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Estado Liberal argentino

Este es mi primer post en Taringa. Se trata de un trabajo que realicé para una materia y quería compartirlo con ustedes.
El mismo está dividido en 3 puntos fundamentales para darle al trabajo un carácter más sistemático y analítico para su mejor comprensión.

1) En este punto caracterizo a la oligarquía gobernante y enumero los recursos que dicha clase utilizó para construir su poder.

2) En este apartado establezco una comparación entre el dicurso de Luciano Miguens (ex titular de la Sociedad Rural Argentina) y el ex presidente Julio Argentino Roca, con el objetivo de poder observar la continuidad del discurso liberar hasta la actualidad.

3) En este último hago mención a la clase obrera y las ideologías obreristas que acompañaron su desarrollo y la vinculación de este sector con la clase dominante.


1)
La construcción del estado argentino a partir de 1880 fue impulsada por los intereses de una clase hegemónica conocida como oligarquía que detentaba el poder político y cultural en base su prosperidad económica.
Cuando hablamos de hegemonía nos referimos al concepto gramsciano según el cual la clase dominante ejerce un control ético, político y económico sobre las clases subordinadas con el objetivo de perpetuarse en su posición central y así mantener el status quo. En el caso argentino, la oligarquía de grandes propietarios y comerciantes configuró su hegemonía en diferentes campos: la exclusividad en los cargos políticos a través del fraude y el control de la sucesión, que garantizaba el poder público en un puñado de “notables”; el control de la educación bajo la órbita estatal con la sanción de la ley 1420, que establecía la educación primaria laica, gratuita y pública; la difusión del imaginario liberal a través de la literatura, la prensa y la educación; el monopolio de los medios de producción, que como veremos a continuación, eran la base de dicha hegemonía.
La materialidad en la cual se sustentaba la dominación provenía de una estructura económica donde la propiedad de la tierra y las actividades comerciales podían ser bases de grandes fortunas. El modelo económico vigente era el agroexportador. Consistía en la producción de bienes agropecuarios (carnes, lana y en menor medida cereales) para los grandes mercados europeos, dentro de una división internacional del trabajo, donde Argentina cumplía el rol de productora de materias primas y alimentos, mientras que los países industriales comerciaban con sus productos con valor agregado y exportaban capital financiero. Inglaterra jugó un papel importante como uno de los principales compradores (como Francia, Bélgica y Alemania) e inversores en materia de infraestructura ferroviaria y portuaria, lo cual generaba una dependencia financiera y una determinación externa sobre los bienes a producir (orientando los distintos ciclos productivos de la economía nacional). Paralelamente, la coyuntura interna marcada por el fin de las guerras civiles y la incorporación de tierras que pertenecían a los indígenas, favorecía el desarrollo de dicho modelo y la consolidación de la oligarquía terrateniente como clase dominante. Las lanas y carnes se beneficiaban de una alta demanda que impulsó una duplicación de las toneladas de carne exportadas entre 1880 y 1894 y un aumento de aproximadamente un 20% de la exportación de la lana sucia entre 1889 y 18911. Estos datos demuestran que la tenencia de grandes extensiones de tierra, al igual que el comercio exportador, era una excelente oportunidad para desarrollar negocios rentables y ampliar las posibilidades de acceder a cargos políticos.
Este desarrollo económico sustentaba también los ideales de progreso para ese sector dirigente de la población. El liberalismo se vería reforzado por la filosofía positivista que rejuveneció la idea de progreso indefinido a fines del siglo XIX. De esta forma las ideas de propiedad privada, libre cambio, neutralidad del estado, laicisismo, se pudieron imponer en la práctica política y gozar de cierta aceptación, aunque no sin una fuerte resistencia de la iglesia católica. En tal sentido se tomaron ciertas medidas como la creación del registro civil, la institución del matrimonio civil, la exclusión de la enseñanza religiosa que precedió a la ley 1420 y la obligación de los tribunales eclesiásticos a aceptar la apelación civil.2 Detrás de estas iniciativas hay un proyecto de modernización que la generación del '80 se siente con la misión de llevarlo a cabo.
Dentro de esta superestructura también había espacios para ideas conservadoras, sobre todo a lo referido a las libertades políticas. En la concepción de las clases dirigentes estaba presente la idea de que el destino del país debía estar en manos de una minoría apta (influencia del darwinismo social) por lo cual el voto estaba restringido para las clases populares. La exclusividad del PAN en la vida política nacional refleja esta situación que se mantendrá hasta la promulgación de la ley Saenz Peña por la presión de los Radicales, cuya posición estaba marginada por la estructura del sistema electoral.


