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La meta fue Moscú (2da parte)

Link a la primera parte: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/18752910/La-meta-fue-Moscu-1ra-parte.html

Aún cuando Francia tenía un Pacto de alianza con la URSS, dicho pacto era unilateral; es decir, París y Moscú se comprometían mutuamente en socorrerse en caso de enfrentamiento con una tercera potencia, pero no en caso de que ese enfrentamiento se realizara por el auxilio de uno de ambos a otra potencia. Es decir, Rusia se comprometía a apoyar a Francia en caso de guerra con Alemania por haber sido atacado por esta, pero no porque Francia rompía las hostilidades con Alemania para honrar su pacto de asistencia mutua con Polonia. La URSS, por otra parte, tenía un pacto de Amistad y No-Agresión con Polonia, pero en dicho pacto no se preveían cláusulas militares prácticas,tales como, por ejemplo, las preveía el "cheque en blanco" anglo-francés, al estado polaco.

Para dar una virtualidad práctica a los tratados que unen a Francia y a URSS por una parte, y a la URSS y Polonia con otra, para ensamblarlos en un conjunto armónico y operativo, empiezan, el 14 de Abril de 1939, es decir, apenas tres semanas después del "cheque en blanco", unos contactos político-militares entre la URSS, por una parte, e Inglaterra y Francia, por otra.
Livtinov, el finísimo delegado soviético, pone una condición sine qua non: la autorización del paso de las tropas soviéticas sobre el territorio polaco y el territorio rumano. Es perfectamente lógica la pretensión soviética si deben, los rusos, ayudar a los polacos y/o a los rumanos, lo primero que debe hacerse es permitirles libremente el paso por los territorios a los que deben aportar su ayuda. Esto es muy lógico. Por lo menos, en el caso de Polonia, con quien los rusos ya tienen en plena vigencia, un Pacto de Amistad y No-Agresión. El caso de Rumania es distinto; el único pro-sionista en el país es el Rey Carol y una reducidísima camarilla. Pero ni siquiera el Rey Carol es pro-soviético. Rumania, cada vez más inclinada hacia Berlín, responde que no necesita ni desea la protección soviética y que, naturalmente, queda excluida la posibilidad de permitir el paso de tropas soviéticas por territorio rumano. No así el caso polaco. Lógicamente, si Polonia cree de verdad en la vigencia de su pacto con la URSS, ¿qué cosa más lógica que permitir el paso de sus futuros y eventuales protectores por su territorio? Pero no: el Mariscal Rydz-Smigly -que con Beck y Moscicki forma parte del triunvirato gobernante en Varsovia- no quiere saber nada de tropas soviéticas penetrando en Polonia. "Si los rusos entran en Polonia, nunca más saldrán de ella" le dice a su colega francés, Gamelin. Ingleses y franceses deben invertir más de treinta conferencias para vencer la resistencia de los polacos a dejar transitar a los rusos por su territorio. Los gobernantes de Varsovia creen que con la simple neutralidad benévola de la URSS y la asistencia anglo-francesa, el ejército polaco será lo suficientemente fuerte para derrotar a la Wehrmacht.
Maksim Maksímovich Litvinov

"La agilidad de la caballería polaca es superior a la rigidez de los tanques alemanes y en unos días habremos ocupado Prusia Oriental. Me consta que el ejército alemán se halla en plena revuelta contra los nazis: las tropas polacas llegarían a Berlín dando un paseo. Llevo cinco años y medio en este país, y sé muy bien lo que sucede en él. Si estalla una guerra entre Alemania y Polonia, inmediatamente se producirá una revolución en Alemania y nuestras tropas entrarán en Berlín"

