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Las parejas han perdido el valor del compromiso.

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«Las parejas han perdido el valor del compromiso»





ENTREVISTA A IGNACIO SOCÍAS
Director general del Instituto internacional de estudios sobre la familia «The Family Watch»



The Family Watch» es un observatorio que, a partir del análisis de la realidad social de la familia, y desde una perspectiva interdisciplinar, se dedica a la elaboración de estudios, propuestas e iniciativas para que la familia sea mejor conocida y reciba el tratamiento y la atención adecuados a las funciones que desarrolla en la sociedad. Su origen se encuentra en la International Federation for Family Development (IFFD), un organismo internacional destinado a la coordinación de iniciativas en favor de la orientación familiar.

¿Por qué se producen tantas rupturas matrimoniales y las parejas se casan cada vez menos?
Porque se ha perdido el sentido del valor del compromiso. El matrimonio siempre se había planteado como un punto de partida para un proyecto de familia, lo que tiene mucho sentido porque, por ejemplo, tener hijos y educarlos es un proceso que lleva años y exige que detrás haya unos padres comprometidos a ello. Pero si, por el contrario, el matrimonio se percibe por la pareja como una simple meta porque se sienten bien juntos, será un fracaso porque los sentimientos y emociones son pasajeros. Si no se trabaja por un proyecto con perspectiva de futuro llega un día en que la pareja no funciona.


¿Qué consecuencias tiene a mediano plazo?
Esta situación afecta directamente el bienestar y la felicidad. Nosotros defendemos el matrimonio porque todos los estudios de todos los países demuestran que lo que de verdad contribuye al bienestar de la persona es sentirse querido en un entorno de seguridad. Saber que hay una familia que te protege y cuida, hoy y mañana, tanto si uno gana mucho como si no, si está enfermo o no, es joven o viejo... da más felicidad que cualquier otra cosa. Además, los estudios apuntan q que las parejas estables se suicidan cinco veces menos y tienen tres veces menos depresión. Algo querrá decir eso.

¿Cómo puede una familia transmitirlos de nuevo a sus hijos?
La familia es una escuela de derechos humanos. Los padres pueden transmitirlos guiándose por el sentido común y no dejándose engañar por las excentricidades. Cuando unos padres tienen que decir «no» a su hijo, no tienen que tener miedo a hacerlo. Deben enseñarle la importancia de los valores tradicionales: la sinceridad, la generosidad, el valor de la palabra dada, la laboriosidad... También es muy importante el valor del esfuerzo, porque las cosas no se consiguen por suerte, sino por el esfuerzo realizado. Además, no deben dejarse engañar cuando ven en la televisión situaciones que no son normales. La televisión y el cine muestran situaciones de ficción y los padres deben explicarlo correctamente a sus hijos para que no equivoquen su actitud y comportamiento y traten de imitar algo que es irreal. Educar a alguien es explicar que las acciones tienen consecuencias.



Las parejas han perdido el valor del compromiso.

La medida del amor es amar sin medida.



¿Dónde está el verdadero problema en esta falta de valores: en la sociedad o en los padres?
Necesitamos mejores sociedades y poderes públicos más ejemplares y responsables, un sistema educativo mejor pero, sobre todo, hacen falta mejores padres, que se dediquen a educar en profundidad a sus hijos. Lo que ocurre es que si pedimos actualmente a una pareja que tenga hijos y los eduque, le estamos solicitando que sean casi héroes porque hay un montón de circunstancias que no se han resuelto para que esto sea posible.

¿Cuáles exactamente?
Fundamentalmente la conciliación. Cuando una madre opta por primar su carrera profesional y postergar su maternidad no hace ningún favor.

¿Quiere decir que la incorporación de la mujer al trabajo ha roto el equilibrio familiar?
Mas bien la falta de adecuación del mercado a la mujer. Hay un estudio de la OCDE que demuestra que los países en los que más aumenta la natalidad son aquéllos en los que más mujeres trabajan, aunque parezca una contradicción. Son los países en los que las mujeres tienen más flexibilidad y las mejores condiciones laborales. En España hay un mercado laboral ajustado a las necesidades del hombre y no se piensa en las condiciones de la mujer como madre. Si para avanzar profesionalmente la mujer tiene que actuar con patrones masculinos, ser madre es un obstáculo. El problema no es la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, sino las condiciones que se le imponen. Lo que se llama familia tradicional, en la que el hombre trabajaba en el campo y la mujer en casa cuidando a los hijos, es un invento del siglo XVIII. Las mujeres han trabajado siempre en el campo, aunque cuando nacía un niño dedicaban más tiempo a su maternidad. Sin embargo, en lo que se ha mejorado a lo largo de los años es en que poco a poco se va reconociendo su trabajo. En la historia se han producido cambios sociales positivos, como todo lo que aporta la mujer al mercado de trabajo para ella y para la sociedad, pero también negativos porque si no tiene hijos, la más perjudicada es ella porque se está coartando su libertad de ser madre.



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LAURA PERAITA ( Fluvium)








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