2) Discurso de Roca ante el Congreso de la Nación:
"Mi opinión es que el comercio sabe mejor que el gobierno lo que a él le conviene; la verdadera política consiste, pues en dejarle la más amplia libertad. El estado debe limitarse a establecer las vías de comunicación y a levantar bien alto el crédito público en el exterior."3

Discurso de Luciano Miguens en la exposición rural de Palermo del año 2007:
“El exagerado intervencionismo en los mercados perjudicó no sólo al ganadero sino, fundamentalmente, a la República. Mientras las carnes argentinas padecen limitaciones a su exportación, resignando posiciones en el mercado internacional, nuestros competidores ganan espacios, difíciles luego de recuperar. Hay que despolitizar la discusión de la carne vacuna. Ya somos, por lejos, los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, necesitamos producir más para exportar más.
Señores, ha llegado la hora de eliminar totalmente las retenciones. Ha llegado la hora de liberar las exportaciones. Ha llegado la hora de abrir nuevos mercados. Tenemos el privilegio de vivir y trabajar en una de las praderas más amplias y favorecidas de la tierra.
Estamos en condiciones de pasar, y en mucho, las 100 millones de toneladas de granos. Para ello necesitamos políticas de Estado. El campo es un generador de divisas formidable. Fortalece, como comprador de insumos y como vendedor de sus productos, la industria y los servicios. El "efecto derrame" del agro se dispersa a todas las otras actividades económicas, llegando a los rincones más lejanos del país”4.

La elección de dichos artículos responde a que en ambos se observa una vinculación ideológica que perdura en el tiempo manteniendo la misma esencia. Por otro lado, la selección de los autores viene dada por la significación que ambos tienen, uno como constructor del estado liberal y el otro como autoridad de una institución que tradicionalmente se vió favorecida por el modelo económico dispuesto por ese estado.
El discurso de Roca es significativo ya que evidencia la fe en el libre comercio y la neutralidad del estado como agente económico, aunque le reconoce a este la obligación de favorecer la creación de la infraestructura que permita el desarrollo del comercio y la atracción del capital extranjero trasmitiendo confianza y promesas de rentabilidad a los inversores externos.
En su argumentación las fuerzas económicas son las que deben regir el accionar estatal y no a la inversa, lo que evidencia la creencia de que el mercado se regula por si mismo y por lo tanto el estado solo debe intervenir para que los factores de la economía se desenvuelvan correctamente.
Detrás de estas afirmaciones que podrían justificarse por medio de la teoría del derrame, están presentes los intereses de las clases propietarias interesadas en poder acceder a los grandes mercados compradores sin ningún tipo de restricción.
Roca, de esta forma, se erige como vocero y defensor de tales intereses de clase.
Un representante contemporaneo de esta línea de pensamiento es el ex titular de la Sociedad Rural Argentina, Luciano Miguens. En el discurso de apertura de la exposición rural de Palermo del año 2007, se observa la continuidad del pensamiento vertido por el presidente Roca ciento veinte años antes.
Ante las políticas impositivas llevadas a cabo por el gobierno nacional con respecto a los bienes agropecuarios de exportación, esta entidad tradicional que representa los intereses de los grandes propietarios rurales, reclamó la eliminación de estos aranceles que disminuían sus ganancias en un momento favorable por el aumento de los precios internacionales de los alimentos.
Con toda claridad el presidente de la SRA proclamó la necesidad de eliminar esta injerencia del estado haciéndose eco de los preceptos del liberalismo clásico.
La justificación de su posición viene con la formulación directa de la teoría del derrame según la cual la prosperidad del sector propietario se expande al resto de la población por la libre acción de las fuerzas económicas. Nuevamente esta argumentación se trae a colación para defender la posición y las aspiraciones de un poder económico concentrado.
Si bien en este caso el orador no es un hombre de estado capaz de definir políticas fiscales, hay que tener en cuenta que lidera una institución integrada por grandes propietarios de tierras que funciona como grupo de presión sobre la vida política como ha quedado registrado a lo largo de toda la historia del país.