Parece difícil encontrar un embajador que, como el polaco Lipski, acreditado durante cinco años y medio en un país, pueda emitir una opinión tan diametralmente opuesta a la realidad de los hechos. Que la caballería polaca es superior a los tanques alemanes no pasa de ser una opinión de un profano en cuestiones militares; opinión que los hechos demostrarán es falaz dentro de unas semanas. Pero lo que los polacos ocuparán Prusia Oriental en unos días; que llegarán "en un paseo" hasta Berlín, que estallará una revolución en Alemania en el momento de declararse la guerra y que los nazis y los militares alemanes se pelearán, es, para un embajador, tan increíble que sólo caben dos hipótesis: o bien Lipski es el más inepto de todos los embajadores, o bien un traidor a su patria. No porque desee una guerra con Alemania y, para contribuir a provocarla se deja llevar por sus deseos belicistas y transmita informes y emita opiniones irreales y absurdas, sino porque al actuar de esa guisa desconcierta, desinforma a su país para llevarlo a la guerra; le desinforma, luego le coloca en desventaja.
Durante su estancia en Berlín, mientras finge una profunda amistad con altos jerarcas nazis, y concretamente con Göring (Reichsmarschall y Oberbefehlshaber de la Luftwaffe), no cesará de alimentar la tesis de la "debilidad interna" del Nacionalsocialismo, de las tremendas diferencias entre el partido y el ejército, y de la impopularidad de Hitler. Los usos de la diplomacia han querido siempre que los embajadores acreditados en un país -máxime en un país de primer rango- simpaticen, al menos, con la manera de ser y de estar en ese país, en una palabra, con su cultura peculiar.

¿Cómo es posible que un gobierno mande como embajador a un país poderoso y vecino, luego potencialmente enemigo, a un psicópata incapaz de discernir la realidad? Por que, al menos para el autor, Lipski es un psicópata pues un gobierno que se deja engañar durante 5 años por un embajador en un país vecino (y no en las Antípodas) tiene que estar formado a su vez, por traidores y estúpidos. En otro caso nos inclinaríamos por la tesis de la traición colectiva, pero para eso hace falta un grado de astucia e inteligencia impensable en los gobernantes polacos de la pre-guerra. Si algo nos consta en el hiper-patriotismo de los líderes polacos de la época. Hiper-patriotismo que les hace ver deformada la realidad. Un psicópata toma sus sueños por realidades, Lipski se cree todavía en Tannenberg, seis siglos atrás, en que la caballería polaca hizo trizas a los prusianos, y creo que esa victoria (única, prácticamente, pues Polonia, el país europeo que, en razón a su tiempo de existencia oficial, más tiempo ha pasado en guerra, y siempre acabado siendo aplastado por prusianos, rusos, lituanos, austríacos y suecos) va a repetirse en el conflicto, para él inminente e inevitable, entre alemanes y polacos. Se lo cree porque le gusta creérselo, algo muy humano, demasiado humano. Creemos en verdad, que será difícil encontrar en toda la historia un caso análogo de incompetencia política, de ausencia más flagrante de simple sentido como se manifiesta en la actuación de los políticos polacos desde que Francia e Inglaterra imponen la resurrección de Polonia en Versalles hasta que los soviéticos la convierten en un estado vasallo en 1945. Excusándonos por el inciso sobre la personalidad y actuación de Lipski, volvamos al instante en que ingleses y franceses, tras más de treinta ásperas conferencias, logran imponer a los polacos la aceptación del derecho de tránsito de los rusos por suelo polaco. Aceptación que se logra pese a la estimativa de Rydz-Smigly, que sabe que si los rusos entran en Polonia, no saldrán más de ella. Pero los políticos del Kremlin son mucho más largos y finos que los occidentales. No les importa el tránsito libre por Polonia, o más exactamente, no les importa sólo eso. Polonia es, para ellos, un objetivo secundario. Así al obtener el solicitado derecho de tránsito, Litvinov hace hincapié en la negativa rumana, en las retiencias polacas y en la fortaleza del ejército alemán, muy superior a lo que cree Gamelin, el Generalísimo de los ejércitos franceses, cuya frase "penetraremos a través de la línea Sigfrido como un sable ardiente a través de la mantequilla" ha trascendido, con sospecha inoportunidad, a la calle. "Alemania es un adversario temible, y la URSS requiere garantías y seguridades", es el argumento harto sólido, de Maksim Maksímovich Litvínov, el cual se despacha con una lista impresionante de demandas, a saber:

