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Sobre la importancia de la Lucha Ecologista

Hoy no existe una lucha más prioritaria que la Lucha Ecologista. A simple vista, esta afirmación puede sonar irresponsable, pero en realidad no lo es: la transformación de la sociedad antropocéntrica a la sociedad ecologista necesariamente exige romper los paradigmas sociales, culturales, económicos y políticos por los cuales nos regimos actualmente. Una sociedad ecologista exige constante evolución de los pensamientos individual y colectivo.

No podemos ver la Lucha Ecologista únicamente como la preservación de la naturaleza, el ecologismo abarca incluso las relaciones sociales, por lo que la construcción de una sociedad ecológica debe destruir las distintas relaciones de poder existentes, las cuales devienen, todas ellas, de la lógica antropocentrista (se toma al ‘Hombre’ como centro de todo, por lo que ‘Él’ concentra el poder y subyuga a otras formas de vida, a las mujeres y a otros hombres).

(Es necesario aclarar que el antropocentrismo actual sólo toma en cuenta al hombre occidental, caucásico y de gran poder adquisitivo. Tal vez por esto sea más consecuente hablar de ‘capitalismo’ para describir la dinámica de nuestras actuales relaciones de poder).

Tomar hoy al ecologismo como el pilar central de todas las demás luchas, deviene de que la crisis ambiental que hoy enfrentamos es un conjunto de procesos irreversibles; por ejemplo: es erróneo pensar que vamos a recuperar la biodiversidad que ya se ha perdido, que vamos a reducir la temperatura de la tierra o que los millones de litros de aguas contaminados a causa de la actividad industrial (cualquier actividad industrial) pueden ‘limpiarse’. También es errado pensar que el ecologismo se trata de “salvar el planeta”, nuestra Tierra se autorregula sola y ha pasado por peores momentos ambientales. En realidad, todo esto se trata de mantener las condiciones necesarias para que la vida, como hoy la conocemos, no se termine; en realidad se trata de salvar nuestra propia especie.

La crisis ambiental llegó desde que entramos en la dinámica capitalista. Por lo que no podemos prevenir la crisis, sólo adaptarnos a ella y tomar medidas que garanticen la vida de nuestra especie.


La tarea de los actuales movimientos ecologistas no debe centrarse en revertir procesos irreversibles. El daño ya está hecho. El peor momento de la crisis económica llegará el día que se acabe el petróleo y las formas de energía alternativa estén monopolizadas por los países industrializados. Por esto, pienso que la verdadera responsabilidad, hoy, de los/las ecologistas debe concentrarse en dos grandes puntos:

El primero, hacerle frente a la dinámica capitalista. Esto, no sólo transformando las relaciones laborales y socializando los medios de producción, sino concienciando la producción per se (¿por qué producimos? ¿Para qué producimos? ¿Es necesario producirlo?) y acabando con las políticas de extracción desmedida de los mal llamados “recursos naturales”. Vemos que los países que de alguna manera buscan una transformación hacia el socialismo no han ido mucho más allá de la socialización de los medios de producción. Por ejemplo, las políticas de extracción desmedida de petróleo en Venezuela acabarán completamente con la Faja del Orinoco, esto probablemente acaecerá en unos de los peores ecocidios de nuestro país, en nombre de un socialismo subordinado al aparato del mercado mundial.

El segundo, planificar y gestionar integralmente cómo vivir sin energía fósil. Actualmente los países industrializados invierten millones de dólares en desarrollar formas de energía alternativas al petróleo. La cumbre de Rio+20 desnudó las intenciones de las compañías transnacionales de comercializar la naturaleza (aún más). Una vez que se acabe el petróleo, ¿cuáles países tendrán acceso la energía? ¿Quiénes tendrán acceso a la salud moderna y tecnificada? ¿Qué pasará con la producción agrícola a nivel mundial? ¿Qué pasará con los precios de los alimentos? Una vida sin petróleo, bajo una dinámica que sí respete al ambiente, exige, entre otras cosas, investigaciones profundas para desarrollar técnicas agroecológicas a gran escala, ya que serían miles de millones de personas que no tendrían acceso a la alimentación (acá también sería válida una crítica a la explosión demográfica, ¿no?). Una vida sin petróleo implica un cambio rotundo en nuestra manera de vivir. Entender que los “recursos” son finitos y vivir armónicamente con La Tierra, asumiéndonos como parte de Ella, garantiza la preservación de la vida humana, de la vida que conocemos hoy.

Pero no podemos esperar que se acabe el petróleo para pensar qué hacer. Nuestros esfuerzos deben dirigirse a evitar la expansión de la miseria y garantizarle a las generaciones futuras que todas sus necesidades básicas sean cubiertas, dentro de esta idea debe incluirse el hecho de que hoy un tercio del mundo vive en la extrema pobreza, así que también debemos luchar por devolverle la vida a quienes se les ha quitado el derecho a vivir.

La Educación Transformadora propuesta por Paulo Freire juega un papel esencial en la construcción de la sociedad que queremos.

Se acercan tiempos muy difíciles para la humanidad, tal vez nosotros/as seamos la última generación en disfrutar las comodidades que el capitalismo tenía para ofrecerle a una sociedad a costillas de la miseria y sufrimiento de otra sociedad.

El cambio de modelo es impostergable, queda de nuestra parte asumirlo o no.


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