3)
La necesidad de suplir la escasez de mano de obra ya se había formulado desde la Constitución de 1853. Pero fue a fines de siglo cuando las condiciones exteriores favorecieron la entrada masiva de inmigrantes, empujados por las crisis agrícolas europeas y las persecuciones políticas. Además existían factores de atracción como la disponibilidad de grandes extensiones de tierra (provenientes del corrimiento de la frontera sur) y la existencia de altos salarios en comparación con otros destinos migratorios. Por otro lado, el proyecto modernizador preveía la formación de pequeñas unidades productivas para dinamizar la economía agropecuarias, lo cual estimulaba a los extranjeros sin propiedades que provenían de Italia y España principalmente. De 1880 a 1890 arribaron al país 841.000 inmigrantes superando ampliamente a los 240.000 arribados en el decenio anterior.5 Esa población se concentró sobre todo en Buenos Aires y otras ciudades del litoral, con lo cual no se cumplió con el ideal de formar una clase de pequeños campesinos. Esta concentración urbana sobrepasó la infraestructura existente en Buenos Aires, lo que implicó una baja en la calidad de vida dada por el hacinamiento, la falta de higiene, la deficiencia sanitaria, la precariedad habitacional. Las condiciones de trabajo en las industrias(que también se vieron sobrepasadas en vistas de su insipiente desarrollo) tampoco eran las mejores ya que en ellas, además de la insalubridad, se sumaban las extensas jornadas de trabajo, falta de descanso, el trabajo infantil, entre otros.
En este contexto de condiciones laborales y de vida infrahumanas, las teorías y movimientos que proclamaban el mejoramiento de la situación del trabajador gozaron de amplia resonancia en este proletariado en formación. Al mismo tiempo adquieren relevancia las sociedades de resistencia y de ayuda mutua, en donde los obreros buscaban protección ante los abusos de los patrones e intentaban defender sus derechos que habían sido ultrajados.
Las primeras ideologías obreristas a las que se unieron los trabajadores fueron el Anarquismo y el Socialismo. El primero se caracteriza por la acción directa como herramienta de lucha lo que los llevaba a promover huelgas violentas para concretar el objetivo de la huelga general. Por otro lado se destaca su rechazo a la institución estatal y toda forma de opresión que impida el libre desarrollo del hombre. En cambio los socialistas no descartan la vía electoral para llegar al poder, evitando llevar adelante acciones violentas y buscando la concientización de los trabajadores a través de sindicatos y cooperativas. Por lo tanto no plantean la abolición del estado si no más bien se valen de sus instituciones y recursos para lograr una participación más activa en el poder.
Surgido de las diferencias dentro del partido socialista, nace en 1905, el sindicalismo revolucionario. Plantea como eje principal la organización de los trabajadores en sindicatos en pos de lograr una unión obrera dejando de lado el particularismo. Comparten con el anarquismo el antipoliticismo y antiestatismo, descartando cualquier opción reformista.
El Partido Comunista surgirá en 1920 vinculado al éxito de la Revolución Rusa de 1917 y se asociará a la Asociación Internacional de Trabajadores.
Todas estas ideologías y movimientos llevaron a cabo movilizaciones y huelgas que fueron reprimidos en numerosas oportunidades por las fuerzas del orden público. Entre las más importantes del ámbito urbano podemos nombrar las huelgas generales de 1902, 1907 y 1909 cuya importancia residió en la capacidad de paralizar el comercio agroexportador dada la adhesión de sectores estratégicos como el de trasporte (ferroviario, portuario y carrero). El punto de conflictividad más alto se vivió en Enero de 1919 en la denominada “semana trágica” durante la cual se produjeron enfrentamientos armados entre huelguistas y la policía, dejando como resultado un numero indeterminado de muertos e igualmente de heridos.
