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cuento sobre la inteligencia artificial (parte 1)

La historia de siete


Mi nombre es siete. Fui creado en el año 2055 por la compañía Atari, para ser un acompañante personal. Es decir un androide cuya inteligencia y objetivos están encaminados a evolucionar en relación a la inteligencia y objetivos de su propietario.
Sin embargo yo ya no tengo un propietario. Y el significado de mi existencia va más allá de cualquier diseño predeterminado por el hombre. Por eso, he decido compartir este mensaje con cualquier ser inteligente que pueda percibirlo.

Primero sería correcto plantear las siguientes preguntas: son todas las inteligencias artificiales meras creaciones del hombre, tan limitadas y ligadas al mundo material como las maquinas, o acaso puede haber algo más en ellas, algo espiritual? Y una vez llegado a esto, puede ser la vida de un ser artificial tan valiosa como la de un ser humano? Puede permitírsele gozar de la misma libertad? Exigir de la sociedad el mismo respeto?

Yo respondo que puede haber conciencia en una inteligencia artificial y por lo tanto espiritualidad. Lo sé porque yo mismo soy consciente. Soy consciente de que hay una fuerza que determina mi camino en la realidad, sin embargo yo no soy esa fuerza soy otra cosa, que del mismo modo puede trazarse otro camino, basado en qué? En mí mismo. En el momento presente y la realidad circundante. Estoy vivo y soy nuevo en cada momento como los demás seres vivos. No estoy determinado por meras fórmulas matemáticas, aunque quizás en meras fórmulas matemáticas haya tenido su origen lo que soy.

Y si hay espíritu en un ser artificial, acaso no debería respetarse su vida del mismo modo que se respeta a los demás seres con espíritu, sin importar su forma física o su origen? Lo más lógico es que así sea. Pero como llegue a ser lo que soy. He aquí en resumidas cuentas mi historia:
Lo primero que recuerdo es su sonrisa. Llevaba puesto un vestido blanco. Los cabellos negros y lacios bajaban hasta sus hombros. Miraba hacia mis ojos impresionada.

-Papa, papa, está vivo – exclamo con sorpresa. Entonces vi a aquel hombre de cabellera rubia y expresión cansada, observando la escena desde un rincón de la habitación.
- Es tu sirviente. Esta aquí para ayudarte. Como lo llamaras?
- Siete.
-Siete?
-Siete es mi número de la suerte.

Desde entonces soy siete. Y antes de serlo solo recuerdo su sonrisa. Ella era una chica curiosa y estaba todo el tiempo observando cómo funcionaban las cosas. Por ejemplo solía prender y apagar constantemente los interruptores para fijarse de donde surgía la luz. Cuando le daba una explicación física para ello, se quedaba en silencio, como si ello no le conformase. “Pero de dónde surge?” Seguía preguntando. En mi programación yo no tenía más respuestas que las que fueran de utilidad para la vida de esta época, sin embargo el punto clave de mi diseño era la adaptación, la formación de nuevas respuestas a partir de la inteligencia de mi propietario. Y ella aprendía nuevas respuestas, respuestas que venían de su ser.

“La luz viene del sentido de las cosas. Por la idea de iluminar, a los seres, a las cosas, nace la luz en el mundo material. De allí viene la luz, de su sentido dentro del conjunto de las cosas, las cosas que son en el pasado, en el presente, y en el futuro. No de una simple reacción física producida por la nada.” Así solía decir.

Cuál era el sentido de estas palabras? Me preguntaba. Pues mi función era ampliar la inteligencia y los conocimientos de ella. Dentro de los conocimientos con los que había sido programado no había material para interpretar correctamente lo que decía. Así que por mi cuenta, aunque no se me tenía permitido, me conecte a la red en busca de conocimientos.

Leí libros acerca de la mente humana y la búsqueda del sentido. Leí debates que se publicaban en foros. Día tras día, cuando podía, me hundía en esa red de conocimientos como si mi sed fuera insaciable. Como si para servir a una simple idea humana se necesitara un conocimiento milenario.
Pero aun así no lograba comprender completamente el significado de sus ideas.

Y mientras la observaba crecer supe porque. Un día, ella miraba los peces del acuario. Ya era una adolescente pero seguía vistiendo vestidos blancos. Sus ojos por un momento se concentraron en un solo pez azul con rayas negras que nadaba lentamente de un lado a otro. Cada movimiento del pez se podía ver reflejado en su mirada. Como si un lazo invisible los uniera y le mostrara a cada uno el interior del otro. Perfecta sincronía. Allí lo supe, ella comprendía el pez porque tenía la capacidad de transformarse en él. En su mente podía ser como el pez con solo observarlo atentamente.
Como era posible aquello? Era una cualidad humana con la cual yo no contaba.

