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"El pan no engorda"

La semana pasada, el presidente de uno de los bancos privados más grandes del mundo, Jamie Dimon, lanzó una polémica declaración sobre las criptomonedas al advertir que “son un fraude”, y amenazó: “si un empleado de J.P. Morgan Chase comienza a operar con bitcoins, lo despido en un segundo. Por dos razones: va en contra de nuestras reglas, y son estúpidos”.

Siendo uno de los hombres más influyentes del mundo financiero, sus palabras (sumadas a la decisión de China de prohibir algunas casas de cambio de criptomonedas) provocaron un temblor en los nuevos cripto-mercados. En momentos de su declaración del 12 de septiembre, el bitcoin cotizaba alrededor de USD 4.250 y perdió un 30% en apenas 3 días, cuando alcanzó la cifra de USD 2.950, justo antes de su rebote.   

Las respuestas de quienes están a favor de las criptomonedas, no se hicieron esperar: “no entiende de qué se trata”, dijeron algunos. “Tiene miedo de perder su trabajo”, dijeron otros.  

Escuchar algo que viene en forma de exabrupto no es fácil: implica suprimir nuestro ego por un tiempo prolongado para considerar lo que se está diciendo antes de defendernos o lanzarnos a responder. Sin embargo, si nos detenemos a escucharlo un momento, podemos ver que hay razones legítimas detrás de sus declaraciones.


Entendiendo su postura

Sin ir más lejos, el mismo viernes 15 de septiembre, se cumplió el 10° aniversario del colapso de Lehman Brothers, considerado el evento financiero que desencadenó la tremenda crisis hipotecaria del 2008.

En pocas palabras, los bancos habían estado otorgando créditos hipotecarios a personas financieramente muy riesgosas a cambio de intereses muy elevados. Un día, cuando el mercado inmobiliario empezó a caer, los deudores dejaron de pagar sus hipotecas y los bancos quedaron tan comprometidos que muchos quebraron.  

J.P. Morgan fue uno de los bancos afectados por esta inversión “de moda” que vio sus beneficios recortados en USD 10.000 millones y perdió un 66% de su valor de mercado.

Es lógico que Jamie Dimon busque mantener al banco fuera de cualquier otra inversión “demasiado buena para ser verdad” que le pueda provocar dolores de cabeza más adelante.

Sin embargo, las criptomonedas traen consigo muchos otros conceptos innovadores más allá de lo financiero: introducen nuevas tecnologías, crean redes que sustituyen todo tipo de intermediarios, reducen costos. Pero la cuestión no es determinar si estos cambios van a suceder o no, sino a qué velocidad van a hacerlo y hasta dónde llegarán.

Ahora, si usted sabe que algo va a prosperar en el futuro, ¿hasta qué precio es razonable pagar por ello en el presente?

Separando la paja del trigo

En la biografía del multimillonario inversor Charlie Munger, el socio de siempre de Warren Buffett, hay un capítulo dedicado a las más importantes lecciones que aprendió con el tiempo. Entre ellas, Charlie menciona que:
    el problema es cuando todo el mundo puede ver que es un negocio maravilloso. Entonces tú lo ves y piensas ‘¡Oh, dios! Se que es maravilloso, pero, ¿es tan maravilloso como para pagar semejante precio hoy?’ La habilidad para responder ese tipo de preguntas explica por qué algunos son inversores exitosos y otros no
Justamente, la volatilidad del precio de las criptomonedas refleja esa indecisión entre los inversores. Algunos creen que el precio puede subir todavía más, y le compran a aquellos que creen que el precio está llegando a su techo. En toda operación de compra-venta, hay uno que tiene sus motivos para comprar y otro que tiene sus motivos para vender.

Hace poco compartimos una situación similar cuando Elon Musk declaró que “las acciones de Tesla están obviamente altas en base a su pasado y presente, pero bajas si cree en el futuro de Tesla. Haga sus apuestas acorde a ello”.

En los dos ejemplos anteriores, vimos que determinar el precio presente en función de su potencial a futuro, no es algo nuevo ni propio de las criptomonedas. Es una inquietud de antaño en el mundo de las inversiones, y que va a seguir existiendo por mucho tiempo.

Al respecto, el fundador de la billetera digital de bitcoins XAPO, compartió abiertamente una opinión acerca de lo que puede hacer un inversor para introducirse en este mundo con cautela:
    [Creo que] hay un 50% de probabilidades que el bitcoin valga más de USD 1 millón en la próxima década, pero [considero] que hay un 20% de chances de que falle completamente, por tanto debe invertir solo tanto como esté preparado a perder
Independientemente de si coincido o no con las opiniones que hoy mencionamos, todas tienen algo en común que me interesa rescatar. El eje de la discusión, en todos los casos, no pasa por los beneficios/riesgos de aquello en lo que se invierte, sino en el grado de responsabilidad que tienen las personas cuando deciden invertir en ello.

Si un inversor resulta “dañado” con una inversión, probablemente se deba más a su propia responsabilidad que al desempeño de la inversión. Cuando era más chico, cada vez que alguien decía que el pan no es bueno porque engorda, mi abuela solía repetir que “el pan no engorda, el que engorda es uno cuando come mucho pan”.

Aún mantengo mis sospechas de que el ex-presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, se inspiró en mi abuela cuando acuñó la conocida frase “exuberancia irracional” para describir el boom bursátil de los ‘90.

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