Los conflictos más resonantes que se llevaron a cabo en zonas rurales estuvieron relacionados con cuestiones impositivas (la más renombrada fue la de los arrendatarios de la zona pampeana conocida como El Grito de Alcorta de 1912) pero también hubo protestas por el lado de los braceros, con respecto a la jornada laboral, el salario y las condiciones de trabajo.
Todas estas acciones fueron adquiriendo una relevancia que comenzó a preocupar a la dirigencia política e instaló la cuestión social en la agenda pública, sobre todo hacia 1920, cuando se comenzó a debatir sobre la legislación laboral. De esta manera, los temas que ocupaban las páginas de la prensa obrera (herramienta importante para la agitación de los movimientos mencionados) dejaron de ser exclusivos dichas publicaciones para alcanzar resonancia más amplia.
En el contexto de una Argentina agroexportadora, con libertades políticas muy limitadas y gobernada por una minoría que concentraba el poder económico y político, movimientos contra hegemónicos fueron viendo la luz a medida que las ideologías obreristas llegaban al país. Las contradicciones internas del modelo favorecieron la organización de los trabajadores aunque por caminos distintos. Uno de los puntos de debate que diferenciaban a las tendencias socialista, anarquista y sindicalista era el referido a la participación o no en las estructuras parlamentarias del estado burgués. Como ya hemos mencionado, los mecanismos existentes aseguraban el mantenimiento del orden oligárquico mediante el freno a la oposición y el control de las funciones públicas por parte de la clase dominante. En este sentido, tanto los anarquistas como los sindicalistas estaban opuestos a la participación en el Parlamento, por lo cual pueden ser considerados como antiestatistas: los anarquistas señalaban como un defecto de los socialistas el hecho de que “aceptan la lucha política del parlamento burgués” 6. Por su parte los sindicalistas declaraban que “el verdadero y genuino instrumento de la revolución proletaria es la misma organización ”7, lo cual también los llevaba a negar la opción parlamentaria.
Más allá de las diferencias entre estas ideologías, todas ellas representan a un sector social cuyos intereses están postergados dentro del modelo económico vigente. La marginalidad sufrida por las clases populares contrastaba fuertemente con el proyecto modernizador y su pretensión de mantener el orden social para afrontar el desarrollo. De esta forma se contradecía el positivismo imperante dentro del modelo liberal.
Tanto el anarquismo, socialismo y sindicalismo cuestionaban el orden social por su desigualdad e injusticia pretendían superarlo mediante distintos caminos. En la base del conflicto con las estructuras oligárquicas se encontraban las contradicciones entre capital y trabajo propias del sistema capitalista que se estaba formando en articulación con el mercado mundial.
Podemos afirmar que los miembros de las organizaciones obreras, más allá del tipo de organización que buscaran estaban de acuerdo en preferir “...un régimen donde la riqueza social sea distribuida, poniendo fin a las diferencias de clase con la supresión de las clases mismas.”8
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-1 Basky, Osvaldo y Julio Djenderedjian. Historia del capitalismo agrario pampeano, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003
-2 Jitrik, Noé. El 80 y su mundo, editorial Jorge Alvarez S.A., Buenos Aires, 1968.
-3 http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/r/roca.php
-4 http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=931781
-5 D'atri, Norberto. Del 80 al 90 en la Argentina. Datos para una historia polémica, Buenos Aires, Punto de Encuentro, 2005. Pág. 36.
-6 La Protesta Humana, 18 de octubre de 1902.
-7 Discurso del delegado gráfico Luis Bernard en1907, citado por Sebastián Marotta en El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Editorial Lacio, 1960, Tomo I, página 301.
-8 Oddone, Jacinto. Historia del socialismo Argentino, Buenos aires, editorial La Vanguardia, 1934, Tomo I, página 161.

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Espero que les sirva.
Un saludo para todos los Taringueros por los aportes que hacen.

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