epespad

La Niña Guerrera, historias de chicas lesbianas y bisexuale

La Niña Guerrera es el libro de la escritora argentina Laura Ramos que contiene biografías noveladas de once mujeres jóvenes lesbianas y bisexuales de diferentes partes del mundo. Algunos personajes conservan sus nombres verdaderos, como Beatriz Gimeno, Albertina Carri, Marta Dillon, Lisa Kerner, Ntombifuthi Bhagwhati, o sus nombres literarios, como Dalia Rosetti. Los relatos repasan niñez, pubertad, primeros encuentros lésbicos, salida del ropero, revoluciones, contrarrevoluciones, novias, parejas, hijos.

Aquí se las presento... Pueden hacerse amigos de La Niña Guerrera en Facebook, allí encontrarán fotos de todas las chicas: www.facebook.com/laniniaguerrera

Montserrat Heroles Márquez (México, 27 años)

Hija de la aristocracia mexicana, le gustan las mujeres desde que jugaba a la botellita a los doce años, cuando le tocaba su prenda favorita: besar en la boca a sus amigas. Hizo el amor con una chica por primera vez en una fiesta en su casa, mientras sus compañeras de instituto se bañaban sin ropa en la piscina de sus padres. Con su novia de la pubertad mantuvo una relación de hermanas y amantes: durante dos años vivieron juntas y viajaron a Tours para estudiar francés en una residencia internacional de estudiantes. Al regresar se fue vivir a Ciudad Juárez, donde intentaron asesinarla.

La Komando (Argentina, 30 años)La Niña Guerrera, historias de chicas lesbianas y bisexuale

Tiene una barba-candado tatuada en la cara, seis cuernos de silicona incrustados en la frente y las piernas quemadas con chapas en forma de estrellas. Toda su piel está cubierta de tatuajes y veinte peircings le agujerean el cuerpo. Una foto de su adolescencia la muestra con el jumper de la escuela de monjas, los costados de la cabeza rapada y una cresta batida. Durante sus clases de karate, a los diez años, adoraba que el maestro le pegara con una vara en el estómago. En Bernal primero, y en discotecas como Cemento o Freedom después, se enfrascaba en peleas callejeras que terminaban en el hospital o en la comisaría. Empezó a suspenderse de la piel de la espalda por medio de agujas y ganchos en compañía de su novia, una chica norteamericana que vino a la Argentina a estudiar el fenómeno piquetero. Un amigo les instaló una cuerda con tensor en el jardín de la isla del Tigre en la que viven.

Ntombifuthi Bhagwhati (República Sudafricana, 34 años)

Nació en KwaMashu y se crió en las mlazi, las villas pobres donde vivían los negros bajo el apartheid de Sudáfrica. Su escuela era una Bantu para negros donde los maestros castigaban a los niños con reglas de madera o palos. Les pegaban en las manos o en la cola. Su papá murió cuando ella tenía dos meses; su madre, una modesta zulú, trabajaba como doméstica para una familia blanca. Hizo el amor por primera vez a los ocho años con una amiguita, durante una siesta, mientras jugaban a la familia metidas en la cama, tapadas con una manta. A los dieciocho se fue a Johannesburgo para trabajar como embaladora de ropa en una fábrica textil. Pasaba las doce horas de su turno atenta a no dejar caer las prendas al piso, error castigado con una vara por sus jefes blancos. Una noche, dolorida, asustada y con el cuerpo hinchado por los golpes de su novia, comandante del Ejército, llamó a su madre a KwaMashu. Así fue su salida del ropero, sin grandes confesiones. Años más tarde se convirtió en cineasta: sus documentales registran consoladores, toallas femeninas ensangrentadas, escenas de violación entre mujeres.

Lisa Kerner (Argentina, 29 años)
Albertina Carri

Se enamoró de la novia del mejor amigo de su hermano, con la que se tocaba por debajo de la mesa antes de escaparse al baño de la casa familiar para hacer el amor a escondidas. Hasta que conoció a otras chicas gay creía que era la única lesbiana que había en el mundo: “Sólo somos Sandra, Celeste y yo”, pensaba.

Beatriz Gimeno (España, 42 años)

Cuando su hijo tenía menos de un año se enamoró de una militante del movimiento feminista. Una mañana fue a trabajar y por la tarde llamó a su marido: “Me he alquilado una casa, no voy a volver esta tarde. Vete tú a recoger al niño”. Desde muy pequeño el niño se lo contaba a todo el mundo, al bedel del colegio, a los profesores, a sus amigos: “mi mamá es lesbiana”. Cuando se aprobó en España la ley de matrimonio ente personas del mismo sexo -que ella misma propulsó- Beatriz, empecinada activista de la soltería, tuvo que casarse con su pareja por razones políticas. Su padre le dijo entonces: “anda, que quién te lo iba a decir a ti, que fuiste la opositora mundial del matrimonio, y ahora mira dónde te veo, en el Registro Civil”.

