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El culto a la belleza

El culto a la belleza


El culto a la belleza y la insatisfacción permanente con el propio cuerpo. Emma Lobato (1), afirma que otra manera de mantener la asimetría en los sistemas desarrollados es el mito de la belleza. Naomi Wolf (1992) (2) entiende el uso de imágenes de belleza femenina que con tanta frecuencia vemos en los medios de comunicación y en la publicidad como un arma política que paraliza el desarrollo de las mujeres, como en su tiempo lo hicieran las antiguas ideologías domésticas, sexuales o religiosas.

Si la domesticidad limita (ba) a las mujeres a la vida en el hogar dedicada a los cuidados de su familia y las excluye de la vida social, el mito de la belleza, este nuevo evangelio, hipnotiza y manipula a sus fieles y les hace sentirse culpables del pecado de la grasa, el envejecimiento o la imperfección.

El culto a la belleza es entendido por esta autora como un instrumento para mantener la desigualdad entre los géneros. Por otra parte, no deja de ser contradictorio que en una época en que las mujeres están logrando avances en su formación y reconocimiento, se sientan tan vulnerables ante los imperativos de la cultura de la belleza.

La premisa de “El mito de la belleza” de esta autora, es que, conforme avanzan las mujeres en la obtención de mayores libertades, derechos e igualdad, mayor ha sido el imperativo sociocultural que exige su adherencia a una ideología de la belleza esclavizarte que ha reemplazado la anterior ideología doméstica ampliamente criticada en su momento por las feministas Betty Friedan (La mística femenina) y Germaine Greer (El eunuco femenino). Según Wolf, este mito forma parte de un contragolpe en contra del feminismo que usa imágenes de la belleza femenina como arma política contra el creciente poder económico, político y social obtenido por las mujeres occidentales.

Wolf argumenta que los parámetros de belleza son históricamente cambiantes y generalmente expresión de las relaciones de poder entre hombres y mujeres, así que la ideología de la belleza femenina puede interpretarse como un último esfuerzo por parte de los hombres para conservar la dominación masculina.

No se trata de un contragolpe planificado ni de una conspiración, sino de una tendencia impulsada por los medios masivos de comunicación, la sociología y psicología populares, la industria de la moda y cosmética y una amplia gama de industrias culturales que producen imágenes para una economía de consumo, en la que las propias mujeres son consumidoras y bienes de consumo.

Que se juzgan a sí mismas según parámetros inalcanzables, que merman sus vidas porque sienten “una obsesión con el físico, un terror de envejecer y un horror a la pérdida de control” sobre sí mismas.

Cuando los derechos reproductivos, le dieron a la mujer occidental control sobre su cuerpo, las modelos comenzaron a pesar 23 % menos que mujeres normales, los desórdenes alimentarios se multiplicaron y se promovió una neurosis colectiva que usaba la comida y el peso para quitarles a las mujeres la sensación de control. Si las mujeres insistían en politizar la salud, nuevas tecnologías de cirugía plástica potencialmente mortales se desarrollaban.

Siempre pendientes de tener éxito en el mundo del "atractivo", mientras las mujeres estén “preocupadas” y” ocupadas” en adelgazar, dietas eternas, aplicarse cremas, preocuparse del cabello, vestir a la moda u operarse los pechos o la nariz, no se preocuparán ni se ocuparán de otras cosas más provechosas para ellas mismas.


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(1) Lobato, Emma (2005) Licenciada en psicología y pedagogía por la Universidad de Oviedo, profesora de Educación infantil. Construyendo el Género. La escuela como agente Coeducador. España.
(2) Cfr. Reynoso, Cristina (1992) Naomi Wolf. “El mito de la belleza. Tomado de The Beauty Myth: How Images of Beauty Are Used Against Women. Nueva York: William Morrow


Ana Luisa Muñoz Flores-Chile-Diciembre 30 de 2017

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