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Claves para un emprendedor

Claves para un emprendedor


Desde hace algunos años vengo dándole vueltas a cual debe ser el perfil idóneo de un emprendedor (primero) y de un empresario emprendedor (después). En este afán por buscar ese espejo en el que encontrar un referente, me he topado, afortunadamente, con la tesis y la antítesis de cómo debe y no debe ser un emprendedor.

Antes de empezar con lo que creo que pueden ser las claves, quisiera aclarar la interpretación que hago de las palabras emprendedor y empresario. En el primer caso se trata normalmente de proyectos en vías de implantación o ejecución, con un escaso y relativa tiempo de funcionamiento como para poder tratarse de un proyecto consumado. Podemos decir que el emprendedor es un aprendiz de empresario, plagado de ideas, de iniciativa, de ganas de poner en marcha proyectos, “que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas” (Real Academia Española de la Lengua- RAE). Ser empresario significa dar un paso al frente, haber cumplido con ciertas expectativas de gestionar un proyecto, conseguir un objetivo, montar un negocio.

Todos estamos pensando en una cuestión ¿puede ser un empresario un emprendedor? Está claro que el emprendedor busca ser empresario, pero es posible, y en muchos casos lo es, que la faceta de emprendedor se va diluyendo dentro de la figura del empresario hasta desaparecer.
En otros casos, el emprendedor nato nunca se desvanece, está permanentemente pensando en nuevas ideas de negocio, en dar un salto exponencial en su concepto de empresa, buscando nuevas oportunidades. La faceta de empresario se la deja a los gestores del día a día.

Intentando entrar en la caracterización del emprendedor podemos definirla como una persona entusiasta, capaz de imbuir ilusión en todo su entorno; capaz de convencer con argumentos y con esfuerzo personal; capaz de empujar para conseguir metas, a veces, inalcanzables. Se le define como una persona hiperactiva, dedicada a varias actividades a la vez, tanto profesionales como personales.

Podemos pensar que un emprendedor es una persona bien formada (académicamente) en sus orígenes, y no es precisamente así; nuestra historia económica reciente nos presenta muchos casos de emprendedores, también llamados luchadores, que han triunfado con sus empresas y que son ejemplos para muchos otros que lo harán en los próximos años. Sin mencionar a sus mentores: Navidul, Hercesa, Pascual, Inditex, El Pozo, Halcon, Fotoprix, Barceló, etc. son ejemplos muy conocidos, que parten en sus orígenes como profesionales de la carnicería, de la venta al por menor o del transporte de viajeros entre otros.

Sin duda, en estos y en otros muchos casos, la formación ha partido de la propia experiencia personal, aprender de los errores, no tirar nunca la toalla, no darse por vencido, en resumen, formarse en la “Universidad de la Vida”, como bien decía el ahora presidente de Jazztel.

Pero parece fácil formarse en un entorno donde todo el mundo tiene acceso, donde no hay requisitos de entrada, donde, salvando el cumplimiento de la “ley”, las normas las pones tú; pues no, no es sencillo, y para poder aprender lo correcto de lo incorrecto, tienes que haber tenido la oportunidad de contrastarlo por ti mismo o en las “carnes“de otro, haber aprendido de los errores. No sólo esto, si no que además tienes que tener esa capacidad de observación y análisis que te permita poder ver más allá de tus propios ojos, ser capaz de prever distintos escenarios en función de la decisión adoptada, y además acertar en un porcentaje elevado, en definitiva ser un visionario.

Sin embargo, no puedo decir que únicamente un emprendedor se nutre de las experiencias propias vividas, que son muy importantes y que curten su carácter, es necesario además una gran dosis de nuevas ideas y conceptos, con los que reforzar y acelerar el aprendizaje vivido con el día a día. Desde la asistencia sistemática a foros de opinión, cursos de especialización, seminarios diversos, lecturas de artículos o libros relacionados con mi actividad u otras, hasta la visita a industrias, exposiciones, etc., pueden ser elementos enriquecedores que nos permitan estar a la vanguardia de nuestro sector, de nuestra propia capacidad inventiva, de mantenernos actualizados y, sobre todo, de no perder nuestra capacidad de emprendedor.

No debemos caer en el error de que somos capaces de auto-educarnos sólo y exclusivamente con nuestro esfuerzo personal, si no que debemos apoyarnos en instituciones, privadas o públicas, escuelas de negocios, asociaciones profesionales o expertos independientes que nos aportarán una visión más trabajada, que es el fruto de las experiencias de numerosos emprendedores y empresarios.

Oímos frecuentemente como a la persona triunfadora se la tilda de buena suerte, como si de la lotería se tratara, como fruto del más puro azar; pero si buscamos en su pasado, en la mayoría de los casos, nos encontramos con un incansable luchador, perseverante y constante en su esfuerzo, donde, peligrosamente, el trabajo ocupa su vida cotidiana hasta el límite, sin horarios, y donde antes de que llegara el éxito hubo algunos fracasos. Pero como el ave fénix, el emprendedor, renace de sus cenizas e inicia una nueva búsqueda hacia el éxito. El fracaso no existe como tal, son etapas de un camino hacia el éxito, donde de vez en cuando encontramos algunos obstáculos, pequeños tropiezos. La importancia de estas experiencias está en como nos deje marcados para el futuro y que enseñanzas nos aporte: cuanta mayor sea la caída mayor será su huella.

