epelpad

El mejor gordo de todos los tiempos

"El mejor gordo de todos los tiempos"


El mejor gordo de todos los tiempos

Ronaldo se retiró del fútbol en febrero. Fue uno de los mejores atacantes de su tiempo. Y se mantiene como el máximo goleador de la historia de las Copas del Mundo. La panza no le impidió ser un crack.


Luis Nazário de Lima consiguió reivindicar a un montón de rezagados. Desde el ámbito profesional se animó a deshacer viejas e injustas mitologías de potrero. Según un mandato de los más conocidos, "el gordito va al arco". Pasaron partidos, años, décadas, hasta que un superhéroe con la panza grande y el talento enorme desmintió todo. El, que soportó cargadas, programas de televisión con torpes ironías, tapas de revistas grotescas, se convirtió en uno de los mejores atacantes de todos los tiempos. Se destacó en sus días de delgadez, pero no lo inhibieron esos kilos que el tiempo y algunas circunstancias le agregaron.

El mundo lo conoció, lo conoce y lo conocerá con un nombre que tiene copia, pero que no tiene igual: Ronaldo. Fue crack con el seleccionado brasileño que se consagró en el Mundial Corea-Japón, en 2002. En las dos Copas del Mundo anteriores también había llegado a la final (fue campeón sin jugar en Estados Unidos 1994, con apenas 17 años, y subcampeón con participación relevante en Francia 1998). Obtuvo además la Copa América de las ediciones de 1997 y de 1999. También ganó 16 títulos a nivel de clubes en su largo recorrido con Cruzeiro, PSV Eindhoven, Barcelona, Inter, Real Madrid, Milan y Corinthians. También fue exitoso a nivel individual: fue galardonado con el Premio FIFA World Player en 1996, 1997 y 2002, el Botín de Oro de Europa en 1997, el Balón de Oro de Europa en 1997 y 2002. Y en los Mundiales, además de ser el máximo anotador de todos los tiempos, consiguió el Balón de Oro en 1998 y el Botín de Oro en 2002.

Hubo muchos gordos que dejaron su marca en la historia del fútbol del mundo. En los años 20, un tal Nicolás Rofrano -inside izquierdo y mago del River campeón de 1920- tenía una barriga propia del Sargento García, ese entrañable personaje de El Zorro. Escribió el periodista Miguel Angel Bertolotto en su libro referido al club más campeón del fútbol argentino: "La nostalgia es inevitable cuando se hace referencia a este excelente inside izquierdo, bastante petiso y gordito. No tenía gran movilidad, pero su capacidad estratégica, manejo de los tiempos ofensivos y visión del juego lo convirtieron en el prototipo del jugador exquisito de la década del 20". Rofrano fue una suerte de fundador. Pero luego brotaron otros cracks de orígenes diversos. Ferenc Puskas -figura de los mágicos húngaros del Mundial de 1954 y del Real Madrid de esos tiempos- parecía ajeno a la balanza y al tiempo. Lo mismo conseguía Coutinho, virrey de Pelé en los tiempos memorables del Santos, en los 60. Gerd Muller -alemán y goleador mundialista- estuvo cerca de ser expulsado del Bayern Munich por su condición de rollizo y de retacón, en los 70. Más cerca en el tiempo, Omar Asad se animaba a convertirle un gol al Milan con la camiseta de Vélez luego de que muchos se rieran de ese gusto más propio de un niño que de un goleador de elite: comer alfajores.

Pero no hubo nadie que tanto hiciera por la reinvindicación de los condenados en el "pan y queso" como el recientemente retirado Ronaldo. Fue flaquito en su adolescencia de crack naciente, pero luchó contra sí mismo en nombre de que las tendencias de su cuerpo no condenaran su condición de estrella del área, de militante del carácter lúdico de este deporte que lo abrazó desde los días de la niñez en esas playas de Río de Janeiro. Su cara redonda, cuentan, parecía la de Dadinho, ese personaje traumático de Cidade de Deus, la estupenda película de Fernando Meirelles. En ese tiempo de fútbol de sol a sol, Ronaldo ya era el mejor entre los suyos, más allá de la contextura.

Ronaldo fue también un profesional celebrado por los hinchas de casi cada rincón que recorrió. Y también por los compañeros. Lo escribió Santiago Solari, en el diario El País, de Madrid: "Ronaldo no solo fue el mejor futbolista de su época. Era un tipo que vivía con alegría. Contagiaba a todos con su humor y sencillez. El vestuario era, en su mundo, una continuación del patio del colegio y siempre estaba dispuesto a divertirse. Una madrugada, en Japón, después de ganar la Copa Intercontinental, en medio de festejos, le vi entrar en él con una gigantesca llave de plástico dorada con el nombre impreso de una conocida marca de autos japoneses. Había ganado el premio al mejor jugador del partido: una gran camioneta blanca. Le pregunté si, por casualidad, no le habían entregado también las llaves. Me miró con complicidad, intuyendo la travesura infantil. Nos escapamos a la cancha otra vez. Ronaldo no se limitó a dar vueltas olímpicas, convirtiendo el estadio Internacional de Yokohama en una pista de Nascar. Fue una estupenda sesión de rally, ante la desesperación de los encargados japoneses, que concluyó solo cuando nos incrustamos dentro de la portería donde, un par de horas antes, había marcado el gol".

Así era el Ronaldo futbolista. Siempre quería jugar. Siempre quería divertir y divertirse. Lo dijo él mismo en este último febrero, el de su adiós: "Yo quería continuar, pero ya no lo consigo. Hasta para subir las escaleras siento dolor. Jugar fue maravilloso. Es muy duro abandonar algo que me hizo tan feliz, que tanto amé y con lo que podría seguir porque mentalmente estoy preparado, pero tengo que asumir una derrota. He perdido por mi cuerpo", Lucía la tristeza del que quería quedarse y se tuvo que ir a pesar de él. Y entre sollozos contó la matriz de su dolor: "Hace cuatro años, en el Milan, descubrí que sufría de hipotiroidismo, un trastorno que desacelera el metabolismo. Y que para controlarlo tenía que tomar unas hormonas que en el fútbol no están permitidas porque sería dopaje". Agregó a modo de mensaje para todas aquellas risas mal nacidas: "Muchos deben estar arrepentidos por haber bromeado con mi peso. Pero no guardo rencor a nadie. Sólo quería explicarlo en el último día de mi carrera".

Después, Ronaldo se fue. Todavía alguna lágrima lo acompañaba. Era la última escena de un camino épico en el ámbito del deporte: el mejor gordo de todos los tiempos había demostrado que la panza no era -ni es- un impedimento para ser crack del fútbol.


Videos:






link: http://www.youtube.com/watch?v=4Jy9XIwGfwQ





link: http://www.youtube.com/watch?v=BLgzAwGG0Zk&feature=related

Imagenes


historias
real madrid
ronaldo
inter
Milan
futbol

GRACIAS FENÓMENO!

0 comentarios - El mejor gordo de todos los tiempos