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Hablando de Puro ò Habano

Se denomina habano a todos los tabacos o puros en los cuales el 100% del tabaco que los compone es cultivado y manufacturado en Cuba tras múltiples y severos controles tanto a nivel del proceso agrícola de cultivo como de secado.

Calidad

Se dice que la calidad del habano radica en la unión de cuatro factores:
clima;
suelo;
sabiduría de los campesinos y torcedores cubanos;
variedades del tipo de tabaco negro cubano.

A pesar de los intentos ya hechos de alcanzar la calidad de un auténtico habano en otras regiones del planeta a partir de una semilla de origen cubano, nunca se llega a la calidad del tabaco hecho en Cuba. La combinación de factores climáticos con las características del territorio cubano hacen del habano un producto auténtico de Cuba, certificado por el sello que adorna las cajas de las diferentes marcas cubanas.


Historia

El tabaco es una planta originaria de América del Sur, se dice que llega a Cuba entre los dos mil o tres mil años antes de nuestra era. Los aborígenes cubanos (en su mayoria compuesto por el llamado indio Taíno) eran fieles consumidores de tabaco; para ellos era como una especie de medicina e imprescindible para acompañar ceremonias sociales, políticas y religiosas, por lo que formaba parte de sus principales cultivos.
A la llegada de los españoles a Cuba, la planta de tabaco se extiende por el mundo, desencadenándose instantáneamente una fuerte pasión por él; España cuenta con el mayor número de adeptos. Luego se extendió a otras partes de Europa, donde se establecieron las más serias sanciones hacia el tabaco. Curiosamente, mientras más lo prohibían más se expandía su terreno de empleo con fines medicinales.
El rey Felipe V impuso el 11 de abril de 1717 un monopolio real del tabaco que se cultivaba en Cuba, decisión que ha pasado a la historia con el nombre de "Estanco del Tabaco".
Era cultivado exclusivamente por hombres libres, lo cual fue posible gracias a los inmigrantes españoles que dieron origen al campesinado cubano.
El siglo XIX reafirmó en las Antillas la producción de tabaco: ya para 1859 había cerca de 10.000 vegas y unas 1.300 fábricas en la capital.
Actualmente, la comercialización de los productos habanos está exclusivamente en manos de la empresa mixta Habanos S.A. perteneciente en partes iguales a Cubatabaco, empresa del estado cubano, y Altadis, fruto de la fusión de Tabacalera y Seita.


Hablando de Puro ò Habano

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Cultivo

Cuba esta situada muy cerca del Trópico de Cáncer, con una humedad relativa del 79% y una temperatura media de 25 ºC; recibe un régimen de lluvias que favorecen principalmente a la región occidental del país, donde se encuentran las mayores vegas de tabaco de Cuba.
Si a este clima le sumamos las características del suelo de Cuba, es decir, la composición química y propiedades agrícolas que distinguen a las zonas tabacaleras y la experiencia y el cuidado que los torcedores ponen al hacer el producto cubano podemos fácilmente entender el porqué del éxito del habano.
El cultivo comienza en el semillero, área donde se depositan las semillas con las condiciones óptimas para su germinación y desarrollo antes de trasladarlas al campo; aquí permanecen cerca de 40 días. En el mes de octubre se realiza la posterior siembra por etapas. Para recolectar la hoja, se espera un período desde los 45 a 80 días en que se plantó.
Luego de pasar por estos pasos, el tabaco es llevado a los lugares de ensarte para el posterior proceso de desecación y fermentación. En las escogidas es trabajado por hábiles manos generalmente femeninas, buscando con esto la suavidad y delicadeza en la selección y clasificación para beneficiar cada hoja recolectada.


Así se hace un puro habano

El tiempo ha realizado su labor y la hoja por fin está lista para desempeñar su papel en el proceso de confección de un Habano.
Cuba

Preparación de las Capas

Las hojas de capa ya están añejadas y listas para la escogida y clasificación finales. Es en este momento en que se deben despalillar.

La moja les concede la condición óptima que se requiere para el despalillo y la escogida y para así poder cumplir su objetivo final de envolver el puro.

