epelpad

Jugar por la camiseta

Jugar por la camiseta

Toda la vida escuché de mis mayores que en el fútbol de antes se jugaba por la camiseta. Me hablaban del honor que significaba para los campeones uruguayos del 24, 28, 30 y 50 de colocarse la camiseta de la selección celeste, el presentarse ante un estadio repleto para demostrar todas las habilidades y en definitiva, aunque no es así, el poder “defender a su patria”. Significaba entregarle algo al público por todas esas tardes en que, detrás del alambrado, los hinchas aplaudían a rabiar cada una de las jugadas que realizaban en los clubes que defendían.

Sin embargo, aunque la mayoría tenía este sacrosanto pensamiento, siempre hubo algunos que pensaron antes en su interés personal que el lucir el glorioso uniforme de su selección.

En 1930 se jugó el primer Mundial en Uruguay y para ello se inauguró el Estadio Centenario, desde hace muchos años declarado Patrimonio Histórico del Fútbol Mundial y aunque parezca mentira, en algunas de las trece selecciones que participaron del primer evento mundialista, hubo jugadores que no habían nacido en el país que representaban.

Un recio zaguero argentino llamado Luis Monti en 1930 jugó la primera final del mundo ante Uruguay; sin embargo, su figura como ídolo albiceleste se comenzó a esfumar en esa final, cuando muchos de sus compañeros dijeron que no quería salir a disputar el segundo tiempo. Pero cuatro años más tarde, cuando Italia era la sede del Mundial de 1934, Monti acudió a la cita mundialista defendiendo la camiseta azzurra con la que se consagró campeón. No fue el único que se nacionalizó, ya que también Enrique Guaita, Raimundo Orsi y Atilio Demaría, todos argentinos, seguirían los mismos pasos con la Selección Italiana de ese año.

Miguel Andreolo, quien actuó en Nacional en la década del 30, luego se marchó a Italia para jugar en el Bologna y seleccionado por Vittorio Pozzo en 1938 se consagró campeón del mundo, siendo el único uruguayo que no lo hizo con su selección.

El fútbol ha cambiado, y es por ello que hoy no extraña a nadie que el brasileño Diego Costa haya decidido jugar por España y que su compatriota Thiago Motta lo haga por Italia, al igual que el argentino Osvaldo, aunque muchos fanáticos hayan demostrado su inconformidad, ya que piensan que carece de sentido una competencia entre naciones si algunos jugadores defienden las camisetas de países que no son los suyos.

A lo largo de los años y en casi todos los mundiales hubo connotados futbolistas que no defendieron la enseña de su país.

Así pasó con los polacos Lukas Podolski y Miroslav Klose que prefirieron jugar para Alemania; el argentino Mauro Camoranesi, quien se formó futbolísticamente en Argentina, pero como nunca llegó el llamado de Marcelo Bielsa para integrar la selección albiceleste, aceptó la oferta de Italia y se convirtió en campeón del mundo al levantar la copa en el 2006; también un brasileño estuvo presente en el Mundial 2006 y tuvo la oportunidad de levantar la copa de campeón, pero en una Eurocopa: se trata de Marcos Senna, y lo hizo defendiendo a España en el 2008.

En la selección francesa campeona en 1998, tres futbolistas, Patrick Vieira nacido en Senegal, Christian Karembeu en Nueva Caledonia y Marcel Desailly en Ghana, tuvieron una destacadísima actuación. También podemos agregar a Zinedine Zidane, nacido en Marsella, pero de origen argelino; Thierry Henry, francés, pero con raíces en las Antillas Menores, y David Trezeguet, también francés, pero de origen argentino.

Pasó también con tres brasileños; un defensa, un volante y un delantero se nacionalizaron para jugar por Portugal: Pepe, Deco y Liedson e incluso en el Mundial del 2010 participaron en el mismo grupo donde estaba Brasil.

Mi país, Uruguay, solo tuvo dos futbolistas nacionalizados en toda su historia. Ellos fueron el italiano Ernesto Vidal en Brasil 1950 y el argentino Juan Eduardo Hohberg en Suiza 1954.

Nunca estuve de acuerdo con los nacionalizados, pero FIFA, ente rector del fútbol mundial lo ampara y eso permite a muchos futbolistas que no tienen lugar en su selección hacerlo en otra. Pienso que se debe poner un límite en las citas mundialistas y si bien pueden formar parte del plantel, solo uno debe permitirse en cancha, para que sea una representación legítima del país.

Al fin de cuentas, hoy las fronteras sentimentales son más difusas y a muchos futbolistas lo único que les importa es salir campeón del mundo, ya sea con su selección, o con la de cualquier país miembro de la FIFA.

2 comentarios - Jugar por la camiseta

danwro +2
Lamentablemente hoy es tan fuerte la influencia y el poder del dinero que el honor y la gloria quedan invisibles.
santianging +2
Muy pocos juegan por la camiseta, una lastima.