder engañarme lo suficiente; so que la otredad ocupe mi lugar, dejaré llevarme, hacer las paces con la alucinación, o evaporarme ante las intrigas de la razón. En cinco minutos, todo seguirá igual.

Uno escribe palabras edulcoradas, creyendo que a alguien le interesa, ¿debería interesarle a alguien?, si ese ignoto hombre, fue solo mi padre. ¿A quién habría de importarle su inexistencia, su etéreo legado, la distancia que separa al olvidado del por olvidar?. En ésta campaña proselitista, voto por mi mismo. Mi egoísmo y yo, necesitamos dejar por sentado, que nunca habrá nada mas triste que el feliz recuerdo de Papá a mi lado. Ahora me siento bien, mañana será mejor padre mío, escribiré una canción en tu honor con tus palabras y mi memoria, ¿y la música?,....la música que la ponga Dios. FELIZ DÍA DEL PADRE

5 comentarios - La música que la ponga Dios

Grisom_es +1
Estupendo aporte, gracias Ramón. Feliz día del Padre.
d_peralta2008 +1
Gracias Juanjo. Felíz día para ti. Un fuerte abrazo
favorable +1
Tengo muchas ganas de entenderlo a fav. y mañana lo leo que ahorita demasiado en pedo