Las gavillas de 40 o 50 hojas (según su clasificación) son sometidas a una fina aspersión de agua pura. Las gotas en exceso se sacuden para evitar cualquier tipo de mancha, colgándose las hojas en bastidores para que la humedad se absorba uniformemente.

Posteriormente, las suaves manos de mujeres altamente calificadas realizan el despalillo y el rezagado (clasificación final de la capa. Un movimiento certero elimina totalmente la vena central de la hoja, separándola en dos mitades listas para el rezagado en aproximadamente 20 tamaños y matices exquisitamente definidos.

Estas mujeres trabajan a partir de pilas de hojas que tienen en su regazo, dando crédito al mito popular de que los Habanos se tuercen sobre los muslos de las doncellas.


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Preparación de las Tripas

Por su parte, las hojas destinadas a la tripa y el capote se retiran cuidadosamente de sus pacas para ser examinadas.

Si fuera necesario, se someten a un proceso de oreo para eliminar el exceso de humedad.

Después se colocan en barriles de madera dónde se almacenan hasta que se considera que están preparadas para ser utilizadas.


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Componiendo la Ligada

La tarea de selección de las ligadas (o mezclas) para cada marca, de acuerdo con sus propias recetas, comienza mucho antes de que las pacas lleguen a la fábrica.

Tan pronto se conoce la programación futura de la producción de la fábrica por marcas y tamaños, el Maestro Ligador elabora la lista de todas las hojas de tabaco que él necesita para confeccionarlos.

En el almacén central se realiza una selección de entre una existencia enorme de pacas que contienen todo tipo de hojas, cada una clasificada según su tiempo (ligero, seco, volado y capote), su tamaño, su edad y, lo más importante, su zona y su área de origen.

Un rasgo verdaderamente distintivo del tabaco cubano es como una superficie agrícola tan pequeña de Vegas Finas de Primera puede producir tan amplia variedad de sabores, y además tan distintos de unas áreas a otras. Realmente, el tabaco que se cultiva en un lado de una carretera en Vuelta Abajo puede saber completamente diferente del tabaco que se cultiva en el otro lado

Existe un vínculo establecido entre la fábrica y las zonas que suministran la hoja para las marcas que ésta produce. Sin embargo, es responsabilidad del Ligador tomar muestra del sabor del tabaco que se utiliza diariamente. Él conoce las recetas de cada marca y vitola, y es el guardián de su consistencia.

La proporción de cada tipo de hoja que el Ligador especifica para cada puro en producción, es conformada por el departamento de ligadas o mezclas. Este hace lotes con las proporciones exactas, entregándose los mismos diariamente a los Torcedores para que puedan realizar su trabajo.

El departamento de mezclas se denomina La Barajita, porque el proceso de ensamblar las hojas para una ligada se asemeja al proceso de barajar las cartas.

Por fin, más de tres después de que la primera hoja fuera recolectada, llega el momento de convertirse en Habano.


humo

tabaco

Habana

sabor

Puro

hoja

Hablando de Puro ò Habano

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Cuba

¿Cómo se fuma un habano de forma correcta? El ceremonial del puro. Fumar un buen habano (puro).

Disfrutar de un buen habano (cigarro puro) requiere de un ambiente tranquilo y agradable para disfrutar de su aroma de forma adecuada. Elegir un puro excelente, la forma de cortarlo, de encenderlo, de fumarlo, de saborearlo, etc. son claves para poder disfrutar del habano. Fumar un buen puro debe ser un placer para los sentidos.

Pero para saber un poco más del habano, vamos a ver las partes principales que lo componen:

1. La tripa, que es el contenido o "relleno" del puro propiamente dicho.

2. El capote (o capillo), que es la envoltura de la tripa.

3. La capa, que es la hoja más exterior del puro; la fachada y presentación del habano.


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La elección del puro.

Dicen los entendidos en el arte de fumar puros, que a la hora de elegir un buen habano debemos dejarnos llevar por los sentidos: la vista, un puro bien terminado y elegante, así como de un color adecuado (claro o más oscuro, según el gusto de cada cual); el tacto, prieto y bien elaborado, firme pero no duro (se palpa entre los dedos índice y pulgar, presionando ligeramente); el olfato, elegir un puro de un estupendo olor a tabaco fresco; el gusto, un puro de sabor más suave o fuerte en función de nuestras preferencias.

