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En calzoncillos

En calzoncillos

Ocurrió lo esperado por todos. Mauricio Macri ganó de manera contundente la segunda vuelta electoral en la Ciudad de Buenos Aires. Contra toda lógica algunos funcionarios del gobierno nacional todavía se muestran sorprendidos. Son los que alentaron ir al balotaje. El jefe de gobierno porteño tuvo otra previsible fiesta con música y globos de colores. Apañado en el calor de ese triunfo se ubicó en la grilla de candidatos a la presidencia para el 2015. Pensando en la Casa Rosada, estrenó discurso peronista (habló de luchar contra la pobreza y la desigualdad) y se mostró conciliador. Valoró el llamado de Cristina Fernández de Kirchner, quien lo felicitó por la victoria. El líder del PRO aseguró esa noche que no apoyaría a ningún candidato hasta después de las elecciones primarias y que conversaría con todos, incluso con la mandataria en busca de “una relación madura”. Pero ese Macri duro poco. Es sabido que en política, las palabras tienen una insoportable levedad. Un día después, en una entrevista para el diario Clarín, aseguró que “este proceso está agotado”; que nunca votaría a la presidenta; elogió a Eduardo Duhalde y retó a Ricardo Alfonsín por haber dicho que él “era su límite” y, por las dudas, lo perdonó. Acto seguido anunció sus vacaciones.

Al regreso, después del 14 de agosto y con los números puestos, Macri deberá decidir si sostiene un perfil negociador con el gobierno nacional o si persiste en su rol de principal opositor. La otra duda que tendrá que resolver es si apoya activamente al candidato de la oposición más votado o si se limita a un acompañamiento testimonial. No son pocos en su entorno los que le sugieren acotar su participación en la campaña nacional. En términos pragmáticos, la reelección de Cristina Kirchner aparece como una mejor opción que el triunfo de cualquier opositor. La presidenta no tendrá otro período en el 2015. Además apuntalar a otro candidato alternativo podría dejarlo pegado a una derrota si, finalmente, se impone el Frente para la Victoria. Eso le dicen.

En el PRO las opiniones están divididas. Muchos alientan la adhesión a Eduardo Duhalde. Es el sector del pro-peronismo. Miguel Del Sel ya anunció su apoyo al ex presidente y anunció que lo acompañará en sus recorridas por Santa Fe. Varios de los candidatos del partido van colgados de la fórmula Duhalde-Das Neves. Jorge Macri, candidato a intendente en Vicente López, es uno de ellos.

La gran sorpresa del domingo pasado fue el llamado de la presidenta a un Mauricio Macri que, según declaró, la atendió en calzoncillos. En el gobierno nacional describieron la comunicación como algo habitual. Sin embargo, no hay muchos antecedentes de llamados a opositores. Cristina Kirchner, por ejemplo, no felicitó a Antonio Bonfatti cuando el socialista se impuso en Santa Fe hace dos semanas. El saludo del gobierno llegó un día después en la voz del ministro Florencio Randazzo. ¿Qué pasó? ¿En la cumbre del poder registraron que las actitudes destempladas no caen bien? Tal vez. Las agresiones sólo son apreciadas por la hinchada incondicional. Está demostrado que sólo con ese grupo no se ganan elecciones. Pasó en Santa Fe.

Ahora viene Córdoba. José Manuel De la Sota no aceptó un acuerdo en el que tuviese que ceder la decisión sobre las listas. Ya recibió el apoyo de Carlos Reutemann y Daniel Scioli. El candidato del Frente Cívico, Luis Juez, intentará arrebatarle la provincia al justicialismo. El kirchnerismo no compite. No será derrotado pero tampoco tendrá nada para celebrar.

Ahora bien ¿La sucesión de derrotas hace peligrar las chances de la presidenta de obtener la reelección? Imposible saberlo. Por ahora es una hipótesis optimista de los candidatos opositores. Transpolar los resultados distritales a la elección nacional es un error. Aún con esa certeza, en el gobierno acusaron los golpes sucesivos. Para colmo, tuvieron que soportar otra ráfaga de fuego amigo. Julio Grondona anunció modificaciones en el principal torneo de AFA con el objetivo de “ascender” a River y, en menos de una semana, luego del aluvión de críticas, sepultó el proyecto. Un mamarracho que, en su momento, contó con el aval oficial.

En medio de la disputa electoral y, en realidad como parte de ella, un sector de la prensa y algunos opositores desataron una dura campaña contra el Juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni. Utilizaron la torpeza del magistrado y el exceso de confianza que depositó en un apoderado para pedir su cabeza. En departamentos de su propiedad, que entregó para alquiler a través de ese colaborador, se ejercía la prostitución. Insólito y estúpido, pero pretender transformar un error en complicidad delictual es de mala fe. Hermes Binner y Alcira Argumedo apoyaron al juez y lo alentaron a dar explicaciones. Hasta Eduardo Duhalde se mostró prudente. Ricardo Alfonsín le pidió la renuncia sin más en un ademán patético. El penalista más destacado de la Argentina se ha ganado muchos enemigos. En su lógica perversa creen que afectándolo también dañan al gobierno que lo nombró. La actual composición de la Corte Suprema es la más prestigiosa de la historia argentina por calidad e independencia. Este ataque al juez, contiene una advertencia reveladora: van por todo.


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1 comentario - En calzoncillos

Scrafty
Que tienen que ver los calzoncillos?