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Soy una cabeza

Soy una cabeza

Para leer — septiembre 28, 2011 a las 6:20 pm | Sin comentarios | Editar esta tonteria.


A veces me gusta pensar que soy solamente la cabeza. O sea, de todas las partes del cuerpo, lo que podría llamar “yo”, sería la cabeza. De esta forma, el resto del cuerpo sería algo así como un anexo que tiene como fin el correcto funcionamiento del “yo, la cabeza”. Por eso, por ejemplo, cuando quiero hacer un gol en un partido de fútbol, solamente lo puedo hacer con esta parte del cuerpo. Aun haciendo bruto gol de chilena, quién hizo el gol fue mi pierna, o sea, un anexo de “yo, cabeza”, en lugar de haberlo hecho yo. Claro que la historia y el resto de los espectadores del partido, recordarían ese gol como el golazo que yo hice, pero como no fue de cabeza, yo en realidad no lo hice… en fin.

¿A qué venía con esto? Perdónenme, pero siempre que intento empezar a desarrollar un concepto me termino yendo por las ramas en seguida. Así es como funciona mi mente, lamentablemente. Y así es como funciona la de ustedes, también, lamentablemente. Lo único lamentable, en realidad, es que sólo logramos tener una conexión con otro ser humano cuando éste sigue un hilo de conversación, pero en realidad, con nosotros mismos tenemos conversaciones mucho más sofisticadas –quiero creer-, que no podría entender alguien ajeno a nuestra cabeza, o sea, a nosotros.

Pero de vuelta me fui de las ramas hablando acerca de cómo me voy por las ramas. La cuestión es que estaba hablando de que yo soy sólo la cabeza, y tengo al menos una teoría: la teoría del cansancio; pero tal vez se me ocurran un par más en el proceso si con ésta no es suficiente para explicar mi punto de vista (o sea, el de mi cabeza, o sea, yo). La teoría del cansancio nos remite a los actos que llevamos a cabo, la mayor parte de las veces, de forma involuntaria, exceptuando la hora de dormir. Cuando estamos cansados, lo primero que hacemos es buscar que la cabeza esté en posición horizontal, o sea, no mirando al horizonte, sino hacia arriba. Primero nos gusta apoyar la cabeza sobre algo que esté un poco inclinado al menos, o –si estamos en un escritorio- del todo inclinado.

Entiendo que cuando tengo las manos o las piernas cansadas, busque apoyarlas en algo, pero más como un proceso meramente físico o biológico, si se quiere. Pero en el caso de la cabeza, no es que el cuello se canse en sí, sino que la cabeza empieza a ser más pesada para el cuello. Claro que en esta forma de hablar de “peso”, no lo estoy haciendo en términos mensurables a nivel científico, sino a nivel personal.

Entonces, cada cabeza (o sea, cada persona), tiene un peso distinto, más allá del peso que nos indicaría la balanza. Hay gente que necesita estar todo el día en la cama porque no toleran su propio peso (o sea, el peso de su cabeza). Hay personas que no pueden parar en todo el día, porque no pueden dejar de apuntar su cabeza hacia el horizonte, o sea, no parar a revisar lo que hay en su cabeza, o mejor dicho, en ellos mismos, y acostarse y mirar hacia arriba. Yo particularmente, creo que duermo boca abajo, pero no sé qué aporta esa información a ésto.

En definitiva, los voy dejando que se me estalla la cabeza de tanto escribir tonterías.



¡Un abrazo! (aunque virtualmente no me es posible abrazarlos, ya que soy sólo una cabeza)



Martín Kamil

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