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David Rockefeller sus conexion con Chile

Primeros acercamientos

Luego del lanzamiento de “Memoirs” en Estados Unidos, la historia del nieto menor del primer billonario norteamericano y fundador de la compañía Standard Oil, el llamado “barón del petróleo” John D. Rockefeller, generó un inmediato interés público. Considerado un símbolo del capitalismo norteamericano, el financista y filántropo David Rockefeller cuenta detalles de su relación con su abuelo, de quien era su nieto favorito, así como las pugnas con sus cinco hermanos.

Sus recuerdos incluyen su enrolamiento en el Ejército norteamericano luego del ataque a Pearl Harbour, y su posterior misión en el servicio de inteligencia, en Francia y África.

En detalle, explica cómo consolidó los negocios familiares a la cabeza del Chase Manhattan Bank -hoy J.P. Morgan Chase- al que ingresó en 1946; su interés por la arquitectura de Nueva York, en especial la de Wall Street y el World Trade Center; y detalla su rol como “embajador sin portafolio” de todos los gobiernos norteamericanos desde Dwight Eisenhower, en países como Rusia, China y Chile.

La relación de David Rockefeller con el país comenzó con un primer acercamiento a Latinoamérica a través de su hermano Nelson. Este último, quien llegó a ser Vicepresidente norteamericano, fue nombrado en 1943 por Roosevelt como coordinador de asuntos hemisféricos y luego subsecretario de asuntos latinoamericanos de la Casa Blanca.

Fue a través de él, a quien David considera “su ídolo”, que el menor de los Rockefeller concentró su posterior labor comercial y filantrópica en Latinoamérica.

El magnate arribó a Chile por primera vez en 1950 como ejecutivo del Chase. Cuatro años más tarde regresó junto a una treintena de altos ejecutivos de compañías norteamericanas para estrechar relaciones comerciales.

La conexión de Rockefeller con Chile se consolidó a través de la Americas Society (Sociedad de las Américas), que dirigió desde 1962 y de la que hoy es presidente honorario. Esta organización no gubernamental, que incentiva el intercambio comercial y cultural, incluye al Council of the Americas (Consejo de las Américas), que reúne a todas las empresas norteamericanas con negocios en Chile y viceversa. Desde este lugar Rockefeller, quien en su biografía reconoce su aprecio por Chile y México, ha aprovechado sus múltiples contactos para hacer gestiones ecónomicas por el país en EE.UU.

La UP, Edwards y Pinochet

En los párrafos dedicados a Chile, David Rockefeller relata los años de la Unidad Popular, su amistad con Agustín Edwards y la llegada de los Chicago boys.

“Lo más emblemático de esos años sombríos en América Latina fue Chile durante la presidencia de Salvador Allende a comienzos de los ’70. La historia se ha vuelto bien conocida y bastante controvertida. Allende, un marxista confeso y líder del Partido Socialista de Chile, hizo campaña en 1970 sobre la plataforma de una reforma agraria radical, la expropiación de todas las corporaciones extranjeras, la nacionalización de la banca, y otras medidas que hubiesen puesto a su país derechamente en la senda del socialismo”.

“En marzo de 1970, mucho antes de la elección, mi amigo Agustín (Doonie) Edwards, propietario de El Mercurio, el principal diario de Chile, me dijo que Allende era un embaucador soviético que destruiría la frágil economía chilena y extendería la influencia comunista a la región. Si Allende ganaba, advertía Doonie, Chile se convertiría en otra Cuba, un satélite de la Unión Soviética.Insistió en que los Estados Unidos debía impedir la elección de Allende”.

“Las preocupaciones de Doonie eran tan intensas que lo puse en contacto con Henry Kissinger. Más tarde me enteré que los informes de Doonie confirmaron la (información de) inteligencia ya recibida de fuentes de inteligencia oficiales, lo que llevó a que el gobierno de Nixon aumentara sus subsidios financieros clandestinos a grupos opositores a Allende”.

“Pese a esta intervención, Allende ganó la elección por un estrecho margen…Una vez en el cargo, el nuevo Presidente, fiel a sus promesas electorales, expropió las propiedades norteamericanas y apuró el paso en la confiscación de tierras de la élite y su redistribución al campesinado. La mayor parte de las propiedades de Doonie Edwards fueron tomadas, y él y su familia huyeron a EE.UU., donde Donald Kendall, alto ejecutivo de Pepsico, contrató a Doonie como vicepresidente, y Peggy (esposa de Rockefeller) y yo los ayudamos a instalarse”.

“Pese a mi propio aborrecimiento por los excesos cometidos durante los años de Pinochet, el lado económico de la historia es más constructivo… Pinochet buscó la asesoría de un grupo de jóvenes economistas, muchos de ellos formados en la Universidad de Chicago. Le aconsejaron al general que liberara la economía chilena de las restricciones y distorsiones que había sufrido durante muchos años. Su audaz experimento económico se transformó en la base de la fuerte recuperación de Chile”.

