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Los 15 relojes más famosos del mundo



Los relojes más famosos del mundo


Del reloj astronómico de Praga a la ateniense Torre de los Vientos, de 2.000 años de antigüedad, 15 cronómetros históricos que hay que visitar puntualmente


Praga (República Checa)


El reloj astronómico de Praga, original de la Edad Media, está formado por dos esferas. La inferior marca los meses del año y en la superior se representan las órbitas del sol y la luna. A los lados de la esfera se encuentran una serie de personajes: la muerte (un esqueleto), la vanidad (un hombre con un espejo) e incluso las invasiones turcas (un hombre de tez morena). Los 12 apóstoles desfilan en la parte superior cuando dan las horas. Hay varias leyendas sobre el reloj, como la de la autoría de la pieza. Aunque el reloj se atribuye oficialmente al relojero Nicolás Kadán y al astrónomo Jan Šinde, es 'vox populi' que fue Hanus Ruze quien lo fabricó, un artesano al cual dejaron ciego tras terminar su labor para que no pudiera reproducirla.




Londres (Reino Unido)


Aunque la torre que acoge el Big Ben se llama en realidad torre Elizabeth, y fue la gran campana de su interior (14 toneladas) la que se denominó como Big Ben, este tampoco era su nombre original. Bautizada como Great Bell (gran campana), los londinenses comenzaron a llamarla Big Ben en honor, supuestamente, de sir Benjamin Hall, político e ingeniero. La torre se levantó tras el gran incendio de Londres que afectó al palacio de Wenstminster y en 1859 sus casi 100 metros de altura quedaron inaugurados con el primer sonido del reloj, que ni siquiera durante los bombardeos alemanes de la segunda Guerra Mundial ha dejado de marcar correctamente las horas. El relojero que diseñó la innovadora y embrollada maquinaria, Edward John Dent, falleció en 1853, seis años antes de su estreno. Su hijo continuó entonces la obra.




Múnich (Alemania)


El estilo neogótico del Ayuntamiento Nuevo de Múnich (Neues Rathaus), en la Marienplatz, lo convierte en una de las edificaciones más bellas de la ciudad. Aunque la construcción tiene más de un siglo de historia, el calificativo ‘nuevo’ se debe a que anteriormente el gobierno municipal se asentaba en otro edificio. La torre principal, a la cual se puede subir, cuenta con un carillón con figuras a tamaño real. A las once y doce de la mañana, y también a las cinco de la tarde durante los meses más cálidos, los personajes bailan representando varios episodios de la historia de Múnich. Principalmente, se narra la boda entre Herzog Wilhelm y Renate de Lorena, en 1568, el torneo entre caballeros celebrado para la ocasión y el festejo del final de la epidemia de la peste.




Moscú (Rusia)


La principal edificación del Kremlin es la Torre Spásskaya (torre del Salvador), que se remonta al siglo XV. Entonces era la mitad de alta, pero dos siglos más tarde se le añadieron los pisos que hoy le otorgan 70 metros de altura. A mediados del siglo XIX se instaló un reloj de cuatro caras que marca los cuartos y las horas, además de un carillón. La puerta de esta torre es la principal entrada al Kremlin y por ella han pasado dignatarios y embajadores. En 1990 todo el conjunto, que incluye también la plaza Roja, fue declarado patrimonio mundial por la Unesco.




Budapest (Hungría)


Hungría entró a formar parte de la Unión Europea en 2004 y para conmemorarlo colocó un enorme reloj de arena en su capital, Budapest, conocido como ‘la rueda del tiempo’ por su forma circular. Está construido con acero, granito y vidrio, representando así la durabilidad del tiempo. No informa de las horas sino que cuenta los años. Cuando se acerca las doce de la noche del último día del año, cuatro personas se encargan de girar la rueda para que vuelvan a caer los granos. Esta tarea dura unos 45 minutos y se hace de manera manual para recordar el esfuerzo del ser humano durante el tiempo pasado. El resto del año está monitorizado por ordenador.




Madrid (España)


El reloj de la Puerta del Sol lleva marcando la hora más de 150 años. Su creador fue un leonés José Rodríguez Losada, quien previamente participó en la fabricación del Big Ben londinense; había emigrado a Londres a principios del siglo XIX (sus ideas liberales confrontaban con el régimen absolutista de Fernando VII), donde se instaló como un reconocido relojero. En 1866 donó el actual reloj de la Puerta del Sol (entonces Ayuntamiento de la ciudad) e incluso fue designado relojero de cámara de la reina Isabel II y cronometrista de la Marina Militar, pero nunca retornó a España.




Nueva York (Estados Unidos )


En la ciudad que nunca duerme una pequeña esfera lleva recordando el paso del tiempo desde 1909. El reloj, en el número 200 de la Quinta Avenida, en Manhattan, pertenece a un grupo de seis esferas ubicadas en la misma acera de la ciudad. En 1985 se incluyeron en el Registro Nacional de Lugares Históricos por haber permanecer inalteradas desde su colocación. Sobre el del número 200 se destaca la “inusualmente sofisticada” columna que sostiene la cabeza del reloj, una esfera rodeada por una guirnalda dorada. Su elaboración se debe a la fábrica Hecla Iron Works, que la construyó siguiendo el estilo clásico francés que gobierna la arquitectura de esta avenida.




