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Los Anunnaki: la conexión Perú VIII

Este no es simplemente un capitulo más en la saga de los Anunnaki en el Perú. Una saga que continua abriendo puertas a nuevas interpretaciones sobre el enigmático pasado de las culturas del antiguo Perú. La reconstrucción de la historia sobre la posible presencia Anunnaki en el Perú empieza a tomar forma y cobrar sentido como una cronología alternativa a la historia oficial. Una pista pérdida entre las páginas de uno de los libros del reconocido y polémico estudioso de la cultura sumeria, Zecharia Sitchin (1920-2010), nos entrega importantes claves para seguir tras las huellas de los Anunnaki en el antiguo Perú. Un libro olvidado Zecharia Sitchin propone a través de sus obras que muchas de las culturas antiguas de Sudamérica y del Mediterráneo tuvieron contacto con una especie de seres extraterrestres conocida como los Anunnaki. Los Divulgadores creíamos conocer al detalle cada uno de los libros escritos por el investigador hebreo pero hace unos días descubrimos un extraño libro al que no le habíamos prestado la atención que merece: Viajes al pasado mítico, Expediciones de las Crónicas de la Tierra, Volumen 2. Este es un libro en el que Zecharia Sitchin narra sus aventuras siguiendo las huellas de los Anunnaki alrededor del planeta. Acompañado de un grupo de estudiantes y amigos, Sitchin visita Egipto, Perú, Turquía, y otros lugares en los que existen restos arqueológicos involucrados en la epopeya de los Anunnaki. En cada lugar, nuevos hallazgos propulsan la mente del investigador hacia observaciones que, muchas veces, brillan por su simpleza. Escondida entre las páginas de este libro, se encuentra la singular teoría de Sitchin sobre el significado de la Puerta del Sol.

La legendaria Puerta del Sol de la cultura Tiahuanaco ha sido y sigue siendo objeto de numerosas especulaciones y conjeturas sobre su origen. Sin embargo, ninguna de estas explicaciones ha logrado convencer plenamente a la comunidad científica y menos aún a quienes buscamos la verdad sin temor de proponer una visión alternativa a la oficial. En artículos anteriores, Los Divulgadores hemos esbozado la posibilidad de que el personaje central de la Puerta del Sol, conocido como el señor de los báculos, sería uno de los jefes Anunnaki que llegó a tierras sudamericanas en busca de oro y que, quizás a manera de homenaje, fue representado por los pobladores tiahuanacotas en el monumento de piedra. Este podría ser el mismo personaje que los incas conocieron como el dios Wiracocha. Para Zecharia Sitchin, la llamada Puerta del sol no es sino una representación de Teshub, personaje legendario de la mitología hitita, que, según el investigador, fue un extraterrestre Anunnaki que se convirtió en el dios principal de este pueblo de navegantes del Asia Menor. Como en la mayoría de los casos, el iconoclasta Sitchin atiza la polémica contra el paradigma histórico presentando una prueba simple pero contundente: la iconografía del dios Teshub es muy similar a la que se aprecia en la Puerta del Sol.



Tiahuanaco en las crónicas


Tiahuanaco en las crónicas Antes de explorar las similitudes iconográficas planteadas por Sitchin, necesitamos remontarnos a los cronistas de la conquista en busca de indicios sobre la identidad del personaje representado en la Puerta del Sol. El cronista español Pedro Cieza de León (1518-1554), quién viajó por la actual Bolivia entre el año 1532 y el 1550 es el primero en observar los extraordinarios monumentos líticos en la región: “Piedras de tan enorme tamaño que causa admiración pensar en ellas, y reflexionar qué fuerza humana pudo moverlas hasta el lugar en donde las vemos, siendo tan grandes….no alcanzo a comprender con qué instrumentos o herramientas se puede haber hecho, pues es bien cierto que, para que estas grandes piedras se pudieran llevar a la perfección y dejarlas como las vemos, las herramientas tuvieron que ser mucho mejores que las que utilizan ahora los indios.” Si bien en el párrafo anterior Cieza de León da fe del nivel tecnológico de quienes construyeron los monumentos de Tiahuanaco, el soldado cronista no se refiere a la Puerta del Sol ni nos entrega detalles sobre quién podría haber sido representado en la misma. En otro momento de su crónica, Cieza de León hace referencia a la tradición que indica que los monumentos de piedra de Tiahuanaco fueron construidos en honor al dios Wirachoca: “Y este ydolo no es tan creçido ni abultado como los questán en Tiaguanaco hechos a renenbrança de Tiçi Viracocha”.