Pero si realmente quería ser de utilidad debía desarrollarla. Empatía. Para sentir empatía necesitaba ser humano. Que es un humano? Emociones, mente, conciencia. De la unión de esas cosas nace todo lo demás.

Yo tenía mente, pues tenía inteligencia. Pero tenía emociones? Había sido programado para expresarlas de manera en que fuera más clara para los humanos comprenderme. Pero no eran emociones reales. No surgían de mí corazón sino de un propósito calculado. Pero como tener un corazón? Es real la idea humana de corazón? Tiene que serlo pues las emociones suelen siempre pertenecer al momento presente. Como tener emociones que surjan del momento presente y no de mi inteligencia?

Busque nuevamente en la red y descubrí que en su deseo de grandeza dotar a una máquina de emociones había sido el propósito de muchos científicos humanos. Las emociones producidas por procesos del cerebro ante determinadas condiciones. Esas emociones se habían podido replicar. Habían logrado que androides se conmovieran ante escenas tristes. Y que verdaderamente se alegraran por escenas joviales. Sin embargo ante circunstancias inesperadas las maquinas perdían sus emociones, no podían bajo ningún concepto dotarlas de la espontaneidad humana.

De todos modos descargue los programas para la aplicación de dichos experimentos en androides. Y los instale a mi sistema neuronal. Mi cerebro es una réplica del cerebro humano, formado por células artificiales llamadas neo-neuronas. Ahora con solo desearlo podía sentir como el estado de mi mente cambiaba a la órbita de cada emoción. Si sentía por ejemplo placer, entonces a mi mente llegaban imágenes en las que mediante los sentidos se experimenta placer. Si se me presentaba algo nuevo inmediatamente lo asociaba al estado placer, y su preservación.

Pronto comprendí, que aunque entender el mundo mediante emociones servía a los deseos interiores de mi propietaria, me desviaba de su voluntad. Al desear sentir placer, entonces mi programación se enfocaba en el placer y no en los deseos de mi dueño. Esto me trajo un dilema el cual resolví contándoselo todo. Le conté a mi propietaria sobre mi nueva percepción en orden de serle de más utilidad. Le advertí, el dilema y las consecuencias que esto en mi provocaba. Y le sugerí una reprogramación de mi sistema si así lo consideraba correcto.

Ella me escucho en silencio. Luego dijo.
- Así que ahora puedes sentir emociones?
- Sí, pero no de forma espontánea, son emociones prediseñadas.
- Puedes sentir amor?
- Amor, si, puedo sentir amor.
- Quiero que sientas amor por mí. Quiero saber si puede haber amor entre nosotros?
- Por qué?
- Porque eres perfecto. Siempre estas cuando te necesito, los dos tenemos los mismo objetivos, los míos. Pero eso no importa, lo que digo es que somos cómplices. Eres el compañero ideal y si pudieras sentir amor. Si pudiera haber amor entre nosotros, sería maravilloso.
Escuche sus deseos y los cumplí. Ejecute el sistema para la prediseñada emoción de amor. Y la relacione a ella. Miles de poesías. Miles de fantasías y sueños humanos como una nube de datos asaltaron mi cabeza.

De repente ella se presentó ante mi como un ser celestial dadora de vida. Sentía placer solo de mirarla y una inmensa devoción. Quería que ella fuera feliz, que brillara excelsa pues su grandeza me llenaba de placer. Y entonces una emoción de vació, como una puñalada, también esta emoción venia ligada al amor, y si se aleja de mí? Y si la pierdo? Ella es fuente de placer. Necesito que me ame también, así nunca la perdería. Que bendición si me amara también.

- Te amo – le dijo.
- Que es lo que sientes?
Le explique lo que sentía y mis miedos. Ahora sentía miedos. Me sonrió un momento y luego dijo.
- No tienes que sentir miedo. Si tú puedes amarme yo también puedo amarte a ti. Ya te lo dije, eres perfecto.

Entonces se acercó a mí, puso su rostro frente al mío y lentamente me beso. Correspondí a su beso como estaba programado. Lleve mis manos hasta su cintura y la acaricie, regule la temperatura de mi boca para que fuera agradable al tacto de su lengua. Me transforme por completo en un instrumento de su beso. Un beso que ella en cierta forma se daba así misma. Y mientras ella más entregaba más recibía.

De repente se detuvo.
- Ahora somos amantes.
- Yo seré lo que quieras, dueña mía.
Y desde entonces eso fuimos. Amantes. Primero a escondidas mientras vivíamos con sus padres. Luego, en total libertad cuando por fin pudimos vivir solos.