1) Derecho de libre tránsito de las tropas soviéticas por todo el territorio polaco, sin consulta previa con las autoridades de Varsovia.
2) Reconocimiento de que los tres estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituana) forman parte de la "esfera de intereses de la URSS y que podrán integrarse libremente en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas".
3) En ampliación al punto anterior, libertad de tránsito de Ejército Rojo a través de esas tres pequeñas repúblicas.
4) Reconocimento por las democracias occidentales de que Finlandia, a la que se define expresamente como "ex-provincia rusa", se halla en el mismo caso que los aludidos estados bálticos.
5) Reconocimiento, por parte de las potencias occidentales, del derecho de la URSS a "tratar libre y directamente con Rumania sobre la devolución del a provincia de Besarabia a la URSS".
6) Reconocimiento, por parte de las potencias occidentales, del derecho de la URSS a que "los estados limítrofes con la URSS tengan regímenes que no sean hostiles a la misma".
7) Manos libres a la URSS para que "arregle sus diferencias con Turquía en la cuestión de Armenia".
8) Reconocimiento de la URSS a un acceso al Mediterráneo a través de los Dardanelos.
9) Asistencia diplomática de las potencias occidentales pero que el Irán conceda a la URSS el derecho a la construcción de una carretera y un ferrocarril extraterritoriales hasta un puerto en el Golfo Pérsico, en el cual la URSS dispondrá de una Zona Franca (libre de impuestos).
10) Manos libres a la URSS para una "expansión colonial en Asia". No se especifican los territorios asiáticos a que alude la URSS, pero se supone que, como mínimo se trata de Afganistán y del Turkestán Chino.

Es decir, la URSS exige, para formar parte de la Cruzadas de las Democracias contra Alemania, cuatro países europeos (Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia), dos asiáticos (Afganistán y parte de China), territorios de Rumania y Turquía, la salida al Mediterráneo conculcando para ello la soberanía turca en los Dardanelos; libre paso y zona franca a través del Irán hasta el Golfo Pérsico; derecho a ocupación militar sin consultar siquiera con las autoridades locales, en Polonia... En una palabra: a las democracias occidentales, para que estas puedan resistir a las demandas alemanas de construcción de una vía férrea y una carretera a través de territorio polaco y de un plebiscito en Dantzig, la URSS les exige, como precio, todo lo anteriormente nombrado.

Las peticiones soviéticos son tan absurdamente desmesuradas que las cancillerías occidentales quedan perplejas. Pero Roosevelt a través del embajador Bullitt insta a los gobiernos inglés y francés para que las acepten.

Más cada vez que los occidentales dan muestras de acceder a las pretensiones de los soviéticos, estos se descuelgan con nuevas demandas, ahora de tipo militar y estratégico. De toda evidencia, Moscú quiere alargar las conversaciones.

Londres y París, no se dan cuenta -o no parecen darse cuenta- que Moscú solo busca un pretexto para romper las conversaciones. Desde el 14 de Abril hasta el 24 de Julio de 1939, cada vez que los occidentales ceden ante una demanda del Kremlin, este, presenta otra, esperando que ingleses y franceses no podrán aceptarla y que así podrán echar sobre los anglo-franceses la culpa del fracaso de las negociaciones. En vano: arrojando al cubo de basura todo orgullo y dignidad, los negociadores occidentales lo van aceptando todo, incluyendo la tesis soviética de la "agresión indirecta". Cada vez que Chamberlain (primer ministro británico), harto de exigencias, quiere romper las negociaciones, Joseph Kennedy (padre del presidente asesinado), embajador norteamericano en Londres "clavaba la espada en los riñones del Primer Ministro". Los ingleses cedían y los rusos pedían más cosas, por ejemplo, que los acuerdos políticos fueran subordinados a un acuerdo militar.


El 24 de Julio el Coronel Beck, en un rapto de fugaz lucidez, comunica a Londres y a París que, contrariamente a lo que primero había prometido, no está dispuesto a dejar circular libremente, y sin consulta, a las tropas rusas por territorio polaco. Lord Halifax y Georges Bonnet suplican a Beck de que reconsidere su decisión y este, en efecto, dice que consultará con su Estado Mayor, pero los rusos se enteran de lo que ocurre, y toman pretexto para romper las negociaciones... de momento.