Kathrin (Alemania, 33 años)

Nacida en Berlín Occidental, lisiada a causa de un daño cerebral, es hija biológica de una inmigrante turca que la abandonó en un hospicio y de un alemán al que nunca conoció. A los cuatro años fue adoptada por la fisioterapeuta que le enseñó a caminar. Durante su infancia se sentía un patito feo al que los demás niños excluían, pero a los veinte se convirtió en la come-chicas de los bares de lesbianas de Prenzlauerberg. En 2004 averiguó el nombre y el teléfono de su madre biológica y la llamó a Estambul, aunque sólo recibió, en un ininteligible alemán, una sarta de insultos hacia su padre. Cierta vez, una amiga que jugaba como primera base de un equipo de softball femenino le presentó a la catcher, de quien se enamoró.

Dalia Rosetti (Argentina, 34 años)

Bailaba desnuda con su mejor amiga en el cuarto de sus padres. Jugaban a “la moto” y a “la odalisca” e intentaban levitar acostadas en el piso y envueltas en los tules del vestido de novia de su madre. Cuando se enamoró de un dracking sus amigas le hicieron firmar un certificado lésbico. En ocasiones tiene sexo con varones, pero venera a las lesbianas como una raza superior y ella se considera “una torta de medio pelo”.

Irupé (Montevideo, 25 años)

Es rubia, de pelo largo ensortijado y ojos verdes. A los ocho años bailaba coreografías de Madonna en un bar, y a los nueve hizo el amor con una adolescente de diecisiete en la casa de su padre, un músico gay y pop. A los quince se enamoró de una punk dominante con la que practicaba sexo extremo y llegaba al orgasmo diez veces por día.

Albertina Carri (33 años)

Después de la desaparición de sus padres, poco antes de que cumpliera cuatro años, quedó a cargo de sus hermanas de diez y doce, con las que deambuló por los hogares de sucesivos abuelos y tíos, de lo que resultó una educación caótica y extraña en la que se combinaron lecturas de Garcia Lorca, cabalgatas, vida salvaje, películas de terror, mimos, maltratos, libertad y restricciones. Vivió en París, estudió cine, se rapó la cabeza para luego casarse con un chico, se divorció, empezó a salir con chicas, dirigió películas y documentales que fueron premiados en todo el mundo, se casó con Marta Dillon.

Marta Dillon (Argentina, 39 años)

Fue educada por una madre revolucionaria y aventurera a la que esperaba en el auto, con el motor encendido, cuando se escapaban de los restaurantes sin pagar. Su madre fue secuestrada por los militares en su presencia, a los diez años. Esa misma madrugada, en camisón, de la mano de su padre y de sus hermanitos tomó un tren que la llevó a casa de su madrastra. Vivió unos años en Buenos Aires hasta que a causa de su rebeldía fue enviada a un pensionado suizo. Tuvo una hija a los diecinueve años; dirigió la revista “El libertino”, que propagaba la libertad sexual; contrajo HIV; creó la columna semanal “Vivir con virus” en Página 12; empezó a salir con chicas; escribió varios libros que obtuvieron premios; creó dos suplementos semanales en el diario Página 12: “Las 12” y “Soy”; se casó con Albertina Carri.

Giovanna (Italia, 31 años)

Entre los ocho y los doce años pasaba las tardes dibujando en su diario íntimo a mujeres amordazadas y marcadas con hierros calientes. Cuando cumplió doce su padre fue enviado en misión diplomática a Rabat, la capital de Marruecos. Para llegar al colegio Saint Èxupery y volver a su casa debía atravesar las callecitas serpenteantes de la casbah, donde se cruzaba con mujeres envueltas en sus djellabahs, burros sobrecargados y decenas de mendigos. Su pelo rubio y largo, su cara descubierta, provocaba que los hombres la escupieran, le dijeran obscenidades y se masturbaran a su paso. Después de dos años cambió de escuela y sus padres le compraron una motoneta Vespa.

4 comentarios - La Niña Guerrera, historias de chicas lesbianas y bisexuale

DanyXeneize
http://www.taringa.net/posts/musica/8258402/Julieta-Venegas---Otra-Cosa-_2010_.html