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Cuando se está sola en casa (cuento de terror)

Había empezado a preparar los pochoclos con caramelo apenas sus padres se marcharon. Era la primera noche que se quedaba sola. Les insistió mucho a sus padres, antes de que accedieran a su pedido de no ir a lo de su tía y quedarse sola, sin que tengan la necesidad de contratar a una niñera. Alegó que si la decían que ya era grande para ciertas travesuras y caprichos, y tenía la responsabilidad de cuidar de su hermanito en toda circunstancia, también era lo suficientemente grande como para pasar la noche en la más completa soledad por unas horas. “Sé manejar el teléfono, tengo celular… Cualquier cosa los llamo. En serio”, les dijo. La madre fue la más difícil de convencer. Pero la condescendencia del padre estuvo de su lado, y ambos, padre e hija, lograron inspirarle confianza.

Los tres se marcharon a eso de las veinte, y prometieron volver antes de la medianoche.

Los pochoclos estaban deliciosos. Con la anticipación que le había permitido enterarse de la visita que sus padres planearon hacer a sus tíos, se bajó de internet una película de terror de la que tanto había escuchado hablar a sus amigas. Ellas le habían comentado lo bello de tener toda la casa a disposición de una, sin nadie que molestase ni interrumpiese la fuerte experiencia de ver una película de terror, sola y de noche.

No sabía tanto sobre la trama de aquella película, y, en verdad, no le interesaba demasiado. Pero sus amigas hablaban de ella, y eso era suficiente para que ella fingiera interés y se vea obligada a verla lo antes posible, para no quedarse afuera de esas charlas cuando salía el tema. En su momento quiso ir a verla al cine, pero desafortunadamente sus padres eran tan permisivos. Fue entonces que decidió bajarla en HD, pasarla a un DVD que compró para la ocasión y mirarla en el pasma de 42 pulgadas que se encontraba en la sala de estar.

El argumento, como el de la mayoría de las películas de terror –por no decir de todas–, era sencillo de entender. Ella vio la primera media hora sin probar bocado de ese manjar que con tanto empeño preparó y descansaba sobre su regazo, porque no se quería perder detalle alguno. Cuando ya estaba enterada de los cimientos en los que se apoyaba el desarrollo de la historia, empezó a comer pochoclo a puñados.

La película transcurría en un suburbio de una ciudad populosa de Estados Unidos. La criatura horrenda que la protagonizaba era producto de una mutación accidental sufrida por una bacteria a lo largo de muchos años, provocada por la corrupción de la alcaldía, que recibían dinero a cambio de enterrar desechos tóxicos bajo el suelo de un terreno utilizado también para deshacerse de la basura de la población. El monstruo era antropomorfo y antropófago.

Las amigas de la niña adolescente le habían contado algunas escenas, pero no la más cruel y terrible. Esta ocurría de noche. Con paso errante y distraído, al ver las calles deshabitadas, el espécimen rebosante de asquerosidad y pestilencia decidió entrar a una casa. No supo que lo hizo por detrás y no por el frente, ni que era anormal que a esas horas de la noche no estuviera trancada. Con paso firme, atraído por el ruido de un aparato encendido, atravesó varias habitaciones antes de encontrarse a una niña comiendo algo a puñados, mientras miraba atenta la pantalla.


Cuando se está sola en casa (cuento de terror)


FIN

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