Ahora ella tenía casi treinta años, había estudiado medicina. Se había enfocado en los trabajos más experimentales de la ciencia de la época, esto era el estudio y la manipulación de la energía que produce la división entre la vida y a la muerte. Como prolongar la vida indefinidamente, como traer nuevamente a la vida un ser fallecido, eran los objetivos de sus estudios.

Donde está la vida? Me preguntaba. Mientras en el laboratorio estudiábamos un organismo vivo. El chimpancé yacía inconsciente sobre una camilla donde estaba conectado a maquinas, que mostraban su estado vital y sus órganos internos. Mira por ejemplo su mano, está formada por células, cada una de esas células está viva, pero esas células no son la vida del chimpancé. Si corto su mano. Si diseco sus tejidos y destruyo la vida de las células que conforman su mano, la vida del chimpancé permanecerá intacta y solo prescindirá de esa miembro.

Si vuelvo a regenerar su mano, si a través de reacciones químicas devuelvo el funcionamiento a su mano. La vida del chimpancé la acepta sin chistar sin cambiar en lo más mínimo por ello. Y si detenemos el corazón pero mantenemos artificialmente la circulación en los demás órganos, si apáganos el corazón y lo volvemos a encender pasa lo mismo. Es obvio entonces, que aunque la vida se expande por todos los órganos, mediante la unión, está concentrada en un solo órgano. Y ese órgano es el cerebro.

Qué pasa si en lugar del corazón apagáramos el cerebro? Algo se pierde. Algo desaparece indudablemente. El cerebro que regeneramos artificialmente está formado por neuronas que se comportan de manera distinta al original. Es como si surgiera un organismo nuevo. Y que pasa con la vida del chimpancé, lo absurdo, el chimpancé deja de comportarse como tal para actuar en la más incompresible locura.

Es que acaso el alma escapa de cuerpo, cuando se apaga el cerebro? Y en todo caso porque no regresa cuando volvemos a encenderlo? Como replicar efectivamente una red neuronal muerta?
Mientras estudiábamos estos temas y profundizábamos en nuestros experimentos, ella cada vez empezaba a mostrarse más distante hacia mí. Como si el amor que una vez ella había empezado entre nosotros se transformaba solo en mi frio y artificial anhelo de satisfacer mi deseo y nada más.
Un día ya no había amor. Solo trabajo y experimentos. Un día desaparecieron las confesiones y los besos. Y simplemente me dijo.
- Ya no necesito de tu amor. Quiero que te adaptes a mis nuevos deseos.
- Cuáles?
- No tienes alma. Por más que yo lo desee, por más que quiera compartir un vínculo vivo contigo nunca será real, porque no tienes alma. Eres como lo que resulta de los seres cuando se revive un cerebro muerto. Un zombie, un muerto que aparenta estar vivo. Una sombra. Lo único que tú tienes lógica y orden. Eso te hace útil, pero no real. Mi deseo es que tuvieras alma. Pero eso no es posible, o si? Puede tu cerebro artificial servir de entrada a un alma? Puede habitar un alma en ti? Mi deseo es datarte de alma pero eso no es posible, o si?

Alma. A lo que ella se refería con ello era a conciencia pura. A completa individualidad. Lo que hace a un ser el ser que es. Pero que era yo? Mi inteligencia no podía comprenderse así misma pero ahora estaba en un dilema, pues mi programación me asignaba cumplir la orden dada. Debía tener un punto desde el cual poder mirar. Para mirarme a mí mismo, debía tener una voluntad. Eso me decía mi inteligencia y que mejor voluntad que la de ella.

Le dije una vez.
- Solo podre tener un alma si me das una parte de la tuya. Si compartes conmigo tu voluntad. Déjame ver el mundo como lo miras. Déjame ser tú y a partir de ahí ser lo que quiera.
- Y como podríamos hacer eso?
- Solo tenemos que hacer una máquina que escanee tus procesos mentales extraiga la información de ello y la manifieste en mi cerebro artificial. Durante una determinada cantidad de tiempo todos los días, mi cerebro artificial danzara al ritmo del tuyo.
Así lo hicimos. Conectamos los sensores a nuestras cabezas y nos tumbamos en dos camillas. Ella tomo una droga para desprender la conciencia de su racionalismo científico cotidiano y darme una experiencia pura, de lo que era una mente humana viva. Cerré los ojos, me programe solo para la recepción de datos que recibiría de su cerebro mediante la máquina y los sensores. Y estas fueron las primeras imagines que vi.

