epelpad

El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Preguntas Del Bicentenario Argentino

1. ¿Qué es más importante para el interior de país: 1816 o 1810? ¿Deberíamos hablar de “los” bicentenarios?
Algunos historiadores, entienden que Mayo es una efeméride más porteña que nacional: surgida de las decisiones de una institución municipal (el Cabildo de Buenos Aires) no es representativa de la voluntad general de los habitantes del virreinato. “La versión difundida de la Revolución de Mayo ha omitido el protagonismo de los pueblos del interior”, afirma el profesor Armando Raúl Bazán, miembro de la Academia Nacional de la Historia. En su libro “Revisión de Mayo” publicado por la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, sostiene que se debe dimensionar el alcance del pronunciamiento de Buenos Aires en el Cabildo Abierto del 22 de mayo: “Cuando Paso habla de “la hermana mayor”, ya está planteando la raíz del problema de porteños y provincianos, que será el embrión del conflicto de unitarios y federales”. En este sentido y, relacionado con la conmemoración que nos convoca, entiende que debería hablarse de “los bicentenarios”, enfatizándose la importancia de la declaración de la independencia en 1816 en Tucumán. “La Nación nace el 9 de Julio de 1816, cuando se reúne el Congreso de Tucumán. La Revolución de Mayo, en cambio, es la máscara monárquica. La Revolución de Mayo es el punto de partida de un proceso que se va a coronar en 1816. La patria, la Nación, nace en 1816”. Otros historiadores ponen el énfasis en el significado que la revolución de mayo adquiere en el contexto de las revoluciones burguesas en contra de los absolutismos, proceso iniciado con la independencia de los Estados Unidos (o, para otros, con la Revolución inglesa de 1688) que alcanza su punto culminante en la Revolución Francesa antes de propagarse por toda Latinoamérica. Así, a excepción de la revolución en Haití que es de 1804-, las luchas por la independencia en Latino América se inician en 1810 con las primeras Juntas de Gobierno en Caracas (abril), Buenos Aires (mayo), Bogotá (julio), Quito (agosto) y en Santiago de Chile (setiembre). En México, también en setiembre del 10, con el Grito de Dolores se inicia la guerra de independencia. En poco más de una década se consolida la independencia de los nuevos estados: Paraguay (1811), Argentina (1816), Chile (1818), Colombia (1819) Venezuela (1821); México (1821), Perú (1821), Ecuador (1822), Bolivia (1825); Uruguay (1828). El proceso se dilata en Centro América y el Caribe. La distribución de los focos revolucionarios en un mapa de América permitiría entender que 1810 forma parte de un proceso continental con causas estructurales y coyunturales que afectan a toda la región. Esto no implica sostener que Mayo es fruto de un proyecto independentista preconcebido, Halperin sostiene: …ni aún es seguro que quienes emplean la palabra “independencia” la entiendan todos del mismo modo. Y, por otra parte, la complejidad misma de la situación española y de la coyuntura internacional hacía sin duda difícil trazar en 1810 una imagen precisa de cualquier futuro. […] Cierta imprecisión de objetivos, cuyas ventajas tácticas son evidentes, puede corresponder entonces también a auténticas perplejidades de algunos de los dirigentes revolucionarios.[…] En efecto, característico del movimiento que ahora comienza es que puede ir precisando objetivos sin perder por ello adherentes. Es lo contrario de lo que, según muestra la experiencia, ocurre a los procesos revolucionarios que, en su propio avance, se ven obligados a radicalizarse. He aquí un indicio bastante sugestivo de que la revolución que ahora comienza, si no sabe desde ahora a dónde se dirige, y sólo más tarde, y, no sin vacilaciones, alcanzó un rumbo preciso, no hace con ello sino dar a tendencias que son las suyas desde el comienzo, expresión adecuada al desenlace de la crisis internacional de la que precisamente esa revolución hispanoamericana es un aspecto. (De la revolución de la independencia a la confederación rosista, Paidós, Bs.As., 1972: 43)
Comentarios: 1
2. ¿Fue la revolución de mayo una verdadera revolución?
La investigación histórica reciente acuerda que Mayo no es la respuesta política de una nación originaria que encuentra la coyuntura para cortar los lazos coloniales. Así José C. Chiaramonte afirma: “Entonces, el 25 de mayo de 1810 no marcó la irrupción en la historia de una nacionalidad argentina preexistente, en busca de su organización como Estado. Un mito derivado de la preocupación por fortalecer el sentimiento nacional y apoyado en el principio de las nacionalidades –inexistente en tiempos de las independencias- según el cual las naciones contemporáneas habrían surgido de nacionalidades previas, algo también ajeno a los casos de la mayoría y más importantes naciones de Europa y América. La nación es producto y no causa de mayo por lo tanto los proyectos de organización nacional no se basaron en sentimientos de identidad sino en prácticas contractuales (Chiaramonte, J.C. Autonomía e independencia en el Río de la Plata, 1808 1810.) Jorge Myers, por su parte, agrega: “La Revolución de Mayo no marcó el nacimiento de la Nación Argentina, no marcó la consumación de un proyecto revolucionario previamente elaborado, y no marcó tampoco el momento del logro de la independencia”. Por el contrario, sostiene, marca la instancia en que, por primera vez, un gobierno formado por criollos toma el poder de lo que, mucho más tarde, pasaría a llamarse República Argentina y, si bien inicialmente no tenía un proyecto de independencia, su valor radica en señalar el fin del antiguo régimen en estas tierras (Jorge Myers en José Nun, comp., Debates de Mayo – Nación, cultura y política. Editorial Gedisa.). El relato que Halperin Donghi hace de los días de mayo (De la revolución de la independencia a la confederación rosista, Paidós, Bs.As., 1972: 48), enfatiza