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Cuando Girondo le rompió el corazón a Borges

El día que Girondo le rompió el corazón a Borges


Cuando Girondo le rompió el corazón a Borges

Jorge Luis Borges es considerado para la crítica nacional e internacional como el escritor más prestigioso que dio Argentina. Sin embargo, pocos conocen de un momento que fue crucial para su carrera literaria y que apenas tiene que ver con el mundo de las letras. Los protagonistas, además del autor de El Aleph, son otros dos poetas: Oliverio Girondo y Norah Lange. ¿Cómo fue que este triángulo literato marcó el rumbo de lo que después sería una de las narrativas más admiradas en todo el planeta?

Todo ocurrió en 1926: Jorge Luis Borges, el futuro escritor célebre argentino empezaba a dar sus primeros pasos ya firmes y seguros dentro de la escena literaria incipiente del país. Ese muchacho feliz que “escribió manifiestos -señala Fabián Casas-, pegó una revista mural por las calles de Buenos Aires, dio pelea en estética y en política, se emborrachó y bailó tango hasta el amanecer” había demostrado un fuerte interés en su prima, también escritora: Norah Lange.


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“La encantadora pelirroja Norah Lange comenzó a acaparar toda la atención de su primo Jorge Luis Borges, siete años mayor. La pareja salía a caminar por el barrio de la joven, lejos de las miradas de doña Berta, que tenía cinco hijas, pero sólo dos ojos”, relata el historiador y escritor Daniel Balmaceda. Pese a algunos momentos de intimidad leves, como los paseos por las calles porteñas, la timidez del escritor era más fuerte y la amistad no podía transformarse en algo más. Borges, a pesar de esto, guardaba una última esperanza.

Norah Lange tenía una forma de escribir particular y empezaba a construir su figura como autora más allá de los tintes sexistas y machistas que abundaban en la sociedad y que aún perduran hasta hoy, donde muchas veces a este tipo de figuras del siglo XX se las asocia como “la novia de” o “la amante de”. En 1925 ya había publicado La calle de la tarde que tenía, como no podía ser de otra forma, el prólogo de su enamorado Borges.

Un año después de ese primer poemario de Lange, el sábado 6 de noviembre en la Sociedad Rural Argentina, el escritor Ricardo Güiraldes sería agasajado por el éxito de su obra cumbre en literatura. La reunión se denominaba, justamente, Fiesta de Don Segundo Sombra. Borges invitó a Lange a que lo acompañara a tan prestigioso evento y allí intentaría declararse. Sin embargo, algo inesperado ocurrió.

Esa mañana, Norah Lange (de 20 años) conoció a Oliverio Girondo (de 35) a instancias del propio Borges y, para desgracia del autor de El libro de Arena, en el almuerzo posterior a la presentación honorífica de Güiraldes, Girondo y Lange se sentaron uno al lado del otro. Cuenta Norah, rescatada por Balmaceda: “Él había comprado una botella de vino especial y la tenía en el suelo, al lado de la mesa. Yo la tiré en un descuido; Oliverio me dijo con su voz (de caoba, de subterráneo): Parece que va a correr sangre entre nosotros”.

Así, Borges volvería sólo de aquella reunión, habiendo oficiado de celestino involuntario de Oliverio Girondo, rumeando algún poema de corazones rotos por las calles de Palermo y dedicado para su prima. Sin embargo, no todo es un final triste en esta historia, ya que no son pocos los que van a citar a este momento de (des)amor como un hito clave en la obra futura de Borges.


anecdota


El propio Fabián Casas, en su ensayo “El retorno a Borges” va a sostener que “cuando la felicidad que le traería la musa pelirroja y la realización de sus sueños de poeta nacional fueron aniquilados por la aparición de Oliverio Girondo, Borges pensó en el suicidio de manera persistente (…) Borges sufría pero estaba escribiendo como los dioses. Convertía su dolor en aventura”.

Parece mentira que, dentro del universo borgeano, algo tan aleatorio y banal como un amor frustrado sea el punto inicial para una larga historia de sucesos que marcarían a la literatura mundial. Girondo y Lange se casaron y dejaron una obra poética marcada por la vanguardia que aún hoy tiene sus reflejos en la poesía joven. Borges, con el dolor a cuentas, se volvió ese célebre autor que ahora engorda a las bibliotecas mundiales gracias a su corazón roto.

1 comentario - Cuando Girondo le rompió el corazón a Borges

numenb
Tampoco le ligó con Estela Canto y terminó dedicándole el cuento El Aleph. De todas formas, qué bien escribía el señor Borges! Ojalá podamos ver en este siglo algún escritor de su talla, al menos uno.