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X-Men de nuestra Prehistoria

X-Men de nuestra Prehistoria


Así fueron los X-Men de nuestra Prehistoria
Fran Benitez

adn

Arrasando las taquillas el pasado viernes 27 de mayo, “X-Men: Apocalipsis” situaría en la Tierra una amenaza enmascarada cómo villano azul y armado proclamado cómo un mutante primigenio con poderosas habilidades.

Mientras que la saga X-Men mantiene una trama de ciencia ficción con personajes que obtienen superpoderes a través de una mutación, no se aleja de nuestra realidad, en la que una mutación puede darnos una característica peculiar. Con esta última entrega, nos replanteamos cuales fueron las mutaciones que impulsaron a la raza humana sobre el resto de especies y aseguraron su supervivencia y desarrollo; mutaciones que tendrán más que un parecido con la saga X-Men.

La evolución humana también necesita mutaciones, pero es posible que las hayamos normalizado tanto y desconozcamos tanto cómo éramos antes de ellas, que no sepamos identificar la analogía con esta saga de superhéroes.

X-Men reales: Una de las primeras mutaciones supuso el aumento del volumen cerebral

xmen

El carismático Profesor Charles Xavier poseía una mutación muy peculiar: la telepatía. Este poder coordinaba al grupo de los X-Men en sus misiones, por lo que podemos afirmar que este personaje era el cerebro del equipo. Al igual que ocurría con los X-Men, en la historia de la humanidad era necesario “un cerebro” en el equipo, y por lo tanto fue una de las mutaciones que propició nuestro inevitable destino.

Este cambio lo podemos comprender con un estudio que secuenció el genoma completo de los gorilas, identificando un gen conocido cómo RNF213, que ha demostrado jugar un papel vital en la evolución de los primates, incluyendo al ser humano.

Y el papel del que hablamos no es otro que un cúmulo de diferencias, entre las que se destacan la disminución del riesgo de la enfermedad de moyamoya, una patología cardiovascular caracterizada por la reducción del flujo sanguíneo cerebral.

Por lo tanto podemos concluir que una de las primeras mutaciones supuso el aumento del volumen cerebral para dar rienda al mejorado flujo que regaba nuestro cerebro de nuevas ideas.

El ser humano fue el primer super-ordenador

futuro


Entre los cambios importantes no podemos dejar en un segundo plano que para el nuevo tamaño que adquirió nuestro cerebro, también fue necesario un mejor procesamiento de las operaciones que ocurrirían en nuestro super-ordenador en miniatura.

Los estudios revelan que una región del ADN conocida cómo HAR1, ha mostrado participar en estos cambios al mantenerse activa en el cerebro y no en otros tejidos. Curiosamente, al medir la actividad de esta región genómica se encontró que era mucho mayor durante el desarrollo del cerebro, ayudando a producir la materia gris.

Comparando este gen con los genomas identificados de chimpancé, se puede comprender la rápida evolución que separó al hombre del chimpancé en base a la presencia de HAR1. Por otra parte también se considera el papel del gen FOXP2 en la mejora de nuestras capacidades sociales como especie, al demostrarse que deficiencias en esta región del ADN tienen como consecuencia problemas y dificultades para el diálogo.

Gracias a la mutación en un gen el ser humano mejoró su capacidad para regenerse

Humano


El Profesor Xavier no sería el único que tomaría su espacio en esta sección, pues el lobo solitario, el arma de destrucción letal, capaz de regenerar sus heridas y limpiar su organismo de toxinas, Lobezno tiene una gran lección que enseñarnos a la hora de estudiar la evolución del hombre y el papel de la dieta y reparación de tejidos gracias a las mutaciones en nuestro ADN.

Gracias a un gen llamado AMY1, el ser humano fue capaz de ampliar la variedad de alimentos que podía tomar sin que le causaran alguna enfermedad o condición como la diarrea. Este paso se puede comprobar en el humano moderno, pues posee varias copias de este gen en comparación con sus parientes lejanos, y lo posee tanto en el intestino cómo en la boca. Así podríamos hablar que mejoramos nuestra capacidad para regenerar tejidos, pues aprovecharíamos más nutrientes y sufriríamos menos daños por parte de elementos desconocidos en nuestra dieta.

No es fácil asociar un cambio en nuestro genoma con una pérdida o asignación de función ya que nuestro organismo está fuertemente coordinado, y puede que al quitar una pieza no consigamos detener la cadena de funcionamiento de un proceso porque exista un sustituto o al contrario, por lo que para poder continuar realizando este tipo de relaciones son necesarias evidencias mayores que utilicen estudios genéticos, proteómicos y filogenéticos.


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