Desde entonces, Rockefeller volvió en reiteradas ocasiones. Una de las más notables, sin embargo, fue su entrevista con Pinochet, como chairman del Chase Bank, meses antes de dejar el cargo. Consultado por la prensa entonces, Rockefeller dijo sobre su anfitrión: “Me dio la impresión de que es un hombre fuerte, que conoce bien los problemas del país y que tiene el control de la situación”.

En relación a los que denomina “regímenes que eran autocráticos, totalitarios en su orientación y políticas”, Rockefeller señala que “pese a que no sentía simpatía alguna hacia estos regímenes, creía que el banco debía trabajar con ellos. A lo largo de mi carrera en el Chase, nunca vacilé en reunirme con los líderes, los adversarios ideológicos de mi país más militantes y empedernidos, y con gobernantes cuyo estilo despótico y dictatorial yo, personalmente, despreciaba, desde Houari Boumedienne de Algeria a Mobutu Sese Seko de Zaire, desde el general Augusto Pinochet de Chile a Saddam Hussein de Irak. Los conocí a todos”.

“Sería erróneo suscribir que detrás de esa visita había alguna idea política. El tenía que manejarse con jefes de Estado de todo el mundo, tal como lo hizo con Mao en China, y Kruschev en Rusia”, recuerda el ex embajador norteamericano en Chile, George Walter Landau, también amigo cercano de Rockefeller. El diplomático agrega que es muy posible que el magnate tuviera información acerca de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el régimen militar, “pero él vino como hombre de negocios”, puntualiza.

Doctorado en Economía en la U. de Chicago, y con estudios en la London School of Economics, durante su visita a Santiago en 1980, David Rockefeller dijo que “el clima económico de Chile es muy favorable a las nuevas inversiones”, y precisó que el Chase “estudia aumentar sus flujos de crédito” hacia el país.

Según el libro de la periodista norteamericana Mary Helen Spooner “Soldados en una tierra angosta”, el magnate hizo un polémico comentario cuando, años después, fue consultado sobre qué consejo daría a los trabajadores azotados por la inflación imperante.

Firme partidario de las políticas de apertura económica aplicadas por los Chicago Boys durante el régimen militar, Rockefeller sugirió que debían elegir a personeros que mejoraran la economía “como los norteamericanos hicimos al votar por Ronald Reagan”.

La Concertación, de Aylwin a Lagos

El ex cónsul honorario en Atlanta y actual director y docente de la Universidad Alberto Hurtado, Pedro Pablo Díaz, cuenta que David Rockefeller hizo tratativas personales por agilizar la firma de un Tratado de Libre Comercio con Chile en 1992. “Se trata de un hombre que tiene línea directa con la Casa Blanca, y le interesa mucho que a Chile le vaya bien”, señala. Landau precisa que Rockefeller incluso se reunió con diputados y senadores norteamericanos para agilizar la firma del fast track que facilitaría el logro del tratado.

Como reconocimiento, el gobierno de Patricio Aylwin lo condecoró en Washington en 1993 con la Orden Bernardo O’Higgins “por sus esfuerzos por promover el diálogo y las acciones comunes entre el Norte y el Sur de nuestro hemisferio”.

Esta relación de amistad también fue reconocida por Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que lo invitó cuando asumió el mando en marzo de 1994. El filántropo aprovechó su estadía y se quedó al Encuentro de Empresarios del Mundo que organizó el segundo gobierno de la Concertación. El nexo sigue en pie. En 1999, el entonces candidato presidencial Ricardo Lagos presentó en Nueva York, a instancias de David Rockefeller y del magnate George Soros, los principales lineamientos de su próximo gobierno ante connotados hombres de negocios norteamericanos. “Abrimos las puertas para que Lagos le explicara al sector económico, sobre todo a Wall Street, que aunque él era socialista, se trataría sólo de un cambio de gobierno y no del sistema económico”, precisa Landau.

El último de los gestos del magnate hacia Chile fue la creación de una oficina en Santiago del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. Si bien es una entidad que depende de la afamada universidad, fue Rockefeller quien donó US$13 millones para crear ese organismo a principios de los ’90. La sede proporciona servicios y asistencia a los estudiantes de Harvard de todo el Cono Sur.

Pero los contactos de Rockefeller no son sólo al más alto nivel. Indirectamente también se ha vinculado a grupos ambientalistas a través de la Fundación Hermanos Rockefeller, que financia iniciativas de protección ambiental en Chile. Específicamente en la campaña de promoción del sello ambiental FCS que cautela la explotación de los bosques chilenos, a la que la fundación ha donado un millón y medio de dólares.

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