el papel de las milicias al sostener que termina la resistencia de los miembros del cabildo a cambiar sustancialmente los integrantes de la junta del 24 , cuando se amenaza con abrir los cuarteles y en ese caso la ciudad “sufriría lo que se ha intentado evitar”. Afirma “… no hay duda de que la amenaza de usar la fuerza de las milicias fue el elemento decisivo. ¿Basta esto para negar, como gusta de hacerlo más de un historiador, el carácter popular de la revolución que comenzaba y asimilarla entonces a las revoluciones militares que no iban a escasear en el futuro? La conclusión no parece demasiado evidente: la transformación de las milicias en un ejército regular, con oficialidad profesionalizada, es un proceso que está apenas comenzando, y por el momento los cuerpos milicianos son, más bien que un elemento autónomo en el conflicto, la expresión armada de cierto sector urbano que sin duda los excede. ¿Este sector puede ser llamado popular? He aquí una pregunta que quienes han negado tajantemente el carácter popular de la Revolución de Mayo han omitido formularse, y acaso sea necesario imitar su prudencia. No es dudoso en todo caso que ese sector hallaba más fácil que su rival encontrar eco en la población urbana en su conjunto: que su consolidación y su emergencia como aspirante al poder había aislado de ella a los grupos más limitados que tenían su destino ligado al viejo orden. Señalado esto, no se ha resuelto por cierto el problema del carácter de la revolución, que no es idéntico al del porcentaje de la población de Buenos Aires que participó en la jornada del 25: es la concreta política del poder revolucionario la que puede dar la clave para resolverlo. Sobre estos interrogantes consultamos a Waldo Ansaldi quien se pregunta sobre la relación revolución /democracia. “Hay dos conceptos que aparecieron con el proceso de las revoluciones de independencia y que surgieron fuertemente unidos: democracia y revolución. Estas dos palabras fueron la apelación de los grupos criollos que aspiraban a ser dirigentes de las colonias que estaban independizando. Si inicialmente estos conceptos aparecieron unidos, en muy poco tiempo se disociaron. Con ello se perdió, en primer lugar, la idea de revolución, que fue casi inmediatamente reemplazada por la idea –y la demanda- de orden. En segundo lugar, se perdió la apelación a la democracia como tipo de régimen político para constituir en nuestras sociedades. En cada uno de los países latinoamericanos, hubo un desplazamiento de una petición de principios de revolución y democracia a una petición en la cual la consigna principal era la de un orden centralizado. Este cambio se expresó de diferentes maneras en cada una de nuestras sociedades, pero en todos los casos la disputa por la constitución de un nuevo orden político se resolvió con la constitución de un orden excluyente. Con todo, más tarde o más temprano, en todos los países de la región estos procesos tuvieron finalmente desenlaces no revolucionarios y fueron exitosamente redireccionados por los sectores conservadores, quienes se limitaron a llevar adelante transformaciones fundamentales en las estructuras del Estado y no en las de la sociedad. Las revoluciones de independencia fueron entonces revoluciones políticas que devinieron revoluciones pasivas dependientes. El Congreso de Tucumán que declaró la Independencia el 9 de julio de 1816 muy pronto, a menos de un mes de iniciadas las sesiones, decretó el “fin de la Revolución, principio del orden”. El Congreso de Tucumán era expresión de un cambio político en la correlación de fuerzas de la fase inicial de las revoluciones de independencia. Hacia 1820, en toda la región la revolución había pasado a ser sinónimo de violencia y anarquía, y contra ella se erigían las pretensiones de orden. (Waldo ANSALDI, Verónica GIORDANO, Lorena SOLER, Democracia y Revolución 200 años después, Número especial de la revista [email protected] en torno a la conmemoración del Bicentenario de las independencias latinoamericanas.)
Comentarios: 6
3. ¿Cuál fue el papel de Córdoba en la Revolución?
Sarmiento -en su obra el Facundo- sostiene que Córdoba estuvo en contra de la Revolución de mayo, dadas su conformación social conservadora, su educación clerical y hasta su ubicación geográfica. En cambio Julio Carri Pérez, expresa en su libro "Córdoba y la Revolución de Mayo" que la población de Córdoba, al negar el apoyo al grupo contrarevolucionario, formado por las autoridades españolas del momento, salvó la revolución. Discutamos estas posiciones para responder el interrogante.
Sarmiento en el Facundo sostiene:
"Durante toda la revolución, Córdoba ha sido el asilo de los españoles, en todas las demás partes maltratados. Estaban allí como en casa. ¿Qué mella haría la revolución de 1810 en un pueblo educado por los jesuitas, y enclaustrado por la naturaleza, la educación y el arte? ¿Qué asidero encontrarían las ideas revolucionarias, hijas de Rousseau, Mably, Raynal y Voltaire, si por fortuna atravesaban la pampa para descender a la catacumba española, en aquellas inteligencias que, como su paseo, tenían una idea inmóvil en el centro, rodeado de un lago de aguas muertas, que estorbaba penetrar hasta ellas?
La revolución de 1810 encontró en Córdoba un oído cerrado, al mismo tiempo que las provincias todas respondían a un tiempo: “a las armas! ¡a la libertad!”. En Córdoba empezó Liniers a levantar ejércitos para que fuesen a Buenos Aires a ajusticiar la revolución; a Córdoba mandó la Junta uno de los suyos y sus tropas a decapitar a la España. Córdoba, en fin, ofendida del ultraje, y esperando venganza y reparación, escribió con la mano docta de la Universidad y en el idioma del breviario y los comentadores, aquel célebre anagrama que señalaba al pasajero la tumba de los primeros realistas sacrificados en los altares de la Patria: CLAMOR.
Ya lo veis, Córdoba protesta y clama al cielo contra la revolución de 1810."