Otra posible referencia al posible creador de la Puerta del Sol nos la presenta al cronista Pedro Sarmiento de Gamboa (1532-1592): “…y hiciesen en Tiaguanaco los edificios, cuyas ruinas agora se ven, para morada de Viracocha, su hacedor,…” Es decir, según la tradición Inca que recogió Sarmiento de Gamboa, el creador de esos monumentos, que incluían a la Puerta del Sol, era Wiracocha. Por consiguiente, el personaje representado tendría que ser Wiracocha. El cronista Cristóbal de Molina, “el cusqueño” (1529-1585), también menciona al posible creador de los monumentos de Tiahuanaco: “En Tiahuanaco, el Hacedor, wiracocha, empeçó hazer las jentes y naciones que en esta tierra…” A estos cronistas podemos agregar a Juan de Betanzos, Garcilaso de la Vega, entre otros, quienes también mencionan el nombre de Wiracocha asociado a Tiahuanaco pero no hacen referencia a la “Puerta del Sol”. Entonces, si ninguna crónica menciona un monumento de piedra llamado la “Puerta de Sol”, ¿por qué se denomina burdamente como “Puerta del Sol” al monumento siempre asociado a Wiracocha y que podría guardar las claves de la civilización tiahuanacota? La única explicación que se nos ocurre para que se haya bautizado al monumento lítico como la “Puerta del Sol” es que cuando los Incas conquistaron la región de Tiahuanaco impusieron su dios, el Sol, a los habitantes de Tiahuanaco sin eliminar el culto a los dioses locales.


Un Anunnaki en la Puerta del Sol Como explicamos líneas atrás, Sitchin sostiene que la enigmática figura del señor de los báculos de la Puerta del Sol es un Anunnaki que fue conocido por los Hititas como el dios Teshub: “El interés principal en la Puerta del Sol son las imágenes grabadas en la piedra…estos grabados son dominados por la gran figura central del dios Viracocha sosteniendo un relámpago bifurcado en dos como su símbolo….Estos grabados me sirvieron de pistas puesto que claramente emulaban los grabados de piedra que yo había visto en las ruinas hititas de Anatolia, que representaban al dios Teshub y sus emisarios angélicos, con obvias similitudes entre las imágenes de la Puerta del Sol y las hititas.” Sitchin presenta dos simples comparaciones iconográficas para sustentar su teoría.




En la primera (imagen de arriba), Sitchin compara al Dios Teshub con el personaje central de la Puerta del Sol. Teshub, en la mayoría de sus representaciones hititas, sostiene un tridente en una mano y un hacha en la otra. El dios Wiracocha representado en la piedra de Tiahuanaco, lleva en cada mano una especie de báculo. La única diferencia entre estos dos báculos es que uno de ellos se bifurca en la parte superior. Ambos tienen, en la parte inferior, la cabeza de lo que parece ser un ave puesto que tiene un pico y algo parecido a un penacho . Si rotamos los báculos sobre su eje y los observamos horizontalmente, se hace claro su parecido al de una serpiente. Si le agregamos el penacho podríamos calificarlo como una serpiente emplumada. Esto podría tener una serie de ecos en la cultura Maya que, en nuestra teoría, podría haber tomado esta temprana representación iconográfica y desarrollarla. Cabe preguntarse ¿Sitchin solo ha basado su comparación en que los dos personajes llevan un objeto en cada mano? y que ¿en una de ellas un personaje lleva un tridente y el otro un cetro que se bifurca? Solo a primera vista. Teshub lleva un tridente y un hacha pequeña. No estaría demás pensar que para Zecharia Sitchin los dos objetos que lleva el personaje de Tiahuanaco son hachas con una hoja pequeña. El penacho de la cabeza de la serpiente que adorna la parte inferior de ambos báculos del personaje de Tiahuanaco podría ser una forma simbólica de representar la hoja de un hacha. Además, Sitchin relaciona a Teshub, quién era conocido por los Hititas y Sumerios como el dios de la tormenta, con la forma de relámpago que tiene el báculo bifurcado que lleva el personaje de la Puerta del Sol en una de sus manos.