Es el Kremlin quien, hacia finales de 1938 inicia un cambio en su política exterior, hasta entonces incondicionalmente hostil hacia el III Reich. En Enero de 1939, el embajador de la URSS en Berlín, Suritz, un hebreo de la vieja guardia bolchevique, es sustituido por un ruso de raza eslava, Merekaloff, quien inmediatamente propone a von Ribbentrop que se abran relaciones comerciales entre Alemania y la URSS. La negativa alemana es tajante. Pero durante seis meses las instigaciones soviéticas en Alemania se multiplicarán. Stalin hace más: Litvinov, el polifacético hebre, es sustituido por un eslavo, Molotov, mientras cobran inusitado relieve el "Presidente" de la URSS, Vorochilov, y Beria, el Ministro del Interior, un cripto-judío al que se tiene, en occidente, por un puro georgiano. Berla y Stalin colocan a todos los trotskistas el sambenito de cosmopolitas y lo traducen "sotto voce" por sionistas, encarcelándolos y fusilándolos por millares. Todo esto es una verdad peligrosa, por ser una verdad a medias. Los que sustituyen a los eliminados son, en su mayor parte, judíos también, pero esto se disimula a los observadores occidentales. El famoso explorador y escritor sueco Sven Hedin dice que "la Rusia soviética mostró una nueva faz a la Alemania hitleriana; una faz de trazos fríos, estoicos, eslavos o asiáticos, pero sin un sólo hebreo. El mayor error cometido por los líderes del Nacionalsocialismo fue creer que ese cambio era auténtico".
En Berlín, naturalmente, están al tanto de las negociaciones que los occidentales sostienen con la URSS para incorporarla definitivamente al frente antialemán, sobre todo después del "cheque en blanco" dado por Chamberlain, empujado por Halifax-Rothschild, a Polonia. Cunde la alarma en Berlín ante la posibilidad de volver a encontrarse en la misma situación que en 1914, un doble frente en política, la única manera de impedir que dos potencias se alíen contra una tercera consiste, para esta, en dividir a aquellas o ganar la alianza de una de las dos, ofreciendo alicientes superiores. Se trata, en suma, de comprar una alianza, ofreciendo un mejor precio. Esto parecerá brutal, sobre todo en una época como la nuestra, tan amante de eufemismos y de hipocresías, que a veces adoptan disfraces idealistas. Pero es así. Es un hecho. La política se nutre de realidades, de hechos. Y es un hecho que Hitler, desde 1933, cuando sube al poder, hasta 1939, busca la alianza, o, al menos, la amistad con Inglaterra. Hitler es un admirador del Imperio Británico; basta con leer Mein Kampf para cerciorarse de ello. En Munich, pese a las reticencias del clan belicista inglés empujado por Roosevelt, se logra por un momento, la ansiada alianza anglogermana, ya prefigurada por el Tratado Naval de 1935.

Pero, como ya hemos visto, Chamberlain es literalmente barrido por el clan belicista, que va ganando posiciones mientras mina las de Chamberlain hasta el punto de que Halifax -su brazo derecho- una vez emparentado por alianza con los Rothschild de Londres, cambia espectacularmente de bando y literalmente le traiciona en el siniestro "caso Tilea" precursor del cheque en blanco a Polonia, que será el detonante de la futura guerra.
Anschluss