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El color del puro debe ser uniforme en toda la superficie y con un cierto brillo. Si aparece algún tipo de mancha debe ser blanca o verde, que son las manchas que pueden aparecer en el proceso natural de su crecimiento o curación, y que no afectan a la calidad del puro.
En cuanto al tamaño del puro, debemos elegir el mismo en función del tiempo de que dispongamos para poder disfrutarlo. No es lo mismo un puro de media mañana o tarde, que el que se fuma con posterioridad a un buen almuerzo o cena. Hay que darle tiempo al puro para poder disfrutarlo sin prisas.


Las mejores marcas de habanos.

Cuando no somos fumadores habituales de puros, la elección nos puede resultar un poco más costosa, por lo que podemos dejarnos llevar por las marcas más conocidas del mercado y de reconocido prestigio.

El sabor de un puro solamente lo podemos apreciar cuando se fuma, por lo que si no queremos arriesgarnos y probar con alguna marca no conocida, podemos irnos a lo seguro, así como dejarnos aconsejar por los profesionales del sector.

Hay en el mercado infinidad de marcas de confianza, Cohiba, Montecristo, Romeo y Julieta, Rafael González, Bolívar, etc., cada uno de ellos con sus peculiares características.


Como cortar el habano.

Una vez que hemos elegido un buen habano, debemos proceder con la “ceremonia” del corte y encendido del mismo.

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Para cortar el habano, lo mejor es utilizar el cortapuros (una pequeña guillotina) que corta la parte trasera del habano de una forma limpia y precisa. También hay unas tijeritas especiales para estos menesteres. Por supuesto, que se puede hacer con cualquier otro instrumento de corte, aunque no sea tan adecuado. Lo que debemos tratar de no hacer nunca, es cortarlo con nuestros dientes, con el consiguiente desgarro que sufriría el habano.
No es correcto introducir un palillo, una cerilla o cualquier otro fino elemento para perforar el habano. Eso hace que se presione el tabaco de la parte trasera, y puede hacer que el puro no “tire” en condiciones.

Si es partidario de retirar la vitola del puro, hágalo con cuidado de no dañar la capa del puro. La vitola es una cuestión estética que no afecta a ninguna de las características esenciales del habano (olor, sabor, etc.).


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El elemento del corte del puro, debe estar bien afilado para evitar desgarros en el habano e incluso puede llegar a “desarmar” el puro. El corte debe hacerse de forma precisa, dejando al descubierto un trocito de la tripa, pero con cuidado de que no sea una abertura excesivamente grande. Según los expertos, el corte debe hacerse justo encima de la línea donde el gorro se une a la capa. El objetivo es crear una apertura lo suficientemente amplia para asegurar un tiro adecuado y al tiempo evitar que la capa se desprenda.
Hacer un buen corte no es una mera cuestión estética, sino que es fundamental a la hora de fumar un habano, pues será determinante para la correcta combustión del habano, lo que redundará en apreciar de forma adecuada todo el sabor del puro.


El encendido del puro.

Encender un puro requiere de paciencia y debemos utilizar un fósforo (cerilla) de vara larga y, preferiblemente, de madera, un mechero de gas e incluso hay personas muy sibaritas que utilizan la corteza de cedro, como fósforo. Eso si, nunca se deben utilizar llamas no inodoras, como un mechero de gasolina, por ejemplo. Eso nos estropearía el sabor y el aroma del habano.

Habana

Una vez que tenemos la llama, se debe, con paciencia, mantener el puro cerca de la llama, e irlo girando de forma progresiva para un encendido uniforme de toda la superficie del puro. El puro se debe mantener en posición de 90º (grados) con respecto a la llama, e ir aspirando poco a poco para que la llama llegue al puro y quede perfectamente encendido. A mayor grosor del puro, mayor tiempo de encendido se requiere.
Si queremos comprobar que el puro está perfectamente encendido, solamente tenemos que soplar ligeramente la parte encendida del habano y comprobar que se pone incandescente toda la superficie.