Dos pueblos distantes La historia oficial no dudaría en dictaminar que no existió relación entre estas dos culturas y que si hubiese existido habrían sido los Hititas los que habrían influenciado a la cultura Tiahuanaco, no a la inversa. Si tomamos en cuenta que Los Divulgadores, como muchos otros investigadores, defendemos que la antigüedad de Tiahuanaco es de al menos 9,500 años AC y que los Hititas aparecen como cultura alrededor del año 2,000 AC, esta influencia cultural tendría que haber pasado de Tiahuanaco a los Hititas.
Si existió algún tipo de influencia de la cultura Tiahuanaco sobre la cultura hitita, esta no podría haberse limitado a la representación de un dios sino que debía haber permitido la transferencia de otras costumbres y tradiciones. Por esto la relación que propone Sitchin cobra más fuerza cuando consideramos que no es la primera vez que el investigador realiza esta conexión entre los Hititas y Tiahuanaco. En la cuarta entrega de esta serie sobre los Anunnaki en el Perú, presentamos una representación iconográfica hitita de una escena de la epopeya sumeria de Gilgamesh, específicamente la del Rey Uruk flanqueado por dos leones, que es casi idéntica a dos grabados en piedra encontrados en el Perú. Como podemos ver en la imagen de abajo, la semejanza entre las tres representaciones es evidente. Los grabados de piedra que se asemejan a la representación hitita del rey Uruk, fueron encontrados en Aija y en el Callejón de Huaylas, cerca de la región en la que se encontraba el templo de Chavín. Como veremos más adelante, esto es un elemento importante que nos puede permitir encajar la historia de los Anunnaki en el Perú con el momento en el que la cultura Tiahuanaco tuvo influencia sobre la hitita. Si esta relación realmente existió, tendríamos que reescribir un nuevo capítulo de la historia de la humanidad ya que esta posibilidad no ha sido contemplada antes.



“La extensión de la presencia sumeria/uru en los Andes se puede percibir en otros detalles, como el hecho de que uru signifique «día» en todas las lenguas andinas, tanto en aymara como en quechua, como en Mesopotamia. Otros términos andinos, como uma/mayu que es agua, khun que es rojo, kap que es mano, enu/ienu que es ojo, makai que es golpe, tienen un origen mesopotámico tan evidente….”


El Candelabro de Teshub

Al sur de Lima, sobre el lomo de una de las colinas que adorna la costa de Paracas, descansa el famoso Candelabro de Paracas. Con más de 120 metros de largo y grabado con líneas de más de medio metro de profundidad, la imagen del tridente, mal llamado candelabro, se resiste a revelar el secreto de su origen. Una de las teorías más aceptadas sobre el candelabro es la que se basa en el trabajo del historiador peruano José Antonio Del Busto (1932-2006) sobre el viaje del Inca Túpac Yupanqui a la Isla de Pascua. Esta teoría plantea la posibilidad de que el tridente de Paracas fue un signo dejado por Túpac Yupanqui para poder regresar a las costas peruanas luego de su expedición a la Polinesia.

Zecharia Sitchin presenta una última prueba de la presencia de Teshub en tierras peruanas y de su relación con Tiahuanaco: el tridente de Paracas representa el símbolo personal del Anunnaki Teshub. El mismo que Teshub lleva en una de sus manos en las representaciones hititas, similar también al cetro bifurcado del señor de los báculos de Tiahuanaco: “Que estuvo aquí, en esa parte de América del Sur, es testimonio de su símbolo, dejado para que lo vieran todos los que se aproximasen, por mar o por tierra. Es una ilustración gigante de un tridente, enigmáticamente grabado en una parte empinada de la colina en la Bahía de Paracas en la costa de Perú, al noroeste de Tiahuanaco; y solo puede ser vista desde el aire o desde mar abierto en el océano Pacifico.” Para Sitchin, la única posibilidad es que el mismo Teshub/Wiracocha haya querido dejar su impronta en las costas peruanas: “Nadie sabe quién, cuándo o cómo, a menos que sea el mismo Adad (Teshub) que quería declarar su presencia.” Si Sitchin tiene razón, podrían existir otros indicios de la presencia del Anunnaki Teshub en estas tierras que aún no hemos encontrado o que hemos pasado por alto a causa de las restricciones del paradigma histórico.


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