El Führer constata que todos sus esfuerzos para lograr una verdadera alianza con Inglaterra fracasan porque el Sionismo, haciendo palanca en el plan belicista de la City hace que Inglaterra se enfrente a Alemania. Desde que Hitler ha subido al poder, este ha reincorporado al Reich, mediante plebiscitos internacionalmente controlados, y previsto por el propio Tratado de Versalles, el Sarre y Memel. Ha remilitarizado la región de Renania, tras la violación por parte de Francia, del Tratado de Locarno, y también ha ratificado con plebiscito el "Anschluss" (anexión) con Austria, reconocido por Inglaterra la cual también ha reconocido el retorno de los Sudetes (región checoeslovaca, perteneciente al Imperio Alemán antes de 1919), ratificándolo con su Primer Ministro, en Munich. Es cierto que Hitler, ha establecido unilateralmente, el Protectorado de Bohemia-Moravia, aunque no es menos cierto que ninguna potencia de primer rango hubiera tolerado -y la vieja Inglaterra Imperial, menos que nadie- la actitud checa. Aparte de esto, Alemania pide ahora que, en cumplimiento del Artículo 19 del Tratado de Versalles, se celebre un plebiscito en Dantzig, y que Polonia le deje construir una carretera y un ferrocarril extraterritorial a través del Corredor, para dar fin a la artificial insularidad de Prusia Oriental. Pero Alemania no pide, ni ha pedido nunca, nada a Inglaterra; al contrario, le ha ofrecido su amistad y ha indicado claramente que si política -la Drang nach Osten- se dirige hacia el Este, con el objetivo de eliminar al principal enemigo de Europa que es, además, el instigador de los movimientos de rebelión que empiezan a surgir por todo el Imperio Británico. Si la política de Londres, en vez de sufrir las presiones y de seguir los dictados del Sionismo, se hubiera preocupado exclusivamente del viejo y sagrado egoísmo nacional inglés, la oferta de Hitler hubiera sido acogida con mil amores. En vez de ello, es rechazada, aduciendo razones morales y auto erigiéndose, Inglaterra, en una especie de gendarme que, interpretando a su manera los designios de la Justicia Inmanente, juega al papel de Arcángel San Miguel que castiga a los réprobos en nombre de Dios. Mejor dicho: a un réprobo, Alemania. Porque entre 1918 y 1939 han habido guerras, muchas guerras: la URSS se ha anexionado las cinco repúblicas islámicas del Asia Central, más Georgia y Ucrania, reconocidas en su día por Inglaterra; el Paraguay ha visto los dos tercios de su territorio nacional repartidos entre cuatro vecinos tras la Guerra del Chaco; Japón lleva a cabo una guerra de conquistas en China y la propia Inglaterra se ha entregado a las mil y una combinaciones, todas impuestas por la presencia de sus pacíficos "destroyers", en Oriente Medio y el Golfo Pérsico. Incluso cuando Italia se ha anexionado Etiopía, Inglaterra se ha enfadado, ha patrocinado unas sanciones petroleras y ha puesto trabas a la navegación de los barcos italianos por el Canal de Suez, pero la cosa no ha pasado de ahí. ¡Ah! Pero que Alemania exija, ahora, un prebiscito en Dantzig y la construcción de un ferrocarril y una carretera para poder llegar a Prusia Oriental (que es alemana) el Imperio no lo puede tolerar, por RAZONES DE MORALIDAD INTERNACIONAL.

Hitler, pues, por muy admirador que sea de Inglaterra, debe actuar como Canciller del Reich que, al fin y al cabo, es su oficio, su obligación. Como tal Canciller, no puede permitir el cerco diplomático y militar de su patria, máxime tras el precedente de Versalles. Por otra parte, ya se ha reseñado la persecución de que son objeto los 4,5 millones de alemanas que residen en Polonia tras el pasteleo de Versalles. Hay que dar un bandazo a la política que, desde 1923 ha previsto y desde 1933 ha seguido Hitler. En Mayo de 1939, el embajador alemán en Moscú, Conde von er Schulemburg visita a Molotov para aceptar la propuesta de este relativa al establecimiento de relaciones comerciales entre el Reich y la URSS. Molotov pone como condición que previamente se pongan las "bases políticas necesarias para la reanudación de conversaciones comerciales". Ribbentrop cablegrafía a Schulemburg que no acepte la sugerencia soviética. Parece que se ha producido un impase y que las negociaciones quedan rotas, pero no es así, pues, mientras negociaba con los occidentales -como hemos visto- "simultáneamente, el Kremlin volvía a tender la mano hacia Berlín, con quien prefería tratar, precisamente para alejar el riesgo de guerra en sus fronteras". William C. Bullitt afirma que "las negociaciones germanosoviéticas empezaron a iniciativa de Moscú y si sólo de Hitler hubiera dependido, dichas negociaciones hubieran terminado en un fracaso total". Y es que, pese a interesarle políticamente, en la circunstancia dada, el tratar con Moscú, en vista de que ya lo estaban haciendo los occidentales, la repugnancia ideológica del Führer a tratar con los señores del Kremlin dificultaba ciertamente las gestiones. Pero el interés de la URSS era que las negociaciones continuaran y llegaran a buen fin.