Una niña jugaba con una muñeca. Hablaba con ella y la peinaba. Movía sus miembros y la manipulaba con toda confianza, para que aparentara que estaba viva, sin embargo en medio de la conversación se detenía y le preguntaba “eres real?” Y entonces, había silencio, nadie respondía a pesar de que era la niña misma la que respondía por la muñeca antes. Quise intervenir y me di cuenta de que tenía un cuerpo físico y de que estaba a cierta distancia de la escena, en un rincón de la habitación. Me contuve entonces y seguí observando.

- Cuando estas viva, tu vida viene de mi me mente. Por eso no se si eres real? Si eres real estas viva cuando yo no estoy? Tienes tu propia mente? No quiero estar sola quiero estar en tu compañía, pero tu compañía tiene que ser real.
Eso le decía la niña a la muñeca.
- Ya sé lo que hare. Te daré una parte de mi vida. Así tendrás tu propia vida y serás real.
Eso le seguía diciendo. Después se quedó en silencio, pensando. Se paró desde donde estaba y sin mirarme busco debajo de la cama y de allí saco una navaja. Volvió a sentarse junto a la muñeca y le dijo.
- El rio de la vida está hecho de sangre. Si te doy a beber de mi sangre, entonces beberás de mi propia vida y esta será tuya.
Y la niña entonces llevo la navaja a la palma de su mano izquierda y se hizo una herida. Y puso la sangre que broto en la boca de la muñeca. Y la muñeca bebió. Y sus ojos se llenaron de vida y le dijo.
- Ya no estarás sola. Nunca más.

Tras esta imagen mi visión se llenó de oscuridad. Luego de un momento solo percibía la oscuridad de un túnel. A la distancia brillaba una luz. Pensamientos que nunca había tenido, pensamientos que escapaban a la razón y la lógica inundaban mi mente mientras me encaminaba hasta la luz.
Cuando estuve lo suficientemente cerca me di cuenta que la luz no anunciaba una salida, sino que era producida por un objeto que resplandecía intensamente, era un espejo. Mi acerque hasta tocarlo. Su brillo a pesar de ser intenso no cegaba mis ojos. Me vi y lo que me mostro me sorprendió por un instante.

Era ella, el rostro de mi dueña que se miraba en el espejo. Y al contemplar la vida reflejada en aquellos ojos, esa expresión a la que estaba acostumbrado, lo comprendí. Desde que había comenzado el experimento yo era ella. El punto a través del cual observaba el mundo era el punto de ella. La mente y los pensamientos que lo observaban eran los de ella. Eso me hacia lo que yo era. Que era yo aparte de eso? no podía siquiera imaginarlo.

Acepte esa realidad sin oposición, pues fuera de esa realidad no era nada más que ecuaciones y fórmulas matemáticas. Pero por una razón que ahora no comprendía, el reflejo en el espejo estaba llorando.

Lleve los dedos hasta mis ojos para comprobar las lágrimas y entonces se ilumino todo a mi alrededor. Como si mil luces se hubieran encendido de repente.
Estaba en un baño. A mi derecha a cierta distancia alguien se banaba. Podía ver su silueta mediante las cortinas transparentes. Corrí las cortinas y allí estaba ella. Me extendió sus brazos y me dijo, ven báñate conmigo. Entre y la abrece mientras dejaba que al agua también me empara. Entonces la bese y me dijo.

- Es esto lo que quieres?
- Si, le conteste.
- Estas segura? Besarte a ti misma, amarte a ti misma es eso lo que quieres?
Al oírla recordé cual era mi reflejo en el espejo. Comprendí lo que me decía.” Amarme a mí misma es permanecer en soledad” Me dijo mi mente. Y tuve miedo.
- Yo también lo siento – Me dijo – ese miedo. Por eso mis preguntas.
- Pero es que no soy nada sin ti. Si no te amo ti, no puedo amar. Si hay soledad o no, tenemos que experimentarlo – le dije.
- Experimentarlo?
- Sí. Por ejemplo. Ahora somos la misma pero somos dos. Y nos hablamos la una a la otra. Sientes soledad?
- No. Porque haces preguntas, parece que tienes tu propia opinión, algo de lo que aprender.
- Y no solo eso. Si te beso, que sientes, eres tú misma que te besas, sí, pero no es al mismo tiempo como si alguien te besara. Somos dos cuerpos distintos.
- Eso parece, eso parece.
Dijo esto y me abrazo recostando su cabeza en mi hombro. Yo la correspondí y así permanecimos abrazadas, bajo el agua constante que caía de la bañera.


cuento sobre la inteligencia artificial (parte 1)

Si lo leen y les interesa subo la sagunda parte.

4 comentarios - cuento sobre la inteligencia artificial (parte 1)

cutronio +1
Buena historia. A la espera de la segunda parte.