(Domingo Faustino Sarmiento, Facundo, Civilización o Barbarie, Tomo 12, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1977.)
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
En cambio Julio Carri Pérez sostiene que la opinión de Sarmiento es errada y da varias razones:
1. Que la reacción contra la revolución del 25 de mayo no fue un movimiento de Córdoba exclusivamente. Por el contrario, la resistencia a la Junta de Buenos Aires se levantó al mismo tiempo en todos los centros donde residían los más importantes funcionarios españoles: Córdoba, Salta, Montevideo, Paraguay, entre otros.
2. Además, en Córdoba, la organización del movimiento de contrarevolución se desarmaba día por día; cada se podía ver que muchos soldados habían desertado y escapado al monte o a la sierra. “A medida que se aproximaba las tropas de Buenos Aires, la resistencia de Córdoba se derretía como masa de nieve bajo los rayos del sol que sube.”
Por lo tanto, sostiene que la actitud del pueblo de Córdoba, al negar todo apoyo a las autoridades españolas, salvó a la Revolución. Se pregunta ¿Qué hubiera pasado con la Primera Junta, si Córdoba hubiese respondido a esas autoridades y detenido, aun cuando sólo fuese durante algunos días, el avance de la expedición patriota? Considera que las posibilidades del realismo hubieran crecido fuertemente y, tal vez, hubiese muerto en Buenos Aires, el grito de libertad.

2 comentarios - Preguntas Del Bicentenario Argentino

tatablues
la idea esta buena pero falta la fuente de los temas q tocas
cuando decis, los historiadores por ejemplo cuales, algunas fotos y el orden del post sino resulta tedioso leerlo.
calisuar
Me gustó! Un poquito mas de onda no le vendria mal. ¡Subraya los titulos! Diria mi maestra de 3ro