"Hitler siempre había buscado enfrentarse, políticamente, a la URSS. Pero, naturalmente, enfrentarse a ella a solas. Pero las democracias occidentales buscaban el cerco político, diplomático y militar de Alemania, restableciendo la situación prebélica de 1914. Cuando Hitler y sus ministros se apercibieron de que Londres y París, empujados por Washington, contiendo Dantzig en un "casus belli", ponián la barrera polaca entre Alemania y la URSS, quisieron romper la maniobra de cerco con aquella medida transitoria -¡y bien demostrarán los hechos posteriores cuan transitoria era!- de firmar un pacto con Stalin anticipándose a los anglofranceses, iniciadores, antes que nadie, de la Carrera hacia el Kremlin.
La idea de Hitler era políticamente correcta. Francia e Inglaterra, con la ayuda "no beligerante" de sus instigadores estadounidenses eran incapaces de batir a la Wehrmacht. Esto será cumplidamente demostrado por los hechos. Por lo tanto, rompiendo, mediante el Pacto con la URSS el cerco militar y diplomático de Alemania, Hitler esperaba ganar tiempo, forzar una decisión favorable a propósito de Dantzig y el Corredor y unir, así, las dos porciones separadas de Alemania, escindida por el Tratado de Versalles. Entonces llegaría el momento de continuar la política hitleriana de la "Drang nach Osten". Teóricamente, el pacto germano soviético debía obligar a los anglo-franceses a levantar la barrera erigida en Dantzig.
Pero todo ello -lógicamente correcto- resultó, en la práctica, un monumental error político; el mayor de los errores nazis. A él fueron inducidos, Hitler y Ribbentrop, más que por la sagacidad de Stalin y Molotov, por la secular pericia de la camarilla que, detrás de los señores del Kremlin, movía los hilos. Hitler creía que, al encontrarse sin la esperada ayuda del aliado soviético, franceses e ingleses se abstendrían de intervenir en Dantzig y el Corredor. Pero ni la URSS era un estado soberano y "normal"... ni las viejas democracias occidentales eran otra cosa que imperios caducos manejados por los intereses cosmopolitas de Wall Street y de la City. Ni el mismo Hitler podía sospechar que las fuerzas combinadas de la Alta Finanza y el Sionismo, aliadas circunstancialmente a los pequeños intereses de los no menos pequeños "patriótismo" inglés, francés y polaco, tendrían tanta fuerza como para obligar a los gobiernos de Londres y París a lanzarse a una guerra tan impopular como innecesaria, para desviar el rayo de la guerra alemán y atraérselo sobre sí mismos".


Por que el caso fue que, de toda evidencia, ni el mismo HItler creyó jamás en el poderío REAL de los poderes fácticos por él denunciados, llámeseles Sionismo, Alta Finanza, o como se quiera. Creyó, eso sí, en su influencia, pero no creyó -pues en tal caso, no hubiera pactado con la URSS ni siquiera por las razones tácticas que lo movieron a ello- en su poder. En su inmenso PODER REAL Y SUPRANACIONAL. Sospechamos que pese a la amistad que ligaba a los dos hombres, Hitler siempre creyó que Goebbels exageraba el peligro judío. Para Hitler, el Judaísmo era un peligro racial y, como máximo, un inconveniente político. Era, en suma, una molestia. Por lo menos, hasta 1939, cuando estalla la guerra. Luego se irá dando cuenta de que, en ciertos casos, Goebbels se quedaba corto.

Por otra parte, en la Wilhelmstrasse se creyó -cayendo, tal vez, en el clásico y humano error de creer lo que gusta- que los cambiós, más espectaculares que efectivos realizados por Stalin, y la súbita ascensión de ciertos rusos ucranianos y georgianos de raza eslava a puestos de mando y responsabilidad indicaban que un cambio profundo se operaba, o se iba a operar, en las altas esferas moscovitas. Pero todo había sido, simplemente, una hábil maniobra tramada por los poderes fácticos, desde Nueva York, vía Washington. Los mismo poderes tácticos que le indicaron a Khaganovich que "provocarían una guerra entre democracias y fascismos".
Firma del Pacto de No-Agresión
A pesar de que el Pacto Ribbentrop-Molotov cogió a los políticos anglo-franceses completamente in albis, los poderes fácticos sabían perfectamente lo que se estaba tramando. En efecto "...desde 1934, Roosevelt fue informado por su embajador en Moscú, Davies, de que Stalin deseaba concertar un pacto con el dictador nazi, y de que Hitler podía tener un pacto con Stalin cuando lo deseara. Roosevelt fue informado con precisión, día tras día, y paso a paso, de las negociaciones secretas entre Alemania y la URSS, en la primavera y el verano de 1939. En verdad, nuestra información sobre las relaciones con Stalin era excelente" (Bullitt, "La Amenaza Mundial" )

El 23 de Agosto de 1939, la noticia estallaba como un trueno en la Prensa Mundial:
"El gobierno del Reich y el soviético han decidido un Pacto de No Agresión. El señor von Ribbentrop, Ministro de Relaciones Exteriores del Reich, se encuentra en Moscú para firmar el tratado".