Si se apaga el habano, tendremos que repetir la operación de encendido del mismo, descrita con anterioridad, para devolverle un encendido uniforme y seguir disfrutando de su sabor y aroma. Lo que si debemos tener en cuenta, es sacudir bien la ceniza que pudiera tener, antes de proceder de nuevo a su encendido.


Fumando y disfrutando de un buen habano.

Después de una buena elección, un corte perfecto y un buen encendido, ya solo nos queda disfrutar de su sabor y aroma.

El puro, no es un cigarrillo, por lo que aspiramos el humo, pero no lo tragamos, sino que lo dejamos en la boca para “’paladearlo” apreciando todos los matices que nos de sus características especiales (cada habano es un mundo en función de los tabacos empleados para su elaboración).

Si acompaña al puro con una buena copa de coñac, no es muy correcto mojar el puro en el coñac (costumbre que tienen algunas personas). Esto varía, indudablemente, el sabor del habano, y es casi un pecado para los fumadores profesionales de puros.

Con respecto a la ceniza, al no ser un cigarrillo, como dijimos al principio, no debe estar constantemente dando golpecitos al puro para tirar la ceniza sobrante. Es mejor dejarla que se vaya formando lentamente, e incluso tratar de que caiga ella misma por su propio peso (aunque se puede ayudar con algún pequeño golpecito). Si el puro es de una gran calidad, dejará una ceniza bastante firme y por lo tanto, larga.

El sabor del puro se va haciendo más intenso (y algo más amargo) a medida que se va consumiendo. Dependiendo del tamaño del puro, se suele fumar únicamente tres cuartas partes del mismo, ya que al final los sabores se vuelven demasiado fuertes, y pueden estropearnos el paladar de las mejores caladas anteriores del habano. El habano no se apaga “estrujándolo” contra el cenicero como un cigarrillo cualquiera. No, se debe dejar apagar de forma natural. Lo que los entendidos comentan con cierta jocosidad: “hay que dejarlo morir dignamente”.

Nada más encender el puro y dar sus primeras caladas, los aromas que desprende una hoja bien curada siempre constituye un anticipo de los sabores que posteriormente se disfrutarán.

Para “gozar” de un buen habano hay que tomarse su tiempo. El sabor de los puros se va intensificando por fases y es una pena dejar un puro a la mitad, lo que no daría lugar a disfrutar plenamente de sus características.

Conservación de los puros.

Sin lugar a dudas la mejor forma de conservar un puro es utilizar los humidores, recipientes especiales para que los puros tengan su temperatura ideal y su grado de humedad ideal. Otra forma relativamente barata, son los tubos, que cierran el puro en una faja de madera y lo conservan dentro de unas condiciones bastante óptimas de conservación.

Si no contamos con un humidificador, lo mejor es comprar solamente los puros que vayamos a consumir en un corto período de tiempo y no comprar más puros para almacenarlos.

Las condiciones ideales para un puro es una temperatura de 20-21º (grados) y una humedad de un 70%, aproximadamente.


Vamos a ver algunas leyendas sobre los habanos y su verdad o falsedad.

La gente comenta que un buen habano debe quemarse de forma uniforme. Esta afirmación no es del todo correcta, ya que a veces, aunque para la “tripa” se usen buenas hojas de tabaco, las condiciones en las que se fuma un puro pueden ser muy variables y el habano puede quemarse de forma desigual (por ejemplo, cuando se fuma un habano al aire libre).

Los puros oscuros son de sabor más fuerte que los puros claros. Esta afirmación es totalmente falsa, ya que la capa externa, nada tiene que ver con el contenido del capote y la tripa del puro. Es, como si dijéramos, simplemente la “carrocería” externa del puro, que nada tiene que ver con el “motor” del mismo. El sabor fuerte o suave de un puro depende de la composición de tabaco que lleve la “tripa”. Lo mismo ocurre con el tamaño de los puros, que no guarda relación alguna con su sabor o aroma.

Un puro sólo sabe bien si se enciende con cerillas de madera. Eso es falso. Se puede en cender con cualquier sistema que no de olor alguno (llama inodora). Dicen los tabaqueros cubanos “que la candela no tiene sabor”.


Anatomía del Puro Habanero

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link: http://www.youtube.com/watch?v=GpISyYe9DmY

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