Comayagua (Honduras)


Los hondureños dan la bienvenida al año nuevo con uno de los relojes mecánicos más antiguos del mundo, al menos, el más longevo de América: el de la catedral de Comayagua, antigua capital de Honduras. Hay datos que lo certifican, como su número cuatro, que aparece representado –en números romanos– como IIII en lugar de IV, fórmula empleada antes del año 1300. Además, las marcas en su estructura corroboran que el hierro fue cincelado y no fundido. Se cree que los árabes lo fabricaron en España en el año 1100. Tras su expulsión de la Península (siglo XV) acabó en manos de un religioso y fue finalmente donado a América con Felipe III. La primera vez que ocupó un espacio en Comayagua fue en 1936 en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced. 75 años después, se trasladó a la catedral.




Ginebra (Suiza)


Suiza es el país de los relojeros y en su honor se construyó en 1955 uno de estilo floral en la ciudad de Ginebra. Se encuentra dentro del denominado Jardín Inglés, en el sur del lago Lemán. Mide cinco metros de diámetro y está compuesto por unas 6.500 flores. El mosaico que forman se modifica cuatro veces al año, luciendo diferente en cada estación. Las agujas también varían su color según la floración y la segundera está considera la más larga del mundo, con 2,5 metros de longitud. Es tan preciso como cualquier otro reloj suizo, pues está controlado de manera electrónica.




Venecia (Italia)


Venecia recibe cada año a unos 30 millones de turistas. Una de las visitas obligadas es la plaza de San Marcos, donde se alza un singular reloj de principios del siglo XVI. La torre en la que se aloja cuenta con tres esferas: una marca las horas, otra las lunas y soles y la tercera los símbolos del zodiaco. Esto permitía a los marineros conocer las mareas y el mejor momento en el que salir al mar. Conocido como el reloj de San Marcos o de los Moros, por las dos figuras de bronce que lo coronan, en la parte superior se divisa una virgen, con las puertas de las que salen los Magos los días de la Epifanía y la semana de la Ascensión para tocar las horas y hacer una reverencia a la virgen.




Berlín (Alemania)


Si Alexanderplatz es uno de los lugares más visitados de Berlín, el reloj mundial ubicado en la plaza, de 10 metros de altura, se ha convertido en un icono. Además de su moderno diseño, una representación del sistema solar, su peculiaridad reside en que da la hora de todas las franjas horarias del mundo. Casi de manera metafórica, comenzó a hacerlo en un momento en el que la ciudad y el país todavía estaban divididos por el Muro, pues su construcción data del año 1969, cuando se remodeló la plaza, convirtiéndola en peatonal, y se levantó otro de los referentes de la zona: la torre de la televisión de Berlín.




Bruselas (Bélgica)


Mont des Arts, el barrio cultural de Bruselas, alberga buena parte de sus museos y se ubica en una de las entradas al casco histórico, con una de las mejores vistas de la urbe. Aquí, justo en la place de l´Albert, se encuentra el Archivo General del Estado. En una de sus fachadas se construyó un carillón con motivo de la Exposición Universal que se celebró en 1958. Sus 24 campanas comparten espacio con 12 figuras que representan a personajes relevantes para la historia de Bélgica. En lo alto del edificio, la campana más grande corona la composición. A su lado, un muñeco articulado golpea el metal cada hora para advertir a los bruselenses del paso del tiempo.




Olomouc (República Checa)


No solo Praga presume de reloj astronómico en la República Checa. En Olomouc, al este del país, otra singular composición de este estilo preside una de las fachadas del Ayuntamiento. Su actual aspecto se remonta a los años 50, pues fue modernizado acorde con el estilo de la época y, sobre todo, del régimen político que entonces dirigía el país: el realismo socialista. Tanto en los dibujos como en las figuras que se distribuyen por los 14 metros de altura del nicho están representados los trabajos tradicionales en diferentes épocas del año: desde un químico hasta un obrero y un deportista. A las doce del mediodía el carrusel al completo se mueve para anunciar la hora.




La Meca (Arabia Saudí)


En 2010 Arabia Saudí inauguró el reloj más grande del mundo, haciendo coincidir su primer segundo con el inicio del Ramadán. Se sitúa en la torre más alta (400 metros) del complejo arquitectónico Abraj Al Bait, un hotel espectacular que, a su vez, es el edificio más alto de Arabia Saudí. El reloj marca la hora frente a la principal mezquita para los musulmanes y, también, la mayor del mundo: La Meca. Cada una de sus cuatro caras tiene un diámetro de 43 metros y puede verse desde una distancia de 25 kilómetros. Hecho en Alemania por una empresa familiar, Perrot Turmuhren, la composición finaliza en una media luna, elemento simbólico adoptado por el islam.




Atenas (Grecia)


Con 2.000 años de historia, la Torre de los Vientos, también llamada reloj de Andrónico, tenía una doble función: medir el tiempo y conocer la dirección del viento. En el exterior, un reloj de sol medía el paso del tiempo, mientras que en su interior –reabierto de nuevo el público el año pasado después de décadas cerrado– una clepsidra (reloj de agua) permitía conocer la hora en días nublados y durante las noches. Una veleta colocada en el tejado y alineada con las paredes donde se representan los diferentes dioses del viento (en la foto), indicaba la dirección del mismo. Su altura (12 metros) hacía posible que los ciudadanos consultaran la hora desde casi cualquier parte de la Ágora.




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