En dicho pacto se estatuía el mantenimiento del "status quo" en el Este de Europa, expectuando a Polonia de dicho status quo. En efecto, en lo referente a Polonia, Hitler se reserva, como "zona de influencia" la línea que siguen los ríos Narev, Vístula y San. No se habla de reparto de Polonia. Esto es falso. Molotov y Ribbentrop no pactaron para repartirse Polonia. Podrá decirse, que el Pacto Ribbentrop-Molotov posibilitó el reparto de Polonia. Es cierto que, implícitamente, Alemania reconocía ciertos territorios como "zonas de influencia soviéticas" y que en caso de que la URSS decidiera apoderarse de Galitzia o de otros territorios que le hubieran sido arrebatados a Rusia en Versalles, en beneficio de Polonia, Berlín aceptaría el hecho consumado, sin intervenir militarmente. Berlín, en otras palabras, se desentendía de Polonia más allá de la línea trazada. Y cabe preguntarse: ¿para qué iba Alemania a exponerse a una guerra prematura contra el Kremlin por salir en defensa de los polacos que, aparte de mostrarse intransigentes en las cuestiones de Dantzig y el Corredor, hacían la vida imposible a su importante minoría alemana? Se ha dicho que este pacto desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Es absurdo. Como hemos demostrado, la guerra estaba ya decidida por los poderes fácticos. Si acaso este pacto debía incitar a la prudencia a Inglaterra y Francia para que no hicieran de una carretera y un ferrocarril extraterritorial y un prebiscito en Dantzig un "casu belli-".

El Coronel Beck, informado por su Servicio Secreto, pretende que Stalin justificó, ante el Politburó, su decisión de pactar con Hitler, en los siguientes términos:
"Si aceptamos la propuesta de Alemania de concluir con ella un pacto de No-Agresión, me consta que, a causa de Polonia, la guerra entre Inglaterra y Francia, por un lado, y Alemania por el otro, será inevitable. En tales circunstancias, tenemos todas las posibilidades de quedar fuera del conflicto durante tiempo y podremos esperar, ventajosamente, nuestro turno... Garantizados en nuestras fronteras occidentales por el Pacto, también lo estaremos en las Orientales a causa de la presión que Alemania ejercerá en tal sentido sobre el Japón. De tal modo que nuestra elección es clara; debemos aceptar la propuesta alemana y mandar de vuelta a sus países con un rechazo cortés, a las misiones inglesa y francesa".


Subrayamos: a Stalin le consta que, a pesar del Pacto, y a causa de Polonia, la guerra entre democracias y fascismos estallará. Esperar quedar fuera del conflicto durante bastante tiempo, y aguardará su turno. A Stalin le consta. Stalin sabe. Pero Beck sabe que Stalin sabe. Y debe saber que el turno de Stalin significa lanzarse sobre Europa, empezando por Polonia. Beck lo sabe. Y tiene que saber que Stalin no le va a pedir una autopista y un ferrocarril extraterritorial más una ciudad polaca (que era alemana). Beck tiene que saber que Stalin se lo va a quedar todo. Beck sabe, y SABE QUE STALIN SABE. Beck sabe a pesar, o tal vez a causa del pacto, cuando Inglaterra y Francia saben que no pueden contar, de momento, con nadie, van a traer sobre sus cabezas el golpe alemán, inmiscuyéndose en un asunto ridículo como el del Corredor, que no les incumbe en absoluto, ni siquiera para algo tan aleatorio, en Política, como el honor. Beck sabe que a Stalin le consta que habrá guerra, a causa de Polonia. Beck sabe todo eso ¡Y NO CEDE! No cede el derecho a un ferrocarril y una carretera... (Dantzig, al fin y al cabo no es suyo, es una ciudad libre según el Tratado de Versalles). ¿Qué espera Beck? ¿Derrotar a la Wehrmacht y a la Luftwaffe, y eventualmente al Ejército Rojo, con su legendaria caballería? ¿Qué es Beck? ¿Es un imbécil? ¿Es un traidor a Polonia? Que el lector saque sus conclusiones