En el anterior párrafo al apuntar la palabra “peligrosamente” estaba recordando otro de los innumerables consejos para emprendedores que aparecen en la red. En este caso se trata de www.emprendedor.com donde Guillermo Ramírez en su artículo “¿Qué es ser emprendedor?” anota las tres características que debe cumplir un negocio para que sea un “buen negocio”: debe ser entretenido, saludable, enriquecedor. Estas tres palabras reflejan el sentir, muchas veces utópico, de lo que debe ser un trabajo o negocio. Un emprendedor cuando se plantea un plan de negocio piensa en estos tres puntos como una mejora, o cuando menos en mantener su calidad de vida, quizás algunos sacrificios al principio pero pasajeros. Pero a esta meta sólo llegan unos pocos, quizás los triunfadores, por el camino se han quedado miles de emprendedores que por razones varias han fracasado en su intento, quedando a la espera de una nueva oportunidad.

Rovira y Trías de Bes en su libro “La buena Suerte” nos dan las diez reglas claves para demostrarnos en una simple frase que la buena suerte no es fruto del azar: “tú eres la causa de tu buena suerte”. Muy cierto, en cada persona están las claves de su éxito y sólo interiorizando con dichas personas podremos llegar a conocer sus claves.

Me gustaría matizar algunas impresiones que he sacado de esta lectura, y si bien coincido en un 100 %, me planteo ciertas afirmaciones que resumen aún más sus 10 reglas:

? Sólo si eres responsable de tus actos aprenderás de tus errores.
? Tener absoluta confianza en si mismo te hará perseverante en el esfuerzo.

La responsabilidad es un ejercicio que se aprende únicamente de los fracasos, cuando un empresario o un profesional responden con su prestigio o liquidez ante sus clientes, ante sus proveedores o su familia, y después es capaz de aceptar nuevas responsabilidades con confianza y sin temor a un nuevo fracaso.

Repasando viejas ideas, recuerdo en esta escuela, una pregunta que me hicieron en relación al significado de la palabra calidad, a la cual respondí: la calidad es formación constante. Y por supuesto no acerté con la respuesta esperada por que, quizás, el enfoque que di a la respuesta no fue el adecuado. Cuando dije formación, tal y como lo entendía en aquel momento, quise decir educación y aunque su significado puede y es muy similar, si profundizamos en una de las acepciones que nos da la RAE define educar como “perfeccionar, afinar los sentidos”, y que no es si no la calidad, si no la búsqueda de la perfección: la formación sienta las bases necesarias para perfeccionar y afinar los sentidos.

Pues en un emprendedor también se requiere un alto grado de calidad, no entendida como el cumplimiento de un estándar o norma, no se trata de cumplir con unos requisitos mínimos, de alcanzar únicamente el punto de equilibrio, más bien se trata de una búsqueda permanente por la excelencia en lo personal y en lo profesional: alcanzar la perfección.

Cuando se ha superado una norma o regla, un requisito o estándar de calidad nos imponemos otro mayor, sin embargo, sigo pensando que el principio de la calidad está en la educación. ¿Cómo podemos conseguir la excelencia en los productos, servicios o procesos si no hemos desarrollado la necesaria capacidad de análisis? ¿Si no hemos aprendido a observar o escuchar convenientemente?, pues bien, estas aptitudes no son siempre innatas y deben ser educadas. El emprendedor necesita de esa actitud para alcanzar la excelencia: es necesaria una gran dosis de disposición de ánimo para aprender constantemente; de donde se deriva esa necesaria capacidad para observar y escuchar.

Por último, en otro artículo que recientemente leía de la revista Capital Humano “La Tripartita. Herramienta fundamental para el líder actual” escrito por Agustín Ruiz, comenta que “el liderazgo empieza con la capacidad de soñar y hacer partícipes a los demás de tus sueños, comunicando, convenciendo, seduciendo…”.

No existe un solo emprendedor que haya triunfado por si mismo sin la ayuda de los demás, sin esa capacidad de liderazgo que te permita rodearte de un equipo de gente capaz de sentir tus mismos “colores”, capaz de comprender más allá de las propias palabras, capaz de asimilar tus valores, filosofía y cultura, profesar tu propia “religión” empresarial pero por convicción propia, por haber generado ese ambiente de confianza que nos permita trabajar por un objetivo común y único.

No se trata de comprar la confianza o ese clima de cordialidad, como muchos empresarios piensan, con dinero, con salarios elevados, con incrementos constantes; se trata de una sucesión de pequeños detalles como prestar la atención necesaria a un comentario, saludar con cordialidad, hacer partícipes a todos los empleados de lo bueno y de los malo de la compañía para que entre todos encontremos como mejorarla, premiar las mejoras o productividades, en definitiva encontrar el equilibrio entre el empresario emprendedor y sus colaboradores, entre los aspectos cualitativos y cuantitativos que aporta un puesto de trabajo.

Como resumen destaco como las claves de un emprendedor, o si damos un paso al frente, del empresario emprendedor, como una persona entusiasta e incansable en su búsqueda de oportunidades, con un alto grado de optimismo que desborda e impregna a todo lo que le rodea, que considera la formación o auto-educación como algo primordial para seguir avanzando, donde los fracasos o errores son parte del aprendizaje, donde el objetivo se mantiene inalterable hacia la perfección, que sabe equilibrar su vida con su trabajo y que su generosidad le lleva a compartir sus éxitos con sus colaboradores.

No quiero dejar pasar esta oportunidad para decir que el primer ejemplo de emprendedor que me encontré fue mi propio padre, y que me sirvió de referente durante toda su vida.




FUENTE

Claves para un emprendedor


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ESPERO SUS COMENTARIOS.

3 comentarios - Claves para un emprendedor

_Asclepio_
Muy bueno, la verdad que es inspirador
fenix_04
Muy bueno tonyjagger63 , incluso me pasaron sobre esta materia