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Pizarrones y “machetes”

En memoria y repudio a las injusticias sociales se manifiesta cada vez más el pueblo argentino; del día del maestro y por ser el padre del aula se recuerda a D. F. Sarmiento, que si bien la educación publica laica y gratuita fue su gran legado, en la construcción de “ser nacional” adecuado proclamo la casa, el aniquilamiento y la esclavitud de los indios, aborígenes y hombres “culturalmente” inferiores o barbaros a la mirada europea.
La educación de cada uno es un derecho, un derecho que el estado tiene que garantizar donde hoy por hoy el estado sigue derecho en su agenda de importancia y prioridades en un sector cada vez mas olvidado.
La educación es una obligación individual, donde muchos cada vez más se toman el compromiso de trabajar en primer término para persistir y la molestia de estudiar para poder buscar un futuro…anteriormente se trabajaba para poder vivir dignamente, luego se estudiaba o trabajaba para convivir con decencia en este mundo, luego se paso a estudiar y trabajar para subsistir al universo moderno; hoy donde estudiar y trabajar a la vez no te garantizan nada respecto “a lo seguro y lo estable”, termina el mundo/sistema obligando a sobrevivir como se puede y no como se quiere.
Dejando la educación como herramienta trunca ante los problemas económicos, sociales o individuales en un privilegio de cada vez para mas pocos, visto entre ojo y ojo para pasar a ser un “servicio” a la sociedad, en vez de un derecho en sí mismo,
Un servicio a una sociedad que puede acceder en escuelas privadas cada vez más proliferadas, donde pagar y prolongarse por jerarquía institucional que marcan la escena educativa de hoy en valores y no de saberes son los requisitos individuales mínimos de los alumnos de un futuro incierto para todos.
De ser el establecimiento de elección para formar pensamiento, juicio y comprensión del mundo, las escuelas de ser una segunda casa, pasan a ser moradas de contención dejando de lado su función primordial para pasar tener otro rol por las problemáticas sociales que dentro de sus paredes influyen abiertamente. Y sus trabajadores mechan el ser madres sustitutas, psicólogas y educadoras, de tiempo completo con sueldos vacios.
Por una educación igualitaria, con derechos para los trabajadores, educadores y escolares, con condiciones que favorezcan una buena enseñanza y su trasmisión con garantías básicas cubiertas para evitar el exilio escolar son algunas de las tantas cosas que llevaron a Carlos Fuentealba y sus colegas en la provincia de Neuquen protestar por los derechos, en contra de las disconformidades, y para las necesidades sociales actuales argentinas.
La memoria recuerda el pasado, como también al trabajador de un sector fundamental para llevar un país adelante. Las tizas no se manchan, la educación no se rifa, y la impunidad de una represión contra los encargados de forjar reflexión a los niños sigue vigente tres años después.
El día del maestro tendría que dejar de ser el 21 septiembre, si no el 6 de abril; el día que las balas fueron contra los pupitres y guardapolvos, pasando de acordarse al “padre del aula “a conmemorar a su defensor fallecido.
Fuentealba, como icono y símbolo luego de su partida forzada, pero como condensador de tantos pedidos a lo largo y ancho de argentina, desde el “peligroso conurbano” al “empobrecido Norte”, de los barrios humildes a los pueblos del interior, sin importar religión ni raza la educación es lo fundamental para no solo la construcción de un “Ser nacional”, si no de un SER integro y con herramientas como la educación en un derecho social, civil y humano más que un servicio prestado para su presente y el futuro de él en una sociedad.

(J-P_B)

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