FUENTES:
1) LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS de Joaquín Bochaca

2) EL SUICIDIO DE EUROPA de Michel Sturdza

3) LA HISTORIA DE LOS VENCIDOS de Joaquín Bochaca

4) LA AMENAZA MUNDIAL de William Bullitt

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9 comentarios - La meta fue Moscú (2da parte)

Lelale +2
Cheu, en el mapa inicial falta marcar con azul a Brasil. Mandaron tropas a Italia, y según tengo entendido, aviadores a inglaterra.
alientina +4
El mapa es de 1939, y Brasil no entra en la guerra hasta 1944
alientina +1
Espero que te guste. Saludos
Lelale +1
@alientina Muy bueno.
chaco4ever86 +3
Buena lectura de Jueves a las 7, momento interminable de la semana. Van 10
chaco4ever86 +2
Por favor
xxhawksxxdeath +1
yo estoy en el laburo taringueando pero "no lei un carajo"
alientina +3
@xxhawksxxdeath Te lo pierdes, vale la pena.
daniel_homero +3
Genial, tengo lectura para esta noche.
alientina +2
Como es un tema tan extenso y polémico, sólo voy a tratar algunas cosas, porque tengo para 500 posts más jaja
GuillermoL33
"con los alemanes perdemos la libertad con los rusos el alma" dijo el mariscal polaco Rydz-Smigdly, ellos confiaron demasiado en que los vencedores de la Gran Guerra mantendrian a raya a los germanos, aún despues de los sucesos de Renania, Austria y Checoslovaquia. Hitler con su instinto de saltador de caminos, siguío subiendo la apuesta pensando que las democracias occidentales no reaccionarian, olvidando el viejo principio inglés de no permitir a ninguna potencia continental obtener una hegemonia tal que pudiese amenazarlos.
a-la-mierda4 +1
polonia era un estorbo para todos, para los aliados (apenas le declararon la guerra a alemania pero estuvo inactiva por mas de 2 meses (drole de guerre), para las potencias del eje y para la URSS, yo creo que si los sovieticos le ganaban a los polacos en la guerra polaco-sovietica de 1920, la historia seria un poco mas diferente
GuillermoL33 +1
@a-la-mierda4 Polonia no estubo inactiva para nada, si bien sucumbio antes del mes de lucha (inevitable dada la disparidad de fuerzas con la alemania nazi, la falta de total movilizacion polaca y la disposicion de los ejercitos alemanes desde prusia oriental, Pomeraria, Silesia y Eslovaquia. Eso sin contar con el artero ataque sovietico) te aseguro que los polacos no se consideraban un estorbo y los aliados occidentales los abandonaron, tal como lo habian hecho con los
GuillermoL33 +2
@a-la-mierda4 Checoeslovacos, no solo en 1939 sino tambien en las conferencias de Yalta y Postdam.
lshunchi +2
Buen aporte Valentina!!!!!!!
alientina +2
Gracias estimada. Usted siempre presente
robbuh +1
Muy buena informacion, como de costumbre !!!!
+ 10 + reco
JesusMontanaOffc +1
@alientina Gracias valentina por los post ni idea que eras mujer eh jajaja
alientina +2
@JesusMontanaOffc Suele pasar por la imagen de Rosas. No te hagas drama
JesusMontanaOffc +1
@alientina ah jajajaja como sos lincesa te bardearan pero vos tenes un perfil bajo segui asi
VonKasper +1
Excelente Valen!
Para tratar de enteder, o al menor intentarlo, la relación de los polacos con los rusos y prusianos-germanos, hay que remontarse a tiempos de Casimiro III, allá por el siglo XIV, la Mancomunidad Polaco-Lituana con la firma del Tratado de Lublin en el siglo XVI y su posterior caída con la sucesión del primer reparto de Polonia por Rusia, Prusia y Austria, en 1795. Sólo ahí se puede tener una módica idea de lo que significan esos tres países y sus fronteras.
alientina +1
Voy a buscar y leer sobre los temas que dijiste, para estar más interiorizada. Saludos camarada.
VonKasper
@alientina jajaja, siempre te termino agregando miles de cosas
Besotes!
Alejandro00l
Excelente. Espero que sigan estos post.